Adiós...

“Dibujo lo que me parece que está en ese momento de relevancia. Y si no lo está por lo menos a mí me lo parece”. Antonio Fraguas de Pablo, conocido con el nombre de Forges, ha reflejado como pocos la sociedad española en el último medio siglo. Esta madrugada ha fallecido a los 76 años víctima de un cáncer de páncreas dejando un inmenso legado.

De sus manos han salido más de 250.000 viñetas, aunque él siempre se quitaba mérito. “Las viñetas viven dentro del rotulador, yo no hago nada, lo juro: salen”, le dijo a Víctor-M. Amela en La Contra. Analizaba como pocos las noticias que invadían los periódicos y era capaz de retratarlas en un recuadro aliñándolas con humor.

Sorteó como pudo la censura durante la dictadura franquista para seguir dibujando. Con su rotulador luchó contra el terrorismo, retrató con su gracia el 15-M, la corrupción, el paro y más recientemente la crisis independentistas en Catalunya. Era capaz de hacer crítica política sin ofender, muestra de ello es que hoy todas las fuerzas políticas españolas se han despedido de Forges con bellas palabras.

En 1973 pidió una excedencia en TVE, donde trabajaba como técnico y mezclador de imagen, para dedicarse de lleno al humor gráfico. Su primera viñeta vio la luz en el diario Pueblo en mayo de 1964. A partir de ahí empezó una carrera en la que ha pasado por distintos medios (Diario 16, El Mundo, El Jueves, etc.) hasta llegar a El País, donde ha hecho una viñeta diaria desde junio 1995.

 

 

En el abanico de sus personajes más entrañables están las abuelas Cosma y Blasa, el pobre hombre Mariano – que pasó a llamarse Vicente para evitar “confusiones indeseadas” mientras Rajoy permaneciera como presidente-, su esposa Concha con la que formaba un entrañable matrimonio o el dúo de náufragos.

Otro de sus rasgos más característicos era el lenguaje propio que se inventó. Le gustaba acortar palabras y con ello generó nuevas expresiones que han calado en la sociedad. El “estupendo” pasó a ser simplemente “stupendo”, “chis” significaba “mecachis”, “gensanta” era su forma de abreviar “virgen santa” o “nefecto” era su forma de decir “en efecto”. Aunque su gran gesta fue inventar la palabra “bocata” hasta el punto que la Real Academia acabó añadiéndola en el diccionario como sinónimo de bocadillo.

Su padre le dijo siendo joven que si quería dedicarse al humor gráfico debía ser original hasta el punto de que la gente reconociera sus dibujos a 15 metros de distancia. Logró conseguirlo con sus tradicionales berenjenas como nariz o los bocadillos de perfiles negros muy gruesos en los que se introducían sus vocablos.

David Juárez

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