Diarios (1999-2003)

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A la madura edad de 52 años, cuando uno empieza a fascinarse por el misterio borgiano que esconden los gatos, el crítico literario Iñaki Uriarte se puso a escribir un diario con el mismo pudor de un escritor primerizo. Fue rellenando cuartillas sin estar seguro de si aquellos pensamientos que le rondaban por la cabeza eran joyas que resistirían la erosión del tiempo o, más bien, abalorios de temporada. Caminando sobre ese estrecho alambre que separa lo sublime de lo superficial, no paró de recabar sus impresiones vitales durante varios años, hasta que decidió darlas a leer a algunas de las muchas personas que había conocido en su trayectoria profesional. Aquel manuscrito gustó mucho por su hondura y, ahora, la editorial Pepitas de calabaza ha decidido publicarlo bajo el título de Diarios (1999 -2003), un libro de evocadora portada, que se presentará el miércoles 9 de junio de 2010 a las 19,30 h. en la Casa del Libro de Bilbao (Alameda de Urquijo, 9).

Si se debe a Montaigne el honor de ser el primero en tomarse a sí mismo como materia de su obra, inaugurando un género intermedio entre la filosofía y la literatura, Iñaki Uriarte elige también este camino híbrido para debutar como autor en el mundo de las letras. Lo hace, como enseñó el ensayista francés, sin ínfulas, sin dictar cátedra, con una sinceridad que va calando en los huesos como un sirimiri norteño. Las páginas de este libro confesional recrean las contradicciones de un hombre de nuestro tiempo, tan cosmopolita como local, tan misántropo como sociable, tan ocioso como trabajador. Orgulloso de no haber pertenecido a esa raza homogénea de los asalariados, Iñaki Uriarte, sin más nómina que su voracidad lectora, se permite la libertad de reflexionar sobre infinidad de asuntos, públicos y privados, y sobre multitud de personajes, célebres y anónimos. Sus comentarios, envueltos en una saludable mezcla de ironía y comprensión hacia sus semejantes, cuestionan prejuicios con la lucidez de un forastero. Claro que de alguien nacido en New York, que es de San Sebastián, vive en Bilbao y veranea en Benidorm, sólo podía salir una visión alejada de mistificaciones políticas, sociológicas y literarias.

Estos retazos de una fructífera vida interior están marcados por un humor sano, descreído, entrañable. Sin esconderse detrás de las máscaras de la ficción, Iñaki Uriarte persigue el loable, y difícil, intento de dejar un agradable recuerdo de su persona a sus contemporáneos. Por eso, huye de cualquier tentación de grandilocuencia. Escribe como se escribían las cartas antes y los correos electrónicos ahora: sin retóricas, al grano. Hay una voluntad de sencillez en todo lo que dice y en cómo lo dice, una apología de encontrar siempre la frase más sencilla, la palabra más sencilla, a la búsqueda de que él denomina ‘el tono de época’ en el que se reconozcan los lectores. Es lo que intentó Pla y es lo que intenta Iñaki Uriarte. Él también ha preferido para expresarse el vuelo gallináceo de las confesiones de un diario a las grandes aventuras transoceánicas de una novela.

 


 

Anotaciones de un hombre libre

El donostiarra Iñaki Uriarte publica sus 'Diarios'

Ruth Pérez de Anucita - Martes, 13 de Julio de 2010

Donostia. "A Iñaki Uriarte me gustaba verlo como un gran lector, como un hombre muy inteligente y sensato ágrafo, un radical del silencio. Pero un día me sorprendió mandándome unos fragmentos del formidable diario que había estado escribiendo a lo largo de los años. Me pareció tan bueno lo que leí que aún no me he repuesto de la impresión. Le envidio porque es libre".

El hombre que se ha resistido a ser domesticado nació en Nueva York, reside en Bilbao y se siente de Donostia. La reflexión, tan contundente, de Enrique Vila Matas la provocó la lectura de una recopilación de notas escritas entre 1999 y 2003, reflexiones gobernadas por la sinceridad, la perplejidad y la confusión, bañadas siempre en perspicacia. El jueves presentará en su ciudad (Fnac, 19.00 horas) sus Diarios, publicado por Pepitas de Calabaza, que se anuncia como "la editorial con menos proyección que un cinexín".

Aparte de algunas notas familiares, la biografía de Uriarte no es pródiga en datos. Él lo resume así: "He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado en un coche. Fui amigo de alguien que murió asesinado y fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Sólo es cuestión de edad. Todo eso me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos".

Hablar solo Quizá por eso su tono se aleja de los diarios de Tolstoi. "Sus anotaciones dan la impresión de corresponder a un tipo amargado de quien nadie sospecharía que escribió una novela grandiosa como Guerra y Paz. Son como una pelea consigo mismo, a veces conmovedora, a veces irritante, a menudo incomprensible", describe.

Su estilo es franco y depurado. Establece las pautas en la primera página de su diario: "Pla dice que hay que escribir como se escribe una carta a la familia, pero con un poco más de cuidado. Aquí voy a hacerlo como si hasta las cartas fueran un alarde de retórica. Como si hablara solo".

