Acta diciembre 2010

OBRA: MIENTRAS AGONIZO
AUTOR: William Faulkner

PONENTE: Nicolás Zimarro

 

PRESENTACIÓN 

William Faulkner (1897-1962) es uno de los novelistas estadounidenses más importantes de este siglo, integrante junto a un grupo de escritores de la llamada Generación Perdida (Francis Scout Fitzgerald, John Dos Passos, Ernest Hemingway, John Steinbeeck, Henry Miller) y famoso por sus cerca de veinte novelas en las que retrata el conflicto trágico entre el viejo y el nuevo sur de su país. Nació en New Albany, un pueblo en el estado de Misisipi, aunque se crió en las cercanías de Oxford (Misisipi), lugar al que se trasladó la familia en 1902. Era el mayor de cuatro hermanos de una familia tradicional sureña. Estuvo muy influido por su estado natal, así como por el ambiente general del Sur. Misisipi marcó su sentido del humor y mantuvo una fuerte presencia a lo largo de toda su obra, en la que el carácter típico sureño, fue una constante, y que junto a la atemporalidad de sus temas, marcarían la base de todas sus recreaciones literarias. En 1915, dejó los estudios y empezó a trabajar en el banco de su abuelo. Durante la I Guerra Mundial ingresó como piloto de la R.A.F. (Real Fuerza Aérea Británica). Cuando regresó a su ciudad, entró como veterano en la Universidad de Misisipi, aunque volvió a dejar los estudios: esta vez fue para dedicarse a escribir. Durante esa época realizó trabajos como pintor de techos, o cartero en la Universidad de Misisipi (de donde lo echaron por su costumbre de leer revistas antes de entregarlas), y publicó su primer y único libro de poemas: The Marble Faun (1924). A partir de 1921, Faulkner trabajó como periodista en Nueva Orleans y conoció al escritor de cuentos estadounidense Sherwood Anderson, que le ayudó a encontrar un editor para su primera novela, La paga de los soldados (1926). Pasó una temporada de viaje por Europa. En 1929 contrajo matrimonio con Estelle Oldham, decidió establecer su casa y fijar su residencia literaria en el pequeño pueblo de Oxford, donde murió en 1962. Allí comenzó a escribir una serie de novelas ambientadas en el condado ficticio de Yoknapatawpha (inspirado en el condado de Lafayette, Misisipi), donde transcurren gran parte de sus escritos, y del cual hace una descripción geográfica y traza un mapa en ¡Absalón, Absalón! (1936). Allí puso a vivir a 6.928 blancos y 9.313 negros, como pretexto para presentar personajes característicos del grupo sudista arruinado del cual era arquetipo su propia familia. La primera de estas novelas es Sartoris (1929). Después aparece El ruido y la furia(1929), que confirmó su madurez creativa y da comienzo a su etapa más fértil desde el punto de vista artístico. En general, la crítica identifica El ruido y la furia, Mientras agonizo (1930), Luz de agosto (1932), ¡Absalón, Absalón! y El villorrio (1940) como sus novelas más importantes. El periodo más inspirado de la obra de Faulkner se cierra con la colección de cuentos ¡Desciende, Moisés! (1942), que incluye una de sus máximas creaciones, el cuento largo "El oso".
A pesar de la buena aceptación de sus obras por parte de los lectores, tan sólo se vendió bien Santuario (1931). Sus temas del mal y la corrupción continúan siendo relevantes en la actualidad. La secuela del libro, Requiem for a Nun, es la única obra de teatro que publicó. Debido al éxito de Santuario logró trabajo, bastante más lucrativo, como guionista de Hollywood. Obtuvo premios importantes: en 1949 en Nóbel de Literatura, en 1955 el Pulitzer por su novela “La fábula” y el National Book Award a título Póstumo.

