Poesía sola, pura premonición

 


 

 

Vaya por delante que suelo rehuir los libros extensos de poesía, no por el tópico cierto de que en ellos es difícil mantener la regularidad de una altura expresiva, sino porque la extensión exige al lector esfuerzos que sólo el lector fiel está dispuesto a tomar. Yo soy leyente de Kepa Murua desde uno de sus primeros libros Cavando la tierra con tus sueños, hasta el penúltimo No es nada.
Muchos son 630 poemas de múltiple faceta y extensión en las 541 páginas de Poesía sola..., para que las palabras no bailen en los ojos como autómatas dados cuerda por una mano que los deja luego en movimiento. Así, con esta cuenta, la periodicidad de la lectura tenía que ser interrumpida como la falta de música detiene al danzante. Dejar y tomar, era el ritmo que imponía este libro; pulso, por cierto, obligado en la lectura de cualquier poemario.
En alguna otra reseña he comentado que la poesía es un producto natural para Murua; autor, que yo sepa, que no aparece en ninguna de las numerosas antologías que se editan en el gloriapatri del templo poético lleno de hornacinas donde se colocan nombres según criterios de clasificación diversa. Invisibilidad motivada no sé si por deseo propio o por decisión de antólogos.
La miel es el resultado de la maduración del néctar de las flores de las abejas; la poesía para algunos también. Con esto no quiero decir que la poesía que me ocupa sea dulce y empalagosa, nada más alejado de la poética de este autor. Al contrario, cada vez más desnuda, viste fantasmas, significados extraños con ella vienen de unos límites donde no existe la correspondencia posible entre los hechos del mundo y la estructura de la lengua, de esta manera el resultado es una nueva luz que escapa a la lógica y llega hasta los límites que se sienten. Un médium, el poeta los descubre corpóreos con la vestidura longitudinal de la escritura sin estar ante un hombre dedicado a desempeñar un misterio elevado, no estamos ante un "sacerdote", sino ante alguien que busca prosaicas esquinas, horas extrañas para que se le aparezca lo que nadie ve "Levantarme a por un vaso de agua/ y quedarme un rato a ver/ lo que nadie ve en penumbra." Sencillos los lugares donde la poesía aparece, pero alejada del prosaísmo, de la llaneza de la expresión y la vulgaridad del concepto.
No es poesía fácil de leer, hay sentidos recónditos que no se desvelan en primera lectura. El significado de una proposición abierta por la lectura lenta admite distintas interpretaciones, vislumbrados enigmas que no logramos descifrar por entero nunca hasta que los abandonamos para dar paso a lo que nos sugieren desde nuestro punto de vista. La exposición de estos poemas es clara, sin embargo no es obvia, lo que se dice en rigurosa literalidad en numerosas ocasiones queda oculto.
Tampoco se puede decir que la musicalidad esté ausente en estos poemas, sólo que queda en sordina, disminuida por la idea y el mensaje recibido; por ejemplo, la dualidad olvido-mentira es un émbolo que mueve alternativamente una maquinaria en el interior del cuerpo del poema. Kepa Murua escribe con palabras claras lo que es oscuro. El nombre que da a la oscuridad es poema con curvas y recovecos que dibuja el entendimiento para descifrarse, pero sin ornamentación, con enlaces y combinaciones de palabras sinuosas que crean potentes y plásticas imágenes, como la unión de dos palabras excluyentes que forman una paradoja para dar un sentido deslumbrante al verso "Pero nadie quiere llevarse de recuerdo al olvido."
Parafraseando a Ortega y Gasset podría decir que la poesía robusta se nutre de dudas. La duda lúcida se expresa exenta de maraña, descarnadamente el poema roe el hueso de la aporía.
Poesía sola, pura premonición es El gran cuaderno, así es el título de un poema (pág.81), de un hombre atento que vela y se acecha en una reflexión muchas veces críptica, y que tiende y atestigua la intemperie, la mutación de la ola en sequía, el desierto en humedad. Leyéndolo imploraba el hilo de Ariadna para que me sacase del laberinto, pero cuando un hilo se convierte en muchos hilos el laberinto no tiene salida. ¿Salida?¿Es necesario salir de la encrucijada de la vida? No. Somos humanos porque tenemos el don de convertir las cosas en problemas. Necesitaba otros ojos para seguir leyendo este libro, su autor me lo decía "Observa como comienza/ a llenar de silencios tu mente." Al principio de esta resección he hablado de flores, ahora hablaré de la espora, ese corpúsculo reproductor de las plantas, para traer a la mente los versos que dicen una cosa sabiendo que pueden decir otra. ¿Qué es sino este el germen creativo fundamental de este género que se llama poesía? ¿Qué son estos versos sino dudas de las que se hacen sentencias que corroen la solidez, la seguridad?
Pero hay otros poemas, como Pleitesía (pág.100) donde todo se torna claro y luminoso en la afirmación de lo que debe ser. Nos encontramos también con poemas donde el autor reflexiona sobre la palabra del poeta "Destino pobre/ de quien vive entre palabras/ sin oler su propio aliento." De repente el hermetismo predominante se trueca en decir de luz clásica "Quiero que a mis manos" (pág.142), aquí vuelve la anáfora, figura retórica muy utilizada en este libro, para confirmar con su repetición metáforas de la naturaleza donde el deseo equilibrado y ponderado del Locus amoenus se transparenta.
La duda, he dicho antes que es motivadora del acto creativo; el miedo, también. Este sentimiento de angustia ante la proximidad del algún daño real o imaginario está muy presente. Descrito como visto con el microscopio, adquiere la relevancia de lo que no tiene medida. Vivido, el miedo, el poema es su voz.
Los rastros que la realidad deja en el poeta están en su obra, fundamentalmente en los titulados "Autorretrato", rastros que quedan soterrados bajo una densa estratificación de palabras trabajadas durante años en el rincón del artesano paciente.
Creo que puede clasificarse de poesía difícil la de Poesía sola..., no obstante quien se acerque a ella no necesitará acudir al diccionario en ningún momento. La dificultad es de otra naturaleza, la del enigma que no se abre, la de la secreta convención sin clave. Queda releerla, convertirla en partícula, porción, esquirla, hasta que el significado original no importe, sino el que el lector le imponga. Por esto, Kepa Murua no escribe para el reclamo cómodo que allana y suaviza la comunicación, no busca atajos para la fragosidad del existir y su decir. Las palabras cuando son muchas se arremolinan en la cabeza hasta perder su sentido. Creo que es el peligro, a mí me ocurre, de los libros extensos del género lírico. Lo contrario es una poesía dotada de longitud, que tiene dirección y sentido; finalidad razón de ser que la larga línea puede tener tanto como el segmento, y Poesía sola... en ningún momento va a la deriva.

 

Félix Martínez Aristín

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