El estilo, como suele ocurrir cuando la escritura es un empeño auténtico y no impostado, no es sólo un estilo, sino una postura deontológica. Uriarte comparte la observación de Nietzsche: "Se aprende antes a escribir con grandilocuencia que con sencillez. Ello incumbe a la moral. Es fácil señalar unos cuantos defectos morales que empujan a ser grandilocuente. El primero es la falta de aplicación. A quien escribe con descuido se le llena la página de expresiones que tal vez fueron elocuentes en su origen, pero que hoy son tópicos grandilocuentes. Otros enemigos de la escritura sencilla son la vanidad y el miedo. Quien escribe para publicar y ser leído tiende a adornar o proteger su pensamiento con grandes palabras. Y esto de las grandes palabras hay que entenderlo literalmente", desarrolla. Se apoya también en Valéry: "Entre dos palabras semejantes, escriba usted la más corta. Todo un precepto ético".

Esta franqueza se extiende también al contenido. "Sospecho que los pensadores se detienen en un momento determinado y dicen: Aquí me planto. De ahora en adelante defenderé esta idea, aunque estoy seguro de que podría pensar alguna otra cosa diferente, e incluso la contraria. Me resultan incomprensibles el aplomo y la seguridad de cualquiera que escriba un libro de ensayo". De hecho, explica, "en mis diarios no hay ninguna teoría sobre nada. No sabría hacerla, tal vez por aquello que dijo Machado de que nunca estaba más cerca de una cosa que cuando acababa de escribir lo contrario".

Horarios de minero Una de las intimidades que desvelan los diarios es que Uriarte nunca se ha sometido a la disciplina laboral, no al menos a una estructura rígida de horas interminables en una oficina. "Al no haber trabajado, se puede decir que he vivido ocho horas más al día. Por otro lado, está la impresión psicológica", añade y, por si acaso, cita a Séneca: "Es breve la vida de los atareados".

En Diarios, cuenta que una vez visitó al filósofo Fernando Savater en Madrid, "a hacerle una entrevista sobre las drogas". "Al terminarla, se me ocurrió pedirle que me detallara su horario cotidiano. Yo preguntaría eso a todo el mundo. Es lo que más me intriga de la gente, no lo que piensan o lo que desean, sino lo que hacen. No me basta con eso de yo trabajo en Iberduero o soy pintor", cuenta. "Para empezar, Savater se levantaba tempranísimo, aunque hubiera trasnochado. Luego ocupaba todo el día repartido por horas y medias horas en actividades diversas. De diez a once ensayo, de once a once y media poesía, luego tres cuartos de hora de escritura, más tarde media hora para preparar una clase, una hora de inglés, 45 minutos de novela... más o menos así todo el tiempo. Me despedí de él como quien se despide de un minero". ¿Existe el peligro de que cambie sus costumbres y se aplique un horario minero, tras su incursión literaria? "Eso es imposible. Yo soy un hipoactivo y creo que seguiré parecido. Lo que digo de Savater en el libro es una broma muy blanca"

La advertencia sobre la broma inofensiva no es casual. Porque Uriarte, con sus opiniones poco ortodoxas, que desafían las estructuras metales agarrotadas, incluida su afectuosa defensa de Benidorm, ha sufrido "paranoias en algunos momentos", preocupado por si habrá "molestado o herido a alguien". "Todos los días pienso en algún momento si no habré cometido una insensatez tremenda al mostrarme así en público, aunque la verdad es que el mío no es un diario muy íntimo, sino tirando a pudoroso", confiesa.

Seguir escribiendo Lo que hizo que venciera sus resistencias a la publicación fue una acción externa: la insistencia de amigos y editores. El motivo para escribir sin embargo fue interior, dibujar una escala propia del mundo: "Escribir para intentar circunscribir un mundo que, con la edad, se me va haciendo cada vez mayor. Cada día tengo la sensación de saber menos, de ver a menos gente y de entenderla peor, de que todo es más grande, lejano e incomprensible. Y de que cada vez tengo menos tiempo. De joven todo parece más pequeño, más explicable, más al alcance de la mano, aunque no sea inmediatamente. Por ejemplo, una novela es esa novela y no parte de la Historia de la Literatura, y de esa Historia que ahora sabes que nunca llegarás a abarcar y conocer en su totalidad. Un amigo es un amigo y no esa maraña inextricable y monótona en lo que se convierte más tarde. Te enamorabas y no había más chicas en el mundo. Luego es cuando te enteras de que hay millones".

Quizá porque permanece esa necesidad de explicarse el mundo o, al menos de verter su confusión, ha continuado escribiendo desde 2003. Lo que desconoce es cómo lo hará ahora que se ha publicado su primera parte. "No sé muy bien cómo seguiré anotando cosas. Lo que sí es que llevo un par de meses sin apuntar casi nada y experimento la sensación de que tengo a alguien mirando por encima del hombro a ver qué escribo. Y así es difícil seguir. Pero supongo que continuaré con los diarios. Y que conseguiré abstraerme de la galería y seguir con el mismo tono de siempre. Y si no, es muy fácil: tomaré la decisión de no publicar más".

