Acta noviembre 2004

OBRA: EL ARTE DE LA GUERRA
AUTOR: Sun Tzu

PONENTE: Emilio Hidalgo

PRESENTACIÓN

La obra que vamos a tratar no es un texto literario al uso, ni tampoco su autor puede ser considerado un escritor convencional, porque la colección de ensayos sobre el arte de la guerra, o si se quiere los trece capítulos que componen dicho texto, constituyen el tratado más antiguo que se conoce sobre este tema, y no una creación poética o narrativa; y porque su autoría no es unipersonal, hasta el punto de que algunos dudan incluso de la existencia del propio Sun Tzu, del mismo modo que en su día se cuestionó la existencia real de Homero.

De esta manera, en la Introducción a El arte de la guerra(1) podemos leer lo siguiente: “Hace aproximadamente unos 2300 años, en lo que es ahora China del norte, un linaje de señores guerreros decidió, por primera vez en la historia, poner por escrito el conjunto de sus conocimientos militares. Sus textos recogían todo el conocimiento militar del Asia oriental. Ofrecían una perspectiva nueva y radical de los conflictos militares, según la cual se podía conseguir la victoria sin ni siquiera tener que ir a la batalla. Aunque en occidente estos textos reciben el nombre de El arte de la guerra, en China todavía se conocen como el Sun Tzu, nombre del patriarca de ese linaje”. (...) “El linaje militar que pone el arte de la guerra ante nosotros se remonta hasta un maestro de la estrategia llamado Sun Tzu. Según la leyenda, este hombre había sido muy famoso por las brillantes campañas militares que había llevado a cabo, durante la época de Confucio, en el siglo VI a. De C.

En el ensayo titulado “Unirse a la tradición” (2) se dice:
“Los ideales militares de aquel tiempo estaban basados en principios caballerescos comparables a los existentes en la Europa medieval o en Japón. Los aristócratas luchaban con sus iguales en carros de combate. Los juramentos de reyes y grandes señores se sellaban con sangre, y el honor se defendía celosamente. Los códigos militares estipulaban un trato justo con el enemigo, y la derrota habida en el campo de batalla no significaba necesariamente la extinción del estado vencido.
A medida que el reino de los soberanos fue decayendo se incrementó la frecuencia e importancia de los enfrentamientos entre los estados. En el siglo VI antes de nuestra era, época en que vivió Confucio, el poder político del rey Chou se había convertido en algo meramente simbólico. En el año 453 a. de C. un importante estado fue tomado por sus familias más influyentes que lo dividieron en tres, iniciándose así el periodo de los Estados Guerreros. Un siglo más tarde, en el tiempo en que se recopiló el Sun Tzu, las prácticas y costumbres caballerescas se habían convertido en un simple mito. Los aristocráticos carros de combate habían dado paso a ingentes ejércitos de campesinos reclutados, a los que se llevaba al campo de batalla armados con arcos y con armas de puntas de hierro. Los jinetes adoptaron los pantalones utilizados por los bárbaros del norte. Las constantes batallas permitían que el populacho se enfangase en actos de destrucción en tierras lejanas, desconocidos hasta entonces. Los vencedores conseguían una sorprendente y pujante movilidad, mientras que las consecuencias de la derrota eran la esclavitud, la muerte y la erradicación de la familia reinante. De la multitud de estados iniciales solo los siete más importantes lograron sobrevivir. En el año 222 a. de C. el gobernante de Ch’in logró vencer a sus adversarios y se proclamó Primer Emperador de China.
Los Estados Guerreros produjeron cambios enormes en todos los aspectos de la sociedad china. Las luchas destrozaron tanto la moralidad común como los antiguos feudos. Legiones de consejeros recorrían las cortes feudales ofreciendo sus consejos militares basados en la cuestión primordial: «¿Cómo se puede establecer el orden en todo-lo-que-hay-bajo-el-cielo?». Por primera vez, aparecieron textos escritos que pretendieron dirigir este proceso de desarrollo: manuales administrativos, especulaciones cósmicas, discursos confucianos sobre la moralidad y el ritual y utópicos proyectos sociales. Todo este conjunto de doctrinas variadas se convertirían en el fundamento del pensamiento político chino de los siguientes dos mil años. La mayor preocupación de cada soberano era la seguridad de su estado. La milicia era el medio principal para conseguir semejante meta, tanto fuera como dentro del reino. De este modo empezaron a aplicarse cada vez más las formas militares en la sociedad civil. Los gobernantes desarrollaban estrictos códigos legales, respaldados por sofisticados sistemas de responsabilidad mutua, de recompensas y castigos. Acompañando a estos códigos aparecíeron textos militares… Este texto del Sun Tzu difiere de todos sus contemporáneos. Nada tiene que ver con la moralidad confuciana y sus rituales. Aunque pretende crear unidades sociales cohesivas, no se basa en el sistema de los administradores, a base de premios y castigos. Su estilo de pensamiento —la inversión de conceptos, las polaridades y la transformación espiritual— se halla más cerca del taoísmo, si bien no se opone al uso de la fuerza. En otros textos militares podemos encontrar consejos técnicos muy cualificados sobre logística y formaciones militares. Por el contrario, el Sun Tzu hace hincapié en el conocimiento como medio para conseguir la victoria, y su arma principal es el poder existente, tanto en el ser humano como en el mundo de la naturaleza”.