Es considerado uno de los creadores de ficción más importantes de las letras del siglo XX, a la altura de Marcel Proust, Franz Kafka y James Joyce. Probablemente sea el único escritor modernista americano de la década de los treinta del siglo XX que practicó la experimentación narrativa, al estilo de estos autores o de Virginia Woolf, por ejemplo.
Su influencia en la literatura es notoria, sobre todo en autores posteriores que escriben en lengua castellana, como Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Juan Carlos Onetti, Juan Benet o Juan Ignacio Saer. Él revolucionó el mundo literario con una propuesta discursiva novedosa, cimentada en la profusión de recursos narrativos innovadores en todos sus textos - tales como el desarrollo del monólogo interior, la presencia constante del drama psicológico , el multiperspectivismo, la descarnada disección del espectro emocional de los personajes, la oralidad de la narración o el avance no diacrónico del relato- y consolidada en una recurrencia temática acotada a asuntos como la decadencia de una familia, el fracaso personal, la creación de un espacio ficticio singular en el que localizar los relatos, la obsesión con la historia y la perfecta simbiosis entre las cuestiones universales que subyacen en sus escritos y la problemática focalizada en el entorno concreto de la región norteamericana de Misisipi que plantea en los mismos.
 

VALORACIÓN

La obra Mientras agonizo es paradigmática a este respecto. En ella Faulkner, partiendo de una situación con tintes casi surrealistas, relata la historia de la familia Bundren. Todo comienza cuando la agonizante Addie Bundren formula su última voluntad: que la entierren con los suyos en el cementerio de su ciudad natal, Jefferson. Los preparativos para ese viaje- incluida la manufactura del féretro que servirá también como cajón para el transporte del cuerpo de la fallecida- y el propio viaje constituyen el eje argumental de la novela. Las contingencias y vicisitudes que tienen lugar en ese periplo funerario por el condado imaginario de Yoknapatawpha originan en los personajes un torrente de sentimientos íntimos que ponen de manifiesto todo un mundo de pasiones, traumas, anhelos y miserias humanas. Los hitos de este recorrido hacia un destino ingrato son: la locura de Darl, las ansias de Vardaman por un tren de juguete, el accidente que sufre Cash cuando la comitiva ha de cruzar necesariamente un río debido a la destrucción del puente que unía las orillas, la pérdida de las mulas en ese intento, el anhelo por parte de Anse de conseguir una dentadura postiza, el conato de Dewey Dell para obtener a escondidas de su familia el medicamento que precisa para abortar, el continuo sobrevuelo de los buitres que en todo momento acompañan al cortejo fúnebre y el insoportable hedor de los efluvios del cadáver a causa de su descomposición, que generan el rechazo y la hostilidad en aquellos con quienes se encuentran al paso
Faulkner explica así cómo planteó la escritura de esta obra: ”Algunas veces la técnica arremete y se apodera del sueño antes que el propio escritor pueda aprehenderlo. Eso es tour de force y la obra terminada es simplemente cuestión de juntar bien los ladrillos, puesto que el escritor probablemente conoce cada una de las palabras que va a usar hasta el fin de la obra antes de escribir la primera. Eso sucedió con Mientras Agonizo. No fue fácil. Ningún trabajo honrado lo es… La composición de la obra me llevó solo unas seis semanas en el tiempo libre que me dejaba un empleo de doce horas al día haciendo trabajo manual. Sencillamente me imaginé un grupo de personas y las sometí a catástrofes naturales universales, con una motivación simple que le diera dirección a su desarrollo”.
Y ciertamente alcanza su objetivo, porque esta novela es un prodigio técnico-narrativo de lo que podríamos denominar “literatura del perspectivismo” o “literatura del contrapunto” que, además, viene aderezada con una serie de recursos expresivos que sirven de tramoya eficaz para el discurso narrativo y en algunos pasajes le confieren un insinuante tono poético.
Esta variedad de puntos de vista conforma un núcleo protagónico en el que intervienen todos los integrantes de la familia Bundren. Faulkner los presenta así:
A Addie, la madre que agoniza y espera paciente a que su hijo mayor termine de construir el féretro para su eterno descanso, como una mujer infeliz y desgraciada, que vivió su matrimonio poco menos que como un castigo divino, que nunca pudo realizarse ni humana ni intelectualmente y que adolecía de sentido existencial, por cuanto concebía la vida como una mera preparación para perdurar muerto por toda la eternidad, como una suerte de propedeútica destinada a la asunción de la nada, tal y como había aprendido de su padre.
A Anse, marido de Addie y padre de la prole, como una persona egoísta, desaprensiva, oportunista y mezquina, soberbia y autoritaria, como un mediocre esposo y pésimo padre, de esos que siempre miran a otra parte en evitación de cualquier problema y constantemente se lamentan de su infortunio buscando en terceros la responsabilidad de lo que le ocurre.
A Cash, el primogénito, un carpintero avezado que se ve en la obligación de acabar en un tiempo corto y perentorio, contra viento y marea, el ataúd donde descansará su madre una vez muerta, como una persona buena, íntegra, metódica, obsesiva, celosa en su trabajo, perfeccionista, valiente y entregada a la tarea de llevar a buen término el último deseo de su madre.
