Acta marzo 2006

OBRA: NAUFRAGIOS
AUTOR: Alvar Núñez (Cabeza de Vaca)
PONENTE: Miguel San José

 


PRESENTACIÓN

Álvar Núñez Cabeza de Vaca fue un explorador español, nació en Jerez de la Frontera (Cádiz) hacia 1490. En 1527 fue miembro de una expedición que tenía por finalidad la búsqueda de oro, integrada por 300 hombres y capitaneada por Pánfilo de Narváez.
Dicha expedición llegó a la bahía de Tampa hacia abril de 1528, y de allí se dirigieron por tierra hacia México. Fueron muriendo muchos de los integrantes de este grupo, por lo que Álvar Núñez Cabeza de Vaca se convirtió en jefe de estos conquistadores. En una isla los indígenas los capturaron.

Después de seis años de cautiverio, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y otros tres expedicionarios lograron huir en 1535, y recorrieron el sudoeste estadounidense y norte de México hasta llegar a un poblado a orillas del río Sinaloa.

A su regreso a España en 1537, la corona lo nombró Adelantado Gobernador del Virreinato del Río de la Plata. Entre 1541 y 1542 estuvo al frente de una expedición que recorrió 1.600 km, a través del sur de lo que es hoy Brasil, hasta Asunción. En esta expedición descubrió las Cataratas del Iguazú. En 1544 volvió a España bajo arresto por oponerse al uso de tanta barbarie hacia los indios, allí lo desterraron y enviaron a África, hasta 1556 en que obtuvo el perdón por parte de Felipe II, quien lo nombró presidente del tribunal supremo de Sevilla. Tomó los hábitos y se radicó en un monasterio sevillano. Falleció en Sevilla hacia 1560.
Escribió relatos y narraciones sobre sus expediciones en su obra Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y en su obra Comentarios, del Adelantado Gobernador del Río de La Plata. En la primera recoge los pormenores y avatares de la expedición a la península de La Florida en Norteamérica, y la segunda sus aventuras en la expedición a sudamérica, sur de Brasil y Río de La Plata.

Cristian García-Godoy *(1) presenta a Álvar Núñez y su obra “Naufragios” de esta manera:

“Álvar Núñez Cabeza de Vaca fue un explorador trágico, un náufrago reiterado y un caminante dramático, cuyas peripecias y hazañas, encuentros y desencuentros, y fortaleza física y empecinamiento espiritual lo han convertido en una de las más célebres figuras de la epopeya hispánica en el Nuevo Mundo.

En esta constante tarea de descubrir y explorar se enlazan la visión de Ysabel de poblar con la azarosa pero extraordinaria exploración y travesía de Cabeza de Vaca, cuyo destino quiso que integrara la expedición armada por Pánfilo de Narváez (1527), considerada ejemplar en cuanto a insensatez, imprudencia y mala dirección nada menos que por Gonzalo Fernández de Oviedo en su voluminosa Historia general y natural de las Indias. Numerosos fueron los intentos de la corona por explorar, conquistar y poblar la Florida -existen registros de por lo menos ocho expediciones (1512/1702)- entre los cuales puede mencionarse los de Juan Ponce de León (1512), descubridor de lo que creyó la isla de la Florida; Alonso Alvarez de Pineda, el primero que diría que la Florida estaba adherida a un continente; Lucas Vásquez de Ayllón (1520 y 1526) fundador de la colonia San Miguel de Guadalupe (luego Jamestown); y Hernando de Soto (1538), a cuya muerte quedó a cargo Luis de Moscoso (1542), quien regresó mal parado de México.

Entre todos estos fracasos -que costaron más de 1400 vidas de españoles en casi dos siglos de porfía- el más notable fue el de Cabeza de Vaca (1527/1536) debido a que lo registró en una Relación, más tarde difundida con el nombre de Naufragios desde su edición príncipe (1542) y cuyas reediciones se han continuado hasta nuestro tiempo, entre ellas una efectuada por Enrique Peña en Buenos aires (1901 y 1911). De su segunda aventura -aquella que lo llevó al Río de la Plata- Cabeza de Vaca dejó escrita una crónica denominada Comentarios, sobre su actuación como Adelantado y Gobernador del Río de la Plata, cuya primera edición se efectuó en Valladolid (1555). Ya con el nombre de Naufragios y Comentarios, ambas se reimprimieron en Madrid (1736), y de ésta la Biblioteca de Autores Españoles (BAE) hizo después una reimpresión para su colección Historiadores primitivos de Indias (Madrid 1946), pero suprimiéndole la licencia de impresión y los proemios dirigidos a Su Majestad y al Príncipe Carlos.