En la Introducción a El arte de la guerra (3) se añade que: “Creen los eruditos que el Sun Tzu surgió de una tradición oral, en un momento antes del siglo IV a. De C., en una época en que los modelos chinos de gobierno, de guerra, de moralidad y de organización social estaban pasando por una etapa de extrema dislocación. Las guerras endémicas habían destuído la confianza en los viejos modos de vida. Se propuso entonces una amplia variedad de soluciones, desde la revitalización de las formas tradicionales hasta una eficacia organizativa de signo duro que resultase útil para la formación de grandes ejércitos y de burocracias impersonales. La respuesta del Sun Tzu fue hacer hincapié en que el conocimiento surge en el momento presente. Ninguna forma, por tanto, podría resultar útil, porque su aplicación depende de la introspección que uno haga de sus circunstancias presentes, introduciéndose en el ahora de la situación”. (...) “Esta labor de estrategia militar fue pasando de unos a otros miembros de su linaje, al principio mediante la memorización, que permitía copiarla en tiras de bambú. Poco a poco, la sabiduría contenida en este libro se hizo popular, y empezó a circular, cada vez de manera más intensa, por toda la antigua China. Sabemos que fue conocida de los primeros emperadores, ya que en el catálogo de la biblioteca imperial del siglo I a.c. se menciona un ejemplar”.

En el ensayo titulado “Unirse a la tradición” (4) se recogen estas afirmaciones: (…) “La sabiduría contenida en este libro nos enseña una visión de la globalidad; una perspectiva que se puede asumir en cualquier trabajo de cualquier mundo, y no simplemente en los Estados Guerreros de China – que es donde y cuando vió la luz-. Su contenido es históricamente específico, pero funciona más como una ilustración de esa visión que como una instrucción de unas concretas prácticas culturales. Más aún, aunque el Sun Tzu sostiene un intenso diálogo con su entorno intelectual y militar, no toma postura en los importantes temas filosóficos de su tiempo. El verdadero conocimiento, insiste, surge solamente en el momento: «Las victorias del linaje militar..., no pueden transmitirse por adelantado» (capítulo 1).
Podemos ver una alusión a la visión compleja que presenta el Sun Tzu en su título chino, Pin~’-f~. Ping significa lo militar, desde las armas a los soldados, los ejércitos y los principios estratégicos que subyacen en todo ello. Fa es un término complejo en otros campos. Hace referencia a los modelos que pueden copiarse y a los estándares que pueden servir de medida para las cosas. De esto se deduce su significado, como la manera adecuada de hacer las cosas. Por tanto, el título completo puede traducirse como Métodos militares, con lo que se querría decir cómo actuar a todos los niveles de lo militar, empleando medios que están relacionados con las prácticas tradicionales, pero que no constituyen meras imitaciones de ellas.
En este sentido, el Sun Tzu hace pasar el centro del conocimiento de un texto generado históricamente a nuestras propias circunstancias presentes. Necesitamos conocer su historia textual a fin de comprender cómo fue posible. Pero después es necesario que dejemos a un lado esa historia”. (…) “El Sun Tzu es… un conjunto de ejemplos y observaciones dispersas, un agregado de una amplia variedad de materiales que apenas presentan un argumento unitivo, en el caso de que este exista. Y no encontraremos en ninguna parte, claramente estipulado, un conjunto de principios sobre los cuales esté basado todo ello”. (…) “Aunque disponemos de escasa evidencia directa de las prácticas seguidas en tiempos de los Estados Guerreros, podemos imaginarnos a un importante maestro reuniendo en torno suyo a un grupo de discípulos a los que presenta un cuerpo de doctrina, en parte recogido de otras fuentes, y en parte perteneciente a él mismo. Este grupo de discípulos se mantiene como un linaje, incluso después de la muerte del maestro. Su patrimonio más importante es ese cuerpo de conocimientos que cuidan y transmiten a sus discípulos más sobresalientes, y cuya parte más sustancial pudo ser transmitida de forma escrita. Generaciones posteriores pudieron realizar adiciones a este cuerpo doctrinal, en forma de nuevos materiales que constituían otras tantas respuestas a las cambiantes condiciones surgidas en su mundo. Este material más reciente se fundía con las palabras del patriarca, por lo que, en cierto sentido, le puede ser atribuido”. (…) “En este proceso resulta imposible localizar lo que hoy entendemos por «autor».
Llegado cierto momento, un editor con autoridad suficiente pone orden en este cuerpo doctrina, creando quizá los contenedores adecuados que más tarde se habrán de reconocer como «capítulos». Es posible que coloque al principio el material más interesante y vaya añadiendo después materiales introductorios de su propia cosecha a fin de dar forma a este conjunto. De esta forma puede surgir un texto junto a versiones orales más fluidas. Este proceso podría ocurrir más de una vez, y el linaje, o sus sublinajes, podrían generar nuevo material incluso después del acto inicial de la edición”. (…) “La forma física de los libros que se editaban en el periodo de los Estados Guerreros se prestaba muy bien a estos propósitos. Las palabras se escribían en tiras de bambú de unos treinta centímetros de largo, que se ataban con hilos de seda y se enrollaban. Estos rollos recibían el nombre de fascículos, es decir, «manojo de varillas». Resultaba fácil añadir texto, ya fuera al final del rollo (atando simplemente las nuevas tiras de bambú) o conformando otro fascículo”. (…) “Sospechan los estudiosos que el Sun Tzu que hoy tenemos surgió, mediante este mecanismo de producción, durante la segunda parte del s. IV a. de C. A lo largo de todo el libro podemos encontrar pruebas de ello. Cada capítulo está formado por muchos pasajes breves. Por lo general, se encuentran conectados por el tema que figura como título del capítulo, pero con frecuencia se encuentran sueltos, y hay pasajes en ciertas secciones que no tienen ninguna relación entre sí. Hay unas cuantas frases que aparecen literalmente en más de un capítulo. Tanto por el estilo como por los temas tocados hay fuertes motivos para creer que algunas partes fueron escritas en épocas diferentes. El primer capítulo, por ejemplo, parece haber sido añadido más tarde, al menos en dos etapas bien identificables, pues está dirigido más al gobernante que al general. Es posible que los materiales más antiguos sean los que encontramos en los capítulos 8 al 11, que se ven caracterizados por tipologías y relaciones de distintas clases de terreno, en vez de los materiales conceptualmente sofisticados de los primeros capítulos. Más importante todavía resulta reseñar que el contenido de todos los capítulos se encuentra tan íntimamente mezclado que no nos es posible establecer una simple descriminación de sus diferentes estratos.
La edición de finales del siglo IV puede haber producido un texto de trece capítulos, que es el número que posee el Sun Tzu que podemos conseguir hoy día, y que se denomina texto recibido o estándar. Pero el primer catálogo de libros realizado en China —una investigación de la biblioteca imperial realizada durante los últimos años del siglo I a. de C.— incluye un Sun Tzu de ochenta y dos capítulos, es decir, sesenta y nueve más que los que tiene el texto convencional. Así pues, pudieron exitir otras partes del legado del Sun Tzu que fueran marginadas en las ediciones más autorizadas, o, más probablemente, que se añadieran nuevos materiales a la colección en los siglos posteriores. La mayor parte de este material añadido se ha perdido”. (…) “El concepto que se tenía del libro durante la época de los Estados Guerreros coincidía plenamente con la naturaleza del Sun Tzu. El. texto nada tiene que ver con debates ni argumentaciones, sino simplemente con el establecimiento de un punto de vista. Dicho punto de vista se manifiesta en cada pasaje y desde diferentes perspectivas. Una cultura editorial que exigiese linealidad en sus textos habría impedido la realización del Sun Tzu. Por el contrario, un proceso de composición que incorpora adecuadamente sucesivas interpretaciones le permitiría ampliar y cambiar sin que se vieran comprometidos sus elementos estructurales más esenciales. Como resultado de ello, el poder del texto surge por igual tanto de su contenido como de su forma”.

