El día que Salgari rompió la pluma

No son cien años, sino 101 los que se cumplirán el mes próximo de la muerte de Emilio Salgari, escritor y periodista italiano, creador de Sandokán y los tigres de Malasia, un territorio que no conocía y sobre el que escribió a pesar de que nadie le vio consultar un atlas. Su libro ‘Mis memorias’ -en el que se entremezclan vivencias del autor y sus personajes de ficción- concluye la víspera de su suicidio, el 25 de abril de 1911, con unas palabras de despedida para sus cuatro hijos, que quedaron en una situación económica precaria y con una madre mentalmente trastornada: "Que estas palabras sirvan de testamento; nada poseo, nada puedo dejaros; solamente mi recuerdo. Pero he dado a la Patria alguna cosa... ¡le he dado mis novelas!".
Emilio Salgari se hizo el harakiri a los 49 años. Tras publicar más de cien títulos con su nombre o bajo seudónimo, obteniendo una difusión extraordinaria para la época, escribió antes de morir a sus editores una nota de ‘agradecimiento’ que, un siglo después, cuando se debate sobre los derechos de autor en la era Internet, parece recobrar actualidad. “A vosotros, que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor, sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales. Os saludo rompiendo la pluma”.
En un apéndice a las memorias, escrito por los hijos de Salgari en los años veinte del pasado siglo, estos recuerdan que el escritor trabajaba infatigablemente “para satisfacer las continuas peticiones de los editores”. Al final de su vida, instalado en Turín, aseguraba a su familia que Sandokan, Tremal-Naik o Yáñez no eran fruto exclusivo de su imaginación y que en casi todas sus novelas había algo de cierto. "Se identificaba de tal modo con sus personajes que concluía por hablarnos de ellos como de personas reales", relatan los hijos.
Siempre falto de dinero, agobiado por los males de su esposa y el temor a las enfermedades y a quedarse ciego, Salgari soportó sus desgracias enredando a sus personajes en historias de aventuras en las que el bien derrotaba al mal. "Acaso mi modesta y popular literatura no ha sido meramente un sencillo y ocioso entretenimiento...".
 

Javier Muñoz - El correo

 

Añadir nuevo comentario