Carnavales de resina y lino

Hoy es viernes.”
 
¡Cuan gritan estos malditos!
Y mal rayo me parta,
si en acabando esta carta
no pagan caros sus gritos.
 
Y le dice Botarelli a Ciutti:
 
Buen carnaval.
 
Así comienza el Tenorio. Si. Hoy es Viernes Flaco. Pero no me he dado cuenta de ello hasta ahora.
 
Claro, no me acostumbro a este cielo azul y a los veinticinco grados en invierno.
 
¿Qué hora es? Las once y media. Tampoco me he acordado de fumar el cigarrillo de media mañana. Voy a salir un ratito y me despejo. Si no lo hago, esta tarde, me dolerá la cabeza.
 
Me queda medio cuarterón. Aguantaré hasta el lunes, aunque igual compro tabaco mañana y así, me quito un cuidado. Tengo papel suficiente. El martes compré dos librillos. Esperaré a mañana y ya veremos.
 
No tengo que olvidarme de llamar a Britany ... ahora que se han marchado de casa los niños... bueno niños... de treinta años... se sentirá sola y es obligación de un padre preocuparse de sus hijos. Erin, sin embargo, estará entretenida con el pequeñín. Es una buena experiencia el primer nieto... No se puede decir lo mismo del primer biznieto...
 
¡Ah! Rosana también sale a fumar... ”
 
-¡Buenos días, Rosana!.
-¡Hola Don Miguel!.
 
-¿Te vas a disfrazar esta tarde?
 
-Si. Como el desfile comienza a las ocho, cerraremos la tienda un rato antes y espero tener tiempo de ir a casa, cambiarme y reunirme con la murga del barrio.
 
-¿De que saldreis disfrazados?.
 
-De presidente Obama.
 
-¿También las mujeres?
 
-Sí. Es un disfraz muy sencillo: nos pintamos la cara de negro y llevamos un traje oscuro con camisa blanca y corbata. ¿Ud. no se disfraza?
 
-A mi, con esta cara, no me hace falta... Espero que os divirtais.
 
-Seguro que sí.... ¡Vaya! Lo siento Don Miguel, llegan clientes y debo vigilar... ya sabe.
 
-Ve tranquila, niña.
 
Una muchacha graciosa Rosana. Aunque no tiene mucha imaginación... Tampoco hay que ser tan estricto, puesto que la mayor parte de la gente solo busca pasar el rato... no representar Otelo. Así que saldrán disfrazados de payasos, de moros, de brujas... y los hombres de mujeres... y las mujeres de presidente Obama...
 
Si, yo también cerraré esta tarde. Solo vendrán mirones, suponiendo que venga alguien. Esta mañana no ha entrado nadie. No sé si quedarme en el taller o salir y dar un paseo.
 
La verdad es que me convenía trabajar un poco más en el B -24. Transmitir movimiento desde el motor a las cuatro hélices es más complicado de lo que pensaba. ¡Bah! Lo mismo pensaba cuando empecé el Heinkel 111 y mucho antes con el primer avión. ¿Cual era?... Si, el Polikarpov Chaica: el Chato de la Guerra Civil.
 
Han pasado muchos años y muchos juguetes. Muchas veces me he acordado del coronel Aureliano Buendía que, después de organizar tantos pronunciamientos, acabó encerrado en aquella habitación... haciendo pececitos de oro... Yo, sin embargo, elegí los juguetes. Muchos aviones, soldaditos, carruseles, teatritos, casas de muñecas...
 
Dieciocho años y medio. Casi veinte años sin el frío del invierno. Sin aquellos putos aguaceros, sirimiris, lloviznas y chubascos. Todos los días llovía y todas las lluvias eran diferentes... con gotas gruesas, semisólidas, tenues... Sin ciática ni reuma... Dios sabe que no echo en falta aquellas tierras. Que si el paisaje... que si las verdes praderas... que si la comida,... Sin embargo esta tierra es el paraiso. Cielo azul, desierto y cabras, no hace falta más...
No me voy a complicar la vida. Seguiré con el B – 24 mañana y ahora voy a pintar el pelotón de versaglieri... seguro que la resina ya se habrá solificado. Eso me relaja mucho.
 