Los Naufragios pueden ser considerados como una verdadera crónica en la que -de manera interesante, ingeniosa y coordinada, según varios autores, entre ellos Trinidad Barrera- informó sobre todo lo que hizo, conoció y descubrió, mostrando a la vez como protagonista y relator un desconocido mundo realmente extraordinario de seres humanos diferentes, naturaleza distinta, animales salvajes y paisajes de extraordinaria belleza. Su travesía, por momentos marítima, por larguísimo tiempo terrestre, lo llevó a desplazarse por una distancia de cerca de 18.000 Kms. (desde los alrededores de Tampa hasta la ciudad de México), recorridos en un lapso de 8 años, de los cuales estuvo prisionero en la Isla del Mal Hado por más de un quinquenio, bajo la irónica dominación de indios que lo forzaron, para sobrevivir, a convertirse primero en “mercader o comerciante” y luego en “físico o médico”, según da cuenta en diferentes capítulos de este libro. Su obra se engrandece no solo por lo dramático de sus acaeceres, sino también por la humildad con que presentó su odisea a Carlos I, Quinto de Europa, diciéndole: “...Bien pensé que mis obras y servicios fueran tan claros y manifiestos como los de mis antepasados...”;empero, fueron castigo de Dios por “...nuestros pecados...”, quedándole como sólo servicio hacer a “...Vuestra Majestad una Relación...” dando testimonio de lo que “...ví y viví...”. Debe destacarse su visión (típica de la época) sobre un Nuevo Mundo inocente y al mismo tiempo bárbaro (en la concepción aristotélica); idílico pero lleno de vicios (belicosidad, robo, mentira) y, observado desde la percepción que distinguía entre cristianos y paganos, considerado civilizado o bárbaro (seres solitarios que viven en la selva en estado de primitiva inocencia) y formado por tribus de diversa apariencia física, distinta lengua y sociabilidad cambiante. De otras tribus menciona sus ritos funerarios; cómo curaban a los enfermos; qué uso hacían del tabaco; la forma en que se emborrachaban “con humo” (drogas?). Atrajo su atención lo que llamó “...una diablura y, es que ví un hombre casado con otro, y estos son unos hombres amarionados, impotentes, y (que) andan tapados como mujeres y hacen oficios de mujeres...; (son) más membrudos que los otros hombres y más altos...” (Cap. XXVI). En fin, cuando se refiere a la alimentación, hace de ella una descripción exagerada y probablemente -al menos parcialmente- ficticia.

Si se sigue con atención la lectura de sus treinta y ocho capítulos, el lector vivirá o se enterará de cómo se armó la expedición (Cap. I/X); la forma en que extraviaron el rumbo, cayeron cautivos y experimentaron reencuentros (Caps.XI/XIX); la narración de los medios que usaron para liberarse y huir (Cap. XX/XXXI); la evangelización que realizaron y los encuentros con otros españoles, como también su regreso a España, que es para él la Civilización (Caps. XXXII/XXXVIII)”
*(1) Artículo de Cristian García-Godoy

 

VALORACIÓN

Pero, en realidad, qué es Naufragios. Por lo general, se admite que esta obra es un magnífico ejemplo del subgénero narrativo denominado “Relación”, a caballo entre la literatura y la historia. La investigadora Cármen V. Vidaurre Arenas va más allá, y en un magnífico y extenso artículo titulado “La interacción de diversos tipos textuales en la obra de Álvar Núñez”*(2) analiza todas las posibilidades narrativas incumbidas en “Naufragios”. Por su extraordinario valor, lo reproduciremos en su integridad. Es éste:

