Marco Aurelio, 14

Enrique en su casa

 

Vinimos al silencio al que se nos llamaba
a saber nuestro nombre, el ya definitivo,
a sentir nuestras manos cálidas de otras manos,
a ver nuestra mirada en la mirada ajena.
Pero abismamos sombras en nuestro pensamiento,
hundimos nuestros ojos en luz de cenagales.
Maniatados de frío por tanta soledad,
        muertos, enterraremos a los muertos.

 

Entornada la puerta, luz suave en el vestíbulo,
en buena soledad y  Dios por compañía,
quemar últimas cartas en el fuego final
y acariciar el gesto que me las escribió,
abrir el albúm íntimo de fotos muy amadas,
sonreír a unos ojos de bienvenida y paz,
y cada vez más pronta mano fría
vaya pasando páginas conmigo.

 

Marco Aurelio, 14 Enrique Badosa

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