A Jewel, apodado “cara de palo”, el más extraño de los hermanos Bundren, fruto de un escarceo amoroso de su madre con el predicador del pueblo, como un hombre que vivió una oscura y problemática infancia, un sujeto dado a las excentricidades, con carácter violento y muy visceral.
A Dewey Dell, la única hija de la familia, como alguien muy unida afectivamente a su madre, inteligente y sensible, discreta y obediente, aunque torturada por la necesidad de procurarse un antiabortivo antes de que el resto de la familia pudiera descubrir su secreto.
A Darl, como un desequilibrado que finalmente pierde la cabeza del todo porque no es capaz de superar la presión psicológica que en él ejerce la situación originada por el óbito de la madre.
Y a Vardaman, el benjamín de los hermanos, como un niño que sueña con el tren que nunca ha tenido y que muestra rasgos de una incipiente locura.
Estos personajes principales están acompañados por otros secundarios (Cora, Tull, Samson, Whitfield y Beabodi, este último recurrente en sus obras, pues aparece también en “Sartoris”) que nos ofrecen otra visión de lo que es la familia Bundren, proporcionando al lector una perspectiva socio-económica, incluso histórica, de la misma. Gracias a sus testimonios, éste conoce que los Bundren pertenecen a la clase social de los pequeños propietarios campesinos denominados peyorativamente “blancos pobres” o, también, “cuellos rojos” - por eso de tener la piel de esta parte del cuerpo quemada a causa de trabajar en los campos a pleno sol- y comprende también la psicología inherente a las personas de tal condición.
La polifonía narrativa se descompone en cincuenta y nueve monólogos interiores vertidos en número variable por quince personajes – circunstancia discursiva que posibilita, fragmento a fragmento, la progresión del relato- y se despliega en el texto proyectándose en un doble sentido: por un lado, delimitando el ámbito de lo anecdótico y particular; y por otro, expandiéndose en círculos concéntricos, abriendo continuamente nuevos espacios narrativos, hasta cerrarse definitivamente en una historia que abarca el universo del discurso al completo.
El relato lejos de ser lineal, se desarrolla en el tiempo a la manera de la “corriente de la conciencia” o monólogo interior (discurso sin auditorio), quebrado y nebuloso. Por momentos, hasta la difunta Addie Brundren interviene en el relato, lo cual confiere al texto un cariz surrealista que, obviamente, soslaya la componente racional de la realidad y obliga al lector a estructurarla. Y más aún, si consideramos que en la evolución de los acontecimientos en un flujo radial de círculos concéntricos confluyen dos coordenadas expositivas: una restringida al argumento central (el viaje a la ciudad para dar sepultura a la finada- y que se concreta en un movimiento progresivo con punto de partida en el hogar de los Bundren y lugar de llegada en el cementerio de Jefferson; y otra que se circunscribe a la historia de la familia y que se desdobla, por una parte, en un paisaje general de los Bundren y, por otra, en los diversos panoramas individuales e íntimos de cada miembro del clan.
Los Bundren desgranan los pormenores de su percepción de la realidad y de sus vivencias psicológicas de modo interpuesto. Para ello realizan infinidad de saltos al pasado, disquisiciones y no pocas elucubraciones que permiten establecer el marco relacional de los componentes de la familia y de los diferentes personajes que aportan una visión externa de la misma, lo que facilita al lector la comprensión de la situación de los Bundren en su verdadera dimensión tragicómica; aunque, bien es cierto, en ocasiones pueda verse un tanto despistado, porque sus testimonios a menudo están viciados por prejuicios erróneos que distorsionan la opinión que se forman de las personas que les rodean, de modo que el propio lector puede llamarse a engaño en un momento dado.
De todas formas, a nadie se le escapa que los Bundren conforman un grupo peculiar y excéntrico en el entorno en el que se desenvuelven, entorno socio-económico y cultural básico y primario, de recursos materiales limitados, de infraestructuras precarias y de hombres y mujeres toscos, elementales, ignorantes y cautivos en el juego impuesto de los convencionalismos. En esta coyuntura ambiental adversa, los Bundren se diferencian de los demás pobladores de la comarca por su extrema pobreza y aislamiento social, eventualidad que les resta autonomía y capacidad de influencia en la comunidad. Además, los miembros de la familia presentan una conducta conspicua que los especifica como individuos muy extraños: el marcado egocentrismo del padre, la intransigencia y vehemencia de Jewel y, sobre todo, el ramalazo vesánico que aflora en algunos, evidenciado en Darl y, al parecer, también latente en Vardaman así lo atestiguan. Faulkner logra que el lector interiorice que de sujetos de naturaleza tan rudimentaria y catadura moral tan deficiente cabe esperar cualquier extravagancia, barbaridad u ocurrencia. Así, las circunstancias singulares y anómalas que concurren en la personalidad de los Bundren explicarían su insólito comportamiento, tanto su determinación por llevar a cabo un viaje descabellado, como sus actitudes incoherentes y disparatadas, hasta el punto de que se prefiguran como los presupuestos de la credibilidad de su modo de proceder.

