De la verdadera historia "inventada" de los Tres Reyes Magos

La primera, y única referencia bíblica, a los Magos de Oriente aparece en el Evangelio de Mateo (2, 1-12), datado en el año 90, con muy pocos detalles sobre sus orígenes y sin especificar ni su número ni sus nombres.

Así que toda su hagiografía fue pergeñándose con el tiempo. En un principio su número era indeterminado, de dos a setenta según las fuentes y muy frecuentemente doce, hasta que en el siglo III, Orígenes estableció que habían sido tres atendiendo a que tres habían sido los regalos citados por Mateo, y Tertuliano decidió convertirlos en Reyes, cambiándoles el gorro frigio que les identificaba como magos persas (con el que siglos después todavía se seguía reprensándolos) por la corona latina.

El día 6 de enero, en el que los ritos paganos establecían la llegada de la luz del Tiempo Nuevo, fue elegido, en el siglo III, por las iglesias orientales para conmemorar la Epifanía, como día de la encarnación (nacimiento) de Jesús-Cristo. La iglesia occidental que, en el siglo IV, fijó el nacimiento de Jesucristo el 25 de diciembre, dio (ya en el siglo V) a la fiesta de la Epifanía el significado de presentación al mundo, a través de unos magos (astrónomos) sabios paganos venidos de oriente para adorarle. (En el 6 de enero, ahora capitalizado por la Adoración de los Reyes, también establece la tradición la celebración del bautismo de Jesús en el Jordán y su primer milagro en las bodas de Caná, convirtiendo el agua en vino.)

Sus nombres, dependiendo de las fuentes, también fueron variados, pero aquellos con los que han llegado hasta nuestros días: “Melchior, Gaspar y Balthassar", aparecen por vez primera en un mosaico bizantino datado en el siglo VI y localizado en San Apollinare Nuevo, Rávena.

 


Mosaico de San Apollinare Nuevo (Rávena) del siglo VI, donde se menciona
por primera vez los nombres actuales de los Tres Reyes Magos, todavía
vestidos con los ropajes que les identificaba como magos persas y todos blancos


Sus identidades y fisonomía fueron cambiando en función de las épocas y de los gustos particulares de cada uno de los artistas que los representaba, sin que hasta finales del siglo XV nadie pintara nunca un Rey Negro.

En el siglo XVI se implantó la identificación de los Tres Reyes Magos con los tres hijos de Noé - Sem, Cam y Jafet- que, según se creía en esos días, representaban a las tres partes del mundo y a las tres razas humanas que lo poblaban. Melchor pasó a ser el anciano de cabello y barba canos que simboliza a los hijos de Jafet, los europeos, que ofreció el oro; Gaspar, el maduro rubio y lampiño, representa a los semitas de Asia ofreciendo el incienso; y Baltasar, el joven negro y barbudo, personifica a los hijos de Cam, los africanos, ofreciendo la mirra.

El emplazamiento de la tumba de los Reyes Magos en la catedral de la ciudad alemana de Colonia, a donde llegaron sus supuestos restos en 1164, como fruto del expolio perpetrado en la iglesia de San Eustorgio de Milán -que en el siglo IX se había atribuido su posesión inventándose la donación de los mismos por el emperador Constantino de Constantinopla-es uno más de los avatares de esta su rocambolesca historia, que comenzó con la “localización” del sarcófago en el que estaban los tres juntitos en Saba (siglo IV) por Santa Elena, experta en recuperaciones, que también encontró la Santa Cruz en Jerusalén.

El carácter de fiesta infantil de la celebración de los Reyes Magos es relativamente reciente y tan sólo ha sido adoptado en unos pocos países latinos, España fundamentalmente, siendo el origen de esta dedicación la “necesidad” católica de competir con la tradición de San Nicolás, el conocido “obispo de los niños” de la iglesia oriental, luego trasformado en Santa Claus o Papá Noél, que ya estaba establecida en la Europa medieval del siglo IX.

Sus Majestades de Oriente no comenzaron a traer juguetes a los niños hasta mediados del siglo XIX, con anterioridad sus obsequios se limitaban a cosas relacionadas con las necesidades de la vida cotidiana antes que con el ocio, siendo aún mucho más reciente la costumbre de hacer regalos a los adultos.

Y la tradición de enviar cartas a los Reyes Magos, también copiada de las dirigidas a Santa Claus (por padres e hijos que escribían por separado para dar su versión del comportamiento de estos últimos) data del último cuarto del siglo XIX.