Somos o no somos junio/julio 2010

Marino colabora semanalmente con el periódico 20 minutos, el primer diario que no se vende. Habla de asuntos del Bocho con soltura y desparpajo. Siempre hay nostalgia y recuerdo de cosas, muchas veces olvidadas por los bilbaínos de a pie.

 


 

LA CARTELERA

publicado el viernes 30 de julio de 2010

Rousseau mantenía que para poder escribir con fundamento se debía caminar observando el entorno, Hemingway lo hacía (escribir, digo) siempre de pie, y un servidor, siguiendo tan sabias enseñanzas inspiradas en la filosofía de la escuela peripatética auspiciada por Aristóteles, para poder pergeñar estas líneas, garabateadas sobre la marcha, se pasea por las calles de ésta nuestra Villa estos días ornadas con la variopinta cartelería de los espectáculos que se ofrecerán durante las próximas fiestas: teatro, toros, cabaret…, comprobando, no sin cierta perplejidad, que tan sólo se publicitan los que necesitan que el personal se pase por taquilla para garantizar su supervivencia. Quizás, los numerosos actos gratuitos incluidos en el programa de Bilbao Aste Nagusia no requieran que se les promocione aquí, pero, ¿no convendría hacerlo en Madrid, Barcelona o Burgos?

 


 

SEÑOR SANTIAGO

publicado el viernes 23 de julio de 2010

Supongo que el tratamiento estrictamente civil que los bilbaínos damos a nuestro santo patrón, Santiago Apóstol, a quien sencillamente llamamos Señor Santiago, y que tampoco festejamos especialmente en el día de su onomástica, es índice del talante liberal de esta Villa, a la que el atormentado Blas de Otero acusaba sin embargo de beatería. Nuestras fiestas principales, Bilbao Aste Nagusia (a las que propongo denominar siempre así, con Bilbao por delante, para reforzar su impronta de marca en el resto del mundo), a diferencia de lo que ocurre en la práctica totalidad de las de nuestro orbe, no conmemoran a virgen ni santo alguno de los cielos, salvo a “san queremos”, y no incluyen en su amplísima programación ningún tipo de celebración religiosa. Y es que por no tener no tenemos ni patrona propia, puesto que la Amatxu de Begoña no es la de Bilbao, sino de Bizkaia entera. 

 

 

 

Carta al director de El correo 


 

GENTLEMAN Y CHIRENE
Quico Mochales, impulsor de la Semana Grande. Un concurso de ideas en 1978 engendró la primera Aste Nagusia. Detrás estaba Quico y otros bilbaínos de pro, que ahora quieren rendirle homenaje

El Correo 01.08.2010
TERESA VILLAVERDE

De él se cuenta que recorría Bilbao a lomos de una Harley buscando el lugar idóneo desde el que tirar los fuegos artificiales. Lo hacía con Marino Montero, quien se ha encargado de difundir la anécdota. Pepillo, de pirotecnia Zaragozana, tenía que lanzar un fuego cada diez minutos. Y empezaba la cuenta atrás. Pepillo prendía la mecha y Marino y Quico Mochales hacían rugir la moto por las calles del botxo.
Cuando le recuerdan aquellas correrías, a Quico se le escapa una carcajada. «Eso es una broma. La moto no era una Harley, sino una Yamaha. Marino siempre ha tenido mucha guasa». Su voz llega a través del teléfono desde las islas Baleares, donde el bilbaíno está pasando unos días. «Estoy al corriente de la carta que envió Marino diciendo que había que hacerme un homenaje. Y sé que Julio Alegría le secundó». Después agrega: «Un homenaje es para quien ha hecho algo de forma altruista por los demás. Yo era un empleado y trabajaba para una empresa. Es más bien un reconocimiento por algo que ha tenido influencia y que ha perdurado».
El empleo del que habla Quico era el de relaciones públicas. La empresa, El Corte Inglés de Bilbao. Y lo que merece un reconocimiento fueron sus esfuerzos por popularizar las fiestas de la villa, organizando la primera Aste Nagusia en 1978. «Hasta entonces, había corridas de toros, conciertos y obras de teatro, pero todo era pagando», cuenta el artífice. Por ello, en el 74, Quico presentó su propuesta ante la alcaldesa de la villa, Pilar Careaga. «Me dijo que no, porque todos los barrios tenían sus fiestas particulares». La respuesta, sin embargo, no amedrentó a Quico, quien hizo gala aquellos años de «su gran tesón» y del «exquisito tacto que le caracteriza», según cuenta una publicación de la guía de fiestas fechada en 1999.

