Acta abril 2004

OBRA: ESTUPOR Y TEMBLORES
AUTOR: Ámelie Nothomb

PONENTE: Emilio Hidalgo

PRESENTACIÓN

"Amélie Nothomb nació en Kobe (Japón) en 1967. Proviene de una antigua familia de Bruselas, donde reside actualmente, aunque pasó su infancia y adolescencia en Extremo Oriente, principalmente en China y en especial en Japón, donde su padre fue embajador. Amélie Nothomb habla japonés y trabajó como intérprete en Tokio. Desde su primera novela Higiene del asesino (edición en Circe) se ha convertido en una de las autoras francesas más populares y con mayor proyección internacional. Anagrama ha publicado sus novelas Estupor y temblores (gran Premio de la Academia Francesa y Premio Internet, otorgado por primera vez por los lectores internautas) y Metafísica de los tubos."
"Esta novela con declarada carga autobiográfica, que ha obtenido un éxito impresionante en Francia, cuenta la historia de una joven belga de 22 años, Amèlie, que empieza a trabajar en Tokio en una de las mayores compañías mundiales, Yumimoto, quintaesencia de las empresas japonesas."

"Con "estupor y temblores"": así es como el emperador del Sol Naciente exigía que sus súbditos se presentaran ante él. En el Japón actual, fuertemente jerarquizado (en el que cada superior es, antes que nada, el inferior de otro), Amélie, afligida por el doble handicap de ser a la vez occidental y mujer - extraviada en un hormiguero de burócratas, subyugada además por la muy japonesa belleza de su superior directa, con la cual tiene unas relaciones de franca perversidad-, sufre una cascada de humillaciones.

"Trabajos absurdos, órdenes dementes, tareas repetitivas, humillaciones grotescas, misiones ingratas, ineptas o delirantes, superiores sádicos, la joven Amélie empieza en contabilidad, luego a servir cafés, pasa a la fotocopiadora y, descendiendo los escalones de la dignidad (aunque con un despego muy zen) acaba ocupándose de los lavabos...masculinos."

"Un descenso a los infiernos en un relato desopilante". (F. Gaignault, Elle)."

"Una confesión impúdica, un tratado de inspiración marxista (tendencia Groucho)" (Bernard Le Saux)."

"Un festín de lucidez y humor. Un texto perfectamente calibrado y desengrasado, una suerte de elegante caricatura. Nothomb demuestra con inteligencia (temible) el absurdo delirante de nuestros sistemas económicos y descodifica, con la frialdad de un entomólogo vengativo, la esclavitud y el sadismo que engendra la jerarquía profesional" (Hugo Marsan, Le Monde)."

"Una pequeña obra maestra de hilarante crueldad" (Alexis Liebaert, L'Evénement)".

VALORACIÓN

"La elección de este libro, como propuesta de lectura para la tertulia, se debe básicamente a la necesidad de renovar los registros de lectura habituales en la misma. Efectivamente, a poco que nos detengamos a repasar los títulos de los libros que se han tratado en la tertulia, podemos constatar que son muy escasas las propuestas de lectura de literatura contemporánea: alguna obra de Haruki Murakami, Lorenzo Silva, Liz Jensenn, J.K. Rowling, y poco más. Y entiendo que no es pertinente, ni está bien, obviar este tipo de literatura; menos aún, si pretendemos que la tertulia sea un lugar de encuentro y debate sobre todo tipo de estilos, corrientes y trabajos literarios, si queremos que sea un foro abierto al librepensamiento, moderno y dinámico, en el que se traten cuestiones de plena actualidad".
"Al respecto, he observado que todas las propuestas de lectura se encuadran en tres tipos de libros: de temática social o política, de carácter histórico o filosófico y de estilo naturalista o costumbrista. Indudablemente, la gran mayoría poseen una acreditada calidad literaria. No obstante, a mí me resultan demasiado espesos, metálicamente densos. Son fríos y distantes, muy descriptivos y, en muchos casos, herméticamente racionales, hasta el punto de que carecen de diálogos. En algunas ocasiones, me pierdo en el laberinto de postulados morales, filosóficos y sociológicos que en ellos se desarrollan, y los sufro, como algo ajeno a mí, como algo contado siempre en tercera persona, y de lo que yo no participo. Por ello, considero que es tiempo de abrir la puerta de la tertulia a la literatura que se escribe en el momento presente, y renovar el ambiente cargado de narrativa alcanforada que la asfixia, dejando que entre un soplo de aire fresco, lleno de latidos, voces y humores, y no de gramática, corrección estilística y profundidad de pensamiento".

