A lo largo del viaje

 


 

 

 

La UPV edita la obra completa del poeta Javier de Bengoechea
'A lo largo del viaje' incluye tres poemarios inéditos escritos en los últimos 30 años

EVA LARRAURI - Bilbao - 18/01/2007 EL PAIS

Después de más de 40 años sin que la poesía de Javier de Bengoechea fuese publicada, salvo un libro dedicado en 1994 a la pintura, otra de sus grandes pasiones, la Universidad del País Vasco (UPV) ha reunido en el volumen A lo largo del viaje su obra completa, recopilada por el escritor José Fernández de la Sota. Tres poemarios, escritos en las últimas tres décadas, se hallaban inéditos. "Es el más importante poeta vasco vivo en castellano", recalca Fernández de la Sota.

José Fernández de la Sota resalta que la poesía de Javier de Bengoechea (Bilbao, 1919) es melancólica e irónica y que sus libros han conseguido a la vez alcanzar la levedad y la hondura. El poeta responde que la melancolía forma parte del carácter de "casi toda la poesía" y, haciendo gala de una elegante ironía, añade que "puede que haya en ello algo de pose" de "un fracasado social".

De la Sota se suma a los críticos que consideran a Bengoechea el más importante poeta vasco vivo en castellano. Pertenece, añade, al grupo de la mejor poesía vasca de posguerra junto a Blas de Otero, Gabriel Celaya, Gabriel Aresti y Ángela Figuera.

Abogado de profesión, amigo de Otero, ex director del Museo de Bellas Artes de Bilbao y crítico taurino, Bengoechea consiguió el reconocimiento con sus dos primeros libros, que vieron la luz en la primera mitad de la década de los 50. Con Habitada claridad, logró el accésit del Premio Adonais en 1950. Hombre en forma de elegía ganó ese mismo galardón cinco años más tarde. "El mundo siguió girando lo mismo que antes de conseguir el premio. Solamente las revistas especializadas me pidieron colaboraciones", recuerda Bengoechea en el prólogo del volumen.

En 1959 publicó Fiesta nacional y después llegó una larga etapa de silencio. Nunca dejo de escribir poesía, pero no quiso que fuese editada. La vanidad nunca ha rozado a Bengoechea, asegura De la Sota, y prefirió retirarse ante el auge de la poesía social. Bengoechea lo explicó en un poema: "Yo deje de escribir por si alguien me leía. / El deber era hacerlo para todos y a gritos". Ahora parece recordarlo sin amargura: "La poesía social era heroica en aquellos tiempos. La sinceridad era vista con recelo. Yo sentía la causa, pero no la forma de hacer poesía".

Fernández de la Sota ha sumado en su trabajo a los cuatro libros publicados por Bengoechea otros tres poemarios inéditos que llegan hasta sus escritos más recientes: Pastiches, divertimentos y otras melancolías (1974-1994), Del corazón y sus asuntos (1978-2005) y Hojas sueltas (1979-2005).
 

Adiós al poeta irónico y modesto
Muere el escritor Javier de Bengoechea, que fue también director del Museo de Bilbao y crítico taurino
 
ELENA SIERRA Bilbao 15-04-2009 EL CORREO
 
Miguel de Unamuno, Blas de Otero, Gabriel Aresti, Ángela Figuera y Javier de Bengoechea. Ese era, y será para siempre, el quinteto de grandes poetas bilbaínos. El último de ellos, que estaba considerado por muchos el mejor poeta vasco vivo en lengua castellana, murió el domingo en Neguri. Nacido en Bilbao el 20 de agosto de 1919, abogado de profesión y amante de las letras, la pintura y los toros, Bengoechea reunió en sus versos todos estos amores. Prueba de ello dan sus obras completas, editadas por la Universidad del País Vasco bajo el título de 'A lo largo del viaje' hace tres años y que contenían sus últimos tres poemarios, hasta entonces inéditos.
No es extraño que tardara tanto en publicarse la poesía completa de Javier de Bengoechea y Niebla. Hasta ese 2006 de su puesta bajo los focos de nuevo (y durante cuya presentación apenas habló, prefirió que fueran otros los que lo hicieran) había estado 40 años alejado del circuito editorial. No es algo tan raro por estas latitudes, pero extraña siempre que se hace de forma voluntaria y cuando la calidad de la obra está demostrada. Porque el poeta había ganado en 1950 un accésit del Premio Adonais y, cinco años después, el premio mismo con 'Hombre en forma de elegía'. En 1959 fue finalista del Boscán con 'Fiesta nacional'. Se codeó con Celaya y Otero y hasta llegaron a confundir sus estilos.
Pero lo suyo no era la poesía social y él lo entendió enseguida. «Yo admiraba esa poesía comprometida, sobre todo porque en aquellos tiempos nadie se atrevía a decir algunas cosas, pero no la escribía», recordaba al presentar su poesía completa. Se retiró, no sin ironía (que no le faltó ni cuando rondaba los 90 años). La guerra, las plazas de toros, la lengua, la religión, eran parte de sus temas, y era otra cosa lo que se pedía y lo que estaba bien visto.
Se guardó sus poemas y sólo reapareció para publicar un libro sobre pintura en 1994. Los cuadros eran su pasión. No en vano fue director del Museo de Bellas Artes de Bilbao desde 1973 y hasta la Transición, cuando fue destituido de repente (y de nuevo se fue sin hacer ruido). Antes, había tenido mucho que ver en el desarrollo de la pinacoteca; fue uno de los jóvenes de la burguesía vizcaína que apoyaron la Sala Stvdio, aquella que en el Bilbao de la posguerra se dedicaba a traer a la Villa la obra de autores de vanguardia.
Los toros fueron su otra debilidad y a ella dedicó su pluma bajo el seudónimo Tabaco y Oro, con el que firmó sus críticas en EL CORREO en los años ochenta.
Irónico, melancólico y modesto, ha abandonado ya lo que él mismo llamó «el largo camino».

 

Añadir nuevo comentario