Acta marzo 2004

OBRA: CORRESPONDENCIA CON SU HERMANO QUINTO
AUTOR: Marco Tulio Cicerón

PONENTE: Miguel San José

PRESENTACIÓN

"Tullius Cicero, orador, político y filósofo romano (Arpino 106-Formies 43 a.J.C.). De origen provincial y nacido en una familia de rango ecuestre, el joven Marco se familiarizó en Roma con los oradores Antonio y L. Craso, y con los Escévola , jurisconsultos. Como estos maestros pertenecían al partido de la nobleza senatorial, militó en las filas conservadoras. Desde el 87 siguió las conferencias de arte oratoria de Molón de Rodas, que se encontraba de paso en Italia; a continuación, se encerró en su casa con el neopitagórico Diodotes y esperó el final de la guerra civil (87-82) para iniciarse en la vida pública como simple abogado. Su primer alegato, el Pro Quintio (80), sólo fue una muestra de derecho civil, pero el segundo, Pro Roscio Amerino (en 79), en el que defendió a Sextio Roscio contra el liberto Crisógeno, quien había conseguido la confianza de Sila, le llevó al primer plano de la actualidad. Poco después de haber ganado el pleito, embarcó hacia Grecia.
Tras la muerte de Sila (78), Cicerón regresó a Italia; abordó la carrera de los honores, y fue elegido cuestor (76) en Sicilia, cargo que desempeñó para satisfacción de los provinciales. Aceptó defender las quejas de los sicilianos (70) contra el antiguo magistrado C. Verres, quien los había tenido oprimidos del 73 al 71, y cuya condena consiguió con sus alegatos (Verrinaes). Para recompensarle, los sicilianos le mandaron un importante cargamento de trigo. Alegando su respeto hacia la ley Cincia, que prohibía las remuneraciones de abogados, Cicerón cedió este beneficio inesperado a los graneros de la plebe, gesto que le ayudó a ser elegido edil en 69. Además, su éxito en el proceso Verres consagró su fama de abogado, y como tal, defendió numerosas causas (Pro Caecina, en el 69; Pro Roscio Comoedo en el 68; Pro Cluentio en el 66; Pro Archia, en el 62; Pro Rabirio Postumo, en el 54). Gracias a los beneficios de estas causas, a los que deben añadirse las consultas dispensadas a los magnates, como en el caso de un tal Cluvio que, en el 44, le dejó su villa de Puzzoli, Cicerón llevaba en su casa de Palatino y en sus numerosas villas una vida de gran señor.

En el 69 defendió a Fontenio , cuyos abusos en el cargo de gobernador habían motivado una demanda de los galos de la Narbonense. Ello significaba una actitud opuesta a la del año anterior, pero preludiaba al mismo tiempo una reconciliación de la nobilitas con los caballeros.

Pretor en el 66 ayudó a Pompeyo con su discurso a favor de la ley Manilia , que otorgaba al procónsul la dirección de la guerra contra Mitrídates. Gracias a las incertidumbres de sus intenciones, pudo apartar a Catilina en los comicios consulares del 64 y aparecer en el 63, como cónsul del senado frente a su colega Marco Antonio, compañero de lista de Catilina y favorito de la plebe. Con gran habilidad, e incluso antes de su entrada en funciones, neutralizó a Marco con ocasión del sorteo por las provincias que los cónsules del 63 debían administrar al final de su magistratura. A Marco Antonio se le atribuyó la Cisalpina, y Cicerón recibió la Macedonia, cargada de promesas para quien supiera explotarla. Propuso a Marco Antonio un intercambio que éste aceptó, consiguiendo convertir en agradecido a un colega hostil.

A principios de enero del 63, con sus dos discursos De lege agraria, logró el fracaso del proyecto de reforma agraria presentado por Rullo. En primavera, hizo frente a los populares, cuyos líderes eran Craso y César, quien había acusado de alta traición al senador C. Rabirio por haber participado, treinta y siete años antes, en el asesinato de Saturnino. Cicerón sostuvo victoriosamente la inocencia del anciano en su Pro Rabirio; pero cuando Catilina, nuevamente derrotado en las elecciones consulares de setiembre del 63 y decidido a emplear la violencia, urdió una conjura, Craso y César se asustaron ante una aventura que podía conducir a la guerra civil y, en la noche del 20 al 21 de octubre, Craso informó a Cicerón; al día siguiente, el senado confirió al cónsul el poder ilimitado del senatus-consulte ultimum.

