La momía (una revisitación)

 

- Mama, ¿pero cómo te vas a casar con ese indocumentado? Es una vergüenza para nuestro nombre. Piénsalo…
- ¡Cállate, atontado que eres un atontado! ¡Yo haré lo que se ponga ahí! ¡Será posible!
- Mama cuanto mayor eres hablas peor. Menos mal que apenas se te entiende.
- Me trae sin cuidado lo que penséis y menos tú que te has liado con esa fresca extranjera que te ha engañado como a un panoli-, piensa reconcentradamente- Además, no me da la gana volver a discutir con vosotros este asunto, que lo sepas. Ahora déjame cenar en paz, canalla y haz algo útil, llama al camarero, coño.

Antes de que un aturdido Jacobo pudiera reaccionar a los gritos farfullados de su madre, el jefe de sala vestido a la usanza charra presto se colocó en posición de escuchar la comanda.

- Tráigame unas coles de Bruselas con jamón y trucha en su jugo y rápido que tengo hambre.
- Pero, mama que las coles te dan gases y luego descansas mal.
- Usted apunte lo que le he dicho y no haga caso a este papanatas indiscreto.

Un camarero más charro aun que su jefe sirvió las coles perfectamente presentadas.
Mama, no comas con tanta ansiedad que te va a dar algo. ¡Mama, mama, qué te pasa! ¡Traga por lo que más quieras…!

---

- Cayetano, mama se ha atragantado con una col de Bruselas y se ha muerto.
- ¿Pero qué tonterías dices, Jacobo?
- Es verdad, te lo juro, estaba yo con ella. No he podido hacer nada…
- ¿Había gente?
- No, estábamos solos en la Sala Helmantica y el personal no lo vio. Me la llevé en coche. No me vio nadie porque la llevé agarrada como si caminara a mi lado. Como pesa poco no me fue muy difícil.
- ¿Dónde la tienes?
- La tengo en Monterrey encerrada en su alcoba. He dado orden de que nadie le moleste porque se encontraba muy cansada. He desconectado su móvil.
- No te muevas de su lado, ni dejes que nadie entre en su habitación. Pide comida y bebida como si estuviera bien. Salgo para Salamanca en cuanto termine la entrega de premios y deje el caballo a buen recaudo. No te pongas nervioso y llama a Nita. Una última cosa, compra un arcón frigorífico y haz que lo instalen ya en el apartamento de Canalejas, dile a Saturnino que se encargue. Y te repito mucha tranquilidad, estoy contigo en cuestión de horas.

---

- Pero, Caye, no podemos meterla en el arcón y llevarla a Sevilla como si tal cosa
- Nita, te aseguro que podemos y que lo haremos. No debemos consentir que por un accidente estúpido nos quedemos sin nombre y linaje. Estoy seguro que todo va a salir bien y lo único que tenis que hacer es adelantar un poco los plazos del plan inicial.
- Como tu digas ¿Cuándo salimos, entonces?
- Mañana a primera hora. Ya le he dicho a Saturnino que cargue el arcón en la baca del crossover. Como podrás comprender no le he dicho nada, solamente que llevamos caza a Sevilla. Jacobo ha llenado de hielo el arcón y nos acompañará Antonio.
- Ya veo que lo tienes todo pensado. Me voy a dar un baño a ver si me relajo. Estoy muy disgustada.
No te culpes, Nita. Es el destino además mama ya era muy mayor. Ya vivió suficiente.