En este texto sin concesiones, lleno de un dramatismo aséptico carente de sensacionalismo o de sensiblería artificial, Faulkner desarrolla un relato cuasiépico, una odisea en toda regla que, por momentos, cobra un carácter bíblico. Él, como otros tantos autores, describe detalladamente la degradación a la que pueden llegar las personas que sobreviven en un páramo social que adolece de cualquier atisbo de civilización. Fija su atención en el clima de ese primitivismo, mostrando hasta que punto el atraso económico y social puede afectar en la mentalidad de unas personas sometidas al acatamiento servil de una religiosidad exacerbada que no permite cuestionarse el rumbo ni las normas de sus vidas, pero que alberga flagrantes contradicciones entre los principios abstractos y la conducta real de las personas que la practican (por ejemplo el pastor Whitfield).
Faulkner enfatiza la degeneración moral de los personajes caracterizándolos con deformidades físicas: Anse es jorobado, Cash, cojo; Darl tiene una mirada desquiciada y a Addie, ya cadáver, se le taladra la cara con un berbiquí, en el colmo de los despropósitos. Y no sólo eso, incluso emplea el recurso de un periplo grotesco -el viaje- y utiliza el humor negro en el tratamiento de las diferentes situaciones que tienen lugar en la obra para realzar el sentido de la miseria moral que embarga a los miembros de la comitiva fúnebre.
Alguien podría pensar que la persistencia de los Bundren en realizar el viaje, a pesar de todos los contratiempos y calamidades, o que el carácter épico de su aventura les confieren cierta honorabilidad, como si su conducta obedeciera a una especie de predestinación y les eximiera de toda responsabilidad moral, pero nada más lejos de la realidad. Los Bundren no materializan ninguna obra heroica. Al contrario, su actuación es un ridículo ejercicio de soberbia, la exaltación de la tozudez como virtud y la defensa de una dignidad mal entendida.
Indudablemente, el centro gravitatorio de la novela es el viaje de la familia Bundren, si bien la significación del mismo se antoja múltiple y compleja. Por un lado, parece plantear el carácter elusivo de la verdad - a veces resbaladiza como un pez- y la desgarrante pesquisa que para una persona significa el desconocimiento o la búsqueda de su identidad. Por otro, expone un contenido de corte existencialista. La reiterada inserción de frases bíblicas no especificadas, tal vez quieran expresar algo al respecto, como la existencia de un determinismo implícito respecto de la condición humana en sus obras, que conlleva a una concepción trágica del hombre y su mundo. Quizá sea esa la marca propia de los descendientes de los “vencidos”, en contraposición con el optimismo de los triunfadores de la Guerra de Secesión (1861-1865). Faulkner presenta a los humillados y ofendidos que pasan por el mundo sin pena ni gloria, soportando los ultrajes del infortunio, la cotidianeidad y la rutina, sin que sus vidas sirvan para algo. El ataúd que cargan sobrevolado a corta distancia por los buitres, es tal vez una figura simbólica que hace referencia a la cruz que arrastra el hombre en su paso por el mundo, la rémora de la muerte.
 

