Nuestro hombre

Un hombre negro llegó a la casa blanca. Hablaba como un santo como un redentor. Se reunió con los hombres poderosos del pentágono e incluso con los del octógono para hacerse con la situación. Ansiaba llegar a una situación ideal, es decir, a una suerte de cuadratura del círculo después de tantas elipses y rombos del pasado. Sin duda era nuestro hombre. Mi amigo Platero y yo concluimos que era el hombre negro que tenía el arma blanca. Todavía.

 

 Jon Rosáenz