“Con el nombre de Naufragios es conocida una obra que para Jean Franco: “[...] destaca, quizás por lo raro de los acontecimientos [... que narra]”(1). Este escrito constituye el único testimonio de la expedición de Pánfilo de Narváez a la Florida (1527). Se trata de un texto considerado, por su propio autor, dentro del campo de los documentos históricos. El estudio de los rasgos textuales tipológicos específicos de la obra no se ha realizado en forma integral, pues existen tradiciones que se inclinan o limitan a establecer su clasificación, como texto histórico o como texto de ficción narrativa, a partir de las características dominantes que identifican en el escrito, restando importancia a la complicada red de interacciones de diversos tipos textuales que tiene lugar en él. Nuestras consideraciones se centran en el estudio de estas interacciones, marcadas por los aspectos formales, temáticos y elementos discursivos que están involucrados en esa producción cultural.
A 17 días del mes de junio de 1527 partió del puerto de Sant Lúcar de Barrameda el gobernador Pánfilo de Narvaez, con poder y mandado de vuestra
majestad para conquistar y gobernar las provincias que están desde el río de las Palmas hasta el cabo de la Florida [...](2)
Así inicia esta narración cuya instancia narrativa es compleja y variable en sus características, de un modo asistemático, como podremos observar a lo largo de su lectura.
En los Naufragios, el texto informativo se presenta como justificación. En la primera parte del libro, la narración es expuesta de modo impersonal, como una retrospección objetiva que da inicio con una fecha precisa, hace referencia a un lugar e indica la identidad del sujeto de la acción. El orden específico de los datos que se proporcionan allí corresponde al esquema informativo, propio de la historia, este esquema aún se emplea en la retórica periodística, pero con un orden distinto (cuándo, qué, dónde, quién y cómo/ dónde, cuándo, quién, qué y cómo). Sin embargo, en la narración que estudiamos figura un fenómeno que se destaca por su recurrencia, por la subrayada reiteración con que aparece: la causalidad de cada hecho que se señala, aspecto que no suele ser tan fundamental en la práctica del esquema periodístico contemporáneo, que siguen algunos de los documentos de difusión más generalizada e incluso que está ausente u ocupa una importancia secundaria en diversos escritos históricos, antiguos y contemporáneos, en los que su importancia podría o debería ser mayor a la que manifiestan.
Posteriormente a los primeros datos, en los Naufragios, el narrador-informante hace referencia a los oficiales en una larga enumeración. En esta enumeración -si consideramos que la referencia a los miembros de una expedición o empresa de guerra constituía una tópica de la narración histórica y del discurso épico, desde la antigüedad, de este último, cuyo más célebre, difundido y “autorizado” ejemplo lo ofrecía la obra de Homero-, no se requería del comentario explicativo que el narrador se siente obligado a ofrecer. Este comentario destaca, nuevamente, la importancia que la causalidad tiene en el escrito de Cabeza de Vaca, importancia que se constituye en un elemento textual muy acentuado en el libro.
En la serie de datos que siguen, a las informaciones sobre el clima, las informaciones causales, de los hechos referidos, abundan : [...] se quisieron quedar allí, por los partidos y promesas que los de la tierra les hicieron.(3) [...] y que yo, para más seguridad, fuese con él [...](4) [...], para esto mandó a un capitán Pantoja [...] para recebir los bastimentos [...] porque aquél era muy mal puerto [...] y porque lo que allí nos sucedió fué cosa muy señalada. (5)
La indicación de la causalidad se manifiesta como obsesiva, incluso cuando se recurre al uso de elementos retóricos preconstruidos, así, por ejemplo, cuando el narrador, de acuerdo a una tópica del exordio (6) vigente en la época, señala las causas por las que determinó escribir cierta materia en su texto, también está, nuevamente, ofreciendo un ejemplo más de una sistemática que se reitera en su escrito, la de señalar la causalidad:
[...] me pareció que no sería fuera del propósito y fin con que yo quise escrebir este camino, contarla aquí.(7) Esta insistencia en la causalidad, que explica y justifica los hechos, las decisiones y los actos propios y ajenos, hace que emerja, desde el implícito, un deseo o necesidad de justificación que figura en el discurso textual de Cabeza de Vaca y que determina la estructura de sus frases, la organización del relato (referencia a un hecho-referencia a su causa y a la causa de su narración en su obra).
Otra de las tópicas del exordio -la que se refiere a justificar un escrito, indicando que se contarán cosas antes nunca vistas- y que fuera una de las tópicas más recurrentes en las crónicas y narraciones de exploración y conquista en la época, figura, recreada, en el libro de Cabeza de Vaca, cuando el narrador comenta:
En estas partes nunca otra cosa tan medrosa se vió; y yo hice una probanza de ello, cuyo testimonio envié á vuestra majestad.(8) El narratario del escrito se hace explícito en la anterior cita: Cabeza de Vaca escribe al rey y para él (como antes lo ha hecho, según los documentos). El narrador, del escrito, expresa, de diversos modos, que debe justificar las causas de su fracaso y los motivos de los hechos, ante una instancia de legitimación. Uno de los rasgos del texto: un documento dirigido al rey, corresponde a la gran mayoría de cartas, crónicas y relaciones de Conquista y Descubrimiento. El otro, la indicación de la causalidad reiterada, podía formar parte de la retórica de dichos escritos pero se explicaba su presencia, en los mismos, por motivos muy específicos (evitar la ambigüedad, aclarar un aspecto que se prestaba a mal interpretaciones o dudas, precisar un asunto que era confuso o poco conocido, seguir un lineamiento retórico, etc.). Así pues, debemos considerar que el fenómeno que produce que un hombre esté obligado a explicar, reiteradamente, las causas de cada uno de sus actos, suele estar en relación con una falta o acto que debe ser justificado y que en este caso dicha falta era el fracaso de la expedición -pese a que, cuando el autor escribe, dichas causas ya eran conocidas, pues se sabía que los motivos del fracaso habían sido las inclemencias del tiempo-. Esto señala hasta qué punto se puede constatar en la obra de Cabeza de Vaca, un fenómeno que ha señalado Nina Gerassi:
[...] el eje principal del discurso narrativo del Descubrimiento y la Conquista era el éxito [...](9) En un contexto social en el que el sujeto se siente o debe estar obligado al éxito, la determinante explicativa de su fracaso puede instituirse en un eje de estructuración dominante y transformar el discurso en una “defensa”, en una forma de exoneración de una culpa. Sin embargo, existen otras condiciones que pudieron afectar la obra de Álvar Núñez y convertirla en una “defensa”, condiciones que se hacen más claras cuando consideramos la cronología de los hechos ocurridos en su vida, luego de su regreso a España, en 1537. En 1540, es nombrado Adelantado del Río de la Plata, su empresa se caracterizará por una serie de tensiones y fracasos, que en 1544 culminan en una sublevación contra él. En 1545, vuelve a España, encadenado y en diciembre de ese año se inicia un proceso por más de treinta cargos en su contra, del que luego de dos juicios, uno de ellos con una dura sentencia y otro en el que es absuelto de todos los cargos, aparece, en 1555, la “edición príncipe” (10) de los Naufragios. Existía una edición anterior de la obra, de Zamora, en 1542, que debemos suponer escrita antes de ser nombrado Adelantado. La fecha de la escritura de la obra tiene importancia, aunque no exista un acuerdo entre los estudiosos sobre la misma, a falta de datos precisos sobre el asunto. Según Jacques Lafaye, hay dos fechas posibles de escritura, la primera es inmediata anterior al regreso de Álvar Núñez a España:
Dado que éste debió renunciar a embarcarse antes de la primavera de 1537, como nos dice él mismo, y pasó el invierno de 1536 a 1537 en México, quizá aprovechó esta tregua para escribir la Relación.(11)Escrita en ese contexto no había ningún otro motivo que obligara a Cabeza de Vaca a justificar sus actos, en la medida en que no era objeto de un juicio por incurrir en delitos o faltas hacia la ley y las órdenes de la Corona, ni parecía tener motivos mayores para sus explicaciones que dejar testimonio de lo ocurrido, justificar su fracaso y, en cierta forma, debido a los contenidos de su capítulo final, podía considerarse como parte del propósito de su obra, advertir, a todo aquél que se involucrara nuevamente en una empresa de descubrimiento y conquista, sobre las cosas que podrían ocurrirle, es decir, nos revelaba una función didáctica que no estaba ausente en muchas obras de la época, pero que no era muy común en los tipos textuales históricos sobre la Conquista, al menos, no como uno de los propósitos principales del escrito, sino como tópica propia de una retórica religiosa, educativa, de enseñanza moral, que podía afectar a los textos históricos o de otro tipo.
Sin embargo, el propio Jacques Lafaye señala:
[...] parece lo más indicado pensar que después de su regreso a España, ycon el objeto de obtener la capitulación en 1540, por la cual llegaría a ser
adelantado, Álvar Núñez redactó y publicó el relato de sus tribulaciones americanas.(12) En este otro contexto, la escritura de la obra se convierte en un acto de reivindicación con más fuertes motivaciones personales, su propósito principal sería borrar las potenciales dudas que existieran para darle un cargo al que aspiraba.
Los contenidos involucrados en los escritos de Motolinía sobre la aventura de Álvar Núñez nos hacen tomar conciencia de que pudieron existir variaciones entre la versión de los hechos que él conoció por declaración oral o escrita de Álvar, y de los que, el fraile dejó testimonio en una carta, hacia 1541 (13), y los que Álvar Núñez señalaría después en el escrito que hoy conocemos (la referencia a los milagros, por ejemplo, parece estar ausente en el “informe” o testimonio que Motolinía conocía, antes de que se publicara la obra, porque él no registra ninguna información sobre tales asuntos, aunque no debemos descartar que pudieran existir otras causas para que fraile omitidera la mención a los milagros, aunque éstas no resulten del todo claras o convincentes y nos conduzcan a pensar en la probabilidad que parece más fuerte: Motolinía ignoraba las referencias a los milagros).




