Acta enero 2004

OBRA: CHARLES DICKENS
AUTOR: Gilbert K. Chesterton

PONENTE: Jon Rosáenz

PRESENTACIÓN

"Gilbert K. Chesterton (1874-1936) nació en Londres, en el seno de una familia de clase media. Se dio a conocer con artículos de crítica de arte y crítica literaria, y en 1900 publicó dos libros de versos; de este mismo año data su amistad con H. Belloc. Tras un estudio sobre Robert Browning (1903), publicó su primera novela, El Napoleón de Notting Hill (1904), a la que siguieron otros libros de crítica, como Dickens (1906) y G.B. Shaw (1909). Mientras iba perfilando sus opiniones, que exponía con un aire acentuadamente polémico no exento de humor, y combatía todo lo que consideraba errores modernos: al racionalismo y al cientifismo oponía el sentido común y la fe; a la crueldad de la civilización industrial y capitalista, el ideal social de la edad media. Ortodoxia (1908) es la historia de su evolución espiritual, que debía llevarle, 1922, a ingresar en la Iglesia católica. Por otra parte, definió su actitud ante los problemas sociales en Por donde cojea el mundo (1910). Al año siguiente iniciaba la serie de relatos policíacos cuyo protagonista es el sacerdote-detective padre Brown: El candor del padre Brown (1911); de este mismo año es otra obra poética: La balada del Caballo Blanco (1911). En el resto de su obra figuran novelas -en las que la fantasía llega a veces hasta la extravagancia-, como El hombre que fue Jueves (1908), La esfera y la cruz (1910), Superviviente (1912), el ensayo polémico -Herejes (1905)-, la crítica literaria -Chaucer (1932), La época victoriana en la literatura (1913)-, el ensayo histórico -Breve historia de Inglaterra (1917)-, el libro de inspiración religiosa -San Francisco de Asís (1923), El hombre eterno (1925), Santo Tomás de Aquino (1933)-, etc. Su Autobiografía se publicó en 1936." (GEL, VI, pág. 2924).

"El libro que nos ocupa Charles Dickens es un estudio crítico de la obra de este autor, en el que novelas, personajes, pensamientos y diversas vivencias son analizadas de un modo apasionado por Chesterton. Los capítulos que lo componen son los siguientes: "La época de Dickens", "La niñez de Dickens", "La mocedad de Dickens", "Los papeles de Pickwick", "La gran popularidad", "Dickens y América", "Dickens y la Navidad", "La época de transición", "Últimos años y obras", "Las grandes criaturas de Dickens", "Sobre el pretendido optimismo de Dickens", "Nota sobre el futuro de Dickens"."

"La característica fundamental del estilo de Chesterton es el uso de la paradoja. Para sumergirnos en la mar chestertoniana de las paradojas nos puede servir de gran ayuda el estudio titulado "Chesterton y la paradoja" que al respecto realizó la profesora Alejandra Alonso de la Universidad de El Salvador."

" (...) Dos cosas van a considerarse respecto a Chesterton: que las paradojas constituyen una de las características más llamativas de su estilo, y que a través del estilo de un escritor"dice cosas", transmite un concepto. La adaptación al estilo que tiene Chesterton de decir las cosas es bastante crucial. El lector, enfrentado a sus paradojas, encuentra que lo han apartado bruscamente de la vía simple y directa de recibir información, y al mismo tiempo percibe que hay un mensaje que aprehender."

"La obra de un escritor es un reflejo de sí mismo. Todo lo que pasa por su mente queda en manos del lector: sus miedos, sus sentimientos, sus opiniones, pero sobre todo su propia percepción de la realidad, incluso su realidad, la época que le tocó vivir."

"Sería interesante hallar una razón por la que Chesterton usa tanto las paradojas y de ese modo aprehender el mensaje que envía con ellas, tanto a los lectores de su tiempo como a los de hoy. Para ello comencemos por analizar la palabra paradoja."

"El Webster's Encyclopedic Unabridged Dictionary define así la paradoja: "Una afirmación o proposición que en apariencia se contradice , pero que en verdad expresa una realidad posible. Una proposición falsa o contradictoria. Una opinión o afirmación contraria a la opinión del común de las personas".