INTERVENCIONES

Jon Rosáenz :

Yo comencé a leer Santuario hace algún tiempo pues yo tenía a Faulkner como un escritor reconocido y renombrado. Esta lectura – difícil - la tuve que abandonar a las pocas páginas del comienzo por la extrañeza que provocaba en mí.
La obra que nos ocupa, Mientras agonizo, confirma las apreciaciones iniciales de mi experiencia lectora con este autor. El tema es oscuro (por triste y sórdido), agreste, duro y en nada se hace atrayente ni sencillo de comprender y en ningún momento he podido hacerme con las diversas voces o personajes pues, en efecto, no hay una mínima descripción física de ellos que ayude a ponerles rasgos con vistas a una identificación - ni de edad, ni de fisonomía, ni de forma de pensar-; aunque sí parece claro que hay una forma de actuar y unas obsesiones en cada uno de ellos que ayuda a diferenciarlos. Aún así parece que al libro le faltara algo para ser una novela cabal y al uso.
Es evidente que esta complejidad de identificación es el contrapunto a la sencillez del tema : el viaje absurdo de una familia por un condado sureño para dar sepultura a la madre que viaja en un féretro construido por uno de sus propios hijos. Cada personaje se muestra en este viaje mediante la expresión – que el autor nos deja leer - de sus monólogos interiores o flujos de conciencia. Además de estas líneas de pensamiento o monólogos hay diálogos entre los personajes en cada capítulo. A veces tampoco estos diálogos son demasiados clarificadores puesto que la voz no es identificada por el autor plenamente y basta un “-dice” para expresar que es algo manifestado por un personaje, es decir, no pensado y perteneciente a un flujo de conciencia.
Me ha impactado el estilo porque no se queda en la mera narración de hechos : está el trasfondo religioso de la historia y evidentemente está la muerte presente en ese féretro que la familia porta; hay una explicación del destino del hombre, acerca de lo que debe esperar el hombre en forma de odisea. Tal como plantea Ramiro Pinilla, confeso admirador de Faulkner, hay una épica en la obra de este escritor y por ende en este viaje familiar que queda patente en los avatares que sufren a lo largo de su recorrido hasta Jefferson, en esa obsesión del padre que hace depender la dignidad de la familia del éxito de la expedición : no tienen apenas dinero ni medios y el destino les va hurtando todo lo demás que puedan precisar en las tremendas peripecias que vivirán.
La idea inicial puede afirmarse que es macabra pues la madre agonizante escucha desde su lecho cómo su hijo Cash prepara su ataúd. Digamos que la muerte no ocurre y pasa sino que es un hecho que se nos recuerda constantemente a lo largo del viaje : los buitres, el olor del cadáver, el espanto de los prójimos al verlos pasar en contraposición a la aparente normalidad con la que va divagando cada miembro de la familia sin que parezca afectado por el luto.

Roberto Sánchez :