Por otra parte, la enorme mayoría de investigadores trabajan con la versión posterior a 1542 (14) y son pocos los que como, Pier Luigi Corvetto, se han ocupado del estudio comparado de las dos versiones publicadas primero. Sin embargo, las informaciones que ofrece no nos proporcionan datos suficientes que permita precisar, si los hechos ocurridos hacia 1545 afectaron la versión posterior, la de 1555, o no existe cambio entre las dos primeras ediciones, pues de existir cambios significativos, éstos podrían obedecer a un deseo de reivindicación más fuerte, motivado en el autor luego de un proceso legal. A este respecto, Pier Luigi Corvetto señala:
Son pocas las diferencias entre ambas. Pero en todas hay una que señalar la añadidura (a la insistencia de “relación”) del subtítulo Naufragios [...] (15)José Rabasa y Enrique Pupo-Walker, entre otros, han observado que existieron, no dos sino varias versiones del relato, en las que se fue acentuando el aspecto biográfico sobre el de la relación y el aspecto narrativo sobre el histórico. En cualquiera de los casos, sea porque el contexto exigía un discurso del éxito y un hombre que fracasaba debía justificarse, sea porque deseaba reivindicar su persona para obtener un cargo o porque no quería quedar en deshonor, luego de un juicio que ponía en duda su calidad moral y su servicio a la Corona, en la obra de Álvar se puede observar, tal y como la conocemos, un deseo de justificación muy fuerte que tiende a involucrar un propósito que no escapa a lo didáctico, a dar ejemplo a otros con su experiencia (recordaremos que Álvar Núñez no sólo dirige su escrito al rey sino también “a los que en su nombre fueran a conquistar aquellas tierras”). Este hecho: dar ejemplo a otros con la propia experiencia, ha sido señalado por algunos investigadores como un rasgo común al que tuvieron después las novelas picarescas. De hecho, uno de los numerosos elementos que ha contribuido a resaltar la importancia de esta obra es la potencial influencia que la misma tendría en la literatura posterior, no sólo en algunas narraciones picarescas con las que se han establecido frecuentes similitudes, entre las que se encuentran: las referencias al hambre, la importancia de la comida, la narración de una serie de episodios de fracaso, el relato testimonial y autobiográfico, sino también su relación con algunos libros de viajes de épocas posteriores que incrementaron los elementos fantásticos o la crítica social y llevaron el modelo de las aventuras de viajes a territorios de la ficción.
Antes que la novela picaresca, los exempla, las vidas de santos, diversos relatos populares que en ocasiones retomaban la tradición de las fábulas e
incluso algunos libros de caballerías, involucraban una función didáctico moral, muy marcada en los sermones y en la obra de pedagogos.
A los anteriores elementos se debe agregar otro, también en relación con la literatura de su tiempo y en parte con la picaresca española, y que ha sido observado por David Lagmanovich (16):
Núñez demuestra tener algún tipo de conciencia lingüística; y su prosa –escrita casi al mismo tiempo que la de Guevara y apenas una década antes que la del Lazarillo- puede considerarse representativa de un momento en el que el principio valdesiano de escribo como hablo, absorbido conscientemente o no, representa el norte de muchos buenos escritores. (17) Nina Gerassi-Navarro observa, muy acertadamente, otro aspecto involucrado en este rasgo del texto de Álvar Núñez:
La vinculación con la oralidad es quizás el factor más importante del testimonio [como tipo textual] porque subraya la posición marginal del sujeto textual frente al discurso hegemónico; en él, la palabra oral se opone a la palabra escrita. El “yo” testimonial pide que se le escuche [...] Por otra parte, el pedido del “yo” testimonial no es individual; su intención es hablar en nombre de otros; su experiencia no apela a ser una experiencia individual sino compartida; su historia es también la de otros. El testimonio es, en otras palabras, la articulación de una voz colectiva, un “yo” que pertenece a un “nosotros” [...] (18) Estas y otras observaciones le sirven a la investigadora para observar que Álvar Núñez utiliza, en su obra, elementos de dos tipos discursivos, testimonio y biografía, que constituirían dos tipos textuales distintos, al utilizar una voz narrativa en la que se puede observar numerosos desplazamientos, que pasan, de la forma impersonal, al nosotros, definido con ambigüedad y fluctuaciones con respecto a la identidad de esa primera persona colectiva que varía en cuanto a los sujetos que involucra, y luego de pasar al nosotros, cambia al yo autobiográfico, que se desprende de la voz testimonial para asumir su individualidad, destacándose entre los miembros del grupo.
Toda autobiografía lleva implícito el deseo de inscribir la propia identidad y fijar una determinada imagen del “yo”. Para ello el autobiógrafo debe seleccionar los elementos dispersos de su vida individual y reordenarlos según la imagen de sí mismo que desee proyectar. Éste es el eje principal que ordena la narración autobiográfica [...] reconstruye su pasado, subrayando algunas instancias de su vida frente a otras.(19)
Curiosamente estos otros rasgos del relato de Álvar Núñez, que sirven para identificar características de dos tipos textuales, testimonio y autobiografía, son también compartidos por la mayoría de las novelas picarescas, que se presentan como autobiografías o biografías de personajes, y que ofrecen un testimonio de una vida y de las experiencias compartidas con otros.
Por otra parte, la tensión constante entre la retórica de la historia y el relato novelesco, no es extraña en los textos sobre el Descubrimiento y la Conquista, lo que resulta singular en el escrito es que dicha tensión es afectada por desequilibrios notables que producen conflictos.
Pese a que algunos investigadores han señalado que la obra de Álvar Núñez se produce en un mundo en el que las oposiciones se esfuman y una nueva realidad comienza a esbozarse, en los Naufragios, también podemos localizar huellas discursivas de una dualidad, que no sólo involucra los juegos de oposiciones sino diversas modalidades del doble.
Al observar la enumeración de los oficiales, notamos que en primer término se señala al propio narrador. Esta referencia llama la atención porque el narrador hace mención de sí mismo como si se tratara de una tercera persona. Este distanciamiento produce el efecto, en el lector, de un desdoblamiento. Parecería que el narrador se contempla como si él mismo fuera otro (como si uno fuera el narrador y otro el personaje de la historia). La dualidad involucrada en este elemento textual, contrasta con el cambio, en el mismo párrafo, a la primera persona del plural (el “yo” desdoblado se reconoce en el sujeto colectivo), que asume el narrador después, en un “nosotros”.