Cicerón blandió esta arma contra los conjurados dispuestos a asesinarle en la madrugada del 8 de noviembre. Como aún no había empezado la ejecución del complot, no se atrevió a actuar con rigor y convocó al senado con la esperanza de que Catilina, presente en la sesión, se viera forzado a desterrarse por sí mismo en el seno de su tropa de Etruria. Tal fue el objetivo, últimamente conseguido, de la primera Catilinaria. El 9 de noviembre, Cicerón pronunció ante el pueblo la segunda Catilinaria, en la que denunció a los criminales; pero los conjurados creyeron que su posición recobraba fuerza con el proceso incoado por Catón contra el cónsul designado, Murena; e incluso después de la absolución de éste último, continuaron sus propósitos subversivos. Cicerón les confundió en el senado y, en la tarde del 3 de diciembre, informó de ello al pueblo en su tercera Catilinaria. El 5 de diciembre planteó a los patres la cuestión que estaba habilitado para resolver por sí mismo: ¿qué debía hacerse con los presos? César propuso una condena a cadena perpetua. En su cuarta Catilinaria, Cicerón se inclinó por la pena capital; Catón se pronunció a favor de la muerte, que fue votada por el senado; inmediatamente después, Cicerón se ocupó personalmente de la ejecución del decreto. Ante la opinión, la responsabilidad que intentó transferir el senado recayó sobre sus espaldas y, el 29 de diciembre del 63, al final de su mandato, aumentó todavía más esta carga con su juramento de haber salvado la república. El regreso de Pompeyo (en 61) aumentó su confianza en sí mismo hasta el punto de intervenir como testigo de cargo en el proceso incoado a Clodio por el escándalo que habría ocasionado la celebración de las damia (fiestas en honor a Cibeles), proceso saldado con una absolución. No fue una idea afortunada porque, al poco tiempo, la formación de un primer triunvirato entre Pompeyo, Craso y César (60) favoreció la elección de Clodio como tribuno de la plebe (58), la primera actuación del tribuno consistió en hacer aprobar una ley que castigaba con la pena de muerte a cualquier ciudadano romano responsable de haber ejecutado a otro sin una petición popular. Cicerón atemorizado por esta amenaza, se exilió (20 de marzo), y Clodio vendió sus bienes en subasta y destruyó su casa. Después de una proposición de los cónsules, Cicerón volvió a ser llamado a la ciudad (agosto 57). Varios de sus discursos (De reditu, De domo, De haruspicum responsis), constituyeron verdaderas acciones de gracia, y sólo volvió al escenario político con sus alegatos Pro Sestio (marzo 56) y Pro Caelio (abril del 56). Secundó a los triunviros en su alegato Pro Balbo (fines del 56), en su requisitoria in Pisonem (verano 55), y en la defensa de un enemigo como Vatinio (julio del 54) y de un amigo de Clodio como Scauro (verano 54).

Pero en el 53, afectado por la muerte de Licinio Craso, el triunvirato se deshizo. El último acontecimiento en el que se manifestó el entendimiento entre César y Pompeyo fue a raíz del asesinato de Clodio por las bandas de Milón (1 enero 52). Pompeyo abrió el proceso de vi(abril 52) al que estaba expuesto Milón. El Pro Milone de Cicerón constituyó uno de sus más hermosos discursos (el texto que se conserva fue redactado posteriormente). A partir de entonces, Cicerón consagró la mayor parte de su tiempo a escribir tratados sobre la elocuencia, en De oratore (55), y sobre la política en De legibus (52) y De Republica, en el que trabajó del 54 al 51. Con el título de procónsul, en el 51 marchó hacia la provincia de Cilicia; de regreso a Roma (setiembre 50) observó al principio una estricta neutralidad entre los beligerantes. Cuando Pompeyo abandonó Italia para trasladarse a oriente (9 de febrero 49), no decidió reunirse con él hasta el 7 de abril del 49. Tras la derrota de Farsalia, declinó el mandato que los supervivientes querían confiarle y desembarcó en Brindisi (nov. 48), contando con la indulgencia de César.

A fines de setiembre del 47 consiguió la gracia del imperator y se retiró a Túsculo. El foro volvió a vibrar con sus hermosas defensas de partidarios de Pompeyo, cuya petición de absolución venía respaldada con alabanzas sobre la clemencia del dictador, en el 46. Sin embargo, dedicó la mayor parte de su tiempo a estudios desinteresados, capaces de consolarle por la pérdida de su influencia y poco después (45) por la muerte de su hija Tulia. En el 46, aparecieron sus tratados de retórica, Orator y Bruto, y se presentó por primera vez como moralista en las Paradoxa. En el 45, además de los diálogos, publicó el De amicitia, el De senectute, cuatro libros de Cuestiones académicas, cinco del De finibus, cinco de Tusculanas y tres del De natura deorum; en 44 publicó los tres libros del De officiis. Gracias a ello, la filosofía griega recibió sus credenciales de latinidad.

