Fragmentos del diario de Anselmo García Trilce ayudante de redactor de sociedad de rotativo La mañana

 

Lunes 18 de Octubre de 2010

Por fin se me escucha. Hoy tras entregar el horóscopo, las efemérides y los aniversarios, me llama el Redactor Jefe, gordo como un marrano y me suelta: “Trilce, el consejo de Redacción ha tenido a bien aceptar su solicitud de cambio de puesto y hemos decidido pasarle a la redacción de Sociedad como adjunto de Germán Méndez. Hemos tenido en cuenta sus meritos y su aplicación en todas las tareas encomendadas. De momento no se han autorizado aumentos retributivos, pero todo se andará Trilce, todo se andará. Yo creo que es para estar agradecido. De momento diríjase al despacho de Germán que creo le tiene preparado un reportaje de la máxima actualidad. Vaya, pues”. Me lo soltó todo del tirón, como si tuviera que tomarse un jarabe repulsivo o comerse un gusano baboso.

Soy rastrero, con tal de escapar de los horóscopos me sentía capaz de cualquier cosa, hasta de dar un abrazo al marrano sudado ese y vaya que se lo di, le dejé el hígado como fuagrás. Me faltó un mohín cariñoso de su boquita rosada para estamparle un beso ruidoso en plena mejilla. Soy rastrero, lo confieso.

Méndez me ha asignado un reportaje en una cacería en Palencia. Dice que es una crónica de sociedad de una familia muy poderosa de la zona que están a la greña entre ellos. Son dueños de una fábrica de galletas de esas de toda la vida, Gontra. Méndez me ha dado un dossier completo, las llaves de un coche de alquiler, una reserva de un hotel en Cervera, seiscientos euros y una palmada animosa. En el periódico siempre han sido cutres en esto del parné.

Miércoles 20 de Octubre 2010

La cacería es este fin de semana y he estado haciendo averiguaciones por internet y parece que se va a cazar jabalís. He decidido participar personalmente, voy a cazar jabalís, qué coño. Me he comprado una escopeta, cartuchos y todo el pertrecho necesario, parezco Indiana Jones. Le he comentado a Méndez mi intención y lejos de felicitarme me ha mirado como a un duende verdoso. Me ha conseguido una invitación oficial y un puesto cercano a la familia, así me enteraré de todos las broncas desde dentro.

Me he acordado de mi amigo Sisenando que es cazador avezado y le he llamado para que me de un curso acelerado de caza de jabalís montañeses. Se ha reído por teléfono y me ha llamado insensato. Hemos quedado en Santa Ana a tomarnos unas birras que llevará información.

Jueves 21 de Octubre de 2010

De la charla con Sisen, solo saqué una resaca fenomenal y algunos papeles de cómo disparar un escopeta, donde apuntar a un jabalí y como huir en caso de peligro. Le he dicho a Méndez que me tomaba el día libre para practicar con la escopeta y me he apuntado a un curso de tiro en la Casa de Campo que me ha costado un riñón (espero que este reportaje me de ayude a recuperar todo lo que estoy invirtiendo. He tenido que pedirles a mis viejos ochocientos euros a cuenta).

El monitor resultó ser uno de los tertulianos del tomate y mis compañeros un grupo de ociosos rentistas, terratenientes rústicos y productores de musical. Todos ellos manejaban la escopeta con pericia menos yo que en las dos horas que duró el entrenamiento no atiné con la diana en forma de pieza de caza. Al menos aprendí como sujetar el arma y como giñar el ojo. No haré el ridículo, eso seguro.

Viernes 22 de Octubre de 2010

A las 11 de la mañana salía de mi casa hecho un brazo de mar o quizá de bosque debiera decir. Hasta mi madre me lo subrayó, mientras engullía ya uniformado la colación matinal que ella generosamente me regalaba cada día. Está próximo el cumpleaños de mi vieja del alma, este año no me puedo olvidar de comprarle algo bonito, aunque solo sea por sus tapers, la colada y la plancha…

Paré en Lerma y me despaché un cuarto de lechazo en un conocido mesón de cazadores donde recabé información sobre trucos y posturas.
A media tarde me registré en un hotel más bien mediocre de Cervera (cutrez, cutrez y cutrez…). No conocía la montaña palentina y debo reconocer que me impresionó la belleza salvaje, virgen de aquellos riscos. Hacia un frio intenso de olor a vainilla cuando me dirigía ya sin sol a la casona de los Gontra. No me gusta el frio, no me gusta nada.