Si en un principio el personaje se nos presenta como un “él” y un “nosotros” diferenciados, más adelante, las diferenciaciones que hará serán entre un “yo” y un “ellos, por ejemplo, cuando el narrador refiera, en relación con el resto de los miembros de la expedición: “[...] era yo quien más le importunaba”, pero también encontraremos diversas oposiciones entre un “nosotros” (los españoles) y un “ellos” (los indígenas), un “nosotros” (los sobrevivientes) y un “yo”, etc. , en un juego multifacético de dos sujetos, individuales o colectivos, que están en contrapunto, que se diferencian uno de otro, se oponen, se complementan o son paralelos.
Justamente, otra sistemática, que resulta notable en el escrito de Núñez Cabeza de Vaca, es la del paralelismo, paralelismo que lo mismo se manifiesta como un esquema de oposiciones, que como un esquema de asimilaciones y analogías entre cosas o seres diferenciados, habitualmente, uno del otro. Ejemplo, de esto último, lo encontramos en la descripción del clima:
[...] no menos tormenta había en el pueblo que en la mar.(20) [...] y andando entre los árboles, no menos temor teníamos de ellos que de las casas, porque como ellos también se caían [...] (21) En ambos fenómenos discursivos, el paralelismo y la analogía, se ponen en relación dos cosas, se crean dualidades, cuya recurrencia es sumamente importante en el escrito, como lo será en otras obras de Conquista y Descubrimiento.
Se hacen evidentes, así, desde el principio del texto, dos sistemáticas discursivas determinantes: la sistemática de lo causal y la del doble, la dualidad, que lo mismo se manifiesta en las analogías que en la distanciación o desdoblamiento del narrador, al referirse a sí mismo.
Estas dos sistemáticas textuales corresponden a estructuras mentales que dominan el discurso de Álvar Nuñez. La estructura de la dualidad, ha sido localizada por Tzvetan Todorov como un elemento fundamental en las mentalidades de la época. Su presencia se explicaba porque al describir un espacio, un conjunto sociedades y manifestaciones culturales distintas a las que eran conocidas para el hombre de la época (22), se ponía en juego una problemática de la identidad que surgía de las comparaciones y del encuentro con lo diferente.
La otra formaba parte de una serie de prácticas discursivas características de los procesos de juicio, no sólo presente en ámbito de los procesos legales e inquisitoriales, sino incluso en el ámbito de la tradición literaria, por ejemplo, en los retratos, en obras didáctico morales y luego en las novelas picarescas, aunque no fuera exclusiva de dicho tipo de prácticas discursivas y literarias.
Al estudiar las Cartas de relación de Hernán Cortés, hemos observado la presencia, en el texto de Cortés, de una práctica discursiva común en la España del siglo XVI, la de utilizar el cuerpo humano como unidad de media. En los Naufragios, el tipo de sistemáticas discursivas, en las que el ser humano es el referente de comparación a través del cual se percibe el mundo, reaparece también, de un modo subrayado. El referente humano se hace presente en los sintagmas fijos, que sirven para describir la naturaleza: “[...] en la boca de una bahía [...]”, (p. 11); pero también, en la imagen que sirve para expresar la intensidad de la furia de los elementos:
[...] era necesario que anduivésemos siete o ocho hombres abrazados unos con otros, para podernos amparar que el viento nos llevase [...] (23) [...] habían visto dos robles, cada uno de ellos tan grueso como la pierna por bajo.(24) [...] los arcos que usan son gruesos como el brazo, de once o doce palmos de largo.(25) [...] una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan gruesa como dos dedos [...] en él un pedazo de caña delgada como medio dedo.(26) Este tipo de descripciones, en las que la naturaleza parece como humanizada o se explican sus rasgos a partir de un modelo de comparación humano (la fuerza del viento se mide por el número de hombres que debían abrazarse para resistirlo, el grosor de las cosas a partir de la proporción del cuerpo humano y sus partes) nos permiten señalar en qué medida resultaba comprobable que, en la ideología y en la cultura del Renacimiento, el hombre ocupara un lugar central y constituyera el punto de referencia clave de la perspectiva, puesto que el discurso “concreta”, expone, las estructuras mentales del contexto en el que se produce y en dicho discurso el hombre se constituye en escala, en modelo a
partir del cual se crea la analogía para referirse a otras cosas. Consideramos importante, señalar que, los fenómenos de humanización, como metáforas y como referente de comparaciones, se podían encontrar ya en los discursos y textos de la Edad Media, como un legado de la tradición clásica, pero no alcanzaban la importancia y difusión de que gozarían, incluso en el lenguaje popular, en el período del Renacimiento.
En la narración de Cabeza de Vaca, domina el aspecto sintético y el estilo contado, este último hecho es un indicador del grado de domino y de mediación que el narrador ejerce sobre la materia narrada, pues el discurso, de los otros,pasa siempre por el filtro del discurso del narrador. No se reproducen las palabras textuales de los personajes a los que se hace referencia, dichas palabras son contadas por el narrador, reducidas a enunciados en tercera persona. Este rasgo podía aparecer con frecuencia en los documentos históricos, pero también era posible localizarlo en una gran diversidad de escritos de otro tipo y más que una marca tipológica constituye una marca o huella ideológica y un indicador del nivel de mediación sobre lo referido que opera en el discurso de Álvar Núñez.
En su trabajo, “Cartas, crónicas y relaciones del Descubrimiento y la Conquista” (27), Walter Mignolo observa la dificultad de clasificar la prosa narrativa del periodo colonial. Mignolo destaca el estudio de los aspectos de los textos, de sus rasgos discursivos, como elementos que permiten categorizarlos en una determinada tipología textual (cartas, crónicas, historias, relaciones, etc.).
Mignolo observa que, mientras la carta y la historia tenían una tradición, las relaciones constituyen un tipo textual que se ajustaba a un modelo “cerrado sobre la marcha”, construido a partir de las disposiciones y pedimentos reales sobre los informes de los territorios de lo que hoy es América. Entre estas disposiciones se encontraban diversos puntos: decir el nombre de la comarca o provincia y lo que significaba dicho nombre, el nombre del descubridor y conquistador, el año de descubrimiento y el de conquista, las características de la tierra, si es llana o áspera, rasa o montosa, los frutos y mantenimientos que tiene, la fauna, las dimensiones del territorio y las distancias, sobre todo hacia la ciudad de Audiencia, el sobrenombre que se le haya puesto y el nombre del fundador, etc. Eran un total de cincuenta funciones aproximadamente.



