Ocaso en Barnaul

 

CAPÍTULO I

¡Siento que mi cerebro es una bomba, a toda hora del día y de la noche! ¡Quiere estallar, quiere estallar! El cerebro del hombre necesita estallar, aun cuando destruya el Universo.

Así nos habló un novelista del siglo XIX por boca de uno de sus personajes, y la profecía parece haberse cumplido. El hombre era su propio dios, el hombre creó sus propios dioses, pero pronto perdió el control sobre las fuerzas desatadas y sucumbió a sus consecuencias.

El hombre cometió un error hace seis siglos; hasta ahora nunca supimos cuál y, al querer conocerlo, hemos repetido el fatal paso, ignorantes de su alcance.

No importa mi nombre. En realidad es posible que ya nada tenga importancia. Sin embargo una última brizna de vanidad humana, un resto final de ese espíritu de conservación que siempre pugna por legar al futuro una minúscula porción de nuestra identidad, me impulsa a dejar aquí reflejada la autoría de este texto. Me llamo Vadik Magadan y soy uno de los últimos habitantes del planeta Marte.

Hasta hace poco vivía en la ciudad de Altay, en el Hemisferio Schiparelli, cerca del Mar Helado. Tiempo atrás ocho millones de seres humanos poblábamos los litorales de los océanos de Marte. Ahora me oculto en las galerías de las antiguas minas de Barnaul. Apenas quedamos unos miles, desorientados, agonizantes, sin futuro. Pero la esperanza es un extraña ilusión: quizá no seamos los últimos supervivientes; tal vez no terminemos siendo arrasados por nuestra propia osadía.

Toda historia debe tener un comienzo, sin embargo, en ocasiones, resulta complicado determinar la causa primera del posterior devenir de los acontecimientos. En el año 2032 la Colonia Olimpo de Marte inició su vida como organismo social autónomo. Fueron ocho los pioneros, cinco mujeres y tres hombres. Un año antes habían emprendido un viaje sin retorno al Planeta Rojo: cuando abordaron el gigantesco cohete Saturno VII eran conscientes de que nunca más volverían a respirar los olores de la Tierra, de que nunca más disfrutarían del aire libre sobre la superficie de un planeta. Toneladas de materiales y maquinaria enviados en los años anteriores sirvieron de soporte vital a aquellos aventureros durante sus primeros años en el inhóspito mundo que debían conquistar. Los avances se fueron produciendo año tras año, mínimas parcelas que suponían triunfos inmensos. Nuevos módulos de investigación, nuevas edificaciones industriales, prospecciones mineras. Los primeros niños venidos a la luz en el nuevo mundo. En el año 2060 la segunda generación nacida en Marte daba sus primeros e inseguros pasos sobre las rojas arenas del planeta.

Este mismo año Fobos y Deimos dejaron de ser los hijos de Marte y de surcar los cielos nocturnos y descendieron de su reino para instalarse en nuestros corazones, atenazándolos con el miedo y la desazón. En 2060 se interrumpieron las comunicaciones con la Tierra. Ninguna nave volvió a orbitar la rosada bóveda celeste de aquel hogar al otro extremo del Sistema Solar. Para entonces la Colonia ya era autosuficiente y pudo continuar su desarrollo. Fueron seis siglos de lucha y recompensa, de tragedias y alegrías. También fueron seis siglos de angustia durante los que jamás nos olvidamos de aquel punto luminoso que vagaba por el espacio, en silencio, pleno de misterio; siempre permanecería en nuestra memoria. Y siempre sería nuestro destino.

Yo he estado allí. He visto lo que sucedió y conozco el error que cometimos. Nuestra soberbia nos perdió hace seis siglos y, tal vez, nos haya perdido de nuevo. Soberbia por suponer que éramos la primera especie inteligente que había surgido sobre la Tierra. Soberbia por pensar que seríamos capaces de manipular el Tiempo.

Después de seiscientos años de avance en solitario, la civilización humana en Marte se encontraba por primera vez en condiciones de lanzarse al espacio. No hubo dudas ni discusiones: la primera expedición partiría rumbo a la Tierra. Yo iba en aquella nave. Yo fui el primero que supo que los radiotelescopios de la región de Oxie Plaus y de la Sima Candor habían comenzado a detectar señales de radio con origen en el planeta azul hacia el que nos dirigíamos.

