Acta febrero 2011

 

OBRA: BARTLEBY EL ESCRIBIENTE
AUTOR: Herman Melville

PONENTE: Roberto Sánchez

PRESENTACIÓN

Herman Melville (Nueva York, 1819-1891). Este escritor, considerado uno de los novelistas más importantes de la literatura estadounidense, nació en el seno de una familia acomodada. No obstante, pudo disfrutar poco de esta bonanza económica, ya que su desarrollo personal coincidió justo con la quiebra financiera de sus progenitores y la muerte de su padre acaecida en 1832. Esta serie de infortunios le obligaron a desempeñar diversos trabajos: a la edad de 12 años, por ejemplo, trabajó como copista en el Banco Estatal de Nueva York (experiencia que sin duda le valdría a la hora de crear este relato breve que hoy nos ocupa de Bartleby, el escribiente), y también desempeñaría otros oficios variopintos como granjero, oficinista o maestro. No obstante, un espíritu inquieto como era el suyo hizo que en 1841 se enrolara en el barco ballenero “Acushnet”, que partía con destino a los mares del Sur. Su experiencia como marino sería la base de su primera novela Typee (1846), que narra su estancia en las islas Marquesas con descripciones pormenorizadas de aquel bello lugar y sus habitantes.
Su primera novela gozó de buena acogida por un público que se mostraba deseoso de conocer nuevas culturas, esto hizo que el autor siguiera en esta misma línea al escribir su segunda novela, ambientada esta vez en Tahití: Amoo: narración de las aventuras de los mares del Sur (1847), que lo confirmaría en sus grandes dotes como narrador.

Por otra parte, su experiencia en 1843 como arponero a bordo del ballenero “Charles and Henry” será plasmada en su novela Chaqueta blanca (1850), y, cómo no, será el sustrato de una de las más famosas y conocidas de sus novelas, toda una alegoría sobre el Mal, nos referimos a: Moby Dick (1851). Con esta obra y también con la anterior, Mardi (1849), Melville se introduce en el estudio de la naturaleza humana y en la indagación de los conceptos del bien y del mal, algo que no dejará de ser una constante ya en toda su obra, y que tendrá también un aspecto crucial en Bartleby, el escribiente, la obra de la que hablaremos ahora con más profundidad.

Otras novelas, pero ya consideradas menores por la crítica, son: Pierre (1852); The Piazza Thales (1856); The Confidence-Man: His Masquerade (1857); aparte nos dejó en el género de la poesía: Batle-Pieces and Aspects of the War (1866) o Clarel: A Poem and Pilmigrage in the Holy Land (1876). Por último, solo nos quedaría por decir que después de su muerte aún se descubrió un texto inédito suyo: el manuscrito de su relato Billy Bud.

Respecto a Bartleby, el escribiente, se pueden decir muchas cosas, ya que es mucho lo que aporta no sólo al panorama literario sino también al filosófico e intelectual de su época y también de las posteriores.

Comenzaremos diciendo que este cuento se publicó de forma anónima en dos entregas: una tuvo lugar el 1 de noviembre, y la otra el 2 de diciembre de 1853 en la revista Putnam’s Monthly Magazine, consiguiendo enseguida un reconocimiento unánime de crítica y público. Con posterioridad pasaría a formar parte de su libro The Piazza Tales (1856). Y ya más cerca de nuestra época esta pieza sería adaptada al cine por Crispin Glover en el año 2001.

Su vida tuvo como dos partes : una parte pública y de éxito y otra segunda parte gris literariamente hablando en la que el autor vivía gracias a tu anónimo trabajo de inspector de Aduanas y estaba casado y con familia.
 