El arte de la guerra llegó a Europa a finales del siglo XVII, a través de una versión breve del Sun Tzu realizada por el sacerdote jesuita J. J. M. Amiot. Desde entonces hasta el día de hoy se han realizado muchas traducciones (5) de la obra, así como se han escrito infinidad de comentarios encaminados a servir de ayuda para una mejor comprensión de la misma, dado su estilo conciso, repleto de implicaciones, epigramático y no pocas veces oracular.

En la Introducción (6) de El arte de la guerra encontramos esta advertencia: (...) “El Sun Tzu no organiza su pensamiento mediante procedmientos sistemáticos que podamos seguir. Cuando leemos un libro, solemos encontrar útil buscar sus principios esenciales, extrayendo de ellos ciertos conocimientos, generalizando a partir de ellos y aplicándolos hábilmente a nuevas situaciones”. (...) “Pero, aunque el Sun Tzu contenga unos cuantos principios, tales como “no transmitido por anticipado”, en su mayor parte nos ofrece ejemplos que abrazan de forma concreta los puntos de vista desde los que él contempla el mundo. Es un conjunto de observaciones y modelos unidos libremente, que sólo se ven conectados por la más desnuda de las argumentaciones. No desarrolla sus doctrinas a través de demostraciones lógicas. Más bien las enseña mediante la analogía y la metáfora. No podemos tomar sus observaciones, y verterlas simplemente en nuestras actuales estructuras”.

Según Antonio Rivas Gonzálvez (7) “el núcleo de la filosofía de Sun Tzu sobre la guerra descansa en estos dos principios: Uno, todo el arte de la guerra se basa en el engaño; dos, el supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar”. Esta filosofía se explicita a lo largo de los trece capítulos en los que se desarrolla el texto, a saber: “Sobre la evaluación”, “Sobre la iniciación de las acciones”, “Sobre las proposiciones de la victoria y la derrota”, “Sobre la medida en la disposición de los medios”, “Sobre la firmeza”, “Sobre lo lleno y lo vacío”, “Sobre el enfrentamiento directo e indirecto”, “Sobre los nueve cambios”, “Sobre la distribución de los medios”, “Sobre la topología”, “Sobre las nueve clases de terreno”, “Sobre el arte de atacar por el fuego” y “Sobre la concordia y la discordia, los agentes secretos”. Aunque es el propio Sun Tzu quien concreta y clarifica en el primer capítulo del libro las razones que justifican la conveniencia y necesidad de sus reflexiones, así como el objeto de las mismas: “La guerra es de vital importancia para el estado. Es el dominio de la vida o de la muerte, el camino de la supervivencia o la pérdida del imperio. Es forzoso manejarla bien. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia, en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es más querido. Y ello no debe ocurrir entre nosotros”. “Hay que valorarla en términos de cinco factores fundamentales, y hacer comparaciones entre diversas condiciones de los mandos rivales, con vistas a determinar el resultado de la guerra. El primero de estos factores es la Doctrina o el Tao; el segundo, el tiempo; el tercero, el terreno; el cuarto, el general, y el quinto, la disciplina”. “La doctrina significa aquello que pone al pueblo en armonía con su gobernante, de modo que le siga a donde sea, sin temer por sus vidas ni a correr cualquier peligro. El tiempo es el “yin” y el “yan”, la noche y el día, el frío y el calor, días despejados o lluviosos y el cambio de las estaciones. El terreno implica las distancias, y hace referencia a dónde es fácil o difícil desplazarse y si es campo abierto o lugar estrecho, y esto influencia las posibilidades de supervivencia. El general ha de tener como cualidades la sabiduría, la sinceridad, la benevolencia, el valor y la disciplina. Y por último, la disciplina ha de ser comprendida como la organización del ejército, las graduaciones y rangos entre los oficiales, la regulación de las rutas y suministros y la provisión de material militar al ejército”. “Estos cinco factores fundamentales han de ser conocidos por cada general. Aquel que los domina, vence. Aquel que no, sale derrotado. Por lo tanto, al trazar los planes han de compararse las siguientes siete cuestiones, valorando cada una con el mayor cuidado: ¿Qué dirigente es más sabio y capaz? ¿Qué comandante posee el mayor talento? ¿Qué ejército obtiene ventajas de la naturaleza y el terreno? ¿En qué ejército se observan mejor las regulaciones y las instrucciones? ¿Qué tropas son más fuertes y mejor pertrechadas? ¿Qué ejército tiene oficiales y tropas mejor entrenadas? ¿Qué ejército administra recompensas y castigos de forma más justa? Mediante el estudio de estas siete cuestiones, seré capaz de adivinar cuál de los dos bandos saldrá victorioso y cuál será derrotado”. “El general que siga mi consejo es seguro que vencerá. Ese general ha de ser mantenido al mando. Aquel que ignore mi consejo ciertamente será derrotado. Ese debe ser destituido”.