Se me ha hecho un libro muy difícil de leer, impenetrable, duro. En algunos casos, se me caía de las manos debido a la ininteligibilidad de lo que el autor nos cuenta. No ha sido tanto por el tema como por la forma en que lo trata y he de decir que tengo un problema con esta forma de narración que llamamos flujo de conciencia multiplicada por otros tantos personajes que aparecen en la novela (alguna vez he tratado de leer alguna obra de Virginia Woolf, escritora que también hace uso de esta técnica y ha sido realmente imposible). Por otra parte, se puede decir que formalmente es sencillo de leer : tiene diálogos, párrafos cortos, lenguaje sencillo aunque la forma de contar sea compleja. El famoso flujo de conciencia es tan subjetivo que por muy logrado que esté cuesta entender. El autor no da detalles que son obvios para ese personaje al cual está usando para crear el hilo de la narración. Entonces, aquí como lector no penetras en ello o te cuesta mucho. A mí se me ha hecho un libro complejo, muy complejo aunque no dudo de que su técnica sea una maravilla que lo es. Me amarga mucho cuando oyes a Vargas Llosa cuando decía que fue Faulkner el autor que le descubrió cómo tenía que escribir. Es decir, por muy fascinante que sea el tema si no lo narras de una forma adecuada lo puedes malograr y dar al traste con una historia. Y pensaba entonces que el libro me estaba venciendo después de haber dicho el escritor peruano esa opinión sobre el autor que nos ocupa.
De la misma forma, Ramiro Pinilla decía que él descubrió cómo quería escribir leyendo a Faulkner aunque reconociendo que no escribe en esa forma oscura que nuestro autor utiliza. Y es verdad que hasta cierto punto Las ciegas hormigas me recordaba a este ambiente de epopeya en la que una familia se deja la vida tratando de recoger en La Galea el carbón de un barco encallado; hay esfuerzo, muere uno de los hijos, les persigue la Guardia Civil que finalmente les quita el fruto de su esfuerzo haciendo toda su peripecia baldía. Siendo un libro oscuro, el estilo, la narración es más sencilla y en él también hay diferentes voces como en esta historia. Viendo ahora las dos novelas parece como que Pinilla se basó en esa epopeya de Faulkner para crear la suya de la familia Jauregi.

Joseba Molinero :

No ha habido demasiado tiempo para leer la obra pues aunque no es muy extensa es uno de los libros más densos de este año. He de decir que al principio me puse nervioso y después algo más nervioso hasta que llegado a un punto me dí cuenta de que estaban construyendo un ataúd para su madre y aquello me impresionó de tal manera que pensé este hombre es un embaucador o realmente merece la pena. Y efectivamente, la obra es una narración que tiene su enjundia y que precisa de tres o cuatro lecturas lentas y reposadas en las que haya algo de reflexión. Dicho esto voy a contar algunas cosas que me ha sugerido la lectura de esta obra de Faulkner.
Lo primero es el ambiente de epopeya de la acción : hay una tormenta casi bíblica que consigue acabar con todos los puentes del condado, es algo impresionante. Y la madre se muere justo en ese momento y tienen que llevarla a Jefferson. Todo esto me dejó impresionado. Por encima de la opinión de la gente del pueblo, de la lógica y del bien común tienen que ir hasta Jefferson. Tenían la carreta averiada y deben pedir prestado otro medio de transporte para poder llevar a cabo el viaje. Esta decisión de la familia me emocionó pues si bien parecen estar algo desequilibrados la decisión de partir no despierta ninguna contradicción en todos ellos que asumen la idea del viaje con un componente de dignidad muy grande.
Luego el asunto de la psicología de los personajes que en algunos momentos es arbitraria pues en la página 233, en el capítulo que lleva por nombre Darl, no es él el personaje que nos cuenta el hilo de la narración sino otro. Parece, por tanto, que el escritor juega a despistar al lector y no da ninguna concesión como diciendo : “si quieres leer el libro y disfrutar, haz lo que puedas que yo no te voy a ayudar.” Es decir, según el esfuerzo que realices tendrás al final tu premio en la lectura de esta obra. Yo, en este caso, no le he dedicado esfuerzo y no lo he disfrutado tanto. Así como, la novela Santuario si la tengo presente y recuerdo que la disfruté.
El monólogo interior, el discurso sin auditorio : no hay un relato cronológico de la trama. El autor huye de la cronología e incluso juega a mezclar los diferentes tiempos. En esta obra no es lo peor pues en Santuario donde sí hay vueltas al pasado mucho más extensas. En Mientras agonizo cada vez que acaece un capítulo puede avanzar algo la narración o quedarse estancada sin transcurrir el tiempo de la trama. Y por ello, es mucho más fácil seguir la cronología en esta obra que en Santuario.
Habéis hablado de los hijos y su psicología. Yo, como apunta Jon, no soy capaz de verles. Te das cuenta que Cash es un chicarrón, capaz de hacer el ataúd a su madre, y me da la impresión que es un tío legal. Dewel está tronado. Luego Darl tiene ese punto de locura de la inteligencia. Yo he subrayado alguna frase que me ha parecido espeluznante por su corte existencialista. Son sentencias que se hacen eco del libro que para esta gente contenía las enseñanzas de la vida y que no es otro que la Biblia.
Esta fue en su día una nueva forma de narrar. En el siglo XIX había una forma de narrar como por ejemplo La piedra lunar en el que hemos disfrutado con la historia y forma de narrar que se nos propone que no tiene nada que ver con este modo de Faulkner y sus seguidores – que lo han leído - como Benet, Martin Santos, Goytisolo y Vargas Llosa en alguna de sus obras. Hay que reconocer también que los personajes de esta obra tienen la fuerza y oscuridad psicológica de Dostoievski y del que seguro habrá influencia en nuestro autor.
Me ha recordado en algo también al Quijote pues en el fondo hay unos serie de personajes que escriben de otros personajes. De igual forma me ha llamado la atención en la estética porque es minucioso en todo lo que hace : ese detalle de cómo fabrica el ataúd, la tarta que realizan para vender a alguien. En estos 59 monólogos intensos :

