Acta junio 2003

OBRA: ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA. UNA REFLEXIÓN SOBRE EL CARÁCTER EXCÉNTRICO DE LO HUMANO.
AUTOR: Javier Aranguren

Proponente : Gonzalo Alvarez de Toledo

PRESENTACIÓN

Javier Aranguren nació en Madrid el año 1969. Es Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra, Pamplona, y por la Universita Della Santa Croce, Roma. Autor de cuatro libros de filosofía, dos mini volúmenes de ensayos y numerosos artículos en revistas especializadas, fue profesor en la Universidad de Navarra, si bien, en la actualidad desarrolla su actividad docente en Bilbao.

El libro Antropología filosófica tiene su origen en los cursos universitarios que impartió en la Universidad de Navarra, entre los años 1995 y el 2001.

La obra pretende ofrecer una serie de claves para proporcionar una respuesta a esas cuestiones, que no afectan tanto a nuestra capacidad de dominar o transformar el mundo, como la de conocernos, aceptarnos y acertar con nuestra existencia.

La excentricidad, es decir, la capacidad de ver las cosas y a uno mismo desde fuera, es la tesis central del texto.

La obra consta de ocho capítulos; aunque en nuestra tertulia sólo analizaremos los cuatro últimos, como así se especificó en la propuesta de lectura.

El propio Aranguren explica así el contenido de estos capítulos:

El capítulo quinto se titula "La ciencia , los valores y la verdad". Los temas descritos en él quedan sintetizados en la siguiente cita:"En este capítulo vamos a ocuparnos en primer lugar de la ciencia y después de la acción humana, y de los modelos en los que ésta se basa. Son cuestiones que remiten de modo natural al problema de la verdad teórica y humana, sobre la que se funda el uso de la libertad" (pág. 99). El capítulo plantea una armónica relación entre ciencia y verdad, por dos vías: ambas buscan el conocimiento de la realidad, y el amor a la verdad es el camino para el desarrollo del pensamiento científico.

El capítulo sexto está dedicado a la libertad, cuya raíz se halla en lo más profundo de la persona humana. La libertad atraviesa todos los actos de la persona e incluso parece estar reflejada en el carácter especial de corporeidad. Mas, "la libertad se asienta sobre todo en el ejercicio de la voluntad" (pág. 119). El capítulo analiza las distintas dimensiones de la libertad, desde su ámbito personal y existencial hasta su carácter de base del ordenamiento social. Como se expresa en la siguiente cita, "cuando se confía en las personas éstas crecen y aumentan su creatividad, su motivación. Lo que hay que hacer es pedirles responsabilidades y conseguir que se hagan suyas las órdenes. El mejor modo de que crezca la libertad social es que el que manda sepa ejercer la autoridad política y aliente la libertad y la iniciativa, y que el que obedece acepte las órdenes y las ejecute de modo racional libre y responsable, haciéndose cargo de las consecuencias de su actuación. Todo esto presupone el diálogo racional , que es el único modo de garantizar un uso responsable de la libertad, la única manera de edificar una sociedad realmente libre".

El capítulo séptimo, titulado "Relaciones interpersonales", analiza la importancia del tema en la constitución de la persona, que se descubre en un diálogo y en su contacto con la realidad. El conocimiento de las realidades afectivas, familiares y del trabajo, todos enfocados como un camino de realización de la persona.

El capítulo octavo, "La felicidad y el sentido de la vida", queda referido en su aspecto central con el siguiente comentario:"La felicidad es aquello a lo que todos aspiramos, aun sin saberlo, por el mero hecho de vivir. Ocurre así sencillamente porque "la felicidad es a las personas lo que la perfección es a los entes" (Leibniz). Felicidad significa para el hombre plenitud, perfección. Por eso, toda pretensión humana es "pretensión de felicidad" (Julián Marías); todo proyecto vital, búsqueda de ella; todo sueño, aspiración a encontrarla" (pág. 157). Así, la búsqueda de sentido de la vida está motivada por esta exigencia humana de felicidad, de plenitud de su persona. El capítulo analiza luego los competentes y relaciones entre estas dos temáticas, diferenciando lo que lleva a la felicidad como plenitud y lo que no, partiendo por señalar que la búsqueda de la felicidad es el objetivo de la vida. Así desmiente las posturas contrarias (carpe diem, nihilismo, fatalismo, desesperación, pesimismo práctico, cinismo, euforia y ebriedad, búsqueda frenética del placer, etc.) como falsas porque no cumplen con la exigencia humana básica de la búsqueda de la felicidad.