VALORACIÓN

Herman Melville (Nueva York, 1819-1891), considerado uno de los novelistas más importantes de la literatura estadounidense, nació en el seno de una familia acomodada. No obstante, pudo disfrutar poco de esta bonanza económica, ya que su desarrollo personal coincidió justo con la quiebra financiera de sus progenitores y la muerte de su padre acaecida en 1832. Esta serie de infortunios le obligaron a desempeñar diversos trabajos: a la edad de 12 años, por ejemplo, trabajó como copista en el Banco Estatal de Nueva York (experiencia que sin duda le valdría a la hora de crear este relato breve que hoy nos ocupa de Bartleby, el escribiente), y también desempeñaría otros oficios variopintos como granjero, oficinista o maestro. No obstante, un espíritu inquieto como era el suyo hizo que en 1841 se enrolara en el barco ballenero “Acushnet”, que partía con destino a los mares del Sur. Su experiencia como marino sería la base de su primera novela Typee (1846), que narra su estancia en las islas Marquesas con descripciones pormenorizadas de aquel bello lugar y sus habitantes.
Su primera novela gozó de buena acogida por un público que se mostraba deseoso de conocer nuevas culturas, esto hizo que el autor siguiera en esta misma línea al escribir su segunda novela, ambientada esta vez en Tahití: Amoo: narración de las aventuras de los mares del Sur (1847), que lo confirmaría en sus grandes dotes como narrador.

Por otra parte, su experiencia en 1843 como arponero a bordo del ballenero “Charles and Henry” será plasmada en su novela Chaqueta blanca (1850), y, cómo no, será el sustrato de una de las más famosas y conocidas de sus novelas, toda una alegoría sobre el Mal, nos referimos a: Moby Dick (1851). Con esta obra y también con la anterior, Mardi (1849), Melville se introduce en el estudio de la naturaleza humana y en la indagación de los conceptos del bien y del mal, algo que no dejará de ser una constante ya en toda su obra, y que tendrá también un aspecto crucial en Bartleby el escribiente.
Esta es una obra de Herman Melville publicada en el año 1853. Se publicó de forma anónima en dos entregas: una tuvo lugar el 1 de noviembre, y la otra el 2 de diciembre de 1853 en la revista Putnam’s Monthly Magazine, consiguiendo enseguida un reconocimiento unánime de crítica y público. Con posterioridad pasaría a formar parte de su libro The Piazza Tales (1856). Esta es la última novela que tuvo éxito del autor. Después se publicaría póstumamente Billy Budd.

Es una novela que me impresionó y me dejo pensativo. Se dicen muchas cosas de esta obra; algunos dicen que es una obra precursora del existencialismo. Por ejemplo, en El extranjero de Camus, un personaje constantemente dice una coletilla : “Me es indiferente”, que irremediablemente suena a Bartleby. También dicen que es una obra de la literatura del absurdo como es el caso de Esperando a Godot de Beckett. Y evidentemente también se afirma que es precursora de la obra de Kafka, de sus ambientes oscuros, opresivos e inquietantes.
Algunos afinan más y la tildan precursora, y ésta es la opción con la que me quedo, de una forma de literatura de texto único o vacío que deja al lector la libertad para llenar el texto con su interpretación. Es un libro ambiguo y pesimista – o nihilista – pues está claro que el personaje tiene un final bastante oscuro y desesperanzador.
Mi interpretación de la novela es que el personaje principal es el narrador, el abogado. Están los personajes de la oficina que hacen la ambientación del relato y se pueden considerar accesorios. Acompañamos al abogado en su extrañeza y en sus estados de ánimo ante el comportamiento de Bartleby.
La estructura de la obra es muy sencilla pues es lineal con una trama sencilla y casi inexistente dando pocos datos. Habla de sí mismo como o una persona acomodaticia que no quiere problemas. Parece como que podría hacer tenido éxito pero eso es algo que no le interesa, sólo le interesan los casos sencillos. La acción transcurre en un ambiente claustrofóbico. Me ha gustado mucho la descripción de la oficina : está en medio de un edificio dando a un patio en forma de tubo coronado con una claraboya con paredes de ladrillo. Yo me lo imaginaba como un sitio tétrico. La acción no abarca más allá de dos meses. La lectura transmite desasosiego por todas las peripecias anímicas del abogado, las situaciones que se producen, el ambiente de la oficina, como ya he dicho, claustrofóbico. Toda la historia está tamizada por el humor que se aprecia en la descripción de los tres amanuenses con sus caracteres peculiares. Es simpático el contagio de las frases de Bartleby a los otros habitantes de la oficina.
En algún sitio, comparan esta obra con El proceso de Kafka : al igual que Josef K., algún misterioso tribunal va a juzgar a Bartleby. Sin embargo lo que me ha parecido es que Josef K. está más emparentado con el narrador/abogado que es el personaje al que más extrañeza le causa la situación. Evoluciona desde la ira tratando de justificar el comportamiento de su escribiente cayendo en la extrañeza, tratando de no caer en la ira para al final disculparlo y sentirse incapaz de capear la situación. Por otra parte, Bartleby actúa de una manera concreta pero no sabemos nada de su actitud interior ni de su estado de ánimo. Es decir, Bartleby es una metáfora para expresar la extrañeza ante que las cosas del mundo que no entendemos, somos incapaces de enfrentarlas y preferimos darles el esquinazo, aislarnos o mirar para otro lado.
Sin embargo, no me ha gustado el final del libro : no le entendido ni resuelve bien la historia. Quizá sea una idea poética pero si quiere justificar la actitud del escribiente con ese último empleo que tuvo, no me parece acertado. Cuando huye de la oficina y le deja allí abandonado, ya ha cumplido con su función el personaje y el autor lo mata o lo deja morir como es el caso de la obra.
 

