Las estaciones

Melpómene de Fernando Toledo
 
 
PRIMAVERA
 
Amanecen algunas flores
que nacen de despertar ávidas
con timidez pero rápidas
dando a la luz todos los colores.
 
La belleza frágil
la sutileza y el candor,
la naturaleza hábil
creando la flor.
 
Cuánta primavera en su color,
cuánto perfume en su interior,
cuánto despertar en su olor.
 
Ya el invierno es muerto,
se despierta de nuevo el sabor
de la frescura de su cuerpo.
Descubro su cuerpo una vez más
aunque parezca por vez primera,
no la vi tan joven jamás,
tan llena de vida, con tanta primavera.
Miro sus perfectos pechos,
su talle fino, sus caderas,
los muslos, sus fronteras;
Todo un cuerpo en hechos.
Su cuerpo es una melodía, un canto,
al amor y para amar
para amar tanto y tanto.
 
 
VERANO
 
El calor madura las frutas,
los árboles dejaron la flor,
todo verde de color.
La tierra y su humedad juntas.
El brillo del calor ardiente,
la tierra que estalla en sabores,
la tierra con todos sus olores.
El cálido olor, el calor del verano
que estalla como una brasa en manojo
porque su cuerpo está cercano
porque su cuerpo está en mi mano.
Arriba un sol rojo,
su cuerpo es fuego
que devora mi piel encendida,
quemando mi sangre,
provocando la herida.
Y el deseo se convierte en ruego.
Ruego al calor de su cuerpo,
ruego a la llama de un beso
ruego a la luz de su pelo suelto
ruego su cuerpo caliente,
su cuerpo mojado
su cuerpo ardiente
y beso su sabor salado
y el filo de su cuerpo hiriente
corta mi pecho desgranado.
 
 
OTOÑO
 
Las hojas cambian su tono
a la belleza de la senectud.
El ocre sereno y el cálido rojo
retienen el tiempo con mansa quietud.
Hay aún huellas de un tiempo pasado
o el esplendor de una juventud
que ha sembrado de virtud
este tiempo tan esperado.
Que el recuerdo no vano
del otro otoño, en añoranza,
al igual que en otro cualquier estado
parece que el tiempo no avanza.
 
Recuerdo el otoño a su lado,
recuerdo todo a su imagen y semejanza:
su cabello ocre y brillante,
el olor a flores y a miel,
ese olor de amante
ese olor tan suave de su piel.
Ella entre mis brazos
el calor de su pecho en mi faz,
muy juntos, como atados por lazos,
esa tranquila, serena y feliz paz.
Muy juntos, casi dormidos,
su corazón pegado al mío,
escuchándose suavemente sus latidos.
Respirando pausadamente
cierra los ojos un poquito
y sonríe serenamente, levemente.
 
 
INVIERNO
 
Caen por entero las hojas
Ya el ocre rojizo no sufre
que al suelo el viento las arroja,
la capa mustia cruje,
el viento se desencadena
la lluvia no cesa;
un sonido cae del viento, que pesa.
Lloran las gotas con furia y con pena;
tiene tanta fuerza el viento,
tanta la lluvia constante
que en su cuerpo el invierno siento.
En su cuerpo jadeante
está toda la lluvia y el viento
y la luna en su semblante.
Su cuerpo de mármol y de hielo,
su cuerpo de tan frío trazado
de blanco de nieve pintado,
quizás fuera una estatua de canon griego
pero su salvaje belleza
llena de colores y de furor,
ahuyentan el hielo que de su piel se aleja.
Su pelo cerrado en mi mano,
el cansancio feliz a su lado.
El pensamiento centrado en ella,
siempre en ella.
 
Arturo Hierro
 
 

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