VALORACIÓN

"Las razones por las que me decidí a presentar esta propuesta de lectura son varias, aunque cabría destacar las siguientes: el conocimiento que tenía del pensamiento del autor, después de haber leído una obra anterior del mismo titulada Antropología, el tratamiento en profundidad, pero de un modo comprensible para cualquier lector, de muchos temas que habitualmente analizamos en nuestra tertulia, a saber, la verdad, la libertad, la vida , la muerte, el amor, las relaciones interpersonales, el bien y el mal, etc...., y por último, la coincidencia plena de los planteamientos y soluciones de los problemas propuestos por el autor con los míos propios."

"Para comenzar he de decir que el título de la obra Antropología Filosófica. Una reflexión sobre el carácter excéntrico del ser humano me ha parecido muy acertado y, por demás, bello. Y es que a lo largo de la obra habla de cómo la persona humana tiene como componente que la integra los "otros". Este carácter excéntrico consiste en la asunción de que no sólo la interioridad confiere sentido al ser humano, sino también lo que le rodea."

"Las ideas y los postulados que me gustaría señalar son los siguientes:

En el capítulo V, me ha gustado el tratamiento que hace del papel que los sentimientos juegan en la conformación de la persona humana. En cierta ocasión leí que "cuando una persona no es capaz de expresar lo que acontece en su interior, se asemeja propiamente a un animal". Yo creo que esta reflexión es correcta. Y entiendo que, precisamente, leer literatura, leer a los clásicos ayuda, sin ninguna duda, a mejorar la expresión de nuestros sentimientos. Esta no puede reducirse a las fórmulas comodín "estoy triste", "estoy alegre", "estoy enfadado", etc... Es necesario reconocer y aislar los sentimientos que actúan dentro de nosotros, para poder expresarlos correctamente a los demás. Así, a veces sentimos ira, envidia, irritación, codicia, miedo, cansancio, amor, compasión, etc..., que son sentimientos contrarios unos, parecidos otros. Pero en ningún caso los mismos. Y por ello, hemos de saber distinguirlos"

"Al respecto, creo que es muy clarificadora la descripción que el autor hace de los distintos sentimientos que concurren en el proceso de enamoramiento."

"Por otra parte, considero que es muy acertada la distinción que él hace entre los dos extremos vivenciales de los sentimientos. Por un lado, estaría el sentimental, que es la persona que vive su vida con apasionamiento, o sea, la persona que "padece" su propia vida, y que no tiene control alguno sobre la misma. Los personajes literarios de los maestros rusos del siglo XIX son una muestra excelente de la figura del sentimental. Por otro lado, estaría la persona fría, cerebral, que es aquella que vive su vida guiada exclusivamente por los dictados de la razón. El cerebral pretende un control absoluto de los sentimientos, sin considerar que éstos son parte esencial de nuestra personalidad. Se trata de una negación de los sentimientos, que es, a todas luces, deshumanizante. Y lo es, porque no se puede negar que gran parte de las decisiones fundamentales que tomamos en la vida vienen gobernadas por los sentimientos."

"Del capítulo VI, que trata sobre las personas, me ha gustado la idea de persona que el autor defiende. La persona no es la realidad individual de un ser humano ensimismado en su identidad. Es, más bien, la conformación de la realidad individual, como sustrato íntimo e interior, y la realidad excéntrica de los "otros", como sustrato tangible y externo."

