Ese día especial

 
Andando andando no acababa de llegar a donde el guardabarreras. La calle se curvaba. La brisa y el sol apenas suavizaban la desesperación. Avistó el rallado rojo y blanco horizontal de las barreras; un tren debía de estar acercándose aunque su sonido no se oía todavía. Al llegar agarró la madera y miró a la casa. En la caseta de gobierno había una chica pecosa, sonriente, hermosa y al verlo se acercó. Era toda una mujer a sus diecisiete años. Su sonrisa se decoloró un poco y dijo :
Mi padre ya me avisó. ¿No serás tú también uno de esos?

 

Jon Rosáenz