¿Eh? ¿Ha sido la campanilla de la puerta? Vamos a ver.
 
¡Una joven con vestido de señorita sureña! Y que vestido tan bonito. Parece Escarlata O'Hara”
 
-¡Buenos días, señorita! ¿Está interesada en algún juguete? o ¿prefiere echar un vistazo?.
 
-¡Buenos días Don Miguel! No necesito ningún juguete... vengo a buscarle a ud.
 
-¿A mi? ... ¿Ud.?... Ud. es ... es... Yvonne de Carlo. Está igual que en La esclava libre... Disculpe yo... la había confundido con Escarlata O'Hara... ¡qué error imperdonable!. ¡Dios mío! ¡Es ud. bellísima!.
 
-Muchas gracias, Don Miguel, pero le aseguro que otras persona me ven como a Lily Munster. ¿Nos vamos ya?
 
-¿¡YA!? ... pero... yo... no la esperaba...
 
-En este caso, ud. coincide con todos los demás.
 
-No, no... quiero decir que no la esperaba hoy. Por supuesto que sabía que vendría pero... no se por que razón esperaba que ud. me avisaría. Aunque, es cierto que no recuerdo haberme duchado y afeitado esta mañana ni qué he desayunado y que parece como si me hubiera despertado hace diez minutos. Tendría que haberme dado cuenta y haberme arreglado un poco. Estoy hecho un asco.
 
-Tampoco exagere. Está perfectamente aseado y su ropa es informal pero muy adecuada para la ocasión.
 
-Sin embargo, Srta. de Carlo, lo bien hecho bien parece... y me gustaría celebrar su visita como se merece. Permítame que la invite a tomar un cafe y luego demos un paseo por el malecón. Solo será media hora y le garantizo que no se arrepentirá. Puerto del Rosario es un lugar encantador y yo tengo fama de ser un irresistible galán. Además, siempre se recuerda el día de su llegada pero nunca la hora... no será tan importante. ¿No le parece?... y seguro que en otras ocasiones ha tenido que esperar algún tiempo.
 
-Desde luego, Don Miguel es ud. un embaucador, pero también tiene razón en que es muy habitual que me hagan esperar; no horas si no semanas y meses... y los medios empleados para ello son, muchas veces, más peregrinos que su proposición.
 
-Entonces no se hable más. Le voy a sacar un vino de Málaga... ¡No, no, no! Le pondré solo un culín y también un bombón para que no se le suba a la cabeza... Eso es, ¡sientese, por favor!, estaré listo un santiamén. Ya sabe que en la trastienda tengo el taller y mi casa... y al otro lado un jardinillo. ¿Quizás prefiera aguardar allí?
 
-No se moleste, estoy bién aquí... Su tienda es muy bonita. ¿Todos los juguetes los ha hecho ud.?
 
-Sí, Srta. de Carlo. Pieza a pieza.
 
-Me gustan, sobre todo, las casita de muñecas y los carruseles ... ¿Funcionan?
 
-¡Claro!, elija el que quiera y dele vueltas a la manivela...
 
-¡MMM! Y tiene música,,,
 
-Sí, bueno... me ha pillado, los organillos los compro aparte. Me los vende YingYe, la del todo a cien de la esquina... ¡ya estoy!. En perfecto estado de revista: traje de lino blanco, camisa blanca, sombrero panamá blanco con cinta negra, corbata negra, cinturón y zapatos italianos blancos y negros.
 
-Y bastón. No sabía que lo necesitara.
 
-Y no lo necesito, pero cuando se tiene mi edad cualquier ayuda contra las torpezas propia y ajena no se debe rechazar. Ud. primero... Un momento que baje la persiana y adelante.
 
-¿Donde vamos?
 
