Amigos de cobre y rafia

Wesen entró en La Granja por la puerta de bisagra ya que sus ocho pies de altura le impedían utilizar la giratoria. Algunos clientes de la barra se volvieron para mirarle y uno de ellos, con disfraz de Micky Mouse se acercó a preguntarle, con voz estropajosa, algo sobre un equipo de baloncesto. Wesen se limitó a apartarle, suavemente, y se dirigió hacia el fondo del local donde un gran paquete de color indefinido se encontraba colocado sobre el escaño contiguo a la ventana. Wesen se paró junto a la mesa y esbozó algo parecido a una sonrisa con la cicatriz rojiza que cruzaba el lado izquierdo de su cara, desde la comisura de la boca hasta una especie de borna de cobre que tenía alojada en la sién, cuando entre la rafia que envolvía el bulto aparecieron unos ojos llameantes y una boca que le saludó jovial.

- ¡Hola Wesen! No te quedes ahí como un pasmarote, ¡siéntate hombre!.

Wesen comprobó la solidez de una de las sillas apoyándose con sus manazas sobre el respaldo y, tras emitir un gruñido de aprobación, se sentó frente al paquete, al que, de repente, le salieron brazos y piernas. Wesen respondió a su amigo alegremente.

- ¡Hola Ramsés! ¿Llevas esperando mucho rato?

- No. Acabo de llegar. Solo he tenido tiempo para pedir un té con hierbabuena... para ver si nos calentamos un poco.

Ramsés y Wesen se quedaron callados un instante y, simultáneamente, estallaron en una sonora carcajada, que asustó a un grupo de panteras rosas, que entraba en el café por la puerta trasera, y que les hizo correr hasta la barra entre risas y grititos histéricos, mientras sorteaban a Elías, el camarero ambliope, caracterizado de indio de las praderas, que se acercaba con el té moruno.

Elías dejó el servicio en la mesa y Ramsés le detuvo con una mirada, para preguntarle a Wesen.

- Querrás un snap después del té ¿no?.

- Mejor tomaremos orujo porque si pedimos snap tendremos que esperar hasta el día del Juicio Final.

Esta vez, la tormenta de risa fue inmediata y más corta que la anterior puesto que Elías había comenzado a huir espantado, por lo que Wesen tuvo que gritarle.

- Camarero, traiga una botella de orujo blanco ¡por favor!

Ramsés sirvió el té, para lo que hizo aparecer sus manos, con los dedos primorosamente vendados, y retomó la conversación.

- Hacía bastante tiempo que no nos veíamos.

- Sí, desde la víspera de difuntos – contestó Wesen entre soplidos para enfriar el té- Tendríamos que organizarnos mejor. Tratar de reunirnos una vez al mes, por lo menos, con alguna excusa, no sé ... ¿qué hace la gente para mantener el contacto social? Ya sabes que yo tengo problemas para relacionarme ...

- ¡Tonterías! Wesen, tu eres el más normal de toda nuestra cuadrilla lo que pasa es que con el tamaño que tienes llamás mucho la atención y la gente es muy envidiosa porque tu nunca has estado en el paro, a propósito... últimamente... ¿cómo te ganas la vida?.

Wesen miró a su amigo y volvieron a reír haciendo grandes aspavientos. Cuando se calmaron, Wesen continuó afable, captando todo el interés de Ramsés.

- Ahora estoy de gorila en Pachá. Es un trabajo fácil y, casi siempre, en turno de noche... no me puedo quejar...

El tintineo de la botella de orujo y los vasos le interrumpió. Miró a Elías y le dio un billete que sacó de un bolsillo interior de su raída americana negra.

- ¡Quédese con el cambio! - y dirigiéndose a Ramsés – Ya sirvo yo el orujo, pero bebe con precaución porque es tan fuerte que resucita a los muertos.

Nuevamente, los amigos rieron felices y brindaron haciendo chocar los vasos. Bebieron el primer chupito a la mejicana y, enseguida, Wesen llenó los vasos y continuó la charla.