También me ha sorprendido la descripción y el análisis que hace de las corrientes filosóficas idealistas postcartesianas que, según él, han derivado en las ideologías y totalitarismos de los siglos XIX y XX. Hasta la revolución racionalista cartesiana, el realismo confería entidad metafísica exclusivamente a la realidad objetiva, como única realidad verdadera. Pero, a partir de éste, se impone la máxima: "la verdad es razonable, lo razonable es verdadero". Se trata de una perversión del principio cartesiano "cogito ergo sum", que puede llevar a unas personas a considerar que lo que ellas piensan o idean es la "VERDAD" y, en consecuencia, a que traten por todos los medios, incluso los más execrables, de imponer esta "VERDAD" a los demás. Esta militancia fanática en las ideologías es el caldo de cultivo de todos los totalitarismos."

"En el capítulo VII Aranguren trata el tema de la amistad. Presenta la amistad como el amor de benevolencia. Éste consiste en un amor que siempre busca y quiere el bien del "otro", aunque este querer no le reporte a él ningún bien. Es, por decirlo así, el amor que nunca busca el bien propio en su querer. La amistad, entendida de esta manera, y toda relación humana con otra persona presupone la aceptación de la plena libertad del "otro". Es más, sólo desde la aceptación mutua de la libertad del "otro", es posible una relación auténtica de amistad. Cuando alguien pretende poseer o acaparar al "otro", en una malentendida relación amorosa, las consecuencias son trágicas, porque esta relación no se sustenta en un amor de benevolencia, sino en un amor egoísta."

"En el último capítulo, me ha sorprendido la idea que expone sobre la pérdida de la intimidad que caracteriza a nuestra sociedad. Hoy en día hay una necesidad imperiosa, casi enfermiza, de volcar en las pantallas de televisión (reality shows), en las ondas radiofónicas, en las páginas de la prensa rosa o en las páginas web los sentimientos, pasiones y vivencias personales. Es como si el escaparate mediático fuera poco menos que el libro de la vida, la piel de la intimidad o la proyección de los latidos del corazón. No es de extrañar, por tanto, que la pérdida de la intimidad que se produce en la transpolación de la identidad personal a la mediación de la "vox populi" conlleve a un enajenamiento del "yo" íntimo, que tiene como consecuencia la insatisfacción y el vacío personal. Precisamente, la felicidad consiste en la vuelta a la intimidad de la vida interior. Según Aranguren, es aquí donde la persona se encuentra a si misma y encuentra a Dios, en clara alusión a la tesis central del pensamiento agustiniano, que defiende que la felicidad sólo es posible si se llega al conocimiento de la verdad absoluta. Ésta se encuentra en la intimidad del alma, y es Dios."

INTERVENCIONES

Miguel San José:

"A mi entender, la obra que nos ocupa, ha sido una de las propuestas de lectura más nefastas que se han realizado en nuestra tertulia, hasta el punto que me ha quitado el gusto por la lectura. Me ha resultado verdaderamente tediosa y, como exponía Joseba Molinero en la maravillosa carta de descargo que nos remitió a los contertulios, para narrar sus vivencias con la lectura del libro en cuestión, leyéndolo veintisiete veces y en función de la temperatura ambiente, puede que se llegue a la comprensión de un sesenta por ciento del contenido del mismo. El que un libro presente unos pensamientos y propuestas de gran profundidad, no significa que haya de ser interesante y adecuado para todas las personas. En efecto, yo nunca he tenido una afición, una curiosidad o un interés especial por la filosofía ni por la antropología. Y, por ello, considero que es una pérdida de tiempo inadmisible el tener que coger papel y bolígrafo para tratar de extraer las conclusiones y los planteamientos ideológicos que el autor de este libro nos quiere comunicar. Utilizando un símil taurino, diré que para hacerle faena a un toro, éste ha de fijarse en la muleta; si el toro no se fija en la muleta y está distraído mirando al tendido, al toro no se le hace faena. Pues bien, a mí el señor Aranguren no me ha fijado en su muleta".