"Originalmente, una paradoja era una mera opinión que contrariaba la opinión general. Hacia el siglo XVI la palabra adquirió el significado que tiene hoy en día: "una afirmación aparentemente contradictoria (incluso absurda) que, al analizarse con mayor detenimiento, demuestra contener una verdad que reconcilia los opuestos en conflicto". (Penguin Dictionary of Literary Theory).

"Deben considerarse dos clases de paradojas. La particular o local consiste en afirmaciones cortas e ingeniosas que se acercan a lo epigramático, tal como las de Oscar Wilde. La general o estructural es más compleja, por ejemplo existe una paradoja en el corazón de la Fe cristiana: que el mundo se salvará por el fracaso."

"Las obras de G.K. Chesterton constituyen un ejemplo de paradoja estructural. Esto se ve claramente en su libro Las paradojas de Mr Pond, donde cada cuento se basa en una única paradoja, que constituye la estructura del cuento."

"Si tuviéramos que hacer una comparación entre las paradojas de Chesterton y las de Oscar Wilde, podríamos decir que las expresiones ingeniosas del segundo pertenecen a la categoría de paradoja local o particular." (...) "El trato que da Chesterton a las paradojas difiere en que él presenta una paradoja al comienzo de su cuento y la desarrolla hasta sus últimas implicancias" (...)

"Chesterton parece querer que pensemos. Parece querer decirnos "abran los ojos", mientras que el objetivo de Oscar Wilde es contradecir y desafiar la respetabilidad victoriana. Si bien las paradojas de Chesterton pueden hacernos reír, nuestra primera reacción es de desconcierto. Por ejemplo, en Los tres jinetes de Apocalipsis encontramos expresiones tales como "todo salió mal porque la disciplina era demasiado buena. Los soldados de Grock le obedecieron demasiado bien; de manera que, sencillamente, no pudo hacer algo que quería". A diferencia de Oscar Wilde, no tenemos miedo de comprender en su totalidad las de Chesterton a menos que se nos de una explicación, y ésta va surgiendo a medida que se desdobla el relato."

"(...) Chesterton trata temas mucho más sencillos que O. Wilde, trata esas pequeñas cosas que constituyen la vida, que es algo mucho más complejo que la estructura de una sociedad determinada" (...)

"Una de sus paradojas más interesantes es la que constituye el marco de Los tres jinetes de Apocalipsis. Refiriéndose a un hombre que iba a ser ejecutado, la historia sigue: "Luego se envió un aplazamiento para salvarlo; pero como el hombre que lleva el aplazamiento murió en el camino, el prisionero fue liberado después de todo"

(...)"Hay una paradoja en la situación, pero no es tanto lo que Mr. Pond dice sino cómo lo dice. Al presentar la paradoja de esta manera, Chesterton muestra que existe mucha información de fondo que habitualmente las personas no ponen en palabras, y también demuestra la lógica que hallamos en todo lo que decimos (aunque los demás no nos entiendan para nada), por el simple hecho de que tenemos pleno conocimiento de tal o cual cosa, hasta tal punto que no nos molestamos en expresarlo en voz alta, lo cual produce malentendidos."(...)

(...)"El uso de este tipo de expresiones se ha convertido a tal punto en una característica del estilo del autor que ya se le ha dado un nombre: la paradoja chestertoniana, cuya fórmula era tomar una frase común e invertirla, dejándola dada vuelta" (...)

VALORACIÓN

"El libro es una entusiasta muestra de admiración de un escritor, G.K. Chesterton, hacia otro escritor, Charles Dickens, que compartieron nacionalidad, profesión, ambos fueron periodistas, y casi, también, época histórica, el periodo victoriano inglés, ya que G.K. Chesterton nació al de cuatro años de morir Charles Dickens. Esta confesada devoción de G.K. Chesterton a Charles Dickens le llevará a afirmar que éste es el más grande escritor inglés de su tiempo."

"Por su parte, él mismo ha sido considerado como uno de los mejores escritores del siglo XX. Bohemio, excéntrico, irónico, lúcido, y con un sentido del humor y corpulencia, que jamás pasó inadvertido. "Por lo que respecta a mi peso, nadie lo ha calculado aún" solía decir; y en una conferencia se atrevió a comentar: "Les aseguro que no tengo este tamaño en absoluto; lo que ocurre es que el micrófono me está amplificando".

