Orgullo zombie

El día que morí, acepté lo que durante toda mi vida me había estado negando a mí mismo. Aquella mañana, allí, tumbado en la camilla, desnudo y apenas cubierto por una sábana, me pareció que ya estaba bien de fingir. Y es que por algo durante mi infancia mi padre decía de mí que yo era la loca de la casa. El celador era guapísimo, moreno de pelo rizado, esbelto, ojos oscuros y piel aceitunada; me pareció un auténtico príncipe árabe. Mientras me ataba una etiqueta con mi nombre en el dedo gordo del pie, aproveché para echarle un vistazo a su espléndido trasero; casi sin pensarlo le di una buena cachetada en la nalga izquierda. ¡Qué dura y musculosa! Qué bueno estabael chulazo aquel y cómo me gustó, en especial la parte interna de los muslos, tan tierna y jugosa. Sin embargo, no sé, sus sesos los encontré un poco insípidos. No me ocurrió los mismo con el doctor Fuensanta, el forense. Cuando acudió en socorro del celador, lo inmovilicé de un bocado en el cuello. El hombre, aunque cuarentón, era de los de carnes prietas y tipo oso, muy peludo. Al principio, me echó un poco para atrás aquella piel hirsuta, sobre todo después de haber degustado el cuerpo depilado del otro, pero probé y me di cuenta de que sus pechos carnosos estaban divinos; además se notaba que el hombre tenía estudios. El haber hecho una carrera universitaria le daba un gusto especial a su cerebro, así como dulzón con un toque de marrasquino. Los sesos de los médicos siempre saben de esa manera. Aquello fue un descubrimiento fascinante; gracias a él mi carrera como cocinero progresó de una forma que jamás hubiese creído posible. Desde el día que morí he probado sesos de muchas carreras y profesiones hasta llegar a la conclusión de que ningunos tan deliciososo como los de los ingenieros. Sin duda, los mejores. Están como macerados en licor de fresas con un punto ácido muy leve de vinagre de Módena. Si el ingeniero tiene unos kilos de más y se acompañan los sesos con una guarnición cruda y sangrante de cinturilla, resulta un manjar divino. Ayer presenté mi libro de recetas “Cocina zombie y gay”; está siendo un éxito de ventas de la muerte en las zonas de ambiente del cementerio de la Almudena, tanto que mañana mismo me entrevistan en Tele 5. Tendré que preparar algo en directo con un político de la oposición, todo un reto porque su carne suele ser demasiado correosa y su cerebro tiene un sabor deplorable y halitósico. Afortunadamente me entrevistará Jesús Vázquez. ¡Ay!, a ése ya sé dónde le voy a morder.
 

Roberto Sánchez