"Se trata de un libro de texto. Y, por tanto, no busca la calidad literaria que, obviamente no tiene, sino la transmisión de conocimientos. El propio autor declara en el prólogo del libro que lo que en él se expone son extractos de sus clases, como ya se ha dicho en la presentación del mismo. Siendo esto así, es decir, siendo que el propósito del autor es la transmisión de conocimiento a un alumnado de ideología, intereses, credo, vivencias y planteamientos éticos supuestamente plurales y diferentes, el "modus dicendi" de Aranguren me ha parecido un intolerable ejercicio de soberbia, por cuanto vierte afirmaciones en tono de verdad absoluta, cuando éstas no son más que meras opiniones subjetivas, fundamentadas en la mayoría de los casos con paralogismos , o si no con citas que no dejan de ser pura deleitancia. Y yo me pregunto qué puede hacer un alumno que espera de su profesor la comunicación de contenidos de verdad contrastada y objetiva ante esta agresión de vertido doctrinario. Verdaderamente, no lo sé. Pero lo que sí sé es que en la vida las circunstancias, las relaciones humanas y, en general, el funcionamiento de las personas son bien distintos a los que defiende el señor Aranguren."

Nicolás Zimarro:

"La lectura de este libro ha provocado en mí un sonrojo intelectual, como no lo había hecho ninguna otra desde los tiempos de estudiante en la Facultad d Filosofía."

"Yo creía que la distinción entre filosofía y teología, como disciplinas independientes y autónomas, era un hecho aceptado por la comunidad filosófica, desde el anticipo antimetafísico del nominalismo ockamiano, precursor del pensamiento moderno. Pero, al parecer, he estado equivocado. El señor Aranguren, con sus postulados y planteamientos filosóficos propios del tiempo jurásico, así me lo ha dado a entender."

"El cristianismo surgió como una propuesta de sentido existencial, como praxis vital, y no como una ideología, ni mucho menos como un sistema de pensamiento filosófico. Originariamente el planteamiento vital cristiano fue subversivo respecto del status quo de la sociedad romana del momento, y por ello los cristianos fueron objeto de persecución. Pero con el transcurso de los siglos fue ganando adeptos, hasta el punto que fue reconocido como una religión oficial del imperio romano."

"De todas formas, esta oficialidad institucional no le proporcionó la entidad necesaria para constituirse en un sistema de pensamiento filosófico. De hecho, el cristianismo no podía competir, como religión que era, con los sistemas filosóficos imperantes en los primeros siglos de la era moderna, a saber, el platonismo, el aristotelismo, el epicureismo y el estoicismo. Por esta razón, los Padres de la Iglesia cristiana buscaron denodadamente la aceptación del cristianismo como teoría filosófica en los círculos intelectuales de la época. Y hallaron en la filosofía platónica primero, así San Agustín, y en la aristotélica después, así Tomás de Aquino, la fundamentación teórica de la propuesta vital cristiana, que le permitiría a ésta confrontar dialécticamente con los demás sistemas filosóficos."

"En realidad, estos Padres de la Iglesia cristiana lo que hicieron fue adecuar el pensamiento griego a las requisitorias del credo cristiano, de tal modo que, por ejemplo, la idea de bien platónica pasó a convertirse en el divino Bien Supremo, y el principio de causalidad de Aristóteles un argumento probatorio de la existencia de Dios."

"S. Agustín en su obra De vera religione defendía que la verdadera filosofía era la religión cristiana. Afirmaba, además, que el presupuesto del conocimiento era la fe (crede ut intellegas), estableciendo de este modo el principio de supeditación de la Filosofía a la Teología, o sea, de la razón a la fe. Tomás de Aquino se esforzó en mantener la especificidad de cada una de ellas; pero concluyó que la Teología era la culminación necesaria de la Filosofía, por lo cual se puede afirmar que tampoco resolvió el problema."

"Pues bien, hete aquí que el señor Aranguren da un salto en el tiempo y nos retrotrae al siglo IV d.c., mezclando principios de fe con principios de razón, presentando pura y dura doctrina católica con un revestimiento de barniz filosófico y un ornato lingüístico de corte moderno. Pero al final, su intención queda al descubierto, porque en la presentación de conclusiones o propuestas de solución a las cuestiones que plantea, siempre aflora su verdadero propósito, que no es otro que la defensa del modelo católico de vida, sociedad y persona. Y no hay más que revisar los contenidos de los distintos capítulos del libro, para darse cuenta de esto."