En el capítulo IV de los Naufragios son localizables referencias que remiten a esta práctica social y textual de las relaciones, el narrrador de los Naufragios hace referencia a la actividad constante del escribano, que se encargaba de informar al monarca sobre peticiones específicas y daba testimonio de las empresas realizadas, pero, al mismo tiempo, en el propio texto del narrador emergen ciertas huellas de la retórica del modelo de las relaciones ordenadas por el rey, pues el narrador de Naufragios se ocupa, preferentemente -sobre todo en la parte primera del libro- de informar sobre temas que formaban parte de las disposiciones solicitadas tradicionalmente en los cuestionarios que se planteaban a los informantes, y las que señalaban la necesidad de proporcionar datos sobre: el modo en que se había descubierto una población, y por orden de quién, si se había tomado posesión o conquistado y de qué maneras. Debía también describirse el “temperamento”, (clima) y la calidad de la zona, informar sobre el aspecto de la tierra, sobre la lengua y la forma de organización de las gentes locales, sobre las riquezas que había y sobre el destino que a dichas
riquezas se les había dado o se les podía dar. Se informaba el tipo de vegetación y fauna, etc.
En estos cuestionarios o solicitudes, en un principio de tipo informal, se hace evidente el deseo de inventariar aquellos aspectos y elementos que podían ser objeto de explotación lucrativa, y precisar las circunstancias en que debería o podría hacerse la explotación de las riquezas.
Hablamos de peticiones informales, no porque constituyeran una petición informal, sino porque para la fecha en que Cabeza de Vaca escribe, los cuestionarios aún no habían sido formalmente fijados, mediante la precisión de una serie de temas que seguirían un orden rígido (28) e invariable, posteriormente.
Cuando Álvar Nuñez Cabeza de Vaca describe su narración, llena de referencias y datos que contrastan con la mayoría de los textos sobre el Descubrimiento y la Conquista, en los que abundaban las descripciones a tierras fabulosas, “como las de las historias de los Amadises” -según palabras de Bernal Díaz del Castillo-, referencias abundantes a variada fauna y flora, riquezas y mercaderías tan numerosas que permiten hacer largas y a veces caóticas enumeraciones. Cabeza de Vaca, pese a no tener historias y cosas tan fabulosas que contar, se ajusta también -aunque en su relato abunden las descripciones sobre climas adversos, naturaleza inhóspita, escases de riqueza, gran miseria y sólo algunas referencias vagas a posibles cosas explotables lucrativamente- a los cuestionarios y peticiones informales del monarca.
Para ejemplificar lo antes señalado, tomaremos el capítulo IV y los siguientes de los Naufragios.
El capítulo IV, titulado: “Cómo entramos por tierra”, inicia con la informacióndel cargo del personaje que dio la orden de entrar a la comarca:[...] el Gobernador acordó de entrar por tierra, por descubrirla y ver lo que en ella había [...] (29) Cabeza de Vaca continúa su relato con la descripciónLos Naufragios pueden ser considerados como una verdadera crónica en la que -de manera interesante, ingeniosa y coordinada, según varios autores, entre ellos Trinidad Barrera- informó sobre todo lo que hizo, conoció y descubrió, mostrando a la vez como protagonista y relator un desconocido mundo realmente extraordinario de seres humanos diferentes, naturaleza distinta, animales salvajes y paisajes de extraordinaria belleza. Su travesía, por momentos marítima, por larguísimo tiempo terrestre, lo llevó a desplazarse por una distancia de cerca de 18.000 Kms. (desde los alrededores de Tampa hasta la ciudad de México), recorridos en un lapso de 8 años, de los cuales estuvo prisionero en la Isla del Mal Hado por más de un quinquenio, bajo la irónica dominación de indios que lo forzaron, para sobrevivir, a convertirse primero en “mercader o comerciante” y luego en “físico o médico”, según da cuenta en diferentes capítulos de este libro. Su obra se engrandece no solo por lo dramático de sus acaeceres, sino también por la humildad con que presentó su odisea a Carlos I, Quinto de Europa, diciéndole: “...Bien pensé que mis obras y servicios fueran tan claros y manifiestos como los de mis antepasados...”;empero, fueron castigo de Dios por “...nuestros pecados...”, quedándole como sólo servicio hacer a “...Vuestra Majestad una Relación...” dando testimonio de lo que “...ví y viví...”. Debe destacarse su visión (típica de la época) sobre un Nuevo Mundo inocente y al mismo tiempo bárbaro (en la concepción aristotélica); idílico pero lleno de vicios (belicosidad, robo, mentira) y, observado desde la percepción que distinguía entre cristianos y paganos, considerado civilizado o bárbaro (seres solitarios que viven en la selva en estado de primitiva inocencia) y formado por tribus de diversa apariencia física, distinta lengua y sociabilidad cambiante. De otras tribus menciona sus ritos funerarios; cómo curaban a los enfermos; qué uso hacían del tabaco; la forma en que se emborrachaban “con humo” (drogas?). Atrajo su atención lo que llamó “...una diablura y, es que ví un hombre casado con otro, y estos son unos hombres amarionados, impotentes, y (que) andan tapados como mujeres y hacen oficios de mujeres...; (son) más membrudos que los otros hombres y más altos...” (Cap. XXVI). En fin, cuando se refiere a la alimentación, hace de ella una descripción exagerada y probablemente -al menos parcialmente- ficticia.