«Las fiestas se han politizado»
En el año 73, no obstante, había logrado organizar, como relaciones públicas de El Corte Inglés, la Primera Semana del Deporte Rural Vasco. «Fue un éxito -recuerda-. Duró seis días y vinieron miles de personas, entre bilbaínos y los que no lo eran, que pudieron conocer estos deportes». Aquello sólo era un aperitivo. Tendría que esperar tres años, pero al fin, y bajo la alcaldía de José Luis Berasategui, al que Quico Mochales define como «un gran amigo», obtuvo luz verde para iniciar la popularización de las fiestas. Y así, el 1 de abril de 1978, se presentó el concurso de ideas, en colaboración con el Consistorio y dotado con un premio de 100.000 pesetas sufragadas por El Corte Inglés.
El cartel promocional de la época muestra a tres bilbaínos, dos de ellos pensativos y un tercero, exaltado, con la boina por los aires y gritando: «¡Idea!». El título del cartel reza: '¡Hagamos populares las fiestas de Bilbao!'. Las críticas hacia la campaña fueron duras y se dijo que era «una interesada promoción comercial». A pesar de ello, no lograron boicotear la propuesta. «Se presentaron 37 ideas -cuenta Quico desde Ibiza-. La ganadora tenía como nombre Txomin Barullo y proponía hacer las fiestas en las Siete Calles, por ser un punto de referencia de Bilbao».
El primer Certamen Pirotécnico de la villa llegaría en 1981, durante la IV Aste Nagusia. Después, por petición de la coordinadora de comparsas, los fuegos comenzaron a lanzarse todas las noches de las fiestas y, en 1982, el concurso ya tenía un suculento premio. «Nunca se habían visto en Bilbao unos fuegos artificiales de tal magnitud», escribió Quico en 1993 para el 15 aniversario de la Aste Nagusia.
Ha llovido mucho desde aquel concurso del 82, y más desde el agosto del 78 en que se creó la primera comisión de festejos. «Fueron las fiestas más bonitas y tranquilas. Ahora se han politizado», comenta. A pesar de ello, y a sus 81 años, Quico no se pierde una Semana Grande. No lo ha hecho ni un año desde que nació, allá por el 29. Ahora, asentado en el distrito de Abando, casado con Carmen, con tres hijos -Patricia, Marta y Enrique- y nietos, reconoce que disfruta del jolgorio de día, viendo algún concierto -le encanta la música clásica, el pop rock y, en concreto, Pasión Vega- y asistiendo al teatro. «En las primeras Aste Nagusia tampoco salía mucho por la noche. Al día siguiente trabajaba», agrega.

Bilbaíno de pro
De hecho, parece que Quico tiene un talento innato para las relaciones. Acudió al colegio de los Jesuitas en su infancia, cuando vivía en Hurtado de Amézaga, y decidió continuar sus estudios en Deusto. Se decantó por Derecho, pero ya apuntaba maneras. «Ya era relaciones públicas antes de serlo para El Corte Inglés», asegura Julio Alegría, dueño de la tienda Smith & Smith. «Ha sido una persona de la 'movida' de Bilbao. Es un buen tío y un buen amigo, muy asequible. Y un bilbaíno de pro».
Y como buen bilbaíno, Quico entró a formar parte de la comparsa Pimpilimpausa, donde conoció a Marino. «No solía ponerse la ropa amarilla de la comparsa. Era muy elegante. Hasta de sport iba de punta en blanco», cuenta. Pero el distintivo de la agrupación -una chapa con una mariposa- siempre lo llevaba consigo. «Todavía hoy, en fiestas, me la pongo colgando del cuello -confiesa Quico-, pero por dentro de la camisa». Y aunque acepta estos halagos sobre su estilo impecable, prefiere definirse de otra forma: «Dicen que soy gentleman y chirene. No sé cómo se compagina eso. Yo lo que soy es 'bilbaino' con acento en la 'a'».