VALORACIÓN

La vigencia de los principios que fundamentan la estrategia a seguir en la lucha para la conqista o la defensa de los estados, propuestos en el Sun Tzu, y la actualidad de las reflexiones planteadas a propósito de los mismos quedan de manifiesto, si consideramos la situación presente de las sociedades modernas, caracterizada principalmente por la existencia de infinidad de conflictos de toda índole, individual como social, laboral como militar, moral como religiosa, etc....que precisan de una solución que en la mayoría de los casos nunca se atisba en el horizonte. Como afirma Antonio Rivas Gonzálvez (8) “Hoy en día, la filosofía de El arte de la guerra ha ido más allá de los límites estrictamente militares, aplicándose a los negocios, los deportes, la diplomacia e incluso el comportamiento personal. Por ejemplo, muchas frases clave de los manuales modernos de gestión de empresas son prácticamente citas literales de la obra, cambiando, ad hoc, el término “ejército” por “empresa”, o el término “armamento” por “recursos”.

En la misma línea, Chántal López y Omar Cortés (9) comentan que: “Al leer este ensayo, parece que estemos leyendo la versión oriental del famoso El Príncipe de N. Maquiavelo, puesto que, aunque los consejos vertidos ponen énfasis únicamente en lo que el autor denomina “arte de la guerra”, resulta evidente que el concepto “guerra” parece extenderse hasta el infinito, alcanzando por supuesto los parámetros del poder”. “no en balde, en la actualidad, muchos “señores del dinero” o...”hombres de negocios” han hecho de esta obra su libro de cabecera”. “Realmente es hasta escalofriante la manera en que los consejos vertidos en El arte de la guerra encajan dentro del ámbito del desarrollo de las empresas”. “Para nadie es un secreto que hoy por hoy se celebran pavorosos y tremendos combates en el terreno comercial. La lucha por los mercados marca el ritmo en los tiempos presentes. Mediante la lectura de la obra... es posible entender la irracionalidad de nuestros tiempos”.

También en la Introducción (10) a El arte de la guerra se apunta en esta dirección, eso sí, explicitando la adecuación de las reflexiones presentadas en la obra a la realidad actual de los conflictos, desde una perspectiva filosófico-espiritual. Éste es el argumento: “Durante los últimos 50 años, este texto se ha convertido en un manual para todos aquellos que en el mundo entero intentan transformar su visión de un conflicto, ya sea éste un conflicto comercial, militar o del batallar cotidiano. Siempre que el jefe del destacamento establece su objetivo, o los miembros de la sala de juntas parecen verse sitiados, o nuestros vecinos se reúnen para defender por la fuerza una zona de aparcamiento local estamos encontrándonos con modernos “guerreros” que pueden valerse de la ancestral sabiduría del libro. ¿Cómo podremos aplicar acertadamente este texto chino a nuestra vida diaria? ¿Logrará enseñarnos a que nos desenvolvamos de forma más eficaz en el conflicto? Estas son las preguntas capitales... Las respuestas se encuentran en el mismo Sun Tzu. (...) “Se basa en un profundo conocimiento humano, algo a lo que tenemos acceso todos nosotros. No pertenece a ningún grupo, ya sea chino u occidental. Muestra una forma de trabajar con el conflicto, que es sana, amable y eficaz”. (...) “El Sun Tzu se inicia con la comprensión de que el conflicto es una parte integral de la vida humana. Está en nosotros...”

En fin, todo consiste en dominar el arte de la introspección del alma. Y esto sólo puede llegar a conseguirlo cada individuo humano, desnudándose ante el espejo de su propia conciencia. Sólo es posible, cuando éste se enfrenta a la realidad, consintiendo que ésta es el punto de encuentro de la totalidad de los contrarios, la línea precisa donde confluyen los límites de la identidad individual y los límites del mundo. Y es que el arte de la guerra es precisamente el arte de la vida.