"Y es esto, precisamente, lo que he encontrado en el libro: diálogos ágiles, situaciones entretenidas y frescura en la narración. Es un libro ciertamente divertido y muy cercano al lector de hoy. Se trata de una narrativa espontánea y, en mi opinión, no carente de calidad literaria. Además, irradia un gran optimismo, cualidad infrecuente en las propuestas de lectura habituales en la tertulia".

"En la obra, Amelie Nothomb, aparte de presentarnos un buen número de situaciones cómicas, nos ofrece unos retazos de lo que es, y cómo se estructura la sociedad japonesa actual, que se rige por la sorprendente máxima de "La existencia es la empresa", o sea, "sólo eres persona, y tienes entidad como tal, si perteneces a alguna empresa"; pone de manifiesto las diferencias culturales que existen entre el mundo occidental y el mundo oriental, concretado al caso en la mentalidad japonesa; y refleja, sobre todo, las relaciones laborales y modo de organización de la empresa japonesa, extremadamente jerarquizada y deshumanizada, en la cual las relaciones humanas rayan el surrealismo, y las personas son islotes de producción. Y todo ello lo hace a través de los diálogos entre los diferentes personajes, sin descripciones, ni propuestas teóricas, ni argumentaciones filosóficas".

"Los personajes que más han llamado mi atención son tres: Amélie-san, una joven europea de nacionalidad belga, inteligente, espontánea, con un marcado sentido del humor, que destaca por su extraordinaria capacidad de comprensión - incluso, cuando es sometida a las mayores vejaciones, intenta comprender a quienes la humillan, buscando una explicación a su deplorable actitud y esforzándose por comprender la razón de su maldad-; M. Fubuki, un producto "sui generi" de la educación japonesa, el paradigma de la mujer nipona, orgullosa, llena de prejuicios de género, tremendamente machista, absolutamente enajenada en el organigrama de la empresa, inhumana y déspota en las relaciones laborales, que no es ni buena ni mala, simplemente es japonesa; y Tenshi, mi personaje favorito, que es quien muestra algún atisbo de humanidad en las relaciones laborales, en el más puro "modus operandi" occidental, sin perder por ello ni un ápice del sentido del deber, el trabajo y el honor, típicos japoneses".

INTERVENCIONES

Jon Rosáenz:

"En mi opinión, este libro no tiene más valor que el de una redacción, de esas que nos mandaban a hacer en el instituto, eso sí, larga, cuyo tema sería: "Mi primera experiencia laboral". Es muy sencillo, y se lee fácil, aunque el traductor, bien sea por mero lucimiento personal, o bien por imposibilidad de hacerlo de otra forma, mete dos tarascadas impresionantes al diccionario, introduciendo en el texto los términos "embiscada" y "ergástulo".
"La autora aprovecha su propia experiencia personal en el mundo del trabajo, y utiliza gran cantidad de datos autobiográficos para elaborar la historia de Amélie-san, en su primer trabajo en una empresa japonesa".

"La historia que nos relata me ha parecido simple, maniquea y prosaica, sobre todo, cuando relata las vicisitudes y los acontecimientos que tienen lugar en los retretes de la empresa, último lugar de trabajo de la protagonista. Además, comienza de un modo absurdo: con la contratación de Amélie-san, sin que nadie, ni ella misma, sepa para qué ha sido contratada. En fin, no tiene ni pies, ni cabeza".