"Como botón de muestra de su lúcida ironía, que es además un perfecto ejemplo de su maestría en el uso de la paradoja, nos pueden servir dos comentarios que hace sobre la sociedad norteamericana del momento,v.g., "Creo que no existe otro país sobre la superficie toda de la tierra donde haya menos libertad de opinión en cualquier materia, respecto de la cual haya divergencia de opinión.", o "Algo que chocará siempre a cuantos ingleses, para su suerte, tienen amigos norteamericanos, es que, no existiendo en parte alguna un materialismo tan crudo y material como el de América, no hay en parte alguna un idealismo tan crudo y tan ideal como el de América."

"Verdaderamente, un literato de este calado merece ser leído. Y más, cuando vierte al papel todo un torrente de sabiduría, conocimiento y adoración, plasmado en el análisis de la obra del que él considera el escritor inglés más grande del XIX."

INTERVENCIONES

Miguel San José:

"En primer lugar, quiero mostrar mi agradecimiento al proponente de este libro, a la vez que darle una sincera felicitación, porque la lectura de Charles Dickens me ha permitido conocer a un autor del que no había leído nada hasta el momento, lo confieso; y conocer, además, a Chesterton, en una faceta distinta al escritor de novelas ligeras que yo conocía."

"El libro trata sobre la obra de Dickens, con la que no estaba familiarizado. Por ello, en un principio, creí que no iba a ser capaz de seguir y entender los comentarios y consideraciones del autor, a propósito de la misma. Pero, estaba equivocado, porque Chesterton nos permite entrar en el mundo literario diquensiano, sin necesidad de que tengamos una información previa sobre él."

"El amor que destila el libro, por la obra del genio, predispone al lector a comenzar la aventura de integrarse en la Inglaterra victoriana, como si fuera un Pikwick o un Scrooge cualquiera."

"Chesterton hace un uso excelente del lenguaje, que obliga al lector a sentir la "cocines" de su casa, mientras oye sus opiniones sobre Dickens."

"Realmente todo va bien en el libro, hasta que finaliza el capítulo que desarrolla la aventura americana d Dickens, donde la obra pierde fuerza y se torna algo reiterativa. Pero, esta circunstancia no resta interés al ensayo que, por otra parte, en mi opinión, debiera ser de obligada lectura para cualquier prosélito de la literatura."

"Para finalizar, quiero proclamar mi admiración a Dickens, por su visión de la sociedad, y de la condición humana en general, que se manifiesta en afirmaciones verdaderamente demoledoras, tales como éstas:
- "Me temo que el golpe peor que jamás se haya asestado a la libertad se lo dé este pueblo, con el fracaso de su ejemplo en el mundo."

- "Cuanto más claramente se nos aparezca el mundo dividido en sajones y no sajones, nuestros espléndidos nosotros, por un lado, y el resto, por otro, más ciertos podemos estar que vamos, lenta y sosegadamente, para locos."

- "Una cosa es el gobierno del pueblo, y otra el gobierno representativo, el cual está lleno de pequeños inconvenientes, entre ellos, el de no ser representativo."

- "El hombre de personalidad grande,... no lo encontrarás en una sociedad literaria."

Roberto Sánchez:

"El libro me ha parecido denso y, en ocasiones, confuso; en especial, por la constante referencia a los personajes de las obras de Dickens. Así que, al final, acabé prisionero en la ciénaga, cada vez más espesa y traicionera, en la que me había metido, y por la cual intentaba avanzar."

"Sinceramente, la obra me ha superado ampliamente, además de aburrirme. No comparto, por tanto, para nada, el entusiasmo de Chesterton por la obra dickensiana."

Carlos Fernández:

A mi juicio, la principal curiosidad del libro es que no se trata de una biografía, ni de una bibliografía. Es un intento por ensalzar la figura de Charles Dickens, a quien no duda en calificar como el mejor escritor británico del siglo XIX. Así, Chesterton afirmará que "(...) En un determinado momento de la fama de que gozó en vida, cualquier inglés hubiera asegurado que había, en ese momento, cinco o seis grandes novelistas iguales en rango. Hubiese hecho una lista, incluyendo a Dickens, Bulwer Litton, Thackerai, Charlote Brontë, George Eliot, acaso algún otro. Pasados cincuenta años, alguno de ellos habrá sido ya relegado a un lugar secundario. (...) Pues yo me atrevo a arriesgar la afirmación de que, cuantos más años pasen, y se haga un cribado mayor, Dickens dominará toda la Inglaterra del siglo XIX, él solo ocupará el pináculo." (p. 206)

