Un pecado venial : el ateísmo

Es pecado venial. Claro que, oficial, solemne y pontificalmente ateísmo es pecado mortal, por excelencia y eminencia. Pero nadie se llama ya a engaño; el ateísmo del que cree en el sagrado y divino derecho de la propiedad privada y capitalista es, realmente, pecado leve, venial. Pecadillo de lógica, de descuido en el razonar.
¿Quién puede admitir - decía Sócrates - que exista lo caballar y no haya caballos; que se dé lo demoníaco y, no obstante, no haya demonios; que exista lo divino y no haya dioses? ¿Quién, si no es por falta de lógica, puede admitir lo divino, lo sagrado, de la propiedad privada, y negar o no admitir que haya Dios?
Todo el ateísmo de quien cree en la propiedad privada y capitalista no pasa de inocente falta de lógica.
Si la propiedad privada es, de suyo, sagrada y bendita, su conservación y difusión son actos divinos, bendecibles. Luego se cree, realmente, en Dios, al practicarla. ¿Qué falta hace ya una profesión  verbal y expresa del teísmo? Ya se entiende y sobreentiende; y así lo entienden y lo dan por entendido las religiones al uso occidental. ¡Gran caballero es don Dinero; gran creyente es don Dinero; gran religioso en don Dinero!
El ateísmo será pecado grave, gravísimo, si, además de negar la existencia de don Dios, niega no menos resueltamente la santidad y divinidad de don Dinero.
Lo divino se da libre y graciosamente, y lo que se da se llama gracia divina. Pero, desde el siglo XVI, lo divino se ha repartido. Se repartió la divinidad entre los reyes - sus derechos divinos -, y se los apropió el Pueblo soberano; y dejó de haber reyes absolutos por derecho divino. Se ha repartido la divinidad de los padres y los hijos; y ya los padres no somos representantes de Dios; los hijos son ya por derecho divino los mandamases en todo.
Infalible es, por derecho divino, el Papa; pero su infalibilidad se ha repartido ya entre todos, y a todos nos ha tocado un trocito, la mayor tajada a los dirigentes políticos y una no menguada a los periodistas. Y a este paso, al Papa no le va a quedar infalibilidad más que para definir un dogma por siglo.
¡Recordad, Pueblo, hijos, estudiantes, políticos, periodistas, que la divinidad es atributo indigesto, y que la infalibilidad es entontecedora!, para los humanos que somos todos, sin excepción.

 

Juan David García Bacca

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