Si se sigue con atención la lectura de sus treinta y ocho capítulos, el lector vivirá o se enterará de cómo se armó la expedición (Cap. I/X); la forma en que extraviaron el rumbo, cayeron cautivos y experimentaron reencuentros (Caps.XI/XIX); la narración de los medios que usaron para liberarse y huir (Cap. XX/XXXI); la evangelización que realizaron y los encuentros con otros españoles, como también su regreso a España, que es para él la Civilización (Caps. XXXII/XXXVIII)”
*(1) Artículo de Cristian García-Godoy, La travesía de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, en http://gacetaiberoamericana.com/Issues/VOLXINr5/lit3.html.

 


INTERVENCIONES

 

Carlos Fernández:

En la introducción de Naufragios *(4) se afirma que el libro “no es propiamente historia, ni propiamente literatura, y por esa misma impureza las contiene ambas”. En otro pasaje *(5) de la Introducción, se añade que “el texto trasciende al mero informe a la Corona”. No obstante, el lector no se puede sustraer a la impresión de que se trata de un documento cuyo objetivo es la rendición de cuentas del autor al rey de España, en el que narra parte de lo sucedido con la expedición de pánfilo de Narváez, y justifica el fracaso de la misma. Por esta razón, no es gratuito poner en duda la objetividad del autor del documento, que es a la vez el protagonista de la historia que narra. Así, resulta difícil de creer que, tal y como Cabeza de Vaca asegura, obraran miles de curaciones milagrosas, o que construyeran cinco barcas, de a 22 codos cada una, prácticamente a partir de nada: fundiendo los estribos, las espuelas y el hierro de las ballestas. En fin, quizá todo se reduzca a una hiperbolización de una gesta malograda.

*(4) Álvar Núñez Cabeza de Vaca, “Naufragios”, Alianza Editorial (bolsillo), Madrid 2005, Introducción, p. 17.

*(5) Ver *(4), p. 19.

 

Joseba Molinero:

Naufragios más que una mera Crónica histórica o un Informe a la Corona es una declaración de intenciones de Álvar Núñez, que aprovecha precisamente este documento para expresar lo que realmente quiso hacer en su aventura norteamericana. Esto es, aprovecha la obligación de informar sobre los acontecimientos acaecidos en ésta, para contarnos sus inquietudes en forma de brillante literatura. El libro es básicamente una presentación del propio Álvar Núñez, que se muestra como un hombre animoso, noble, arrogante, con los cabellos rubios y ojos azules y vivos, y barba larga y crespa. Un hombre cautivador, especialmente extraordinario para los indígenas americanos. Un hombre peculiar, que transmitía en su mirada azul su anhelo de conocimiento, curiosidad y necesidad de trascendencia, además de su sobrenatural fuerza y vigor interiores. Un hombre católico, con una fe intuitiva e inteligente, no muy ortodoxa, en la que sustentaba su capacidad de iniciativa y sufrimiento y la seguridad a la hora de afrontar riesgos y de encarar las adversidades. Un hombre único, magno, ejemplo de la transición de la oscuridad del medievo a la luz del renacimiento. Un humanista, al fin y al cabo, y como algunos lo definen, un indigenista. Indigenismo, que se concreta en un amor humano a los indios, que le supuso el recelo y la incomprensión por parte de muchos de éstos, por un lado, y la condena y encarcelamiento por parte de la Corona española, por no saber esclavizar a la raza indígena, por otro. En la página 164 del libro *(6) queda patente la diferencia entre el trato que Álvar Núñez da a los indígenas y el trato que reciben de los habitantes de Nueva Galicia y de los conquistadores españoles afincados allí. Por esto, quizá, por su filantropía, que es la expresión más noble y humana de sus ansias de conocer, en la obra abundan las descripciones de los pueblos indígenas, sus gentes y costumbres, mientras que la descripción de paisajes y ambientes pasa a un segundo término. En definitiva pues, un hombre bueno, inteligente, sobrio, curioso y romántico que brilla con luz propia en la memoria de la conquista de América.