"Esta afirmación la sustenta no tanto en la complejidad de sus obras, las que en algún momento califica como melodramáticas por tratarse de narraciones sencillas que persiguen un fin moralizador, cuanto en la grandiosidad de los personajes de éstas, tanto por su cantidad como por la calidad de su construcción. Todo el libro es, pues, un catálogo exhaustivo de estos personajes, en ocasiones sin citar siquiera a qué obra pertenecen, lo cual dificulta, no poco, su lectura a quien no esté familiarizado con la obra de Dickens."

"Chesterton describe a Dickens como una persona irritable, vehemente y por completo intolerante a la crítica. Se adivina cierta afinidad en el carácter de ambos escritores."

"La fogosidad de Chesterton en la defensa del escritor inglés le conduce a incurrir ocasionalmente en cierto grado de fanatismo. Él dice: "Los defectos especiales, en razón de los cuales es condenado Dickens (y en justicia) por sus críticos, son precisamente aquellos que nunca han sido óbice para la inmortalidad de nadie. El principal reproche se apoya en el hecho indiscutible de que escribió una masa ingente de mala literatura. (...) Shakespeare, por ejemplo, y el mismo Wordsworth, escribieron no sólo una enorme cantidad de mala literatura, sino una enorme cantidad de literatura enormemente mala. La humanidad reedita sus obras(...). Por otro lado, en el caso de Dickens, toda la parte mediocre de su producción debe considerarse, según ya he indicado, como la expresión de una ambición universal absolutamente ajena a su peculiar genio, la ambición de ser un proveedor de todo lo existente, una especie de grandes almacenes de todas las emociones humanas. Se erigía en tribunal para un cierto juicio final literario. Repartía malos personajes, como castigo, y buenos personajes, como recompensa." (p. 207"

"Por otra parte, en el libro Chesterton realiza unas aseveraciones, cuya rotundidad adquiere un tono lapidario, y que, sin ninguna duda, exceden del ámbito extrictamente literario. Por ejemplo, cuando dice: "Los ingleses de hoy no entendemos la revolución francesa. Y es que no nos es fácilmente accesible la idea de que se pueda emprender una batalla sangrienta por lo que es meramente de sentido común. (...) Para nosotros, un político práctico significa en realidad alguien de quien podemos fiarnos. (...) El francés, en cambio, siente - apoyado por su revolución- que, cuanto más sensato séale hombre, más cerca se está de que la sangre se derrame." (p. 164)

"De todas formas, el libro, en su conjunto, está escrito con ese inconfundible estilo, ese gusto y aprovechamiento de la paradoja, sin límites, que caracteriza las obras chestertonianas. Sirva de muestra esta cita que aparece en la solapa del libro: "Hasta los exquisitos y desventurados pedantes que no pueden leer sus libros sin exasperación, le colgarán predicado, como la cosa más natural del mundo, sin pararse a pensarlo. Aún esos, no teniéndolo por buen escritor, sienten que Dickens es un gran escritor. Se le trata como a un clásico, es decir, como a un rey del que se puede desertar, pero al que no cabe destronar."

"Yo comparto, sin ningún género de duda, esta opinión de Chesterton. No obstante, creo que la distinción entre un buen escritor, un gran escritor, el más grande escritor y el mejor escritor es merecedora de una seria reflexión. De este modo, me pregunto: ¿Qué debe suceder para que un artista llegue a ser el más grande, sin ser siquiera el mejor?"

"Chesterton nos ofrece unos cuantos retazos de la vida de Dickens, pero son suficientes para presentarlo como una persona interesante y atractiva. Al respecto, basta recordar sus explicaciones acerca de la contribución de Dickens a la abolición en su país de la pena de prisión por deudas, o sobre las diatribas que sostuvo en contra de la propiedad de seres humanos en el corazón de las regiones esclavistas, durante su viaje a USA. En referencia a estas cuestiones, Chesterton dirá: "Calificar de socialista a Dickens sería sacar las cosas de quicio; pero lo más peculiar y expresivo de su postura consistió en que, mientras todo el mundo creía que el liberalismo es sinónimo de individualismo, él fue liberal resuelto y resuelto antiindividualista; o quizá sea más propio decir que comprendía que existe un objeto secreto llamado "humanidad", frente al cual, tanto el individualismo extremista como el socialismo extremista se comportan con absoluta indiferencia. Y esa humanidad, permanente y central, era justamente lo que él entendía." (p. 162-3)