---

- Antonio para en el Restop más próximo. La señorita Eugenia tiene que hacer de vientre y aprovecharemos para comer algo.
- De acuerdo, Don Cayetano. ¿Quiere que compre yo algo en el restaurante y se lo traiga aquí para evitar que les reconozcan?
- Bien pensando, Antonio.
El área de servicio presentaba un aspecto muy animado aquel día. Decenas de familias pugnaban por comer algo, por desaguar en un wáter con un turno de limpieza escaso y por gritar su alegría. Desde el crossover Cayetano reflexionaba sobre qué sería más conveniente, Jacobo dormitaba indolentemente, Eugenia se mordía el labio como solo ella sabía hacer en estados de tensión, Antonio esperaba instrucciones, el hielo se derretía peligrosamente y el sol castigaba de lleno la chapa recristalizada gris perla del improvisado coche fúnebre.
- Con tanta gente no es conveniente que salgamos. Antonio compre fantas y bocadillos y regrese de inmediato.
- Antonio, de naranja, una que sea de naranja-, gritó Nita apretando el vientre con su brazo derecho mientras se mordía sin parar el labio del que manaba dulcemente un hilillo de sangre azul.
El pequeño pinar resultó perfecto para sus necesidades. Una pequeña vaguada discreta para los quehaceres de Eugenia, sombra alejada de la carretera para reponer fuerzas y ningún ser humano cerca.
- Nita, vete rápido, allí cerca de aquel arroyo reseco y alíviate. Te esperaremos detrás de aquellos pinos más robustos.
- Sí, Caye ¿Alguien tiene papel higiénico?
- Yo tengo el Marca,- contestó Jacobo en un bostezo de lo mas conseguido.
- Si no hay más…
- Antonio, vigile el crossover desde aquella sombra.
La tarde ya se acercaba por el oeste y Cayetano despertó al clan con bramidos descerrajados.
- ¡Pero qué os creéis que es esto, una excursión campestre! Vamos al coche, coño.
Desfilaban como sombras desconcertadas hacia la atalaya de Antonio. Les sobresaltó un zumbido irregular según se acercaban. El zumbido trocó en ronquido y Antonio se despertó aturdido pero se cuadró en cuestión de segundos mientras entonaba marcialmente.
- Sin novedad por aquí, Don Cayetano y compaña.
- ¡Pero cómo tienes semejante desfachatez, si estabas dormido como un tronco!
- Me quedé ligeramente traspuesto. El calor. Pero fue un suspiro nada mas, se lo juro…
Cayetano miró raudo hacia el secarral donde habían aparcado el crossover y no fue capaz de atisbarlo. Corrió desesperado, babeando. Los demás trataron de seguirle pidiendo explicaciones. Antonio continuaba en posición de firmes.
- Nos han robado el coche. Algún hijoputa nos ha robado el coche con arcón y todo. ¡Mierda, mierda, mierda!
- ¡Es horrible, con mama dentro! ¿Qué haremos ahora Caye? ¡Me voy a volver loca! ¡Necesito un orfidal, lo necesito!-. Nita volcó el bolso entre el polvo de aquel pedregal. Cayetano pateaba todas las piedras de tamaño medio que encontraba, Jacobo bostezaba y Antonio desde lejos se acababa de colocar en posición de descanso tras comprobar que su pie derecho aquel que recibió de chaval la perdigonada descuidada del hijo del capataz de la “Frijolera” se había dormido indefectiblemente.

---

- ¿Es “usté” Alfonso Diez?- Una voz aspera y oscura perteneciente a un numero desconocido le reventó la siesta.
- Sí soy yo ¿Quién lo pregunta?
- “Ezo”… no le importa-. Un silencio de largos segundos sazonado por una discusión bisbiseada entre lo que pareceian ser dos varones desparejados.
- Decia que “essso” no le importa. Lo único que le atañe es que tenemos algo que le puede interesar, algo mu…y importante para usted: su novia. La tenemos secuestrada, no hable con la policía, no diga nada a nadie, recaude cien mil euros antes del sábado y entonces le llamaremos para indicarle donde entregar la pasta. Repito, ni mu a nadie, chitón si quiere verla viva.- Todo esto lo escuchó Alfonso como las preguntas de un concurso radiofónico, escupido y sin entender nada.
- Pero, oiga dígame al menos si está bien...-, el sonido alveolar de la n coincidió con el dental del tono que nos recuerda que el otro lado de la línea o de las ondas han dejado de mostrar interés por lo que le podamos decir.

---

Dos cafés, un velador de mármol rajado y dos varones físicamente sanos hablando de sus cosas.
- Entonces Alfonso no me equivoco si digo que nos pides cien mil pavos por una exclusiva bestial sobre Cayetana, Duquesa de Alba. ¿Es así?
- Así es Jorge Javier tal y como lo explicas y añado más si me lo permites, tendría que ser antes del sábado próximo.
- Eso nos deja poco margen si partimos de la base de que hoy es martes y la cantidad es elevada.
- Pero mí querido Jorge Javier, si os vais a forrar con la noticia.
- Bueno Alfonso eso es mucho decir en cualquier caso debo consultarlo con la dirección del programa y te contesto hoy mismo
- Pero Jorge Javier yo tenía pensado que la dirección y el director y el que decide en tu programa eras tú y solo tu.- Sonrojo expansivo de uno de los contertulios seguido por un sonrisa no menos expansiva del otro.

---

Jacobo merendaba café con leche en vaso y bollo suizo en el bar La Cuesta en el barrio de Santa Cruz –habría que agregar que el bueno de Jacobo era parroquiano habitual del citado establecimiento hostelero y por tanto no levantaba la expectación que rodeaba a la aparición pública de cualquier integrante de la Casa de Alba aunque no fuera un Fitz-James oficial- cuando en la televisión siempre encallada en Tele Cinco se dejaron escuchar las discretas palabras de Alfonso Diez anunciando su inminente boda con la Duquesa de Alba. Alfonso también se adornó con abundantes detalles sobre el noviazgo oficial y pedida de mano pero esa última parte Jacobo no la pudo escuchar pues andaba muy preocupado expulsando todos los trozos del suizo que se habían quedado obsesivamente atorados en su laringe.