El asesinato de César en los idus de marzo del 44 volvió a relanzar la carrera política de Cicerón quien, desde el 17 de marzo, convenció al senado de la necesidad de un compromiso: los asesinos quedarían amnistiados y se ratificarían los actos de su víctima. Pero sólo consiguió sus propósitos gracias a las inquietudes de Marco Antonio, todavía inseguro de su poder. Apenas se hubo afirmado, Marco Antonio endureció su actitud, y Cicerón intentó sustraerse mediante la huída al odio que inspiraba al cónsul su esposa Fulvia, viuda de Clodio. Fue entonces cuando llegó a Italia Octavio, el hijo adoptivo de César. Cicerón creyó que era una muestra de habilidad convertir a este joven que consideraba insignificante en aliado del senado contra Marco Antonio; a este error se debe la vehemencia de las Filípicas. Vencedor de Marco Antonio en la guerra de Módena (abril 43), Octavio se reconcilió con el vencido, cuyas fuerzas habían sido incrementadas en el ejército de Lépido, y en octubre del 43, estos tres hombres, asociados en el segundo triunvirato, se concedieron mutuamente la cabeza de sus enemigos respectivos. Cicerón fue incluido en su lista de proscripción: alcanzado en Formies por los asesinos a sueldo enviados en su persecución, fue ejecutado el 7 de diciembre del 43.

 

Quinto Tulio Cicerón (104-43 a. J.C.), hermano menor del orador, y cuñado de Ático. Fue pretor, gobernó Asia (61-59) y luchó contra Clodio. Fue lugarteniente de César en la Galia y le acompañó en su expedición a Bretaña; fue partidario de Pompeyo, pero se unió a César después de la batalla de Farsalia. Se le incluyó en las proscripciones del 43." (GEL, 5, pág: 2188-2189)

"La correspondencia entre Marco Tulio Cicerón y su hermano Quinto no constituye, de suyo, una obra de carácter político, moral o filosófico, y por esa razón no se incluye en la bibliografía del primero; aunque no, por ello, carezca de un gran valor histórico y literario.

Con todo, para comprender correctamente el sentido del epistolario entre los dos hermanos, nos puede servir de gran ayuda la introducción que José Miguel Baños Baños hace a la publicación de la correspondencia entre ambos hermanos en la edición del 2003 de Alianza Editorial."

(...) "Las cartas constituyen, sin duda, uno de los legados más originales de Cicerón. Con ellas, el género epistolar adquiere personalidad propia en la literatura latina. Y lo hace, no en pocas cartas, sin la sensación de artificialidad de e ejercicio retórico que provocan, en ocasiones, los elaborados períodos de sus discursos. Su tono directo y personal, testimonio de la lengua coloquial de las clases cultas romanas, y la variedad y riqueza de contenidos hacen de esta correspondencia, tal vez, la obra más atractiva de Cicerón, para un lector moderno, porque, en un diálogo directo con sus interlocutores, el autor abandona por momentos la máscara del personaje, para mostrar todas las contradicciones, grandezas y miserias del ser humano: sensible y vanidoso, obsesionado con su imagen pública y el apoyo de los poderosos, preocupado por sus posesiones, cálido o distante con los suyos, abatido hasta la depresión; pero, en ocasiones, firme, a veces consecuente, y siempre dubitativo. Cualquier lector podrá decir de Cicerón lo que su hermano quinto: "Te he visto por entero en tu carta". (28,2)

A mi juicio, es esta inmediatez de las cartas, este reflejo de unos estados cambiantes, un hecho que el lector ha de tener siempre presente, para no extraer conclusiones precipitadas sobre la figura de Cicerón.(...) Muchos historiadores se han servido de estas cartas, para fustigar a la persona y proyectar esta valoración subjetiva al legado cultural y literario de Cicerón.

(...) Censuras aparte, lo cierto es que apenas sí se nos ha conservado la mitad ( algo más de 900 cartas, si incluimos las de algunos de sus corresponsales) de la amplia producción epistolar de Cicerón. El propio autor, siempre preocupado por la pervivencia de sus obras, estaba preparando una selección de sus cartas; pero fue, finalmente Tirón, su liberto y secretario, el que, a su muerte, las publicó. Tres de los destinatarios (su amigo y editor, el banquero Pomponio Ático, su hermano Quinto y Marco Bruto, el asesino de César)acabarán conformando, en la propia tradición manuscrita, "Córpora distintos", a los que hay que añadir un cuarto, Ad familiares, un conjunto de 16 libros, con destinatarios, tonos y contenidos muy diversos.

