Noticia de la muerte de Margarita Xirgu

 

Ayer, a primeras horas de la tarde, en el sanatorio uruguayo de "Larguero" en Montevideo, pocas horas después de haber sido intervenida quirúrgicamente de la grave dolencia pulmonar que padecía, murió una de las máximas figuras de la escena española: la actriz catalana Margarita Xirgu. Se diría que ha caído el último y gran telón ante un tiempo escénico, ante una llama creadora del arte dramático, ante uno de los nombres que representan algo en el Teatro.

Esta mañana, al leer la noticia, he recordado una visita que hice a la casa de Badalona, frente por frente al reto de la mar, en que vivió la actriz durante muchos años. Allí, su hermano, que falleció hace unos años, me mostró docenas y docenas de recuerdos de la actriz: fotografías, bocetos de decorados, planes de estudio de obras, recuerdos personales... Fue una visita enmarcada en la nostalgia de la ausencia. Por aquel entonces se hablaba del inminente regreso de la actriz a su patria. Luego, un inoportuno artículo la detuvo en las Américas para siempre. Margarita Xirgu estaba en ellas desde 1936.

Recordaba, sí, aquella casa frente al mar y recordaba algunas de las cosas leídas sobre la gran actriz que nació cerca de Barcelona, en Molins de Rey, en el año en que Barcelona se abría al futuro a través de la Exposición Universal de 1888, en el mismo año, casi en las mismas fechas, en que nacía nuestro diario EL NOTICIERO UNIVERSAL. Allá, ahora, en Uruguay, ha caído el telón que un día se alzara para grito y alegría de la escena española. Sobre su casa de Punta Ballena hay el silencio de la gran platea vacía, cuando sólo el eco del silencio del arte consumado se deja oír en una misteriosa y última palpitación.

Margarita, nacida en el seno de una familia modesta, vino al mundo en el pueblo de Molins de Rey, en la casa número 83 de la calle Rafael de Casanova. Su padre, cerrajero de oficio, se encontraba allí para trabajar en el montaje de una fábrica. Luego, la niñez y la primera adolescencia de la futura actriz conocieron diversos paisajes catalanes: Gerona, Breda, de donde era su madre; Badalona... Margarita Xirgu casi desde niña, se vio envuelta en el fuego de su propia llama artística. Comenzó a salir a escena en cuadros escénicos de aficionados, pero su temperamento artístico iba mucho más allá y pronto actuó en Barcelona. Era el tiempo dramático de don José de Echegaray y de don Joaquín Dicenta.

Se iniciaba una carrera artística firme y decidida, impetuosa hasta romper cualquier límite. Pronto su nombre apareció en las carteleras del teatro Principal, del Romea... Y pronto, en 1906, Margarita Xirgu se presenta ya como profesional y ella elige la obra: "Mar i cel", de Ángel Guimerà. Y la actriz sorprende al público, centra la atención de la crítica, arrastra entusiasmos -¡tan difíciles!- hasta en sus mismos colegas. Margarita encarna personajes de Ibsen, de Sudermann, de Dumas, de Wilde... Su interpretación de "Salomé" es como un grito de fuerza dramática, de conmovedora vitalidad sobre el tablado.

Sigue la carrera, sigue el aplauso, sigue la llama que se consume a sí misma para que los demás reciban su fuego, su comunicación, su aliento dramático. En 1912 realiza su primer viaje a América. ¡Qué lejos, la actriz, de suponer que moriría al otro lado del mar que ella amaba tanto, lejos del azul cercano del Mediterráneo! Dos años más tarde sale a escena en Madrid y alcanza más y más triunfos. Es el tiempo de Benavente, de Bernard Shaw, de los Quintero, del Galdós de "Marianela", que la Xirgu interpreta...

Pero la actriz, la gran actriz, poseída de una increíble fuerza creadora, de una pasión de voz, de movimiento, de flexión, de rotundidad, no es sólo una gran actriz. Es también una mujer profundamente inteligente, que lee teatro, que entiende la raíz honda del teatro. Y ella conoce a Federico García Lorca y cree en la poética fuerza dramática del escritor. Margarita Xirgu representó mucho para el teatro de García Lorca que ella interpretó, que ella vivió como acaso nunca pudiera hacerlo otra actriz. Aquí estuvo el escritor de la mano de la actriz, y aquí quiso Margarita que la tragedia "Yerma" fuera representada en su pueblo natal y a que a la representación asistiese el poeta.

No es posible ahora, en la urgencia que es la mayor servidumbre del periodista, recordar datos y saber fechas. No es posible acercarse siquiera a la estela de triunfos que sobre los escenarios recorrió a lo largo de su vida la actriz que ahora acaba de perder el mundo del Teatro, con mayúscula. Tal vez, imperativo natural del paso del tiempo y de las generaciones, de la mutación de las sensibilidades artísticas, no admitiríamos hoy con tanto entusiasmo la actitud dramática de la actriz, pero es necesario situarla en "su" tiempo. En él, Margarita Xirgu fue una luz, un estallido, una grandeza que fijó la luz, el estallido, la grandeza de docenas y docenas de personajes creados por los más profundos dramaturgos clásicos y contemporáneos.

Margarita Xirgu no permaneció inactiva en su última aventura vital en las Américas: interpretó a Casona cientos de veces, estrenó muchas de sus obras en Buenos Aires, en Montevideo, en muchas otras ciudades del continente americano; ceó y dirigió escuelas de arte dramático y fue como un ejemplo señorial y anciano, vitalísimo y estimulante para la continuidad del arte del Teatro. El pasado año, a los setenta y nueve años de su edad, todavía tomó parte en el montaje de "Pedro de Urdemalas" en Montevideo, y monta -¡una vez más!- "Yerma" para ser representada en los Estados Unidos.

Y Margarita, cuyo nombre ahora, hoy, será como un eco lejano en la memoria, en el recuerdo emocionado, en la nostalgia del corazón, para muchos barceloneses, tuvo siempre el telón alzado para el afecto de su rincón, de su tierra sobre la tierra y enfrente de la mar. Ha caído ya el telón sobre este corazón cansado y lejano; ha caído el telón sobre un tiempo y un arte, sobre un relámpago vital y una sensibilidad creadora. Es un día de luto para el Teatro y, muy particularmente, para el teatro catalán en el borde mediterráneo del teatro español. Es un día en el que parece que en el aire luminoso de la mañana, aleteen los nombres antiguos de Jerónima de Burgos, de Mariana de Velasco, de María Calderón, de María Rosario Fernández... y, más cerca ya, de Teodora Lamadrid, de Matilde Diez, de Elisa Boldún... De la grande María Guerrero, de Rosario Pino...

Tal vez, allá, en el lejano mundo de la fantasía y del ensueño, de la poesía auténtica que no puede morir nunca, se estremezcan hoy los personajes que en su arte, en su personalidad, en su inteligencia, encarnó en los escenarios del mundo Margarita Xirgu. Tal vez, en el misterio del último mutis, el gran telón haya sido una compañía de tristeza y de paz.

"El Noticiero Universal"  26 de abril de 1969, Julio Manegat:

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