Vacilación

 

 

 

Vacilación. José Fernández de la Sota o el poeta que camina sin vacilar en la escritura

Estel Juliá

El hotel Graben, fundado en 1918, está situado en la Doroheergasse, junto a la catedral de san Esteban, en el centro de Viena. En ese hotel se alojaban Franz Kafka y su amigo Max Brod cuando visitaban la ciudad. La zona del Graben está llena de tiendas de antigüedades.

Podemos decir que el nuevo poemario de José Fernández de la Sota transcurre en una de las habitaciones de ese emblemático hotel, desde el que podemos establecer paralelismos con algunas de las obras de Kafka: La condena (escrita durante una sola noche), allí podemos deambular en la vigilia de los recuerdos de Kafka, escritor bohemio, enfermizo y dubitativo en extremo.

Bassarai nos deja encima de la mesa una obra en la que se hace necesario establecer un marco de referencia. Obliga al lector a explorar, no sólo la obra de José Fernández de la Sota, sino además la obra de Kafka, sus lugares y sus vivencias.

Así se plantea Vacilación, el último poemario publicado de un poeta que camina sin temores definiendo claramente su itinerario poético.

Gran Hotel Viena

Vacilación es ese hotel que respira las calles de Viena y también implícitamente es el barrio judío de la Praga de Kafka. Es un continuo, que debe ser leído con calma, y para los adeptos a Kafka, en alternancia con sus diarios.

A la luz de los recuerdos, Fernández de la Sota nos trasporta a los momentos prenatales de un Kafka sumido en el conflicto, en la duda, incluso antes de nacer. Es lo que él mismo definió como vacilación prenatal y cuya referencia podemos encontrar en sus diarios.

El autor de Vacilación también nos da las pistas de la evolución de su propia escritura, en la que ha realizado una metamorfosis. Si realizamos una retrospectiva de su obra, observamos en ella los esquemas tradicionales, donde predomina el verso largo explícito y rimado, con dominio del soneto en algunos casos (Todos Los Santos. José Fernández de la Sota. Ediciones Hiperión. 1997 Primer Premio de Poesía Antonio Machado en Baeza). Esta transformación le lleva a caminar sin vacilación hacia un verso más corto, críptico y sin rima que discurre hacia un esencialismo poético; en él, el autor se confirma como un maestro de figuras literarias y estilísticas como la anáfora, la aliteración o la elipsis, entre otras, y en las que parece recrearse a lo largo de todo el poemario.

Vista nocturna de Praga

De la Sota genera en este poemario una estructura de bucle que en su transcurso retoma los referentes kafkianos y les incorpora sus propias creencias poéticas, alejadas de lo que fueron los esquemas primigenios de su obra. El bilbaíno parece que no renuncia a la voz poética que halla en el Graben su alojamiento en los últimos tiempos.

El poemario se divide en tres partes cuyo punto de partida es el asfalto de cualquier ciudad, Bilbao, Madrid o Viena. El autor nos contextualiza al personaje para hilvanar la atmósfera de la nada, la angustia al ubicarnos en el cigoto primigenio desde donde se cuestiona, nos cuestiona. Crea un discurso que parece no tener solución de continuidad y nos enfrenta en algunos momentos al comienzo de la vida misma o a cuestiones tales como ¿quién daría la vida por su vida?, delimitando un contexto real, posible y actual en el que se intuyen las raíces del propio autor.

Se presiente el deambular de Franz, que pasa casi desapercibido entre los versos de Fernández de la Sota, como un canto contra la predestinación, donde hay momentos en los que deja en manos del lector el futuro del mismo poemario.

Kafka y hermanos

La niebla se disipa según avanzamos, y de nuevo en el Graben se vislumbra la segunda parte, que esboza la figura del padre de Franz y de Felice Bauer, mujer con la que estuvo comprometido en dos ocasiones y nunca llegó a materializar una vida en común, precisamente por la vacilación constante en la que siempre estuvo inmerso.

El padre es retratado por Fernández de la Sota como un ser intransigente e inamovible que sitúa al hijo en un profundo agujero, en la arena.

Se percibe el recuerdo del lugar de trabajo, la infancia, la Praga mágica (según nos la relató Angelo Maria Ripellino) que transmite la fuerza invisible del crisol de culturas que fue. En este estadio todo es posible, incluso la certeza de lo que sucede.

Entre sueños del pasado, el autor de Vacilación, interroga a Franz, le pide que nos relate el transcurrir de sus días en el tiempo en los locales de moda como El Continental o el cabaret Lucerna, las tertulias literarias en las que aparece el hombre oprimido por el mismo cuello de su camisa de regreso a casa.

Como si de un cuaderno de viaje se tratara, el autor apoya sus sienes en el cristal del pasado. Dentro del tren, Franz llega a la ciudad de Berlín, al hotel, a la pequeña habitación sin vistas, donde un hombre se convierte en su propio juez y se hace preso de la duda más absoluta y allí, en el tormento, un padre todopoderoso le acusa de ser el árbol torcido y lo condena a permanecer en el hoyo más profundo.

Péndulo de Focault

La debilidad se apodera de la escritura. La debilidad de los pulmones de Franz, hombre enjuto y sin energía, corazón encorsetado donde los versos toman la forma de casi aforismos, como vómitos de vida en medio de la enfermedad. Desde el Sanatorio en la recta final, la imagen de la ventana; tras ella, lo peor, aunque Fernández de la Sota sabe muy bien dónde se halla el camino.

Allí se encuentra la tercera parte de este poemario que es como un balanceo, como el movimiento definitivo del péndulo de Focault, metáfora del transcurrir del tiempo.

Los ojos por fin se abren para definir en los versos del autor lo previsible en cualquier ciudad. La vacilación sigue y la sentencia, como perro (término relacionado con la psique de Kafka según la obra Kafka. Los años de las decisiones de Reiner Stach) de nuevo en el Graben.

La nieve, una avenida cualquiera, el traje negro de Franz, los insectos y el paso del cometa que nos hace desviar la mirada a un pasado que es como el ahora.

También están presentes las últimas amantes: Felice, Greta, Milena y Dora, la última mujer que acompañó a Franz hasta la última estación. El recuerdo del trabajo y el día a día en las noches de insomnio, el cansancio o la muerte en un vientre, como un homenaje al hijo que murió como el soldado desconocido. Es entonces cuando sobreviene la ausencia, la nada, el vacío, el olvido.

Kafka y su mujer

La asfixia del no ser es en Fernández de la Sota la poética de lo no escrito, la duda en cada verso como una resurrección, como una traición que de nuevo nos hace volver sobre nuestros pasos en el transcurrir de cada página y nos describe el recorrido inverso: la condena en un hotel de Berlín, Felice, el agua como representación de la vida, la mariposa en el valle de la muerte, la ciudad invisible entre sus versos, el padre, el viaje a la ceniza, la misma muerte de Kafka antes del exterminio de sus hermanas y finalmente el regreso de la carne, la resurrección en ese ir y venir que amenaza volver algún día en un nuevo comienzo.

Algunas referencias

Vacilación. José Fernández de la Sota. Bassarai (2009).

Franz Kafka. Diarios (1910-1913). Traducción de Feliu Formosa. Editorial Bruguera. (1984).

Kafka los años de las decisiones. Reiner Stach. Siglo XXI Editores. (2003).

El otro proceso de Kafka. Elias Canetti. Alianza Editorial. (1995).

 

 

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