INTERVENCIONES

Nicolás Zimarro:

El texto comienza con el anuncio de una convicción, formulada en términos de verdad axiomática. Afirma que la milicia es la base de la vida y de la muerte, el Tao de la supervivencia. Y, a partir de esta verdad inapelable, avanza un sinfín de reflexiones concernientes a las diferentes variables que se derivan de este presupuesto, y que se resumen en la conformación de las aptitudes, capacitaciones, destrezas y conocimientos que ha de poseer el general sabio, para una adecuada y exitosa dirección de la milicia. La conclusión que se propone es que la solución de todo conflicto comienza por la introspección de la verdadera naturaleza de la esencia individual, esto es, por la disección del alma de todos y cada uno de los individuos, que es lo que denominamos el principio del “Conócete a ti mismo y a los demás”, y continúa por el conocimiento de la realidad física o mundo.

Pues bien, tanto el presupuesto en el que se fundamenta todo el desarrollo de la obra como la propuesta metodológica para la resolución de las cuestiones planteadas no son nada novedosas.

Ya en la antigua Grecia, en el siglo VII a. de C. Heráclito de Éfeso preconizó que el principio de la realidad era la lucha entre los contrarios. Él decía que la guerra es padre de todo. Entendía por “guerra” la tensión entre los opuestos naturales, tensión que debe ser concebida como el flujo continuo de la realidad, en la que cada cosa es lo que es, a la vez que lo que no es. Esta armonía del ser y del no ser sólo se puede explicar desde la totalidad, por lo que conocer algo implica conocer la totalidad. Hegel denominó “dialéctica” a la tensión armónica, y “espíritu absoluto” a la totalidad.

En el siglo IV a. de C., a la entrada de la academia platónica podía leerse la siguiente inscripción: “Conócete a ti mismo”, que es justamente el postulado racional que reclama el Sun Tzu, para el establecimiento de la estrategia acertada, en el momento de afrontar un conflicto. El mismo Platón presenta toda una teoría de la educación, destinada a los sabios gobernantes. Así en su obra La República, concretamente en el libro VII, expone cuáles deben ser las habilidades, aptitudes y conocimientos necesarios para un eficaz desempeño de la función dirigente.

De todas formas, estas ideas también son contempladas en los planteamientos de la filosofía taoísta, que propone sin reservas que la existencia y la no existencia son lo mismo,al igual que el principio y el fin, tanto en cuanto unas y otros se distinguen solamente en la presencia de los objetos en la realidad, en la concreción de un hecho en el flujo infinito, indeterminado, de la realidad.