"Con todo, me parece oportuno destacar la coincidencia cronológica, y en algún momento geográfica, de Dickens con Karl Marx. Ambos compartieron época histórica, ambos conocieron las durísimas condiciones de vida que soportaba buena parte de la sociedad de su tiempo, y que se manifestaba con especial crudeza en el trabajo infantil, del que el propio Dickens fue víctima."

"Finalmente, quiero señalar mi desconcierto ante la consideración que a Chesterton le merecen las obras del Dickens "maduro". Dice que con la obra David Copperfield Dickens inicia una época donde sus libros se van haciendo cada vez más graves. Esta época parece interesarle poco. Él manifiesta que "si no siempre gana el creador, el artista se hace cada vez más diestro". (p. 163) De la misma manera afirma: "La pequeña Dorrit, publicado en 1857, en ciertos aspectos es más sutil y, en todos los sentidos, es más triste que el resto de sus libros, hasta el punto de que esa novela aburre hasta los dickensianos.(...) Cabe preguntarse si esa evolución fue fruto de la maduración personal del escritor, o de la necesidad de aprobación de la crítica más intelectual." Y concluirá diciendo: "El escritor tiene 45 años. Y, si bien parece ser algo pasajero, sus obras posteriores traen ya la marca del declive de la vida." (p. 163)

Joseba Molinero:

"El libro es una reflexión sobre la obra de Dickens y los personajes que la pueblan, escrita por una persona enamorada de la misma. Es por ello que rezuma luz, alegría, optimismo y amor, hasta el punto que el lector puede acabar amando, sin remisión, a todos y cada uno de los personajes de las novelas de Dickens, amando las calles de Londres, la niebla las habitaciones estrechas e incómodas, la lluvia y el pastel de navidad."

"Dickens es un gran escritor, no hay duda, y Chesterton nos lo quiere recordar. En el libro, nos cuenta por qué debemos amarle; y nos lo explica a través de la recurrencia a paradojas, tales como que Dickens tuvo éxito porque paradójicamente escribía de las cosas que tenían interés para la gente, o como que Dickens era un optimista redomado que vivió rodeado de escépticos y fuera de las corrientes de su época, y gustaba al pueblo y, paradójicamente, era un genio.

Nicolás Zimarro:

"La lectura del libro Charles Dickens me ha desconcertado. Y lo ha hecho, porque precisamente ha obrado en mí el efecto contrario al que su autor presumiblemente pretende, que no es otro que el de mostrar las excelencias de la obra de Dickens."

"Yo conocía algunas obras del maestro inglés, por otra parte, las más populares, a saber, Oliver Twist, David Copperfield, La pequeña Dorrit y Canción de navidad; y en todas ellas vislumbré el genio de un gran escritor. Sus personajes me fascinaron; las situaciones planteadas, en muchas ocasiones, me sobrecogieron; las escenas descritas me hicieron sentir que estaba allí: sentía el dolor, sentía el escalofrío que producen los hilos de lágrima que serpentean por las mejillas de los niños maltratados, sentía la gravedad del golpe de un ataúd al caer en tierra, sentía la tristeza en los ojos de un niño cualquiera que enterró sus sueños en ese féretro ignominioso, sentía la lluvia, el hedor de los cuerpos humanos sucios, la inmundicia de las calles, la miseria de los poderosos, etc...En fin, sentía todo esto y más. Y sin necesidad de conocer la apología chestertoniana de Dickens."

"En mi opinión, la defensa a ultranza, se podría decir fanática, de su convicción de la genialidad de Dickens es poco menos que sospechosa de arbitraridad y falta de rigor crítico. Y, en consecuencia, me he visto obligado a leer el libro con una gran prevención, casi diría que con prejuicio."

"De todas maneras, la propia genialidad de Chesterton sitúa este proselitismo premeditado en un segundo plano, y el auténtico interés del libro radica en sus nada despreciables cualidades literarias. No podía ser de otra forma. Por ello, mi más rendida admiración al autor de la mejor biografía sobre Tomás de Aquino, jamás escrita."