"Así en el capítulo V, "La vida como ornamento. La dimensión sentimental", el autor hace una clasificación de los sentimientos, realiza un análisis de la definición y estructura de la dimensión sentimental y desarrolla una cartografía de las pasiones. Analiza, también, los límites de los sentimientos, según el nivel de control de los mismos: por defecto, el estoicismo, el rigorismo protestante y el materialismo deshumanizante; por exceso, el superficialismo, el enmascaramiento y el infantilismo. Además, reflexiona acerca de las patologías sentimentales, a saber, la prisa, el éxito y el ruido, proponiendo diversas soluciones a las mismas. Concluye realizando una propuesta de sentido para la acción humana, desde un análisis de las virtudes cardinales, destacando en especial la magnanimidad."

"En el capítulo VI, "Personas. Una reflexión sobre la esencia del amor", parte de un análisis de la realidad personal del ser humano en su relación con los "otros" y lo "otro", para explicar los males, el "horror", del siglo XX desde la crítica al optimismo ilustrado, a la apuesta hegeliana y al positivismo epistemológico. Desde esta perspectiva, deja al desnudo la esencia del ser humano, en sus relaciones interpersonales, proponiendo una definición de persona propia del pensamiento cristiano. Esta propuesta entiende las relaciones interpersonales como relaciones de amor cristiano, o sea, de amor benevolente."

"En el capítulo VII, "La intimidad. La casa y la familia", trata los distintos estados del ser humano respecto de si mismo: de la hipocresía como parapeto de lo "íntimo", de la confianza en uno mismo, de las relaciones humanas como un baile de máscaras, de la interioridad e intimidad como un "dentro que crece", de la vergüenza y el pudor -éste fundamentalmente en su dimensión corporal, es decir, la sexualidad-, etc....Por otra parte, presenta al individuo como una figura que ha de tener nombre propio, esto es, una vocación personal, como una figura "del destinarse"a un fin marcado por la intervención de Dios en el espíritu humano. Concluye el capítulo haciendo un estudio antropológico de la vivienda (la casa y la familia), presentando la casa como el lugar donde ha de aflorar lo "oculto" de las personas, y analizando el problema de los hogares rotos, en concreto, el problema del divorcio. La solución al problema la encuentra en la vuelta a las virtudes de la familia cristiana que se inspira en el modelo de la Sagrada Familia."

"En el capítulo VIII, "La felicidad, ¿posible?", lleva a cabo un estudio de la idea de felicidad, relacionando ésta con la noción que cada individuo tiene respecto de qué es su vida. El autor parte del presupuesto clásico de la definición de felicidad como el resultante de la identidad del Bien y la Verdad. Así, la felicidad es posible sólo si la persona hace efectiva una vida buena basada en los contenidos cristianos de trabajo, familia y amor, y guiada por la esperanza en la vida eterna."

"En fin, dicho esto, no quisiera pasar por alto dos cuestiones concretas que se plantean en el libro. Bastarán como botón de muestra de la falta de rigor filosófico, en unos casos, y de anacronismo, en otros, de los planteamientos del señor Aranguren que, por otra parte, pueden ser rebatidos desde y con las teorías de la mayoría de los sistemas filosóficos de los siglos XVIII, XIX y XX."

"En primer lugar, quiero considerar una cuestión que el autor trata en el capítulo V, cuando habla de las patologías sentimentales, a saber, la prisa, el ruido y el éxito. Él hace una distinción entre la nobleza del carácter de la persona atemperada en la prudencia o mediana sentimental, por un lado, y por otro, la "vulgaridad" del carácter de la persona que padece alguna de las patologías sentimentales, que además, no lo olvidemos, somos la mayoría."