El ensayo Tomar la totalidad (11) recoge estos planteamientos de forma magistral, circunscribiéndolos al análisis del Sun Tzu. Expone que: “...Este mundo es un flujo. Lo que hoy no se encuentra defendido, bien puede estarlo mañana”. (…) “No somos «objetos»; nos encontramos en un proceso de desplazamiento a través del tiempo y del espacio, reaccionando siempre ante los demás. La única consistencia yace en las características que posean un conjunto de cosas”. (…) “Para tratar de discernir cuáles son esos patrones o conjunto de acontecimientos, resulta crucial darse cuenta de la tendencia que tienen las cosas, de su propensión natural. Algunas de ellas son sencillas: el agua siempre fluye hacia abajo, la mayoría de la gente no quiere morir”. (…) “La naturaleza siempre mudable de las cosas no recorta sus sentido de la realidad, o su lógica, ni constituye una amenaza para su visión del mundo. Por el contrario, todo esto resulta importante para ella.
El Sun Tzu proporciona múltiples ejemplos de estas tendencias, patrones o conjuntos de acontecimientos, enseñándonos a reconocerlos en todo nuestro entorno. Para hacerlo de forma eficaz, hemos de aprender a trabajar con shi”. (…) “El significado original del término shi fue el poder del gobernante; su control sobre los demás, su capacidad de influir sobre ellos a distancia”. (…) “…este poder no residía en la persona del gobernante, sino en su posición”. (…) “… su autoridad, o shih, procede de su asentamiento en el trono. El hallarse en tal lugar magnifica desmesuradamente su influencia.
Esa posición no es algo que ha creado por sí mismo. Requiere de todo el aparato del estado, de la participación de los cortesanos y de los burócratas y militares. De ese modo, el soberano es poderoso porque se halla a la cabeza de un complejo conjunto de relaciones. En contraste, la fortaleza personal, la moralidad y la habilidad son cualidades que solamente pertenecen al individuo. Resultan ineficaces, a menos que estén unidas a grandes patrones de influencia.
Por tanto, shih constituye una función de la relación entre las cosas. Su poder reside en una conformación particular”. (…) “Puede ser de lo más sencillo beneficiarse del shi que se produce naturalmente, pero también es de sabios aprender a conocer las pequeñas alteraciones que usted puede producir en su entorno, de modo que logren actuar repentinamente en su favor. El estratega hábil sabe cómo ha de bloquear las aguas del río para que no se produzca la marea hasta que las tropas enemigas estén cruzando las secas riberas sobre las que él desatará las aguas contenidas. Dicho de otra manera, el shih puede ser cultivado. Esto puede conllevar una acumulación de energía o de poder poco a poco, del mismo modo que las aguas van creciendo en el embalse.
Así pues, el shih es como si miráramos un tablero de ajedrez. La eficacia de una posición viene dada en función del poder relativo de ciertas piezas, de la fortaleza de su formación, de la relación que mantienen con el adversario, y también de su capacidad para convertirse en otra cosa. A todo ello hemos de añadir la particular disposición psicológica de nuestro oponente. Todo esto son aspectos del shih. Resultan analíticamente diferenciables, pero un jugador de ajedrez los ve todos inmediatamente”. (…) “Shih es como tensar el arco.
Nudo es como disparar la flecha. El arco es un instrumento en el que se almacena la propia fuerza en forma de energía potencial. Al disparar la flecha, soltamos de golpe toda esa energía. Eso es el shih en acción. El poder acumulado que se concentra de forma perfecta. No es que la flecha posea en sí misma fuerza ni que «tome prestado» el poder del arco. El poder se produce solamente cuando todos los elementos se encuentran presentes. Carece de una fuente de poder, tanto en su propia e interna configuración como fuera de ella. En el momento preciso —o nudo— la flecha sale lanzada para golpear a un alejado enemigo”. (…) “El shih existe solo momento a momento. Pero se puede aprender a reconocerlo y, por tanto, actuar de forma eficaz”. (…) “El Sun Tzu nos enseña el shih de muchas maneras. Tres de ellas son especialmente importantes. La primera emplea una corta frase para resumir un argumento complejo. Ya hemos visto distintos ejemplos de esto: «Por tanto, quien es hábil en la batalla busca todo ello en el shih y no lo pide a los demás». El texto también utiliza este mismo estilo para mayores conceptos: El conquistar toda una nación es mejor que destruirla. Ese pasaje continúa con una generalización y, posteriormente, con una serie de principios: Por tanto, obtener un centenar de victorias en un centenar de batallas no es lo más hábil.
Lo más inteligente es someter al ejército contrario sin batalla
Y así, lo mejor militarmente es acabar con las estrategias del enemigo. Después, acabar con su ejército. Lo peor de todo es atacar las ciudades fortificadas”. (Capítulo 3) “Estas manifestaciones proceden de esa perspectiva que considera la totalidad. Si todavía no las conocíamos, partiendo de esa amplia perspectiva, solamente hubiéramos podido pensar en ellas como consideraciones individuales, relacionadas de forma muy tangencial.
En segundo lugar, el texto utiliza en su enseñanza metáforas e imágenes: «El empuje del agua que zarandea las rocas. Eso es el shih». El shih es «como tensar el arco», «como el que hace rodar rocas desde una montaña de mil jen de altura». Estas imágenes permanecen en nuestra memoria, conformando nuestro pensamiento de una forma que no logramos reconocer conscientemente. Su poder no puede reproducirse mediante palabras.
El tercer modo de enseñar el shih es mostrando simplemente ejemplos del mismo. Por eso el texto dice cosas como: «Al cruzar las montañas, sostén los valles», o «En zonas acuosas, aléjate del agua». (capítulo 9) “Los ejemplos… expresan el mundo en términos de relaciones. Describen la forma en que aparece una circunstancia si cuando llegamos a verla, y lo que haremos de forma automática como respuesta. En lugar de enunciar esas advertencias como si fueran principios, el texto se limita a manifestarlas, poniéndonos ejemplos que encajan perfectamente con ellas. Gran parte del texto de los capítulos 8 al 11 consiste en este tipo de información. A veces se presenta como tipologías de acción. Por ejemplo, los nueve suelos son nueve clases de terreno; en cada uno de los cuales es necesario llevar a cabo un cierto tipo de acción. Gran parte del contenido resulta obvio. Tal vez sean estos los primeros estratos del texto en los que se agrupan los datos en conjuntos de cinco o de nueve para facilitar su memorización. Pero no por ello son menos profundos que los capítulos, más complejos conceptualmente, del principio del libro, puesto que proceden y expresan el mismo punto de vista”. “…nos enseñan el concepto del shih de una forma segura, ilustrándolo mediante ejemplos, hasta que intuimos su importancia relacional, y dejando por completo de lado los conceptos básicos preparatorios de otros capítulos”. (…) “Por otra parte, hay que considerar también que el mundo no sólo consiste en cosas sólidas, sino en flujos de fuerzas, en movimientos de energía o en modificaciones de la configuración del shih. Estas constituyen el Tao. El mayor impedimento para conocer el Tao es la fijación. En lugar de ser el agua que se despeña por el barranco, somos nuestro propio enemigo, impidiendo su flujo. Nos atenemos a una visión reducida, a una pequeña parte dentro del gran movimiento, en lugar de movernos con él de forma fluida. Podemos estancarnos de muchas formas. Una de ellas la constituyen los hábitos, los viejos patrones de pensamiento, que se deslizan como pequeños riachuelos entre la arena. También los buenos hábitos pueden resultar tan limitadores como los malos”. (…) “Conocer el Tao es algo más importante que la simple obediencia al soberano. Requiere que utilicemos la mente de una forma distinta… Aquí «forma» es la dimensión particular que damos a las cosas, y el formar es el modo particular que tenemos para hacer que sucedan las cosas”. (…) “El Tao es muchas cosas. Una de ellas es una clase especial de caos; entendiendo ese caos en el sentido original griego, es decir, como un todo cuyas partes no son discernibles individualmente. Es el orden constituido por la totalidad de estas relaciones múltiples y cambiantes. Pero el Tao es también la forma en que funcionan las cosas, el modo como se mueven, los modelos que hacen tanto en el tiempo como en el espacio. ¿Cómo llegamos a conocer al Tao? Pues de la misma manera que llegamos a conocer las cosas ordinarias, como el apagar el hornillo cuando el agua de la tetera ha hervido. Unas y otras se aprenden sin esfuerzo, mediante una constante atención de la situación. También conocemos el Tao mediante el aprendizaje del shih. En ese proceso empezamos por examinar todos los elementos de nuestro mundo y mirando después cómo interactúan unos con otros. Al ver al mundo como shih, al advertir las volátiles configuraciones de las cosas, podremos discernir la acción adecuada. Podremos responder a las cosas desde el Tao, creando formas, los modelos temporales que hacen que las cosas sucedan. Aunque el Tao pueda parecer un sistema, una totalidad en la que se hallan unificadas todas las fuerzas caóticas, de hecho no existe más Tao que ese movimiento. Así que, tal como podemos deducir del Sun Tzu, la culminación de este practicar la forma apunta más allá de sí misma: Lo último en dar forma al ejército es llegar a la carencia de forma. Cuando se carece de forma, los espías más agudos no logran ver nada y los sabios no pueden trazar estrategias. (Capítulo 6) “El corolario que se extrae del carecer de forma es lograr una mayor flexibilidad. El siguiente pasaje menciona el modo en que ambos ejércitos y el agua adquieren su forma. Ahora bien, la forma del ejército es como el agua. El agua, al moverse, evita lo alto y se apresura hacia lo bajo. El ejército, en su victoria, evita lo sólido y ataca lo vacío. De modo que el agua establece su movimiento de acuerdo con la tierra. El ejército establece la victoria de acuerdo con el enemigo. El ejército no tiene un shih fijo ni forma duradera. Ser capaz de transformarse con el enemigo es lo que quiere decir «etéreo». (Capítulo 6) “El Tao del agua es fluir hacia abajo. Incluye las dos cosas, lo que es y lo que hace. En el ejército sucede algo parecido. Carece de una forma necesaria, de un tamaño, de esencia, de ego o de estado mental. Simplemente responde a las condiciones que le rodean: Ser capaz de transformarse con el enemigo es lo que quiere decir “etéreo”. Los espíritus carecen de sustancia, son insondables”. “Una vez más insiste: ¡Sutil! ¡Sutil! Hasta llegar a carecer de forma. ¡Etéreo! ¡Etéreo! Hasta llegar a carecer de sonido. De este modo podrás convertirte en la estrella del destino del enemigo. (Capítulo 6)