Por supuesto, Cicerón, en sus cartas, aún en las más espontáneas, no puede ocultar el escritor que lleva dentro. También aquí, como en sus discursos, va a hacer realidad el principio del "Decorum", de lo conveniente. A partir de una estructura formal prefijada ( nombre del destinatario, saludo, contenido y despedida), sabrá adaptar el tono ( amistoso o distante, festivo o serio) y el lenguaje, según el tema, las circunstancias, el destinatario y la naturaleza pública o privada de la carta. Así, en las públicas, es habitual el empleo de cláusulas rítmicas y de un lenguaje más cuidado y retorizante; mientras que en las privadas son frecuentes elipsis, un léxico más coloquial, términos griegos, etc...

A esta segunda categoría de cartas "privadas"pertenece, precisamente, la práctica totalidad de la correspondencia conservada entre Cicerón y su hermano Quinto (...).Con dos notables excepciones: el denominado Commentariolumpetitionis, o breve manual de campaña electoral (...), una extensa carta, en la que Quinto, además de dar consejos prácticos a su hermano Marco, parece buscar el apoyo de determinados círculos de la nobleza romana a la candidatura de Cicerón al Consulado del 62. A su vez, Cicerón, a comienzos del 59, escribirá a Quinto, a la sazón Gobernador en Asia, una suerte de tratado sobre el gobierno de las provincias., aprovechando de nuevo el molde epistolar para este tipo de literatura isagógica.

Lógicamente, estas dos cartas, por su extensión, contenido y naturaleza (más pública que privada, en el caso del Commentariolumpetitionis), difiere notablemente del resto de la correspondencia conservada, entre Cicerón y su hermano Quinto. También desde un punto de vista literario: se trata en ambos casos de cartas métricas, con la búsqueda de una especial cadencia rítmica al final de los períodos sintácticos, de un lenguaje más cuidado y de una estructura más elaborada. Por el contrario, las 28 cartas restantes, incluida la única conservada de Quinto a Cicerón, se caracterizan por una mayor espontaneidad, y constituyen, junto con las dirigidas a Ático, un buen ejemplo del "sermo cotidianus" de la élite cultural de la época.

(...) Junto a su indudable interés lingüístico y literario, las cartas de Cicerón constituyen un documento único, para conocer uno de los períodos más apasionantes de la historia de Roma. (...) Pocos años después de la muerte del orador, quien las lea no echará de menos una historia continuada de aquella época. Y es que en ellas se describe todo lo relacionado con las ambiciones de los principales, los errores de los generales, los cambios experimentados por la República, con tal detalle que nada queda por descubrir, y podría pensarse, con razón, que su clarividencia es en cierto modo un arte adivinatorio.

(...) En el caso de la correspondencia entre Cicerón y su hermano Quinto, el lector que se acerque por primera vez a estas cartas podrá conocer con más detalle algunos episodios históricos fundamentales; pero, sobre todo, el ambiente político de una época convulsa y de una sociedad en crisis: los entresijos mismos de una campaña electoral, los procesos judiciales y sus implicaciones políticas, la corrupción, las intrigas, los juegos de alianzas entre los poderosos, etc... Conocerá también algunos de los hitos fundamentales de la biografía de Cicerón (la campaña para el Consulado, el dolor del exilio y su regreso triunfal, su enfrentamiento con Clodio, sus relaciones, cambiantes y difíciles con Pompeyo o César) y no pocas de sus aficiones e inquietudes. Y, por supuesto, podrá profundizar en una relación fraternal, en la que a veces el afecto sincero se confunde con intereses (políticos o materiales) y pasiones compartidas. Pero, al tratarse de documentos privados, en los que se dan por supuestos no pocos conocimientos previos entre dos personas que comparten vivencias similares, las cartas ofrecen al lector un relato lleno de elipsis, alusiones y referencias que sólo un conocimiento del momento histórico y de sus protagonistas podrá completar".

VALORACIÓN

El nombre de Cicerón es uno de los más conocidos de la antigüedad. A cualquiera que se le pregunte acertará a decir que era un famoso romano, sabio y gran orador. Los mejor informados seguro que conocerán los títulos de sus discursos más importantes: "Las Catilinarias" y "Las Filípicas", y añadirán a los datos anteriores su condición de abogado y político, además de su nombre completo: Marco Tulio Cicerón."