Me recibió Maria Isabel Garcia la presidenta de Gontra, esposa del fundador de la saga, enfundada en un traje de chaqueta impecable en tonos cobrizos. Me agradeció mi asistencia y me aseguró que la cacería supondría la reconciliación familiar y la entronización social de Gontra como la empresa que siempre fue. Aparentaba ser enérgica, convincente y amable, de esas personas que no les gusta recibir una negativa. Eso me pareció. Y el discurso sugería haber sido sopesado y calculado. Eso me pareció. Le acompañaba el Director General Luis Javier Ruiz Guerra, el germen de la discordia. Eche en falta a los hijos, principalmente a Carlos, heredero de la empresa. Alguien dijo que estaban coordinando a los ojeadores.

Nos sirvieron un cóctel a todos los que participaríamos en la cacería pero los canapés resultaron escasos y exiguos. Estaba rodeado de empresarios, políticos y gente guapa. Llevaba un grabador en el bolsillo de la chaqueta pero olvidé ponerle cinta así que no me sirvió de gran cosa y además el mejunje que sirvieron, dulce como el almíbar me embotó la cabeza y no recuerdo casi nada de los secretos que sonsaqué a toda esa gente.

Sábado 23 de Octubre de 2010

A las cinco de la mañana ya estaba desayunando y preparado para abatir todos los jabalís de la región. Debo reconocer que mi exclusivo atuendo cinegético causó sensación ya desde buena mañana.

Confirmé compartiendo café con un primo de los Gontra que la matriarca había sido deslumbrada por las artes empresariales de Ruiz Guerra y se atrevió a relegar a Carlos a un segundo plano. Es cierto que los resultados de la empresa le respaldaban y habría que añadir que le blindaban (aseguraban que cinco millones de euros lo hacían). Admitió que los hijos de Maria Isabel con Carlos a la cabeza se plantearon deshabilitarla legalmente (decían que chocheaba), celebraron un consejo de administración sin ella ante notario y se nombró presidente a Carlos en su lugar. Luego la vieja anuló todo. Tiene mucho carácter. Esta vez sí pude grabarlo todo.

Después de unas sopas de ajo, sangrecilla, riñones y aguardiente, nos acomodamos en unos todo terreno y cada uno se instaló en su puesto y empezó el ojeo. Una locura, gritos, ruidos, gente disparando. Alcancé ver cuatro o cinco marranos, disparé dos veces y solo acerté dos robles.

A mi derecha disparaba como un descosido el Director blindado. Nos trajeron a media mañana unos bocadillos de ternera y vino y paramos para comer. Ruiz Guerra me confesó que Carlos le echó de un día para otro y que cambió la cerradura y no pudo entrar en su despacho. Me puso a la vieja por las nubes, su carácter, su inteligencia. Me dijo que después del motín de los hijos, la matriarca celebró otro Consejo de Administración que revocó todo lo del anterior pero como su llave no podía abrir la puerta de las oficinas de la empresa , lo celebró en su coche con notario y todo, todo un carácter. No admitió lo de los cinco millones. También lo grave todo. Aprendo rápido.

Después del almuerzo mas jabalís, menos disparos y hasta una cabezadita. Me desperté sobresaltado. Gritos a mi derecha, el sol casi en el horizonte y las sombras cubriendo casi por completo los puestos. Un grupo de ojeadores y algún que otro cazador atendían a alguien. Me acerqué timorato y resultó ser Ruiz Guerra el que estaba siendo atendido. Llegó lo que parecía ser un medico con una escopeta en ristre, y se abalanzó sobre él y comenzó a hacerle maniobras de reanimación sin signos de éxito. Llegó algo parecido a un militar, también cazador y nos desalojó de allí.

Silencio en la casona. Silencio en mi hotelucho.

Domingo 24 de Octubre de 2010

Me llamaron temprano para anunciarme algo que yo ya me veía venir, se suspendía la cacería y nos recomendaban regresar sin pasar por la casona.

Yo, de vocación periodística acusada, no obedecí y pululé por los alrededores para averiguar todo lo posible. Y pude bien poco. Ruiz Guerra había fallecido de un accidente con un jabalí. Parece ser que hirió al bicho de un disparo no muy atinado, éste se revolvió le envistió y le rompió el cuello. Se encontró el cuerpo del marrano un poco más allá con un tiro en el pecho.

Permanecí en Cervera hasta la puesta del sol pero nada nuevo supe tan solo que se esperaba a un inspector vasco muy perspicaz, un tal Alberto Fernandez….

 

Joseba Molinero