"Al respecto, me gustaría recordarle al señor Aranguren que, ya en el siglo XIX, F. Nietzsche en su obra La genealogía de la moral hizo un estudio exhaustivo de carácter etimológico referido al origen de los términos "bueno", "malo", "noble" y "vulgar", entre otros. Y halló, mirad por donde, que en origen hay una identidad plena entre los términos "noble" y "bueno", identidad que se expresa en el término griego "aristos".Los "aristos" son los mejores ciudadanos, los buenos y virtuosos y, además, desde la filosofía socrática, que defendió la identidad ontológica entre el bien y la verdad, los poseedores de la verdad. Pero, son también, y sobre todo, los nobles. Son los protoseres humanos, el paradigma de la humanidad. Y, siendo esto así, quién puede dudarlo, a ellos les corresponde el gobierno de los pueblos (aristocracia), y la dirección y arbitraje de la moralidad. Al resto de los mortales, o sea, a nosotros sólo nos queda el "siwanismo".

"Si a esto añadimos la propuesta kantiana de una moralidad autónoma guiada exclusivamente por el imperativo categórico de la razón o la crítica a los pseudohumanismos llevada a cabo por las filosofías existencialistas, y la necesidad de un con trato social para la convivencia que ya defendieron los ilustrados o la necesidad de la superación de la lucha de clases como obligado acontecimiento para una humanidad justa e igualitaria, tenemos que el señor Aranguren se ha enquilosado en el medievo, y habla de la persona en los mismos términos que S. Agustín lo hace en Las Confesiones o en De vita beata, y nos presenta una sociedad inspirada en la obra De civitate Dei del mismo autor."

"En segundo lugar, quiero referirme a una cuestión que se presenta en el capítulo VI. Se trata del análisis que el autor hace respecto del origen de muchos totalitarismos. Estos, según él, se explican como la consecuencia de la defensa fanática de las ideologías. Y éstas, a su vez, como el resultado de la identificación de lo razonable pensado con la verdad. Así, las ideologías surgen cuando las personas determinan que la verdad es lo que piensan o idean, y los totalitarismos, cuando entienden que esta verdad es absoluta."

"El señor Aranguren parece haber olvidado que el fundamento último de toda su formulación teórica es la realidad suprema y absoluta de Dios, de cuya existencia no tiene la menor duda. Pues bien, habrá que refrescarle un poco la memoria, e indicarle que ningún argumento de prueba de la existencia de Dios ha logrado demostrar su existencia factual. En este sentido, cabe señalar que todas las formulaciones del argumento ontológico incurren en una falacia que consiste en un salto cualitativo y lógicamente improcedente del ser pensado a la existencia real de ese ser. Esto es, se pasa de la idea de Dios a la realidad de Dios. Y una cosa es pensar en el ser infinito y otra bien distinta es que ese ente de razón o entelequia sea un ente real. Del mismo modo, los argumentos a posteriori probatorios de la existencia de Dios demuestran, en el mejor de los casos, la necesidad lógica de una primera causa, de una "nous" cósmica o de una finalidad natural; pero, de ninguna forma, la existencia real de las mismas. Entonces, ¿qué sentido tiene escribir un libro pretendidamente filosófico, cuando se parte de un presupuesto "sine qua non" no demostrado? Ya lo he dicho: transmitir doctrina; nada más. Pero habrá que decir al señor Aranguren que ha convertido una idea pensada en una verdad absoluta, y ésta en el ser supremo, incurriendo de este modo en un paralogismo que dice poco en favor del rigor crítico de sus posiciones ideológicas."

Emilio Hidalgo:

"Este libro es un error. Un error en su presentación, un error en su concepción y un error en la exposición de algunos contenidos. Está concebido como un libro de texto, como un conjunto de conocimientos que se pretende enseñar. Se presenta como un libro de filosofía, como un texto crítico y de verdad objetiva. Pero nada de eso. El autor simplemente presenta una amalgama de opiniones que pretenden explicar cómo son las cosas. Pero las opiniones no tienen por qué ser conocimiento contrastado, y en este caso no lo son, y no han de exponerse como contenido de verdad objetiva en un libro de texto. El libro, por tanto, debería haberse presentado como un ensayo de opinión."

"De cualquier modo, y aunque se tratara de un ensayo de opinión, es intolerable la práctica de la demagogia doctrinaria de la que el señor Aranguren hace gala, cuando expone sus ideas acerca de la evolución de las especies. Sus afirmaciones son un insulto a la inteligencia de los lectores y, lo que es más grave, un atentado al conocimiento científico."