INTERVENCIONES

Gonzalo Alvarez de Toledo :

Me parece que el personaje central del libro es el propio abogado, dueño del despacho, y que Bartleby es un personaje secundario, que toma la apariencia de escribiente que no hace caso de las órdenes que se le dan, pero que podría ser cualquier otra cosa animada o no, con la que el abogado tuviese que enfrentarse. Pienso que cada uno puede tener un Bartleby, o más de uno, en su vida. Voy a explicarme.

En las primeras páginas del libro abogado establece sus normas de vida:

  • La vida más fácil es la mejor.
  • No se permite una indignación peligrosa ante las injusticias y los abusos.
  • Realizar cómodos asuntos en la serena tranquilidad de un cómodo retiro.

Cuando se le presenta una situación que le incomoda y le indigna, la reacción es en la línea de estas normas de actuación:

  • Contener el ataque de ira.
  • Retrasar la decisión a un momento en el que esté menos alterado.
  • Recurrir a argumentos que disminuyan la importancia de la situación, que la justifiquen como inevitable...de alguna manera se vuelve cómplice de la misma.
  • Huir de esa situación para no estar continuamente sufriendo con ella.

He acudido a un libro que había leído hace años y en donde se dice que un denominador común de diversos tipos de neurosis parece ser un egocentrismo dominado por la angustia, una voluntad de seguridad que se cierra convulsivamente en sí misma, una incapacidad para abandonarse que ni por un solo instante cesa de ser el centro de su propia mirada. (Josef Pieper, La fortaleza).
Os podría contar los Bartlebys que tengo yo en mi vida pero me parece que eso podría llevar tiempo. La obra es una buena elección, es un libro que da para pensar, y que está muy bien escrito.
 

Nicolás Zimarro :

Este es un claro exponente de texto vacío. Mejor dicho es un texto abierto o expansivo que no dice sino sugiere y es el lector el que interpreta la narración. Me he cuidado leer la opinión de nadie para tener yo mismo mi propia opinión que coincide con lo expuesto por los dos anteriores contertulios. Tiene visos de un planteamiento existencialista y es un enfrentamiento con el espejo
Yo me he planteado tres puntos de vista :

  • Estamos hablando de relaciones de poder en el ámbito laboral : la normativa, la jerarquía, ...etcétera.
  • Estamos hablando de cuando no hay sentido en la vida y una persona de deja morir.
  • Como tercera opción está el problema de la libertad que se expresa en el verbo preferir del amanuense.

Se plantea la dialéctica de ser digno o no serlo, cumplir la norma o no cumplirla. El abogado se nos presenta como un hombre con creencias y cumplidor estricto de la norma. Roberto ha mencionado la literatura del absurdo, y es que el abogado justifica su pusilanimidad con la piedad o la caridad cristiana y hasta llega a pensar que la mente del amanuense está obnubilada o sugestionada, poco más o menos que es un demente. El ejercicio de la libertad, de las relaciones de poder cuando el otro no tiene sentido existencial es el problema planteado en la novela. Yo me he planteado lo que haría en esta situación. Yo no entiendo como aparece este personaje en este escenario : no gasta, no necesita nada, es la inmaterialidad pura. No entiendo tampoco su muerte en la cárcel pues la relación que existía era afectiva entre el abogado y el amanuense. Evidentemente entran los perjuicios sociales, los colegas que hablan del hecho, y el abogado lo abandona a su suerte. El abogado paga al despensero para que Bartleby no tenga ningún problema. La muerte del amanuense puede ser debido al fin del trato y de la relación afectiva que le dispensa el abogado, el último hilo que le une a la vida.
El libro se lee fácilmente pero me ha desasosegado profundamente. La obra muestra la pequeñez del hombre a través de la soledad, como recuerda Borges.
 