"Más allá de estas generalidades, la figura de Cicerón es la del ocaso de la República romana, la del político que no procede de una familia consular, la del hombre nuevo que ambiciona el poder, y logra rozarlo ( alcanza el Consulado) a la sombra de los grandes de aquel tiempo: César y Pompeyo."
"Por el contrario, preguntar hoy en día por el hermano de Cicerón sonaría a chiste a la mayoría de las personas, por el desconocimiento que de él tiene el ciudadano medio; sin embargo, algunos viejos estudiantes de latín podrían apuntar su nombre: Quinto."

"Quinto Tulio Cicerón, el receptor de las cartas presentadas en la correspondencia que nos ocupa, es el típico exponente de la clase alta romana: soldado, político y literato aficionado. Buen amigo de César, dirigió una de sus legiones en la guerra de Las Galias, avanzó en la carrera política, hasta conseguir el gobierno de Grecia."

"La vida de ambos hermanos estuvo estrechamente ligada, hasta el punto de morir asesinados por la misma causa, fruto de la elección errónea de partido, tras el magnicidio de Julio César."

"Ahora podemos conocer de cerca a los hermanos Cicerón y a casi todos los políticos de la época, mediante la lectura de la "Correspondencia con su hermano Quinto".

"En este epistolario se tratan una serie de cuestiones y temas, ciertamente interesantes para cualquier lector, a saber:

- Qué se puede esperar de la campaña electoral de un candidato. Esta cuestión se presenta en la primera carta del epistolario, carta de Quinto a Marco, la cual trata sobre la campaña electoral de Marco al Consulado del 62 -C, que es una muestra de las campañas electorales de aquella época; pero que bien podría ser el paradigma de las campañas electorales actuales. Y quien quiera entender, que entienda.

- Cómo debe comportarse un político, durante su gobierno. Éste es el tema de la primera carta de Marco a su hermano. Trata sobre la acción de gobierno del buen gobernante. Está concebida como un compendio de consejos, destinados a Quinto, a la sazón Gobernador de Grecia, allá por el año 59 -C. Y quien quiera entender, que entienda.

- Cuáles son las opiniones y pensamientos de un político, cuando éste se expresa con total libertad. Es el caso de Marco, quien se explaya en las confidencias que hace a su hermano, exponiendo sus puntos de vista, sin la careta de la hipocresía. Y quien quiera entender, que entienda."

"De todas formas, la obra puede resultar pesada para aquel que no tenga un conocimiento de la sociedad y los hechos que acontecieron en la época en la que vivieron los hermanos Cicerón. Al respecto, son de gran ayuda las notas y corolarios que el traductor de la edición de Alianza Editorial nos presenta en esta cuidada edición, que nos permiten acceder, eso sí, con un poco de paciencia, a las opiniones y preocupaciones de una gran figura de la Historia Universal."

INTERVENCIONES

Carlos Fernández:

"Aunque las cualidades naturales valen mucho, en un asunto de unos pocos meses, parece que las apariencias pueden vencer a tales cualidades". (1)
"Todo esto procura conservarlo, recordando, pidiendo y haciendo por todos los medios que entiendan, quienes te deban algo, que no tendrán ninguna otra ocasión para mostrarte su agradecimiento, ni para comprometerte quienes lo quieran". (4)

"El apoyo de los amigos debe surgir de los favores y obligaciones..." (16)

"Atráete y asegúrate totalmente a quienes, gracias a ti, tengan o esperen tener el control de una tribu o una centuria, o algún beneficio". (18)

"Por eso, lo que debes hacer este momento es lo siguiente: exigirles lo que te deben, recordándoselo con frecuencia, pidiéndoselo, asegurándotelo, y procurando que entiendan que nunca tendrán ninguna otra oportunidad de agradecértelo". (19)

"En cambio, con aquellos que están unidos a ti por la esperanza, (...) actúa de modo que parezca que tu ayuda está pronta y dispuesta". (22)

"Después, métete en la cabeza que has de fingirlo que lo tienes por naturaleza, de modo que parezca que actúas de forma natural (...); pero necesitas, sobre todo, el halago, cosa que, aunque es reprobable y vergonzosa en las demás circunstancias de la vida, es necesaria, sin embargo, en una campaña electoral". (42)

"Finalmente, procura que toda tu campaña sea ostentosa, brillante, espléndida, que sea popular, que tenga el mejor aspecto y dignidad y, además, si hay modo de hacerlo, que se levante contra tus competidores, acorde con sus costumbres el rumor de un crimen, de libertinaje o de soborno". (52)

"Estos son algunos de los consejos que Quinto Tulio Cicerón ofrece a su hermano Marco, para la preparación de su campaña electoral al Consulado".