Joseba Molinero:

"El libro objeto de análisis en esta tertulia es un libro de texto y, como tal, es lineal , tiene una estructura formal y argumentativa cerrada, y carente de belleza literaria. Está escrito como un manual, y por eso se comprende razonablemente bien. Habla de la vida y de todas las cosas que le interesan al ser humano desde el punto de vista cristiano. En mi opinión, es un manual de vida, que te indica qué camino tomar cuando surgen las dudas. Se trata, pues, de doctrina encubierta. En el párrafo segundo de la página 140 podemos hallar un ejemplo de lo que el autor pretende comunicar: "sirvámonos de los ejemplos... En definitiva, debe primar la voluntad sobre la inteligencia y, principalmente, sobre los sentimientos."

"Si es esta la intención del señor Aranguren, he de decir que, para leer doctrina cristiana, prefiero leer la Biblia, que es más divertida y, además, posee una indudable belleza literaria. Su texto es, sin duda, una palmatoria repleta de citas que pretenden dar
un contenido filosófico y una estética poética a una prosa que adolece de ambas."

"Por otra parte, quiero añadir que el título del libro me ha parecido pretencioso y, en lo que se refiere a sus contenidos, poco profundo, porque trata muchos temas que, en algunos casos, quedan en la mera formulación de un problema. Creo, también, que el autor pretende hablarnos de si mismo; pero, hubiera sido más acertado escribir un libro de vivencias o aventuras, en el que podría relatar sus experiencias y su vida, y no un libro pretendidamente filosófico."

Jon Rosaenz:

"Aunque la propuesta de lectura se refería a unos capítulos concretos del libro de Aranguren, yo me lo he leído entero. Y me ha parecido muy interesante. He de reconocer, no obstante, que tengo una predilección especial hacia los libros de contenido filosófico. Y quizá sea por eso, pero el lenguaje que utiliza me ha resultado sencillo y claro, trufado todo él de poemas y textos de autores que enriquecen el decurso general de la obra. Tal vez el capítulo más farragoso y de contenido puramente filosófico sea el IV, de título "Conocimiento y verdad. La apertura."

"La obra es una propuesta de antropología filosófica de basamento cristiano católico, de tono y contenido nada lejano a obras de otros filósofos tales como Eugenio Trías, así su obra La edad del espíritu, o E. Fromn, así sus obras El miedo a la libertad y El arte de amar".

"En mi opinión, algunos contertulios se han fijado exclusivamente en el encabezamiento del título, sin fijarse en el subtítulo "Una reflexión sobre el carácter excéntrico de lo humano" que, precisamente, nos sitúa en el objetivo fundamental de la obra. Y, en consecuencia, han entendido que se trata de un libro de texto de contenido filosófico, que ha de cumplir los requisitos de objetividad y neutralidad lógica propias de un texto de este carácter. Y, dado que no los cumple, lo han calificado de "vertido doctrinario" o de prosa pretendidamente filosófica, contaminada de religión y de teología, que rompe el "sagrado ejercicio de filosofar."

"Yo no tengo claro cómo ha de escribir un libro un filósofo. ¿Debe abstraerse de las cosas que le ayudan a vivir, de su propia experiencia vital, o de las cuestiones emparentadas con su sabiduría particular?"

"En fin, este libro no construye un gran sistema filosófico, como los legados por los grandes filósofos del pasado, pero creo que el autor tampoco lo pretende. Él hace una reflexión sobre la vida, e intenta aportar al lector una serie de valores que están en franco declive. Digamos que las nuevas generaciones están arrodilladas en el barro del nihilismo, sin poder agarrarse a valores que el ser humano ha poseído desde antiguo; y es, por ello, que Aranguren quiere aportar cierta esperanza de sentido existencial, llevando a cabo una necesaria revisión del tipo de vida que se impone en la actualidad, porque, como decía E. Sábato, "un logaritmo neperiano no nos va a ayudar a morir"; y a todos nos preocupan la vida y la muerte."