---

- Hola, Cayetano. ¿Puedo pasar?
- Hola Alfonso pasa pero ya sabes que no eres bien recibido en esta casa. Mi madre me ha expresado encarecidamente que no desea recibirte. Esta muy dolida después de verte en la televisión.
- Pero Cayetano, necesito verla es preciso que la vea, entiéndelo creía que estaba secuestrada. Recuerdas que te llamé desesperado porque no lograba hablar con ella, el móvil desconectado y tu no me supiste dar cuenta de ella y ahora sale en la televisión desmintiéndome y declarando no sé cuantas cosas desagradables de mi persona y para colmo me dices que no quiere ni verme. Cayetano es para volverse loco.
- Lo siento yo no puedo interferir en los deseos y sentimientos de mi madre, solo faltaría.
- Pero Cayetano, pero si estuve con ella la semana pasada y hablamos de posibles fechas para la boda. Ella estaba radiante y me dijo que hablaría con vosotros y sobre todo contigo ya que conocía, como decirlo, tu resentimiento hacia mí.
- Yo no sé nada de eso que dices y ahora disculpa tengo cosas que hacer. Buenos días, Alfonso.- Cayetano se retira y un mayordomo de librea espera solcito.

---

- Te juro Eugenia que es verdad. Me llamaron el martes pasado anunciándome que habían secuestrado a tu madre y que reuniera cien mil euros para recuperarla. Hoy me tiene que llamar de nuevo.
- Pero Alfonso querido sabes que eso no es verdad. Siento de veras que luego las cosas se hayan torcido para ti pero al menos sabes que mi madre está perfectamente. Ya sabes que yo estaba encantada de que vosotros dos estuvierais juntos. Le hacías mucho bien a mi madre. Eres una buena persona, Alfonso.- Lagrimas por ambos lados y manos alternas enlazadas certificando la mutua simpatía.
- Gracias Eugenia pero no consigo entender porque ese cambio de actitud de tu madre. Si días antes estaba encantada, haciendo planes, pensando en vestidos, invitados y viajes…
- No te martirices Alfonso ya sabes cómo somos las mujeres de imprevisibles y más aun las duquesas.
El teléfono portátil de Alfonso interrumpe la emoción de ambos. Éste contesta y tras una conversación tan corta como tensa, presiona el botón rojo del artilugio y mira desconsolado a Eugenio que le devuelve la mirada en este caso un tanto expectante.
- Me citan esos sinvergüenzas mañana domingo en el Carrefour de Leganés a las cinco de la tarde. No sé qué hacer, la verdad.
- Déjalo correr. No te conviene más publicidad de ningún tipo. Si quieres recuperar a mi madre mantente alejado de los medios una temporada y yo creo que ella recordará tu cariño y seguro que te vuelve a llamar.- Un asentimiento forzado de Alfonso disparó un brillo de éxito en la mirada de Nita de suyo desapasionada.

---

Cayetano conducía el crossover. Seguía con discreción una furgoneta de carga que estuvo aparcada en el Carrefour de Leganés hacia escasamente una hora. Acompañaban a Cayetano, Jacobo algo adormilado y Eugenia que no podía evitar morderse el labio inferior.
Por detrás un Jeep militar con tres moldavos a sueldo.
Paró la furgoneta en una casa de dos pisos algo desconchada en una calle de los arrabales de Getafe. Descendieron dos individuos algo entrados en carne y de aspecto calé.
Detuvo el coche Cayetano una manzana por delante y el jeep les sobrepasó para estacionarse cerca de la casa.
Media hora escasa más tarde salían los moldavos del edificio cargando un arcón que amarraron en el jeep.
Cayetano sonrió misterioso, Jacobo bostezó y Nita dejó de morderse el labio.

---

El cortejo fúnebre se retira del Convento Grande de Loeches tras haber dado cristiana sepultura a la decimo octava Duquesa de Alba Cayetana Fitz-James y Stuart. Empiezan a caer unas tibias gotas y Cayetano, Eugenia y Jacobo se apresuran dentro del coche que comparten en el cortejo, en un discreto tercer lugar.
- Cayetano, ¿qué hiciste con la doble?
- ¿De verdad que lo quieres saber, Nita?
- Supongo que sí.
- Tú lo has querido. Tan pronto como salió dos o tres veces en los medios para dispar cualquier género de duda y anunciamos la muerte de nuestra madre tras una impensable afección respiratoria, le pagué lo acordado y se fue lejos.
- Y, ¿cómo puedes estar tan seguro?
- Le facilité un billete a Chisinau bien acompañada.
- ¿Chisnau?
- Sí, en Moldavia dicen que es un país hermoso y con buenos médicos estomatólogos. A nuestra amiga le hacían falta unos buenos implantes. 

 

Joseba Molinero