Carlos Fernández :

Mi interpretación es más materialista. Es efectivamente un relato absurdo, una metáfora que habla de las relaciones humanas. Marx y Melville fueron contemporáneos. Es la época convulsa en la que se celebra la primera internacional. Marx escribe en El capital el valor de uso y de cambio de la mercancía. El de uso es el valor en función de la necesidad que satisfacen y el de cambio que es el que tienen en el mercado; decía que el trabajo es una mercancía y que tiene su valor de uso y de cambio. Efectivamente a los departamentos de personal hoy día les llaman de Recursos Humanos.
Dicho esto, yo entiendo que este libro habla de un pequeño mundo cerrado que es una oficina en la que un hombre va reduciendo el valor de uso de su trabajo; es decir, es una mercancía que no tiene ningún valor. Se va negando a trabajar con lo que el valor de su trabajo es cero, no hace nada. Su sentido en la oficina es nulo. Pero el abogado le sigue dando valor pues aunque no produce es una persona. Hay una contraposición entre una sociedad mercantilista y una sociedad humanista. La gente, con independencia que la capacidad de producir mercancías que tiene, posee un valor intrínseco que es el de la propia persona. El abogado, por ello, no puede deshacerse de él y no puede despedirlo.
El final expresa que este hombre es un perdedor y su vida no tiene sentido; tiene el mismo sentido que las cartas que no tienen destinatario. En esa oficina Bartleby no tiene sentido a pesar de que él quiere integrarse. Él vive en un mundo real, tiene que satisfacer necesidades – tiene que comer pasteles de jengibre – y una serie de cosas pero acaba en la cárcel y acaba muriendo.
Yo lo había leído este libro pero al leer este ejemplar me ha parecido totalmente distinto : entre las expresiones argentinas y ese barroquismo o ampulosidad de Borges la verdad es que la traducción del inglés varía extraordinariamente.

Miguel San José :

Yo ya había leído a Melville. Empecé a leer Moby Dyck con grandísima ilusión y llegué hasta la página 150 o así; es la cantidad de páginas que emplea el autor para describir cómo se hace el aceite de ballena. Desde ese punto de vista se lee bien como este libro. Es un escritor espléndido pero a mí me dejó frío. Son mejores las películas sobre todo si ves a Gregory Peck, desde mi humilde punto de vista. De la misma forma este libro me ha dejado frío sin protestar por la traducción. He tratado de reflexionar más y este libro lo que tiene es lógica difusa : el comportamiento de ambos personajes es lógico pero las condiciones que mueven el comportamiento son desconocidas para el lector. Eso es lo que lo hace chocante y en su momento, en aquella época convulsa de enfrentamiento entre trabajadores y patrones, que un subordinado se negase a realizar las órdenes de su jefe es chocante y quizá fuese eso lo que motivó el éxito del libro. Nosotros no sabemos las razones por las que se niega Bartleby a obedecer al abogado ni tampoco las del abogado para no deshacerse de él y comportarse incluso caritativamente. Al final la explicación es que de tanta miseria y tristeza humana el escribiente acaba trastornándose y tampoco sabemos por qué el abogado se comporta de manera tan poco caritativa. Quizá sea únicamente caridad, como algunos de vosotros ha explicado. Es un recurso de poca categoría; si usted es un escritor capaz de explicar de forma extensa cómo se hace el aceite de ballena, debe dar de igual forma toda la información a los lectores para que ellos interpreten debidamente la historia del escribiente y el abogado.

