Un desfalco planetario

 

Una vulgar mañana, cuando me levanté, los periódicos y los noticiarios habían empezado con esa conocida cantinela que ha terminado arruinando nuestro modo de vida de antaño. El negocio familiar se hundió en pocas semanas como un manso velero de juguete en un estanque. A la luz de un candil, en una cabaña campestre de fin de semana, escribo estas lineas tratando de explicar nuestra situación. Ya no tenemos Internet ni centros comerciales ni veloces coches ni cuentas bancarias repletas, pero nuestra vida transcurre bajo otro ritmo y otras esperanzas. Nos acostumbraron durante décadas a amar el dinero, a ansiarlo y a necesitar de él con afanes religiosos. Ahora ha desaparecido del mundo ¿qué haremos sin dios?
Como decía, una mañana se habían volatilizado de los superordenadores del planeta imponentes cifras dinerarias con muchos ceros a la derecha : dinero virtual que nunca llegó a ser papel moneda, sólo descansaba en casilleros electrónicos de enormes sótanos con aire acondicionado. Los truchimanes del gran desfalco eran señores encorbatados que vivían y viven - según creo- tras enormes mesas de caoba con iluminación halógena y se refugian bajo el seudónimo de banqueros o expertos financieros. Ellos siguen tras esas mesas con los nudos de sus corbatas solamente un poco más distendidos. Eran lo mejor del Imperio, lo más granado y selecto, herederos eternos del americanweioflaif. Aquellos que nos alertaban contra civilizaciones enteras, contra perversiones, asesinatos en masa y genocidios futuros bajo la admonición de dioses ajenos. Nos inculcaban el miedo con cada imagen llena de miles de rostros cobrizos de mirada amenazante, la cual daba vueltas vertiginosas en órbita planetaria. Esos mismos hombres empeñados en la riqueza propia han dejado en bancarrota la economía mundial.
Primero nos convencieron de la necesidad de la globalización, de ser hermanos todos en lo económico y después vaciaron nuestros bolsillos con inteligentes y suculentas operaciones de ingeniería financiera. En un pase mágico de indudable sagacidad, nos endeudábamos por el resto de nuestras vidas para pagar una casa que costaba cien y después acabar descubriendo que valía en realidad cincuenta o incluso veinte.
Mientras, el resto de los mortales hacemos lo que podemos para sobrevivir. Hoy, sin ir más lejos, saqué de la huerta una lechuga colosal digna de la mejor feria agrícola. Sí, hemos vuelto a vivir de la tierra que es lo único que nos queda.
Antes de aquella remisa y disímil mañana, pocos días antes, había adquirido un todoterreno a la última moda marca Kandinsky Tramoller 4x8 con tracción inteligente a las cuatro ruedas y turbo inyección retroproyectiva y cibernética increíble. Ahora está varado detrás de la casa y hace de gallinero porque su triste dueño no tiene dinero para combustible e incluso duda que el gasóleo siga siendo ofertado en algún surtidor de este lado del país. Nos comemos unos huevos maravillosos de retropropulsión gallinácea y están muy ricos untados con el chusco de pan casero.
Mi mujer y mis hijas viven nerviosas por no poder ver a otras personas y sobre todo por no poder conversar con gente como antes del gran golpe. Se arreglan como pueden con las pocas ropas y atrezzos que sobrevivieron al naufragio.
A las tardes, después del trabajo de subsistencia, leemos obras inmortales de filosofía de Diógenes, Kierkegaard, Kant, Heidegger, Aristóteles, ... y tantos y tantos hombres sabios; y libros con literatura sublime como los de Aldecoa, Cervantes, Mann, Kafka, Ferlosio ...., mientras esperamos que el cielo sea fuego y contemplarlo en la tranquilidad que clausura el día. Conversamos tras estas lecturas o mientras leemos sobre las ideas y textos que nos regalaron y nuestra banda sonora está hecha de sones de grillos y piar de aves. Vivimos al modo de Thoureau, en la espesura del bosque, fuera del tiempo, una vida tal vez kafkiana por impensable (ah, si Kafka levantara la cabeza de su tumba). Permanecemos emboscados pero sabiéndonos felices de poder estar aquí. Cuando este mero hecho no sea posible, porque han dado otra vuelta de tuerca a la Vida, nos tumbaremos y moriremos : ésta será la única salida que nos dejan, la única plausible.
Lo que no obsta, en conclusión, para que siga considerando al hombre como la criatura más maravillosa que ha visto la luz del día. El proyecto más esperanzador y sublime, más digno de elogio y de admiración. Como diría el poeta : es la más hermosa conquista del aire.

 

El maestresala