La billonésima parte

Dos hombres que parecían igualmente pobres hablaban bajo la atenta mirada de un extranjero en el callejón de una ciudad perdida.

–Te ofrezco este pan.

–Te entrego la mitad de lo que no tengo por él.

–¡Es demasiado! Apenas si vale una billonésima parte de lo que no tienes.

–Trato hecho.

El extranjero se marchó riendo del lugar. Unas semanas después, cuando volvió a ver al que había vendido su pan, lo descubrió en un auto lujoso entrando a una mansión. Fue hasta él y le dijo:

–Te ofrezco este reloj de oro por una billonésima parte de lo que no tienes.

–Trato hecho.

El extranjero esperó dos semanas y nada recibió. Fue a la mansión del otro y cuando dio con él, le reclamó:

–¡Tú obtuviste la billonésima parte de lo que no tenía el pordiosero y te volviste rico! ¡Tú me pagaste la billonésima parte de lo que no tienes y no he recibido nada a cambio!

–Es muy sencillo: ahora tengo todo lo que necesito, y una billonésima parte de lo que no tengo es igual a nada.

–Pero ¿cómo obtuviste todo lo que ahora posees de aquella venta del pan?

–Porque aquel hombre es el hombre más rico de la tierra.

–¿Y qué posee? ¿Petróleo? ¿La industria del software?

–No, nada de eso. Él no posee nada de lo que nosotros buscamos. Él no posee otra cosa más que la virtud. ¡Es un tesoro inmenso! La pobreza y el poder de los santos es tan grande que apenas una billonésima parte de lo que no poseen, de los valores materiales, nos haría inmensamente prósperos.