¿Y qué hubiera pasado si...?

Manolito, era como el de la peli, gordito y con gafas; sin embargo menos gracioso y más tímido.

A los doce su peso se vio incrementado en parte a los 10 motes que se repartían desde su barriga a sus mofletes, y en mayor medida a la ingentes cantidades de glucosa que consumía para combatir la carencia de amigos.

Rafa, a sus doce, era el listillo que apuntaba a cabronazo, pijo y cachitas. A los seis le dio la primera paliza a Manolito, y le bautizó con su primer mote "El VACA". Nunca le llamó por su nombre. Como veis no era ingenioso, y la verdad es que no lo necesitaba, al fin y al cabo la gente se reía cuando él lo exigía.

A los quince Manolito no había besado a ninguna chica. Bueno, ni a los dieciocho, ni a los veinte... Pero en fin, eso forma parte de otro cuento.

Rafa no necesitó estudiar medicina para aprender la anatomía femenina, la conocía desde la EGB, y al llegar a los 20 las capturas superaban las cuentas del BBV.

Como veis mis queridísimos contertulianos, a mis dos protagonistas les rodeaban los tópicos del olvidado y el triunfador, y muy a vuestro pesar así será hasta el final de la historia.

A los dieciséis, Manolito subía las escaleras antesala de "BUBU", una discoteca que con el tiempo se convirtió en Light; vamos, de esas en las discoteca que con el tiempo se convirtió en Light; vamos, de esas en las que dejaban pasar a todo cristo.
Iba acompañado de cinco renegados del instituto. A su derecha el Peque, 1,50 y cara de niño. A su izquierda, el vacío.

Ni tan siquiera pudieron llegar a la puerta. A una distancia de 10 metros de meta y con un desnivel del 5%, el pelotón cogió una pájara al sentir el dedo acusador del segurata, que mientras señalaba a Manolito y al Peque, sentenció:

"Todos vosotros podéis pasar, pero esos dos... esos no entran ni en el parque de atracciones"

Así se deshizo la compañía, y mientras que unos entraron en la discoteca para descubrir que si no se liga en el instituto mucho menos durante la fiebre del sábado noche (a menos que formes parte del séquito de Rafa), otros, Manolito y Peque en compañía de una hamburguesa, fundaron la primera entifada no musulmana en contra de los desalmados triunfadores.

Desde el Lunes que siguió a este incidente y hasta finalizar el instituto, Rafa no volvió a necesitar hacer uso de la violencia. Le bastó con pasarse al humor inteligente

"se venden tickets para el Parque de atracciones"

eso sí, nunca se repetía:

"¡Oye Manolito! ¿quedamos este finde para ir al Parque de atracciones?"

Manolito comenzaba a mostrar síntomas de madurez. Ya no sentía lástima por su barriga. Ahora sencillamente la autocompasión se había lástima por su barriga. Ahora sencillamente la autocompasión se había convertido en furia. Sin embargo seguía sintiendo miedo, así que en vez de ejercitar el músculo, se dedicó a aficiones marginales como el cómic manga o el cine alternativo... En fin, ese tipo de gusto por lo oscuro y retorcido.
La Universidad le alejó de Rafa, el primero en ingenieros (hay que joderse encima sacaba buenas notas), el segundo, paradojas de la vida, en sociología. Pero al menos este cambio le brindaba la oportunidad de comenzar de cero.

Los años pasaron y nuestro prota descubrió que la resignación era un buen sustituto de la furia, e incluso que las pintas y la marginalidad le dotaban de un cierto interés de cara a las tías (eso si seguía sin comerse un rosco, pero al menos tenía amigas). La entifada fundada junto al Peque, dio lugar a un grupo paramilitar universitario encargado de asuntos mayores. El más sonado de sus triunfos fue sabotear el cambio de cerveza "mahou "por "cruzcampo", en la cafetería de la Uni.

Por fin sentía que el pasado se alejaba del presente. La aflicción que había sentido le sirvió para desarrollar un sentido del humor bastante sarcástico, y aunque un poco distante en el trato, se le veía como un colega fiel.

De nuevo el tiempo se empeñaba en correr, y así se vio obligado a cambiar las pintas de siniestro por una chaqueta de pana; eso le bastaba para cubrir el expediente como profesor.

El 12 de Diciembre del 92 volvía del hospital. Venía de supervisar la logística de la habitación en la que se encontraba su mujer y su primer hijo. Por fin había vencido a sus fantasmas. Absorto en la alegría del que por fin había logrado todos sus objetivos, se dio de bruces con un encorbatado que salía de un edificio de oficinas.

¡Joder! si era Rafa, maqueado como era de esperar hasta el punto de llevar gomina en las cejas.

Manolito sintió ilusión. Una vez reinsertado en el sistema social, entendía que lo de las vejaciones de antaño no era más que una cuestión de chavalines, así que se dispuso a saludarle efusivamente.......... cuando:

"Hola VACA", se anticipó Rafa

Menudo miserable, su estrella seguía en el mismo sitio, grande y brillante sencillamente seguía haciendo lo que se le ponía.

A Manolito se le vino el pasado encima. Llevaba demasiado tiempo resignado al miedo como para hacer nada; sencillamente sabía que lo mejor era seguir su camino sin dedicarle una sola palabra. De hecho, creyó que un silencio acompañado de una mirada a lo Humphry Bogart resultaría un gesto de bastante clase, y así lo hizo.

Lógicamente Rafa se descojonó, pero Manolito quiso creer que había hecho lo correcto.

Y así transcurrieron los días, y vivió bien, y comió perdices y fue básicamente feliz.

Del pasado conservó a Peque como amigo, pero sobre todo la duda de si fue el miedo o el sentido de su ética, lo que le llevó a alejarse en silencio en su último encuentro con Rafa. Por eso, y hasta el último de sus días se preguntó: Y qué hubiera pasado si le rompo la cara. Una dolorosa toñeja por cada vez que me llamó VACA; por cada humillación, por cada vez que sentí que no era nadie, por cada vez que me tembló la voz o se me quebró el ánimo.

¡DIOS!, si hubiera sacado un poco de valor y le hubiera roto la geta... Porque seamos sinceros, ¿alguien cree que le podría haber explicado lo mal que se portó de niño y tal vez conseguir que se arrepintiera de algo de lo que hizo?. Hacerle sentir miedo, miedo de verdad... eso era le que necesitaba. Así podría recuperar la paz.

 

A propósito como soy muy comercial con los finales, que sepáis que tres años después Rafa se cruzó con el Peque, que ya había crecido, y le propinó una somanta palos cuando el listillo le dijo que tenía un 2 por 1 para el Parque de Atracciones.

Para algo están los amigos.

Emilio Hidalgo