No parece, en cualquier caso, que en verano vaya a tomar notas compulsivamente: "Hay poca literatura escrita en día de sol. Pocos libros te despejan el día. Lo más que hacen es proporcionarte un paraguas", asegura en sus Diarios. Y si no lo hace, tampoco es mala señal: "En los días mejores no tomo ninguna nota aquí. Y cuando lo he hecho, no he escrito más que tonterías. ¿Se puede expresar por escrito la felicidad?".

 


 

El vasco tranquilo

ENRIQUE VILA-MATAS EL PAIS 15/06/2010

Iñaki Uriarte se siente donostiarra, pero nació en Nueva York, vive en Bilbao y veranea en Benidorm. Pasó tres años del siglo pasado en una destartalada torre de Barcelona y en esos días solía encontrármelo en las tertulias del bar Astoria o en extrañas escenas -noches duras las de entonces- de bulla callejera. Buen fajador, correoso y metafísico. Especialista en frustrar a los engreídos, a todos los absurdos intelectuales altivos de la cultura española. Irónico, independiente, vecino en aquellos días de mi amiga Lola y también del guardameta N'Kono. Parecía escapado de Última novela mala de Macedonio Fernández: "Delgado, abundante cabello negrísimo, muy moreno, no perdonándonos ocultación de nada". Pero es que no le escondíamos nada. Era un perfecto ágrafo y así de feliz creíamos que seguiría siempre. Cuando marchó a Bilbao, dejé casi de verlo. Le llamaba de vez en cuando y, si citaba a Montaigne, confirmaba que seguía en plena forma: "Toda la gloria que pretendo de mi vida es haberla vivido tranquilo".

Me dio una seria sorpresa cuando, hará unos siete años, me envió fragmentos del diario personal en el que venía trabajando desde hacía una década. Me impresionó la altura literaria y descubrir el verdadero mundo del extraño vecino de N'Kono. Ahora se ha decidido a publicar Diarios (1999-2003) y lo ha hecho en Logroño, en Pepitas de Calabaza (los de Pepitas se anuncian así: "Una editorial con menos proyección que un cinexín"). En plena mudanza de casa, he reencontrado algunos de aquellos pasajes ya leídos: "Mudarse es más que viajar. Son días en que uno no está en su casa y tampoco tiene una a la que regresar".

Una voz inteligente, ligeramente sombreada por diaristas como Renard, Pla, Ribeyro, García Martín. No se corta nada a la hora de comentar lo que lee y escucha, o ha escuchado, o aquello que recuerda, o cree recordar. Fibroso y valiente. Habla con voz libre, quizás porque nada de lo escrito tenía previsto publicarlo. Prosa cargada de destellos que por momentos parecen el centro de su poética de orgulloso vago, nada maleante: "He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incendió mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado en un coche. Fui amigo de alguien que murió asesinado y que fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Solo es cuestión de edad. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos".

Por este fragmento y por su antigua afición al jaleo callejero, puede sospecharse que en el fondo el diarista ha conocido la agitación normal de una vida que alcanza ya los 64 años. Pero no. Está siempre en su casa con su mujer y su gato. Es un hombre tranquilo, propenso a la ironía y a la desconfianza: "Distinguen muy bien la novela seria de la popular, como esos que distinguen muy bien el erotismo de la pornografía".

Sus estados favoritos son la ociosidad y la libertad: "Otro acto mínimo que casi no es ni acto, de los que a mí me gustan: tomar el sol". Cuando era ágrafo, sus soleadas frases en el bar Astoria me descolocaban. En el libro, las mismas frases suenan distinto, simplemente van alumbrando su carácter y componiendo un sobrio autorretrato. "No seas perezoso. Algo hay de bueno en el consejo. (...) Pero en esa recomendación hay sobre todo un imperativo: domestícate".

Sus nada domesticados Diarios se leen por momentos con absoluto asombro, quizás porque son insubordinados y no respetan a nuestros distinguidos popes y mafias literarias. Páginas vascas, además, de recurrente temple sarcástico: "Ni abertzale, que me suena a burro, ni constitucionalista, que me suena a catedrático. De nuevo: tertium datur".

 

Otros enlaces :

http://conde-duque.blogspot.com/2010/06/diarios-de-inaki-uriarte.html

http://juan.urrutiaelejalde.org/los-diarios-de-inaki-uriarte

http://www.ellibrepensador.com/2010/07/15/inaki-uriarte-%C2%B7-diarios-1...

http://www.elimparcial.es/nacional/la-mirada-de-inaki-uriarte-68744.html

Enlace a la tertulia de Diarios (1999-2003)

Para escuchar :

http://www.blogseitb.com/pompasdepapel/2010/06/21/la-portentosa-vida-int...

 

 

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