Marino Montero : "Agitador social"

"Bilbao fue un pequeño Nueva York en los setenta"

Un aire a caballo entre Séneca y los hijos de aquel mayo del 68 venido a menos cuarenta años después, confiere al protagonista de estas letras el don de la invisibilidad. Uno no sabe si va o viene, si está o no está, siempre en la segunda línea de batalla, en las trincheras. Ahora bien, si husmean la existencia de una fiesta en Bilbao, búsquenle. Seguro que le encuentran, ahí, en segunda fila.

¿Cómo se lleva que a uno le bauticen como agitador?

Bien, muy bien. Estoy encantado de que sea así. Algo de agitación hace falta siempre, en todos los órdenes de la vida.

Bilbao ha temblado bajo sus pies...

He vivido un Bilbao más golfo, más arriesgado que el de hoy. Y me gustaba más. La ciudad ha perdido el aire canalla de los años setenta. Ahora es una ciudad para enseñar, bonita, pero sin esa chispa de entonces.

¿A qué se debe el cambio?

Antes había otra predisposición, una sensación de carpe diem que se ha perdido.

¿Dónde?

¡Quien sabe! Ahora llega un puente y parece que la gente tiene la imperiosa necesidad de irse a Pernambuco, a donde sea. Hay mucha fachada. Igual se aburren como hongos pero hay que decir aquello de "yo he estado en..." Buscan más apariencia que disfrute.

¡Huyen de Bilbao!

A veces da esa sensación. La ciudad, insisto, está irreconocible. El Bilbao que yo quiero es el del poema Bilbao's Song de Bertold Brech; un Bilbao golfo que comenzó a derruirse con la muerte de la palanca. Era todo un símbolo.

También lo fue el Boulevard...

¡Ni lo mencione!

¿Tanto duele?

A mí si. Es una parte de mí, de mi vida. A veces tengo la misma sensación que los amputados: percibo un miembro que me falta. Pienso en qué hacer allí sin darme cuenta que ya no está.

¿Hubiese preferido acaso el cierre del Museo Guggenheim?

Yo sí, pero claro, soy parte interesada. En mi escala de valores, el Boulevard era más importante que el museo.

Nos acerca a la ruta de las grandes ciudades, a Nueva York...

Bilbao ya fue un pequeño Nueva York en los años setenta. Había un espíritu cosmopolita, unas ganas enormes de hacer cosas nuevas, de sentirse vivos.

¿Dónde le encuentro si le busco fuera de su ruta habitual?

Me gustan muchos rincones, pero tengo querencia hacia las grapas: los ascensores y el funicular de la villa.

¡Un viaje a los cielos de Artxanda!

A veces lo cojo sólo por el placer de subir. Algunas de mis mejores amigas las he conocido en ese trayecto, cuando subía sólo por el placer de hacerlo. También tengo predilección por el quiosco del Arenal, pero me temo que está perdiendo identidad.

Habla desde el desencanto...

Soy hijo de un Bilbao no para enseñarlo, sino para vivirlo. Ahora todo está más apagado.

Son otros tiempos...

Habrá que preguntar quién los ha traído.

¿Quien los ha traído?

Un poco entre todos, pero no se puede desdeñar la responsabilidad de los políticos, tienen mayores márgenes de maniobra. Tenían un Bilbao de tesoro y lo han perdido.

El protagonista

· Edad. Nació en 1952 y tiene, por ahora, 56 años pactados con el diablo.

· Lugar de nacimiento. Bilbao.

· Carrera profesional. Trabajó en la Seguridad Social antes de dedicarse a la 'agitación social'. Convertido en uno de los dinamizadores de la vida bilbaina, participó en la creación de la Aste Nagusia y trabajó organizando fiestas infantiles. Desde el Café Iruña, La Granja y el Boulevard (q.e.p.d.) se ha labrado fama de hombre dispuesto a todo.

Jon Mugika DEIA