-Aquí al lado, a mi restaurante favorito: “El vizcaíno fingido”. Es de unos señores vascos... que también se cansaron de la lluvia... Hacen comida casera y tienen abierto el negocio por distracción, como yo con los juguetes.
 
-¿Qué quiere decir? ¿No necesita el dinero? Entonces, ¿por que los vende?.
 
-Antes de jubilarme pensaba constantemente en qué ocupar el tiempo libre cuando llegara ese momento. Más aún, cuando oía a mis compañeros de trabajo, que se jubilaban, decir que no sabían qué hacer, sentía una gran desazón. Incluso había algunos mangarranes que protestaban por no poder seguir trabajando, ya que, según ellos, se desperdiciaba toda su experiencia. ¡Como si fueran Max Planck o Luis Pasteur!... ¡Ah! El camarero. Yo tomaré un cortado y ¿ud., Srta, de Carlo?
 
-No sé, he tomado un sorbito del vino dulce que me ha dado... quizás no...
 
-¡No sea cobarde!... y un vino de Málaga para la señorita... Como le decía, encontraba muchas personas que no sabían qué hacer cuando se jubilasen. Muchos me decían: “Después de tantos años no sabemos hacer otra cosa”.
-¡Qué forma tan triste de enfocar la vida!
 
-¡Y que lo diga!. Pero así es la condición humana. Además, debe pensar en que, al final de su vida laboral, aquél que ha ostentado un cargo, que creía importante, pasa a ser un donnadie, peor aún: un viejo... Se pierde la autoridad, las relaciones sociales y llegan el olvido y la soledad.
 
-¿Y a ud. le han alcanzado también?
-¡Aquí está el café! ¿Qué le debo?
 
-Tres cincuenta.
 
-¡Está bién así, majo!
 
-Le ha dejado ud. una buena propina y se ha quedado sin cambios.
 
-No se preocupe, estoy preparado para cualquier contingencia... ¿De qué hablábamos?... ¡Ah, sí! ¡Olvido y soledad!... Si, claro: soy un anciano. Pero esa es la labor de mi tiendita. Ocupo mi tiempo, me divierto y me relaciono con gente de todo el mundo, que por muy poco dinero vuelven a sentirse como niños. Y el olvido... ¿Le importa que fume?
 
-¡Por favor, D. Miguel! Sabe que me halaga con ese cigarrillo.
 
-El olvido no está en los demás si no en uno mismo. Decía el príncipe Salina que la vida de un hombre podía resumirse en un par de horas de recuerdos... Un gato sobre un tejado nevado. Dos niñas que pasean de mi mano una tarde calurosa. Unos ojos verdes que bizquean al mirarme. La cabeza de una mujer que se mueve hacia atrás, con los ojos cerrados y la boca entreabierta... Recuerdos que vienen y van. Recuerdos que no vuelven... No quiero entretenerla más... ¿Quiere que caminemos hasta el puerto?
 
-Es ud. muy sagaz... allí nos espera el barquero.
 
-¡Tengo mi moneda! Ya le dije que la estaba esperando... ¡Qué mañana tan maravillosa!... Su visita me ha llenado de felicidad, tanta como no había experimentado desde hace mucho... mucho tiempo... Es una lástima que hayamos acabado el paseo.
 
-Esta es su barca... Adios, Don Miguel.
 
-Adios Srta. de Carlo. ¡Ha sido un placer!
 
-¡Buenos días! Aquí tiene mi moneda... ¡Oh Dios! ¿¡Es ud. Charlton Heston!? No me lo puedo creer. Le recuerdo así... en Ben – Hur, ¡Dios sabe que tiene ud. un aspecto formidable!
 
-Su moneda es buena. Una réplica de un kopec del año 1853...
 
-Me la dieron unos señores rusos... hace muchos años... querían ver el Biscay Bay...
 
-...
 
-Sr. Heston... y... ¿ahora?
 
-Rema bien y vive, Cuarenta y uno.

 

Miguel San José