Joseba Molinero :

Un escribiente o amanuense no es más que una fotocopiadora, una multicopista, una máquina que realiza un trabajo de los llamados alienantes, burocráticos, casi obsesivamente cosificante. Y eso era Bartebly, un escribiente, una máquina qule ejecuta automática e inmediatamente las ordenes del dueño del bufete. La paradoja llega cuando Bartebly, escribiente modelo, expresa ante una solicitud/orden rutinaria de su jefe (narrador inexplicable de esta obra) su inexplicable, desazonante, revolucionario, inhumano, endiosado “I would rather not to” “I would prefer not to”, no es una afirmación ni una negación: "Bartleby no rehusa, pero tampoco acepta, avanza y retrocede en este avance...". La elección de Bartleby, le convierte en un precedente de la resistencia pasiva, así como en un nuevo (y más refinado) Diógenes que, con las reacciones que provoca su desobediencia, hace caer las máscaras de la cortesía y la amabilidad formales, amenazando la paz de la oficina del buen abogado y por extensión de la sociedad mercantilista de Wall Street del s.XIX. Sin embargo Bartleby es más un personaje moderno del sXX o XXI que del XIX. Es un personaje antisistema que podría encaramarse a una central nuclear o atarse en un árbol para evitar que lo talen. Pero no nos engañemos, Bartleby va más allá y alcanza el apelativo de absurdo, casi abstracto o surrealista. Se sumerge en la existencia del hombre mismo huyendo o quizá mejor buscando una respuesta a las preguntas universales sobre la vida y la muerte, sobre la libertad o la eternidad. No Bartebly no niega la vida o busca la muerte, se hubiera suicidado en ese caso, más bien busca un estado de paz consigo mismo de falta de ansiedad de sosiego, de falta de dolor que no está en la muerte en la no existencia sino en una existencia sin dolor, sin Dios, sin angustia, fuera de la humanidad dependiente de un futuro desesperado. Este relato existencial explica mejor la actitud del amanuense progresivamente apática, silenciosa, inapetente, la búsqueda avanza a lo largo del relato y Bartebly se va descomponiendo en un infinito que acaba con la muerte absurda.

Melville nos propone una obra confusa, absurda, angustiosa que no es cuento ni novela, narrada en primera persona por un hombre sin interés del que no conocemos su nombre y que no sabemos por qué el interés por contarnos la historia de su molesto amanuense, no parece que quiera enviarnos un aviso a navegantes sino más bien un desahogo antes algo que no entiende pero que presiente importante. Melville desarrolla un estilo pulcro, elegante sin alharacas ni casi metáforas marinas que uno podría esperar de su biografía. Utiliza el sentido del humor más acido para presentar a los otros amanuenses, los normales que son harapientos, viciosos y un punto despreciables. Los conocemos por sus apodos, insultantes. Uno no puede trabajar por la mañana y el otro por la tarde, sus vidas resultan irritantes y agobiantes. Desprecian a Bartleby, lo insultan e incluso amenazan pero un escorzo paradójico acaban adquiriendo su “I prefer..”.

Bartleby está solo en medio del universo. Bartleby no siente el ansia de venganza de Ahab, Ahab no sería nada sin su ballena blanca, sin su dios, por eso mueren juntos. Bartebly no tiene ese impulso sino más bien otro más interno que externo, más sutil, y por ello más humano e inhumano a la vez, en una paradoja casi un absurdo, el oxímoron de Juan Diego Incardona.
En definitiva una obra universal, infinita más moderna cada año que pasa, una suerte de metamorfosis sin final, sin insecto, única.

Jon Rosáenz :