Miguel San José:

El libro muestra los fundamentos de la ciencia militar. Es un tratado básico que presenta los principios elementales que debe conocer un general, referidos a la estrategia, la práctica, la logística, la intendencia y la inteligencia. También de soslayo hace referencia a la gestión económica, de los recursos humanos y de otros aspectos que pueden ser menores, como el armamento,etc...

La tesis esencial que presenta es que la distinción entre el general vencedor y el general perdedor, es decir, la clave que define la victoria y la derrota, reside en el conocimiento del Tao. Así, en todas las épocas históricas se ha producido la concurrencia de ejércitos más o menos equiparados entre sí cultural y tecnológicamente, en disposición de parecido armamento y similar organización; pero, unos resultan vencedores y otros vencidos. Ello se debe a la crucial diferencia que existe entre el general sabio, que conoce el Tao, y el buen general o el mal general. Y es que el Tao es intransferible, no se puede transmitir como un conjunto de conocimientos y disposiciones vertidas en un tratado teórico. Esto explica que Alejandro Magno, César y Napoleón sólo haya tres. Y curiosamente ninguno de ellos dejó legado escrito alguno que trate cuestiones semejantes a las que se analizan en el SUN TZU. A lo sumo, disponemos de los comentarios que realizó Julio César, a propósito de la guerra de las Galias y de la guerra civil en la Roma de la República. Pero éstos constituyen unos tratados de carácter informativo al Senado, que recogen múltiples y variados contenidos: desde asuntos etnográficos y aspectos culturales o sociales propios de los pueblos en guerra,descripciones topográficas y consideraciones políticas, hasta el posicionamiento ideológico del propio Césaren el tiempo del final de la República.

El conocimiento del Tao determina una concepción de la guerra en la que el fin último de ésta es la consecución de la paz, o lo que es lo mismo, la obtención de la victoria sin necesidad de entablar una batalla cruenta, fin que es posible gracias a una estrategia de anticipación a la acción del enemigo, cimentada en la presunción de sus intenciones, a partir de un discernimiento de los propósitos del propio enemigo. Este presupuesto es contrario a la ideología militar de occidente, la cual contempla que el objetivo primordial de la guerra es la destrucción y el sometimiento del enemigo; de modo que los soldados prisioneros deben ser degollados, las mujeres violadas, las casas arrasadas, los campos esquilmados, los niños mutilados, etc... Por tanto, no parece que el título de la obra en su traducción al castellano sea especialmente afortunado, porque llamar a la estrategia militar “arte” no deja de ser un eufemismo torticero, dado que el término “arte” hace referencia a lo bello, y no a lo “bélico”, como pretenden algunos. De la misma forma, resulta curiosa, cuando no extravagante o estúpida, la pretensión de muchos próceres de la función directiva en las empresas de aplicar las pautas de la estrategia militar en la gestión empresarial, por cuanto el objetivo de las empresas ha de ser la obtención de beneficios económicos, y no la destrucción “manu militari” de la competencia.


Jon Rosáenz:

La obra es, sobre todo, la exposición de una filosofía de vida, más que propiamente un tratado de estrategia militar, si bien se presenta circunscrita al ámbito de la milicia. Filosofía de vida que incide en el valor intrínseco de la paz, del no ejercicio innecesario de la fuerza.Filosofía de vida que ignoraron los estadounidenses, por ejemplo, en la guerra de Vietnam, y que motivó la incomprensión absoluta de las razones culturales que sustentaban la extraordinaria combatividad vietnamita. Filosofía de vida que se fundamenta en un auténtico autoconocimiento personal, y que se concreta en una sabiduría que conlleva a entender el arte de la guerra como el arte para evitar los conflictos, sabiduría que requiere de una sensibilidad especial para detectar cuáles son las exigencias que nos demanda la armonía universal. Filosofía de vida que se inserta plenamente en los principios ideológicos del TAO TÉ KING, puesto que el taoísmo defiende que el principio esencial es “el no hacer”, que no significa pasividad, sino la evitación de la realización de acciones no naturales, es decir, la praxis de la espontaneidad, el dejarse llevar por el flujo natural del mundo, sin forzar las acciones ni intervenir en su desarrollo. Sirva como muestra de esta filosofía de vida el pasaje siguiente, extraído del capítulo XXIV, “Tumores”, del TAO TÉ KING: “Si te mantienes de puntillas, no te mantienes mucho tiempo. Si das pasos demasiado largos, no puedes caminar bien. Si te muestras a ti mismo, no puedes ser bien visto. Si te justificas, no puedes ser respetado. Si te halagas a ti mismo, no puedes ser creído. Si te enorgulleces demasiado, no puedes alcanzar la excelencia. Todos estos comportamientos son excrecencias y tumores”.