"De todos modos, en el libro hay dos cuestiones que han llamado mi atención: Una, el cuadro que pinta del mundo de la empresa japonesa que, por otra parte, no es tan distinto al de la historia laboral de cualquier empresa del planeta; aunque, bien es cierto, que, en el caso de los japoneses, las relaciones laborales se rigen por un exagerado sentido del deber y el trabajo - en la novela se llega a afirmar que "para un japonés nunca se trabaja demasiado", e incluso uno de los superiores de la protagonista pone a su hijo el nombre "Trabajar"-, un extraño código del honor y un sometimiento irracional al orden del "status" jerárquico dentro de la empresa. Otra, el rol social y cultural de la mujer japonesa, que aparece como ancestralmente postergada a un inevitable ultimísimo plano, en el organigrama social. En el libro, se presenta un decálogo de moralidad y conducta correcta, dirigido a las mujeres niponas que, a todas luces, es un verdadero despropósito, un anacronismo inaceptable, por cuanto convierte a las mujeres en meros artículos destinados al consumo de los hombres, muñecas vivientes a las que sólo se les permite tener esperanza. No deben molestar, no deben importunar. Sólo deben ser diligentes y serviciales. Y, hasta tal extremo es absurdo e inhumano el rol que se le supone a la mujer nipona perfecta, que en éste decálogo se llegará a proponer, en un estilo pretenciosamente poético, lo siguiente: "Incluso cuando estés aislada en un retrete, por la humilde necesidad de liberar tu vejiga, tendrás la obligación de vigilar que nadie pueda escuchar la melodía de tu arroyo. Así pues, deberás tirar la cadena sin cesar".

"Sin comentarios..."

Roberto Sánchez:

"Yo leí este libro hace ya algunos años. Cuando lo tuve por primera vez en las manos, me llamó la atención el reclamo de la contraportada. Resultaba verdaderamente sugerente. Prometía una lectura agradable y divertida, que trataba sobre los roles de la sociedad japonesa, las relaciones laborales y, en general, el mundo de la empresa en este país, contado todo ello desde la perspectiva de una joven occidental. El caso es que, después de leerlo, quedé decepcionado, hasta el punto de que no he vuelto a leer ninguna otra obra de esta autora".
"El libro carece de calidad literaria; pero, no nos equivoquemos, este hecho no significa en absoluto que Amélie Nothomb no sepa escribir literatura. Es más, creo que la novela está escrita así a posta, tal y como ella ha querido hacerlo. Entiendo que no pretende escribir una gran novela, sino reflejar, de forma sencilla y fehaciente, principalmente el día a día de una empresa japonesa, y de paso, la aberrante y esquizofrénica concepción de la organización social y de la educación de la mujer, propias de Japón.
Y lo lleva a cabo, narrando algunos pormenores de la experiencia laboral de una joven europea, que sufre las consecuencias de un sistema social y laboral injustos y deshumanizados, en el que la iniciativa personal se castiga, y solamente prevalece el "ordeno y mando".

"Con todo, creo sinceramente que la autora ha logrado su objetivo."

Miguel San José:

"Yo he sentido vergüenza ajena al leer este libro. No entiendo cómo alguien puede mostrar con tanta desfachatez, de esta manera tan impúdica, suponiendo que los datos que se proporcionan en el mismo sean referencias autobiográficas, toda su incompetencia y bochornosa inmadurez, tratando además de hacer creer al lector que la actitud que se deriva de tales carencias es, en realidad, la manifestación de unas cualidades positivas, tales como jovialidad, desparpajo, ganas de cumplir, etc.., cuando no la respuesta inteligente a una situación desfavorable".
"En lo que respecta a la calidad literaria de esta obra, he de decir que la misma me ha recordado las novelas de Corín Tellado. Sí, en ella, lo mismo que en los relatos telladescos, la protagonista sufre, sufre un horror, sólo que ella lo hace por el trabajo, mientras que las protagonistas de los bodrios de Tellado lo hacían indefectiblemente por el amor de un hombre. Sufre por la incomprensión de que es objeto en el trabajo, que ella cree que es gratuita e inopinada; cuando, de suyo, se trata, más bien, de un ejercicio de soberbia por su parte, de la no asunción de sus defectos y carencias. Así, por ejemplo, sufre porque es desestimada su iniciativa de poner al día los calendarios de los despachos, como si ésta no fuera una actividad estúpida e inútil; sufre, porque no es valorado el "dificilísimo" trabajo de efectuar una llamada a Bélgica y realizar, después un informe de los datos obtenidos, como si éste no fuera un trabajo ordinario en cualquier empresa; sufre, porque es reprendida por no respetar los conductos reglamentarios que la empresa tiene dispuestos, para el buen funcionamiento competencial de la misma, como si no considerar el orden jerárquico, en las relaciones laborales fuera algo normal; sufre, porque no es capaz de llevar adelante el balance del ejercicio contable de la empresa, entendiendo este destino como un castigo injusto, como si no ser capaz de sumar y restar fuera una expresión de rebeldía, ante una situación laboral de represión; sufre, porque no entiende el desinterés e indiferencia que le muestra Fubuki, de quien parece estar enamorada, como si su superiora tuviera la obligación de participar de sus fantasías emocionales; y sufre, porque se siente la responsable de la actitud que toman los hombres del departamento que dirige Tenshi, que deciden no hacer sus necesidades en los retretes que ella limpia y cuida, como si sentir vergüenza ajena fuera una muestra de solidaridad".