Confieso que me identifico con este personaje que es una mezcla de contemplación y procrastinación. Tiene también un espíritu de resistencia ante lo que pretenden hacer de él en la oficina, quizá se podría llevar más lejos y decir en la existencia.
La parte que cuenta el acaecer en la oficina es una comedia surrealista y dickensiana y está narrada de una manera muy divertida. Los demás amanuenses son descritos según sus motes y según su actitud frente a Bartleby. El abogado es una persona íntegra pero no evita hacer partícipes a los demás amanuenses de su problema. Estos, de una manera aduladora y servil a un tiempo, tratan de ayudar a su superior lo que da a la tragedia del amanuense un espíritu de comedia. Este es el lado histriónico de la historia. La tragedia y el verdadero sustrato que el autor quiere expresar aparece en la página 57 donde podemos leer :“Por primera vez en mi vida una impresión de abrumadora y punzante melancolía se apoderó de mí. Antes, nunca había experimentado más que ligeras tristezas, no desagradables. Ahora el lazo de una común humanidad me arrastraba al abatimiento. ¡Una melancolía fraternal! [...]
Ah, la felicidad busca la luz, por eso juzgamos que el mundo es alegre; pero el dolor se esconde en la soledad, por eso juzgamos que el dolor no existe.”
El autor nos hace partícipes de la melancolía que siente al sentirse hermanado con aquel ser tan desvalido que es Bartleby. La tristeza que siente al contemplar a ese hombre es infinita y le hace en el dolor oculto que hay en el alma de las gentes.
No me parece mala la traducción pero me chirría el vocabulario empleado por el traductor en términos como : barullento, estada, que suenan raro y otros que no tienen una acepción clara como es el caso de ermita : este término no chirría pero sí su empleo para definir el lugar de recogimiento de una persona. Quizá el vocabulario es rebuscado y pedante.
Veo a través de la lectura he visto al Gregor Samsa de la metamorfosis de Kafka y como él nuestro Bartleby está retirado del mundo detrás de su biombo sin aspirar a abandonar ese lugar. En la última parte yo he visto una analogía al relato “Un artista del hambre” también de Kafka en el que un artista circense está en ayuno constante y cuando va a morir le preguntan por qué no ha comido nada. A lo que éste contesta que no había nada que le gustase. De la misma forma al final Bartleby deja de comer aunque tendría donde elegir y no sabemos si como una forma de suicidio nuestro personaje se consume sin probar un bocado.
No es un relato fantástico pero sin duda el texto presenta un recurso que muchos escritores emplearían después con éxito - como Julio Cortázar y otros escritores hispanoamericanos- y es el de incluir en la realidad cotidiana un elemento fuera de la realidad, fantástico o surreal que desbarata la rutina e incluye desazón que dota de interés al relato.
A título anecdótico he de decir que ayer a la noche leyendo los diario de Jünger (Radiaciones) curiosamente encontré una entrada del año 1940 referente a esta obra y me ha parecido interesante. Era en plena Segunda Guerra Mundial y dice así: “En un número de la revista “Corona” que me he traído de Kirchhorst he leído una novela corta, Bartleby, de Herman Melville el cual murió en Nueva York en 1891. También en ella se describe lo mismo que en “Oblomov”, un carácter puramente pasivo, pero el asunto está tan bien llevado que en ningún momento decae el interés. De las dotes que un autor puede poseer, el talento narrativo y fabulador no es, ciertamente, el supremo; sin embargo, ese talento incrementa la eficacia de todas las demás capacidades, igual que la salud acrecienta todas las manifestaciones externas de la vida.”

En conclusión podemos citar el final del prólogo de Borges : “Bartleby es más que un artificio o un ocio de la imaginación onírica; es fundamentalmente, un libro triste y verdadero que nos muestra esa inutilidad esencial, que es una de las cotidianas ironías del universo.” Borges nos habla de esos asuntos metafísicos que tanto le gustaban y atribuye a esta novela esa conclusión demoledora : la inutilidad de las cosas en nuestro universo.

Emilio Hidalgo :

El libro me ha parecido entretenido pero al escuchar todo lo que se ha dicho me ha dejado de gustar tanto. Mi explicación es la siguiente : el autor escribió Moby Dick que es un clásico, una gran y reconocida obra y su gran suerte es que después de aquella obra todos los críticos entienden que el resto de sus obras deben ser igual de buenas. Y en este caso parece que se han de buscar mil explicaciones a lo que al autor quiere decir. La teoría del texto vacío me da la impresión que es una manera de explicar los libros malos de los escritores buenos.
Yo creo que en la escritura hay dos mundos : el del escritor y el del lector. El que escribe tiene que aportar para que el lector reciba y siempre habrá un lugar para la interpretación. He aplicado la fórmula : Satisfacción del cliente = Expectativas del cliente x Servicio prestado
En este caso el servicio es la novela. Al leer el libro aumenta las expectativas porque aparece un personaje y sus reacciones no son las normales. Pero la obra acaba y no hay ninguna explicación y es entonces cuando podemos inventar lo que queramos. Pero en qué libros no podemos encontrar esto de lo que hemos hablado aquí.
Lo que más me ha gustado es que hay dos personajes : víctimas y protagonistas. La proporción suele ser de 9 a 1. Me ha llamado la atención la forma de afrontar la vida de todos los personajes que en esencia es una forma cobarde. En vez de tomar decisiones, en este caso despedir al amanuense, busca justificaciones religiosas, de buena conciencia para no hacerlo. Yo creo que lo más interesante puede ser la reflexión de que todos llevamos un abogado dentro que elude tomar decisiones que hay que tomar cada día en nuestras vidas.