"Para concluir, me gustaría presentar unas citas que han llamado mi atención:

"Hay tres posibilidades (lentitud, ironía y silencio), y se ha dicho que las tres tienen mucho que ver con el ideal del hombre clásico de hombre virtuoso, ideal coronado por la figura del magnánimo."

"(...) Hay que encontrar la causa de la tristeza en el exceso de autoexigencia, en haber ido más allá del límite de la resistencia física, y por eso conviene cortar el estrés y entregarse a los brazos de morfeo, en el calor de los vapores del agua, en la alegría química de un vaso de vino, mejor si es bebido en ambiente de animada charla con gente a la que se quiere, charla que lleva a olvidar las causas de esa tristeza y que nos redime, al menos durante un rato, del inexorable paso del tiempo y de la impresión que tal cosa puede causar en nuestro ánimo."

Roberto Sánchez:
"Más que leer el libro propuesto, lo que he hecho ha sido chapotear por él. No he podido fijar mi atención de forma continuada en ninguno de los capítulos, y me he limitado a ir pasando páginas y repasar muy rápidamente sus contenidos."

"En general, he de decir que se trata de una obra redactada desde una perspectiva católica, y en la que todo gira en torno a unos postulados "indiscutibles" e "indudables", a saber, la existencia de Dios y los incuestionables valores de la iglesia católica. Esto, en si mismo, no tiene por qué ser reprochable, porque cada cual escribe desde sus creencias y con su propio bagaje cultural. Pero, en este caso, la obra se presenta como un libro de texto y, entonces, todo cambia: sólo tiene sentido y valor como texto de formación doctrinal para centros de adscripción católica."

"Como libro de texto que es, sus valores literarios brillan por su ausencia. Y, si bien trata temas que habitualmente son motivo de comentario en nuestra tertulia, a saber, la vida, el ser humano, las relaciones humanas, los sentimientos las pasiones, etc...., lo hace con una intencionalidad formativa y con un formato pretendidamente filosófico, que lo descalifican como libro para nuestra tertulia, no lo olvidemos, literaria."

De: "ana" aramendi@hispavista.com
Para: nicolaszimarro@latertuliadelagranja.com
Fecha: sábado, 04 de octubre de 2003 18:56

Estimado amigo:

Aunque sé que ya ha pasado el momento de opinar sobre el libro,(lo siento durante estos meses no he podido acceder a Internet) me dirijo a usted como especial responsable de la página de la tertulia de la granja y porque es la opinión de usted sobre el libro de Aranguren la que mas me ha llamado la atención. Me ha parecido inaudita y un tanto extravagante, con todos mis respetos.

Uno de los contertulios afirma que no es literario y por eso debe quedar fuera de la tertulia. Ante eso mis respetos. Pero lo que usted afirma no lo entiendo, lo tacha de poco serio, de poco científico, yo creo que en efecto no es un libro que pretende crear ninguna doctrina filosófica y no se a qué vienen esas alusiones a todos los filósofos del mundo que usted hace. Es la visión que alguien tiene de lo que es el hombre, de algunas de las cuestiones que afectan a nuestra vida y si en el libro tienen un tono "doctrinario" como dicen algunos, creo que lo tiene mucho más la mayor parte de las críticas que he leído. Por otra parte, como usted pienso que el cristianismo es algo más que una filosofía, pero que sea algo más, no quiere decir que no la contenga. El cristianismo es una vida para una criatura llamada hombre, no está "hecha" ni para piedras ni para ángeles ni para... por lo tanto no es extraño que contenga una idea acerca de lo humano, acerca del hombre que no tiene porqué ser opuesta a la expuesta por otros filósofos que quizá ya la habían sistematizado antes de Xto. ¿Visión medieval del hombre? Eso dice que tiene el libro de Aranguren, ¿Es acaso el hombre de nuestro siglo de otra naturaleza? La evolución ha sido tanta que ya no tenemos lo que es prio en todos los humanos de todos los tiempos.

Pido disculpas por el retraso en enviar mi opinión. Aunque no me agradan las lecturas filosóficas, prefiero lo literario, el libro me ha servido. Gracias al que lo propuso. Atentamente: J. Aramendi