–No es tu caballo el que se ha muerto, Jewel – digo.
Va erguido sobre el asiento, un poco inclinado hacia delante, con la espalda rígida. El ala del sombrero, empapada, se le ha desprendido de la copa por dos sitios y le cae sobre la cara de palo, de forma que, con la cabeza gacha, puede mirar por la abertura como a través de la visera de un casco, y mira a lo lejos, al fondo del valle, donde el establo descansa sobre lo alto del risco, y ve mentalmente el invisible caballo.
–¿Los ves? –digo
En el aire, sobre la casa, contra el veloz y espeso cielo, se ciernen en círculos cada vez más estrechos. Desde aquí no son más que pequeñas manchas, pacientes, azarosas.
–No es tu caballo el que ha muerto.
–Maldito seas –dice–. Maldito seas.
No puedo amar a mi hermano porque no tengo madre. La madre de Jewel es un caballo.
Inmóviles, los altos buitres planean en círculos ascendentes, y las nubes producen la ilusión de que están constantemente reculando.

Es un comienzo que te sorprende que sigue con una maravillosa descripción de la imagen de su hermano con el sombrero desportillado y empapado. Sigue describiendo la escena y va a un punto lejano del paisaje. Luego sigue diciendo cosas impactantes como “su madre es un caballo” para terminar con la letanía del fragmento : “maldito sea, maldito sea”. Bien, pues esto es Faulkner.

Miguel San José :

