Por la ruta central

Caminata presurosa, quince minutos antes de las tres de la tarde. Mantenía paso firme y constante, sus tacones sonaban con un "toc-toc".
La recuerdo muy bien, combinanda en ante guinda, falda entallada justo a la rodilla; cabello oscuro, anudado en la nuca, labios en rosa pastel.
Imagino que espera el autobús, creo que va a acabar con la acera, porque dá pasos a diestra y siniestra; tres, cuatro y cinco, de un lado al otro , su rostro luce desesperado, algo enfadado.
Ahora el taller está tranquilo, hace rato trajeron una camioneta pero no vendrán por ella hasta la tarde.
Una voz dentro del hombro izquierdo me indica acercarme a ella, pero ¿con que pretexto?
Aflojé la corcholata de dos botellas de coca cola, me acerco y sin palabras le ofrezco una, me mira con desconfianza cierta pero le digo:
-¡ándele hermosa! está bien fría, y el calor esta rete-fuerte, está recién destapadita 'ire las burbujitas.
Se quitó las gafas y me miró a los ojos, sentí como si estuviera viendo dos estrellitas pero de cerca, y tono alterado dijo:
- ¡Tengo veinte minutos esperando el autobús ya voy tarde a mi trabajo, y ni siquiera alcancé a comer! Pero agradezco su buena intención.
Y tomó en su mano la botella, la bebió en cuatro tragos, casi sin respirar, ni hablar, me parece que sí tenía sed o hambre.
No sabía como empezar la plática, ¿De que le hablo? – pensé- pues ni modo, con las quejas de los camiones.
- A veces los camiones se tardan más acá en el centro, pero no se preocupe verá que ya no dilata.
- Es que mi jefe es un malhumorado, me descuenta cada minuto que llego tarde. Tenía el tiempo contado para llegar a hacer unas cartas antes de las cuatro, a este paso no voy a terminar.
- Los autos son pa' los ricos pero no se crea, también tienen sus cosas, se descomponen, y luego ahí andan otra vez en los camiones. Hablamos del clima, que eso de los autos era buen invento pero bien engorroso, ella siguió con lo de su trabajo – sin decir en donde. Pasaron otros quince minutos, el autobús se acercó, me dio gracias por la soda y por el rato. Se subió apurada, quise detenerla aunque fuera un segundo más para preguntarle su nombre, la jalé del hombro, pero ella solo me dijo:
- voy muy tarde, otro día!
se desacomodó el fular del cuello, y me lo dio. arrancó el camión con algo de estruendo; ella me veía fijamente desde adentro, me llevé el fular al rostro, tenía todos sus aromas; le sostuve la mirada.
Llevo cuatro días esperándola a la misma hora, en el umbral del taller. estoy en espera de su nombre. Mientras, su fular me acompaña por las noches.

29.03.05
alilh

Alicia López

Añadir nuevo comentario