"La primera parte del libro, compuesta por esta carta de Quinto, es un verdadero tratado de cinismo, por desdicha de completa actualidad. El resto de la obra (las cartas de Marco a Quinto), excepto la última, nos muestra perfiles sorprendentes de la época en que fueron redactadas las cartas, para quienes no la conozcan: la compleja organización social, la alta criminalidad, la influencia de los libertos y, lo mismo que la carta de Quinto, aspectos inmutados de la condición humana ( la ambición, la corrupción o el tráfico de influencias). Al respecto, cabe decir que se echa de menos las cartas de respuesta de Quinto, que nos ayudarían a seguir mejor los hechos que se tratan en las epístolas de Marco".

"A pesar de que no siempre suscitan el mismo interés, las cartas son, en general, amenas para leer".

Joseba Molinero:

"La correspondencia de Cicerón con su hermano Quinto constituye un libro de una gran belleza, cuya lectura se disfruta, se paladea, fundamentalmente las cartas personales, en las que se reflejan el carácter y las preocupaciones del autor."
"Toda epístola es la expresión gráfica, formal, del estado emocional de su remitente, el cual la escribe con la intención de comunicárselo al destinatario, en la confianza de que lo lea sólo éste, y nadie más. Sin embargo, en este caso, nosotros hemos tenido acceso a la correspondencia entre los dos hermanos, y con ello, a la condición y al corazón de ambos."

"A través de su epistolario, Cicerón se presenta como un hombre idealista, platónico y, sobre todo, contradictorio. Él quería poner en práctica la teoría política de Platón, expresada en las obras La República y Las Leyes, aplicándolas al gobierno de la República de Roma. Sabía que era la única forma de que Roma creciera y se hiciera cada vez más grande."

"Es obvio que esta tarea sólo la pueden llevar a cabo los hombres mejor preparados. Y Cicerón era uno de estos. Sí, quién sino un idealista puede afirmar lo siguiente: "Un cargo público debe poseer integridad y moderación, debe garantizar la honestidad de su gente, debe exigir disciplina a sus colaboradores..." "Quienes gobiernan están para hacer felices a los gobernados".

"Por esto, siendo cicerón un idealista, que lo es, sus contradicciones quedan de manifiesto, si nos atenemos al contenido y tono de las cartas que dirige a su hermano Quinto. En ellas muestra una desaforada necesidad del reconocimiento público de sus contemporáneos ( de los poderosos - César, Pompeyo, Marco Antonio, etc..., de los gobernados, de su familia y de sus amigos) y, por qué no, de la humanidad venidera. Ciertamente, resulta muy difícil compaginar el ideal platónico de justicia y gobierno, de índole meramente utópica, con el prosaico anhelo de reconocimiento y fama, propio del estado más primario y elemental de la condición humana."

"Las epístolas están escritas con un estilo muy cuidado, que las dota de una gran belleza, que dice de la deleitación con la que fueron redactadas. Están concebidas según el contenido y la intencionalidad de las mismas, y ello hace que el mensaje sea claro y ordenado. En si mismas, conforman una página impagable de la historia de la Roma preimperial, época de la cual nosotros hemos recibido una gran herencia cultural y política."

"La carta que menos me ha interesado es la que Quinto envía a Marco, denominada por los eruditos Commentariolumpetitionis, que trata sobre la actuación y el modus operandi de un candidato que ha de afrontar una campaña electoral; a pesar de reconocer que su contenido es de una gran actualidad."

Roberto Sánchez:

"Al comenzar a leer este libro, me he llevado una sorpresa, relacionada fundamentalmente con su autor. Por supuesto, conocía el nombre de Cicerón; pero lo asociaba al pensamiento filosófico. Sin embargo, he podido comprobar que fue un político implicado de lleno en la vida de la República romana, y además en uno de los períodos más virulentos e interesantes de su historia. Fue cónsul y, de alguna manera, estuvo envuelto en todas las luchas por el poder, que sembraron aquellos tiempos de guerras y muerte en el imperio."
"Algunos de los contertulios muestran su sorpresa por lo elaborado del pensamiento político de Cicerón, por su rabiosa actualidad. No obstante, en mi opinión, no debieran resultar nada extraños el desarrollo y la dimensión del mismo, puesto que Roma fue un estado moderno, en el sentido más amplio del término. En realidad, desde entonces en lo que afecta a la organización de la sociedad, a la conformación de sus estructuras y al gobierno de la misma, hemos avanzado muy poco. Es más, desde que el imperio occidental desapareció, hace ya más de quince siglos, buscamos su reconstrucción, pretendemos su recreación, con otras formas, con otros matices. Pero, en definitiva, en la actualidad, éste sigue siendo el objetivo político final de los europeos; véase si no esta Unión Europea a la que pertenecemos, trasunto de aquel imperio desaparecido. El Renacimiento es precisamente eso: un renacer, una recuperación de los valores clásicos. y éste se produjo hace ahora 500 años, la mitad de lo que duró el imperio romano y, aún mucho menos, si tenemos en cuenta el surgimiento del imperio de Bizancio."