Esta novela la había elegido hace seis o siete meses para presentarla a la tertulia. Elegí la edición en inglés de Penguin que según se ve es la obra de referencia de Faulkner para el lector inglés. Yo había leído en mi juventud El villorrio e Historia de los Snopes que es interesante, confusa pero ligera. Yo empecé a leer y he de decir que el inglés que utiliza este señor es ininteligible. Yo no sabía lo que estaba leyendo, era algo que no tenía ni pies ni cabeza. Pienso que la traducción del señor Zulaika es un esfuerzo mucho mayor que el realizado por Faulkner para escribir la obra. Me dediqué con ahinco a ella sabiendo de qué iba el asunto. Lo dejé y desistí en proponerlo para la tertulia.
Entonces, en castellano, he ido entendiendo todo lo que habéis dicho, todo ese perspectivismo que yo no lo considero monólogo interior sino origen o ubicación del narrador. Este se ubica según el punto de vista de los personajes y expresa lo que ven, lo que piensan y lo que sienten. Es un aspecto que se ve en muchos capítulos : no es el personaje el que está describiendo sino que es el autor, Faulkner, el que está detrás de todos con la evidente maestría de un Premio Nobel.
Es una novela realista y, como en todas sus novelas, estoy seguro que esta historia del granjero que lleva a enterrar a su mujer es real y ha sucedido. Pero es sólo un medio de describir la condición humana, la más baja, sucia y horrible que es el egoísmo. El personaje principal es el padre que es un malnacido. Lo único que pretende es ir al lugar de origen de su esposa para encontrar otra esposa y una dentadura postiza nueva y lo hace a costa de la desgracia de sus hijos : de vender el caballo que Jewel ha conseguido con su desvelos, de que su hijo cojo se quede todavía más cojo, de que encierren a su hijo que se está trastornando, de quitarle el dinero a la hija que está ahorrando para abortar. Es realmente una de las descripciones más crudas de la maldad humana. No he sentido tanto terror desde que leí a Lady Macbeth diciendole a su marido : “Déjame que vierta mi valor en tus oídos”. Faulkner, que era un joven de treinta años cuando escribió la novela, lo que hace es que a través del cambio de localizaciones, de toda esa lluvia, de todas esas penalidades y ese hedor a muerto, de esos puentes arrasados, es mostrar como el amor de esos hijos que amaban a su madre es pervertido por el padre, que tras pérdidas y un tremebundo esfuerzo, aprovecha para conseguir lo que anhela. El autor nos presenta este sufrimiento página tras página para que el lector lo sienta y lo sufra. Faulkner es un genio y ésta es una de las mejores propuestas de la tertulia, por ello me apena no haberla hecho yo mismo.

 

Carlos Fernández :

Me alegra que hayáis mencionado La odisea porque a mí también me parece que efectivamente es parangonable la historia de este libro teniendo en cuenta que Ulises es la madre que vuelve a su patria; en vez de dioses tenemos a las fuerzas de la naturaleza que se conjuran para hacerle la vida imposible y al final llegan a su destino. Además de La odisea, me hace recordar un cuadro famoso en el que se ve a Juana la loca llevando el cadáver de su marido. La historia es un hecho trivial que transcurre en una semana y me ha recordado a cuando Juana la loca llevaba a Felipe el hermoso pudriéndose por España. Es una cosa muy llamativa que comienza por la construcción del ataúd; a lo largo del recorrido son acompañados por los buitres. En algún momento la hermana le dice a un hermano que se acerque a escuchar al féretro pues se escuchan sonidos que de seguro son los del cadáver hinchándose y descomponiéndose.
Está ambientado en el sur de Estados Unidos y esto me ha recordado a Steinbeck, en concreto a Las uvas de la ira. Es un ambiente de pobreza extrema de las ciudades del sur.
Hay delirios e ideas confusas parecidas a esas que aparecen en la antesala del sueño. Hay narración y descripción. Los capítulos a veces son sucesivos y otras veces son simultáneos de forma que un capítulo da otra perspectiva de lo ya narrado en el capítulo anterior. Al principio el hilo es confuso y aparecen varios personajes que hablan de los demás de una forma bastante poco clara. Luego la trama se reconduce y te das cuenta que es una familia la protagonista. Se hace una historia lineal con no más de ocho personajes y algunos vecinos que aparecen ocasionalmente. Las frases son cortas llenas de tropos como es la aparición de comparaciones en gran número :

Empieza a llover. Las primeras ásperas, dispersas, rápidas gotas se deslizan por las hojas [...]. Son gruesas como perdigones, cálidas como recién salidas de una escopeta; se deslizan por el farol como con un silbido malévolo.

Hay una buena caracterización de los personajes en el libro especialmente en el caso del padre. Parece que es un pobre hombre que se justifica (“Bien sabe Dios que yo hago siempre lo que puedo”) como un hombre sin sangre en las venas. Es el personaje mejor descrito. Hay descripciones largas y maravillosas de sucesos que duran pocos minutos como el vadeo del río y otras.
Esta es una obra que a ratos es de fácil lectura y se entiende perfectamente, y a ratos es difícil y confusa la lectura. Es una obra de las que llaman de postergación pues el lector está esperando el hecho del enterramiento y nunca llega : hay siempre otros sucesos que se meten en medio y postergan el hecho final que persigue la familia al completo. Esto hace que sea angustiosa la lectura, cuestión que consigue perfectamente el autor.