- Sí, estoy contento, pero no me acostumbro al trato social... como te decía tendríamos que organizar algo... un campeonato de mus, por ejemplo.

Ramsés asintió tras un sorbito de orujo.

- Es una buena idea, pero tendríamos que localizar a los viejos roqueros y yo he perdido el contacto con casi todos ellos... ¿y tu?... ¿has hablado con Vlad ultimamente?

Wesen meneó la cabeza con expresión de pesar.

- No está bien. Le ha afectado mucho como están presentando a los suyos en el cine americano.

- Te refieres a esa basura de trilogía de niñatos pálidos contra perros. Sí, es deleznable, pero esto viene de atrás, no recuerdas aquélla película protagonizada por Brad Shit, Cruise y Banderas... allí comenzó el pitorreo.

- Estoy de acuerdo contigo. Los viejos tiempos de Bela Lugosi eran realmente elegantes. Te acuerdas de como nos miraba Vlad por encima del hombro por que a nosotros nos interpretaba Boris Karloff.

- Sí, pero Karloff era mucho más popular y menos encasillado que Lugosi. En cualquier caso, nosotros también hemos tenido que penar lo nuestro y si no aplícate el cuento con la patochada que hizo Mel Brooks sobre tí.

- No me lo recuerdes, por favor; menos mal que Kenneth Branagh lo corrigió un poco... su versión era muy fiel a la obra de Shelley.

- Sí, en eso habéis tenido mucha suerte, tu y Vlad, por que Coppola hizo antes la versión fiel a la obra de Stocker. En cambio yo, solo he tenido versiones infantiles.

- Pero muy dignas, ¿eh? Pura serie B, que también tiene su cosa romántica, y con un montón de efectos especiales... hasta te mostraron tan desenvuelto como ahora mismo.

Wesen río su gracia, pero paró enseguida porque Ramses había arrugado las vendas que le rodeaban los ojos y comenzado a resoplar con tristeza.

- Ya, pero me cambiaron el nombre: Imhotep. ¿qué nombre es ese?... ¿Qué diría la Srta. Rice?

- No te pongas depresivo. Sabes perfectamente que eres muy conocido, fíjate en Valdemar: no le conoce nadie ¿Y Herbert White? Pobre chaval, solo aparecía en alguna de aquellas revistas que les regalaban los visitadores médicos a los dentistas y ahora ni eso. Y ¿Sir Eric Moreland?... solo hacen un película sobre él y parece rodada en un charcutería.

Ramsés dió un manotazo en la mesa que produjo una nube de polvo.

- Ese es el problema de fondo. La sociedad solo quiere sangre y tripas. ¿O no te has dado cuenta que ahora resucita cualquiera? Y ¿por qué medios?: un meteorito... ¡un virus! Y todo el mundo es un muerto viviente. ¡Por el amor de Ra! ¡Es grotesco!

Wesen asintió y llenó, de nuevo, el vaso de su amigo.

- Pero Ramsés, ¿qué puedes esperar de una sociedad que aborrece el conocimiento? Para entender tu caso, el espectador o el lector debe manejarse entre la religión del antiguo Egipto, en el de Vlad hay un fondo teológico muy importante y en el mío se exige un mínimo interés por la ciencia en general. Y no hablemos sobre los fondos metafóricos de las distintas historias...

- Desde luego, es mucho más sencillo llenar la pantalla de retrasados mentales caníbales, que además se dejan matar, definitivamente, de la forma más estúpida posible, que plantear la tortura de una eternidad en soledad.

- Ramsés, hemos vuelto otra vez al principio: no estamos organizados, no nos vemos lo suficiente... voy a llamar a Vlad y a Valdemar ahora mismo y nos vamos a cenar al txoko y después... una partida de mus.

Wesen sacó un teléfono móvil de otro bolsillo de su enorme americana y se lo pasó a Ramsés.

- ¿Me haces el favor de llamarles tu?... ya sabes que con mis dedos aprieto a todas las teclas a la vez.

 

Miguel San José