"En cuanto al libro, me han parecido interesantes las primeras cartas: la de Quinto a Marco, sobre cómo debe ser una campaña electoral, y la de éste a Quinto, recomendándole instrucciones para el buen gobierno de la provincia que estaba bajo su mando. El resto de las cartas me han parecido aburridas y pesadas; si bien es cierto que en ocasiones habla de cuestiones domésticas, que podrían resultar interesantes para conocer aspectos del"modus vivendi" de los romanos: cómo pensaban, cómo afrontaban la vida y la muerte, etc... Aunque no hay que olvidar que ni Cicerón, ni su hermano, ni su familia eran romanos al uso. Pertenecían a la plutocracia de la república, y es desde esta atalaya social desde donde Cicerón realiza sus reflexiones. En mi opinión, Apuleyo, en su obra El asno de oro, analiza desde una perspectiva más amplia los aspectos de la vida ordinaria de los romanos en general. En verdad, sus consideraciones me interesan más que los comentarios políticos de Cicerón. Quizá se deba a que hoy en día, en los periódicos y programas electorales podemos leer la mayoría de sus análisis políticos, lo cual dice mucho de Cicerón y poco de nuestros políticos."

"En fin, con todo, creo que Cicerón, en estas cartas, efectúa un alarde de hipocresía, porque cuenta y aconseja sobre lo que se debe hacer; y, sin embargo, es poco creíble que lo llevara a la práctica, cuando detentó el poder. De hecho, de su biografía se desprende que "cambiaba de chaqueta" con suma facilidad. Además, dudo de su sinceridad al redactarlas - incluso las más privadas-, puesto que él era un hombre público, cuando las escribió, y estoy seguro de que era consciente de ello."

Jon Rosaenz:

"Esta recopilación de las cartas correspondidas entre los hermanos Cicerón me han resultado verdaderamente interesantes, porque en ellas podemos descubrir la humanidad de un gran hombre, más allá de sus historiadores, más allá de sus tratados y obras literarias.
"Como no quiero incidir en algunos aspectos referidos al contenido de las mismas, porque ya han sido comentados anteriormente, me limitaré a reproducir literalmente algunas citas de la obra que me han parecido de interés:
"
[Roma, Campo de Marte a mediados de marzo del año 47 a. C.]

Querido hermano Quinto, mi alma no encuentra reposo. Tras el asesinato de Julio César a manos de Bruto y sus gentes, ha dejado franco el camino de Marco Antonio al poder. Es hora ya de que nos apartemos del Foro, la vida pública y todo lo que sea publicidad contra nosotros. Nuestro destino debe ser un provincia lejana de Roma donde no podamos despertar sospechas y los enemigos que hemos cosechado no tengan necesidad de acordarse de nosotros. Caro hermano, temo por ti mucho más de lo que imaginas puesto que yo tengo mis creencias que me ayudarán a soportar lo que la Providencia tenga a bien ofrecerme en el futuro. Mas tú, amo de un carácter visceral y retador, estás más que nadie expuesto a la ira de Marco Antonio. Quiero que nos reunamos bien pronto, a lo más en los Idus, para que te vea y te abrace y podamos hablar. Mi único fin en esta epístola es reconfortarte....

[De Senectute]

" Y al fin y al cabo, si esta firme convicción mía de que el alma es inmortal resultara ser un engaño; sería por lo menos un engaño agradable, y lo acariciaría hasta exhalar el último suspiro. Mientras tanto tengo la satisfacción de tener por seguro que si , como afirman algunos filósofos minuciosos, la muerte acaba por completo con mi existencia; la esperanza en otra vida mejor, que yo habré abrigado sin fundamento, no me convertirá en el blanco de la burla de esos sabios maravillosos, cuando ellos y yo hayamos dejado de existir."

Conozco tu alma de poeta, tus afanes de conquista y de logros constantes pero yo no veo futuro en esa vida. El Senado es un nido de conjuras, los cónsules actúan a su antojo contraviniendo las directrices del Emperador y los mismos líctores, atrapados en su sed de prevendas y bienes se venden a cualquier conjurado y pueden acabar con tu vida en cualquier lugar apartado de Roma.
También sé que no descansarás hasta haber conseguido lo que te propones. Como hermano del alma sólo puedo recomendarte la vida ataráxica en una villa con jardines soleados y canales de agua rumorosa. Que el solo canto de las aves pueda sacarte de tu pensamiento. He copiado para ti más abajo una serie de reflexiones o máximas de mis últimas obras De Senectute y De Amicitia. Tómalas en lo que son, un remanso de tranquilidad que buscan que tengas sosiego y paz y sobre todo clarividencia para afrontar el futuro ..."