"En definitiva, se trata de una novela pretenciosa, que no va más allá de un folletín libresco deplorable".

Joseba Molinero:

"El libro me ha parecido un patético engendro literario. Su lectura me ha resultado fácil, porque es sumamente ligero y superficial en los contenidos, y carente de calidad literaria en la forma. Al leerlo, me he sentido como cuando leo un comic de "Carpanta". Y creo, sinceramente, que la autora hubiera hecho mejor si, en vez de este fiasco pretendidamente humorístico, hubiera escrito un guión de comic. Quizá el resultado final hubiera merecido la pena".
"En él, supuestamente se pretende reflejar la realidad de la empresa y los parámetros de conducta, tanto en las relaciones laborales como en las sociales, efectivos en la sociedad japonesa, por un lado; analizar la situación de las mujeres, respecto de esas relaciones, por otro; y, finalmente, mostrar las diferencias culturales y sociológicas existentes entre la civilización occidental y la oriental".

"De todas formas, para mí, existen otras novelas y no pocos ensayos que tratan estas cuestiones, y lo hacen de una manera más adecuada y acertada".

"Y, por mencionar algo positivo del mismo, reconozco que me han interesado las referencias que en él se hacen a la situación de Alemania, después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de que éstas sean superficiales y bastante tópicas".

Carlos Fernández:

"En mi opinión, esta novela cumple la función primordial de cualquier producto de las Bellas Artes, que no es otra que la de entretener. Nadie puede afirmar, en justicia, que la narración de los hechos que se relatan no es entretenida y muy divertida". Y, aunque no fuera más que por esta circunstancia, la obra es una excelente muestra del quehacer literario del momento".
"Se trata de una portentosa sátira, en la cual Amélie nothomb caricaturiza el mundo de la empresa japonesa, ese mundo deshumanizado y alienante, en el que el trabajador no es considerado como una persona, sino como un instrumento más en el sistema productivo, y que está sometido a todo tipo de descalificaciones y vejaciones, por parte de los superiores. Y lleva adelante este propósito, con la mayor naturalidad, y con gran maestría, mostrando situaciones absurdas, presentando unos personajes ridículos, de un modo claramente maniqueo, describiendo los sentimientos de la protagonista en humoradas graciosas y desarrollando diálogos alucinantes".

Nicolás Zimarro:

"El libro que nos ocupa es un clamoroso intento fallido de escribir una novela. Es, por decirlo de un modo educado, una burda concatenación de palabras, un sofrito de anécdotas de carácter autobiográfico que, en el mejor de los casos, ni siquiera sirve para recrear malamente la historia del "patito feo, que es, a mi juicio, a lo que la autora aspira en definitiva".
"El "patito feo" es la protagonista, esa sufridora impenitente, víctima de un sistema despiadado, que ha de padecer en su propia carne el maltrato psíquico, las vejaciones,la incomprensión y los continuos descensos en el escalafón de la empresa; es la chica occidental, inerme y desvalida en una sociedad extraña y desconocida; y es, también, la mujer, ninguneada en la vorágine de una sociedad machista. Pero, el "patito feo" finalmente se transforma en un esplendoroso cisne, en una princesa de la literatura".

"y, colorín colorado, este cuento se ha acabado".

"¡Por favor! ¡Esto es horrible! Nos hallamos ante un puro y duro producto editorial, que no es lo mismo que una obra literaria. Dicho de otra manera: esta obra es a la literatura, lo que las canciones de los beneméritos del programa de televisión "Operación triunfo" son a la música. Y, a buen entendedor, ..."