Carlos Fernández:

El libro es un perfecto ejemplo de simplismo y dogmatismo, que nada tienen que ver con la pretendida sabiduría incontrovertible que algunos creen descubrir en sus páginas. Simplismo que queda de manifiesto en aseveraciones tales como ésta: “Siempre inicia tus ataques sobre los puntos menos previstos por el enemigo. Actúa cuando él menos lo espere”... Dogmatismo que queda patente en afirmaciones como éstas: “El enemigo es siempre codicioso”. “Dentro del fragor de la batalla, giran en remolino tus tropas, innumerables banderas, hombres y caballos, pero siempre es definible lo que te impide ser derrotado”.

Resulta desconcertante la similitud de algunos planteamientos expuestos en el SUN TZU, así como la de su simplismo y dogmatismo, con los contenidos y la forma del denominado LIBRO ROJO de Mao. En éste podemos leer manifestaciones como las siguientes: “Los mandos y combatientes del Ejército Popular de Liberación de ningún modo deben rebajar, ni en lo más mínimo, su voluntad de combate”. “Toda idea que tiende a rebajar la voluntad de combate o a subestimar al enemigo es errónea”. “Tanto en el ejército como en las organizaciones locales, la democracia interna del partido debe servir para fortalecer la disciplina e incrementar la capacidad combativa , y no para debilitarla”.

En fin, lo más sorprendente de todo es que los mismos círculos mediáticos y de opinión que tachaban la teoría maoísta de simplista y unidireccional, hace unas décadas, sean los mismos que en la actualidad aplaudan la filosofía del SUN TZU, que adolece de los mismos prejuicios y tendencias.

Joseba Molinero:

El libro habla principalmente de manipulación y de apariencia. Manipjulación de los soldados por parte del general, que no busca la promoción en éstos del ideal del autoconocimiento por el ejercicio de la introspección personal, sino más bien el alienamiento de los mismos, o sea, el plegamiento de los soldados a los intereses del dirigente, que exclusivamente pretende forjar hombres aguerridos que luchen sin temor a la muerte, y no hombres sabios. Apariencia que se concreta en lo que el general debe representar ser, para que el enemigo crea conocer lo qe en realidad no es.

La manipulación y la apariencia son reinterpretadas en el mundo de la empresa, como manipulación del trabajador, al que se le motiva con recompensas siempre ajustadas a su productividad, para que rinda al máximo, aunque él ni tan siquiera lo sepa, o ni tan siquiera esté bien pagado; y como apariencia de que las cosas van bien, de que se es lo que no se es, o de que no se es lo que se es, y todo por participar de la suerte de poseer un “status”, gracias a la pertenencia al rol de trabajadores de la empresa.

Roberto Sánchez:

El mérito del libro no reside en que haya sido escrito hace ya miles de años. No, esta circunstancia no le confiere ningún valor añadido.¡Cómo si en la antigüedad los seres humanos no hubieran sido inteligentes! El verdadero mérito de la obra consiste en recoger el cambio transcendental en la concepción de la guerra, que tuvo efecto en la China del siglo IV a. De C., cuando la guerra pasó de ser una actividad honorable – se luchaba por el honor- a ser una actividad de control de los estados. Entonces, el ejército se convierte en una herramienta del estado, que atiende a los intereses de los gobernantes, y no a las necesidades de la población. Desde esta perspectiva, el SUN TZU no pasa de ser un manual de precauciones para el óptimo funcionamiento de esa herramienta. Y el caso es que sus enseñanzas no pueden sino caer en saco roto, puesto que promueven una praxis militar no dirigida al exterminio del enemigo, sino a la victoria sin batalla, a la reinsercción del contrario, y obvian que en realidad las guerras se ganan, cuando el enemigo es aniquilado por completo.

GLOSARIO DE DATOS BIBLIOGRÁFICOS.

(1) El arte de la guerra Sun Tzu. Versión, Estudio y notas del GRUPO DENMA. EDAF. 6ª edición, febrero 2004. “Introducción”, páginas 15-27.

(2) Ensayo “Unirse a la tradición”. El arte de la guerra Sun Tzu. EDAF, 6ª edic. febrero 2004; págs. 132-150.

(3) Ver cita 1.

(4) Ver cita 2.

(5) Samuel Griffith, Sun Tzu-The Art of War,Oxford, U.K. Oxford University Press, 1963.

(6) Ver cita 1.

(7) Antonio Rivas Gonzálvez http://www.gorinkai.com/textossuntzu.htm.

(8) Ver cita 7.

(9) Chantal Lòpez y Omar Cortés:
http://www.antorcha.net/biblioteca_virtual/filosofia/arte_guerra/arte_gu...

(10) Ver cita 1.

(11) Ensayo “Tomar la totalidad”. El arte de la guerra Sun Tzu. EDAF, 6ª
edic. febrero 2004; págs.89-106