*(6) Ver *(4) p. 164.

 

Nicolás Zimarro:

La obra tiene una dimensión propiamente literaria, si bien en ella aparecen subordinados algunos aspectos del género histórico y otros relativos al discurso antropológico, que en ningún caso desvirtúan el mencionado componente literario del texto. Todo lo contrario, lo realzan y lo dotan de un extraordinario valor añadido. Porque lo que para muchos es una Crónica, Informe o Documento histórico no es sino el contenido real y explícito de la narración, el despliegue de los datos del incidentario que constituye el argumento del relato otra cosa es que estos datos tengan un relevante valor histórico, topográfico y cartográfico. Si comparamos el texto con los informes o crónicas de la conquista recogidos en Los diarios de Hernán Cortés, los cuales poseen un valor meramente de documentos históricos, se hacen patentes las diferencias narrativas y estilísticas entre ambos textos. Y porque el estudio de campo etnológico (análisis del comportamiento grupal de los diversos núcleos tribales, con sus costumbres, ritos ceremoniales, planteamientos cosmogónicos, roles sociales, etc…) que parece desarrollar Álvar Núñez trasciende la disciplina antropológica, para convertirse en la necesaria ambientación del marco religioso, lingüístico y sociocultural donde se circunscriben las relaciones humanas que tienen lugar entre los distintos grupos tribales indígenas y los expedicionarios españoles. En conclusión, “Naufragios” es una excelente muestra del modo de concebir la literatura, propio de la época en que el relato fue escrito, parangonable, por ejemplo, al Lazarillo de Tormes.

 

Emilio Hidalgo:

El principal valor del texto es el histórico, por cuanto el estilo formal que presenta, salvo la circunstancia de que está escrito en castellano antiguo, carece de virtualidad literaria y, si lo transcribiéramos al castellano moderno, como mucho podría ser aceptado como un texto periodístico. En ningún momento se advierte una finalidad estética, de manera que las descripciones de paisajes, ambientes y demás tienen únicamente un objetivo informativo, objetivo que cumple de modo brillante en lo que podríamos considerar la primera parte del libro, la que narra todo lo referente a la organización y detalles de la expedición al nuevo mundo, pero que en lo que constituiría su segunda parte, el periplo por el desierto norteamericano, se confunde con situaciones extrañas, inciertas, improbables e inverosímiles, que contaminan el propósito informativo del texto, como pueden ser: la extrema desorganización, situación caótica, falta de recursos e inexistencia de un proyecto de conquista a la llegada a América de los expedicionarios, las relaciones entre los conquistadores y los indígenas basadas en el temor y el miedo mutuos y el no reconocimiento del otro como igual, y la excesiva incidencia de la superstición religiosa en los hechos cotidianos. La obra tiene además una componente personal importante, porque lo que su autor pretende contar prioritariamente son las experiencias vividas en el transcurso de los diez años que duró su aventura norteamericana. Es así que el relato no representa la Historia de la Conquista de América, sino un episodio anecdótico, una sucesión de aventuras protagonizadas por unos individuos concretos, una sorprendente excepción en el decurso de los acontecimientos que constituyen un verdadero hito en esa Historia.

 

Jon Rosáenz:

Este libro da respuesta al interrogante de por qué los españoles no se impusieron en la conquista de los territorios de América del Norte, a pesar de que la nueva España llegara hasta el actual estado de Oregón. El terreno, el clima, la escasez de recursos naturales, la disgregación demográfica, las inclemencias meteorológicas, la beligerancia de los nativos, la orografía y demás… desaconsejaban la incursión y el establecimiento en estos territorios. Álvar Núñez, sin embargo, fue un pionero, el Ulises de la Conquista de Norteamérica, y el periplo que allí protagonizó toda una odisea, una epopeya mítica que cobra la dimensión de leyenda, de fatum profético. Álvar Núñez, como en su caso Ulises, abandonó Sevilla, su Ítaca particular, y todo lo que le era más querido (hogar, posición social, familia y amigos)y se enroló en una aventura transoceánica de predecible turbulento desarrollo y trágico resultado, como ya advirtió premonitoriamente una mujer que viajaba con el héroe en la expedición -al menos es lo que el autor afirma al final del libro-. Y se convirtió en una especie de ser cuasidivino, que caminaba desnudo por manglares y desiertos, que predicaba el amor al prójimo con el ejemplo de su entrega a los demás, sin distinciones de raza o status social, que llevó a cabo una suerte de evangelización de los “salvajes”, tratándolos como seres humanos en relación de igualdad y transmitiéndoles las virtudes de la fe cristiana, que practicaba curaciones milagrosas y que concitaba la admiración de miles de indios que le seguían, cautivados por lo que ellos entendían que era un elevado arte de brujería, sólo atribuible a un auténtico “hijo del sol”.

 

Roberto Sánchez:

“Naufragios” es una novela de aventuras basada en hechos reales, que cuenta con todos los recursos, estratagemas e ingredientes estilísticos propios del género, como son la intriga, la concatenación cronológica de sucesos, la aparición y desaparición de los personajes en una o varias tramas argumentales, la propuesta continuada de acontecimientos sucesivos, la emoción, etc… En ella, Álvar Núñez se presenta como el prototipo de hombre castellano del siglo XVI, valeroso, audaz, de espíritu indómito, resuelto y de gran fortaleza física, como ese héroe predestinado a la consecución de gestas inigualables. Bien es cierto que la mayoría de los hechos que narra en la novela son pura ficción literaria; pero no desmerece por ello en valor ni en importancia lo que debió ser el verdadero periplo norteamericano de estos aventureros españoles.

 

 

 

 

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