Vidas paralelas

Plutarco

 

La serie de las cincuenta Vidas que poseemos entre las escritas por Plutarco forma ciertamente un panorama histórico de la Antigüedad, una hermosa galería de retratos de acción. Mas, en conjunto, recibimos la impresión de habernos asomado, no a la vasta tragedia de la historia, a cielo abierto, con lo sublime de la lucha entre razones equivalentes y de choque de intereses colectivos, sino más bien, si se nos permite decirlo gráficamente entre bastidores, donde protagonistas y comparsas, movilizados a veces por la fuerza, se preparan y ejercitan angustiosamente para su juego en la escena. Aquí es donde lo que hay de mezquino en Plutarco se toca con el otro extremo, el de su innegable grandeza. Plutarco juzga el juego en calidad de espectador moralista, y con frecuencia las medidas que aplica resultan cortas para sus personajes.
[...]
Este talento que alaba en Jenofonte, él mismo lo poseyó en grado sumo. No innovó ni desdeñó los procedimientos, ya un tanto gastados, que eran tradicionales del género; conservó el tono del conferenciante, entre retórico y familiar, con intervención subjetiva de reflexiones y confidencias, frecuente hasta rayar en lo indiscreto; pero el desarrollo de la acción es tan directo y seguro, que todo, lo más adecuado y lo  menos oportuno, se articula y avanza con ella. No es excesivo proclamar a Plutarco un narrador genial, con el dramatismo por su cualidad más eminente. Sus personajes, aunque explicados, más bien parece que se presentan y ejecutan ante nosotros por sí mismos, como se exige a los novelistas modernos, en anécdotas y palabras que van sucediéndose en alternancia con las grandes escenas; ciertos motivos conductores suenan, discretamente variados, en los momentos convenientes; mil breves rasgos morales van quedando flotantes, hasta que sin advertirlo nos hallamos envueltos y presos, junto con los  mismos personajes, en una atmósfera de emoción entreverada de imágenes vivísimas que la van matizando; deseamos el desenlace, no por que ya no resistamos tanta expectación, sino porque ésta nos anticipa precisamente del modo mas cierto la perfección de drama. El análisis de cualquier episodio pone al descubierto la sutileza y complicación con que se entretejen los elementos y los motivos; pero al par de los más genuninos escritores, Plutarco, aun en medio de lo artificioso y efectista en que innegablemente abunda, consigue que la impresión de sencillez, de certero y lanzado instinto, predomine en nosotros sobre la de la habilidad y cálculo; todo en sus relatos es inmediata verdad humana : cosas, gestos, hechos, evolución.

Carles Riba

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