Cinco peldaños

 

Se ha ido la luz.
Yo estaba de rodillas
suplićandote algo
como ante un cristo imaginario
al que se ha echado una moneda
y confesado los pecados.
Suena rara la oscuridad.
Como a silencio rudo y seco
sin eco alguno.
No te encontraba
y mis ojos no veían.
Era solo un paso
medio metro a lo más
pero parecía que incapaz
de encontrar el camino
tropezara con los objetos invisibles
que me salían al paso.
Huele rara la oscuridad
cuando se va la luz.
Algo así como a orín de enfermo
cuando se abren las ventanas
para que entre el aire fresco.
Yo estaba arrodillado
tocando con mis manos tus pies
que saben a madera y a aceite de ébano,
a limón y aloé fresco de verano
que trae lluvía y no hace frío.
Y te confesaba mis pecados
y te ofrecía mi deseo de silencio.
Así es la vida con cinco peldaños.
El primero, muy frágil : el de la soledad.
El segundo, más hondo : el del recuerdo.
El tercero, más ligero : el del amor.
El cuarto, el menos pesado: el del cansancio.
El último, el paso más elevado,
aquel que espera para anunciarnos
lo que nos aguarda en un futuro
no tan inmediato.

Escribir la distancia Kepa Murua

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