"La confidencia corrompe la amistad; el mucho contacto la consume; el respeto la conserva."

"Este es el primer precepto de la amistad: Pedir a los amigos sólo lo honesto, y sólo lo honesto hacer por ellos."

"Quien contempla a un verdadero amigo, es como si contemplara a otro ejemplar de sí mismo. "

"La amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés."

"Todas las acciones cumplidas sin ostentación y sin testigos me parecen más loables."

"No basta con alcanzar la sabiduría, es necesario saber utilizarla."

"En cuanto a la adversidad, difícilmente la soportarías si no tuvieras un amigo que sufriese por ti más que tú mismo."

"Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo."

"Cuanto mayor es la dificultad, mayor es la gloria."

"La observación de la naturaleza y la meditación han generado el arte."

"La memoria es la inteligencia de los tontos."

"Los deseos deben obedecer a la razón."

"La fuerza es el derecho de las bestias."

"La naturaleza quiere que la amistad sea auxiliadora de virtudes, más no compañera de vicios."

"Estar contentos con lo que poseemos es la más segura y mejor de las riquezas."

Querido hermano, reúnete pronto conmigo, no quiero que se te eche la noche encima antes de habernos abrazado. Hasta pronto.

"Cualquiera puede cometer un error; pero sólo los insensatos se aferran a él."

"Los segundos pensamientos son los mejores, como dice el proverbio."

"Cuando encuentres un hombre bueno, intenta imitarlo. Cuando veas uno malo, examínate a ti mismo."

"Cuando más moral es el hombre, menos acusa de inmoralidad a los demás."

Nicolás Zimarro:

"El epistolario de los hermanos Cicerón me ha sorprendido muy gratamente."
"Yo conocía parte de algunas de sus obras más significativas".Cuando era estudiante de Latín, hube de traducir las Verrinaes, dos de las Catilinarias, la primera parte del Pro Roscio Amerino, varios apartados del De legibus y, también, alguno de las Filípicas. Ade más, en la Facultad de Filosofía, estudié sus postulados filosóficos y morales, a través de sus obras De amicitia, De senectute y Natura deorum.

"Por otra parte, conocía también sus increíbles dotes para el arte oratoria, así como su influencia y poder en el senado romano".

"Y, finalmente, conocía su vasta formación filosófica, orientada hacia una suerte de eclepticismo entre la corriente neopitagórica de Diodotes, y el estoicismo, que conoció en su viaje a Grecia, allá por los años 78-79 a. C , eclepticismo que halló en el idealismo platónico un remanso de paz intelectual".

"La influencia de Platón en su pensamiento es innegable. Bastará, para confirmarlo, con estas dos muestras: la primera, la teoría sobre la amistad que presenta en De amicitia es un desarrollo de una de las formas del amor que Platón expone en El Banquete; la segunda, la teoría política ciceroniana, desarrollada en sus diferentes discursos apologéticos y explicitada en el De legibus, se fundamenta en los principios políticos platónicos, expuestos principalmente en las obras La República, Teeteto y Las Leyes."

"No obstante, al respecto, me atrevería a decir que Cicerón fue más allá que Platón, por cuanto él fue capaz de aplicar con éxito los principios de su teoría política en la praxis diaria de la actividad senatorial romana. Por el contrario, Platón fracasó en sus tres intentos de llevar a la práctica y hacer efectiva su teoría política, en las tres ocasiones que tuvo oportunidad de hacerlo en Siracusa".

"La obra que nos ocupa me ha posibilitado conocer a otro Cicerón, al ser humano: al hombre que respira, que siente, que ríe, que llora, que ambiciona, que especula, que miente, que tiembla, que sueña, que se aferra a la vida, que teme a la muerte, etc...Y este conocimiento me ha proporcionado una gran satisfacción. Y lo ha hecho, porque he podido comprobar que un gigante de las Letras y el Derecho tenía los pies de barro y, además, cubiertos de humanidad. Lo ha hecho, porque Marco Tulio se presenta en sus cartas como Marco Tulio, con el corazón al desnudo, desangrándose en filias y fobias, debatiéndose entre sus contradicciones, soñando con la gloria, buscando el reconocimiento público, conjurándose contra sus enemigos, amando a sus amigos y familiares, profundizando en el conocimiento del ser humano, etc...; esto es, porque se nos ha mostrado en su auténtica dimensión humana".