CAPÍTULO II

Lusma Usaran, evolucionista que fue de Altay, siempre me acusaba de ser dolorosamente metódico y exasperadamente racional. Quizá tuviera razón. Aquella mañana, víspera del viaje, y mientras cucharilleaba el café decidí serlo por última vez, al menos conscientemente. Me hice con uno de aquellos viejos cuadernos de notas, con hojas amarillentas que tanto me gustaban. Mi última compañera, Destra, los detestaba:

“Un científico de primera línea como tú no se puede permitir el lujo de utilizar semejante reliquia. Usa el fonostrón como todo el mundo”.

Yo guardaba celosamente los últimos ejemplares y sólo los utilizaba para anotar algo verdaderamente importante y que necesitara guardar. Y ésto lo era. Me dispuse a recordar cronológicamente los acontecimientos importantes de mis casi 646 años de vida y anoté lo siguiente:

“Minas de Barnaul s VI mes octavo de la cuaternaria de Deimos dia 21; 8:46h

Situación: Expedición a la tierra. Dos naves estelares de 15 Megatrons, velocidad máxima 0,9c. Dirijo la expedición con plenos poderes.

Objetivo: Recuperar la secuencia del ADN del virus sintético Luzbel.

Antecedentes pertinentes:

sI 5D-16-La ultima transmisión desde la tierra coincidió con una señal nuclear inconfundible

sI 3F-23-Reunión de los 650 miembros del Comité Ejecutivo de científicos.(sI)

Decisiones: Adaptar la evolución de la raza humana del planeta hacia formas menos autodestructivas. Alargar las funciones operativas del Gabinete de crisis formado por 45 miembros para monitorizar la evolución de al menos 50 generaciones. Nombrar Director del Gabinete a Vadik Magadan y Secretario Ejecutivo a Nemos Tolstar.

sVI 2F-02 Epidemia vírica retardada. Produce la muerte del individuo en 8-12 días por deshidratación. Mas virulenta en las cúpulas roja del Gabinete y Dorada, residencia de los técnicos del proyecto de vuelos estelares.

sVI 3F-03 Abandono de las cúpulas superficiales hacia las zonas subsuperficiales con una presión menos favorable al desarrollo del virus.

sVI 4F-32 Se identifica el virus: es sintético de la familia de lo coronavirus. No se puede descifrar su secuencia de ADN por disponer de un apantallamiento genómico.

sVI 8D-12 Botadura de la primera nave estelar de la Colonia. Durante el vuelo de prueba, Nemos Tolstar y 5 colaboradores emprenden viaje no autorizado en dirección hacia el cuadrante 346-A correspondiente, en ese instante a la posición de la tierra.

sVI 8D-15 Se termina el ajuste de las últimas piezas de dos nuevas naves. Se proyecta el viaje hacia la Tierra.

Apuntes técnicos:

El Sistema de propulsión y navegación de las naves estelares de la Colonia: está basado en el principio de incertidumbre:

∆x∆y ≥ h/2

Donde ∆x, incertidumbre en la medida de la posición; ∆p, incertidumbre en la medida del impulso; para la energía, E, y el tiempo, t, se tiene ∆E ∆t ≥ h/2π ; en ambas relaciones el límite de precisión posible viene dado por la constante de Planck, h.
Desarrollo:

V.M.”

El café se había quedado frío pero mi mente estaba en paz. Por fin sabía irremediablemente como debía proceder.

CAPÍTULO III

Esto propendía en pensar Vadik mientras sus ojos, que retenían todavía el reflejo juguetón y multicolor de las sinusoides entrecruzándose en el pequeño visor, estaban cansados de observar la agreste vida de la que habían sido testigos durante varios cientos de años, sin apenas descanso para poder apreciar y ver crecer el espíritu en aquellas nuevas latitudes; en el pasado eón se habían roto amarras con el planeta Tierra lo que resultó ser un aciago presagio de la dura vida en los territorios de Marte ya sin el oxígeno liberador de la atmósfera natal.

“Vadik descansa lo peor aún no ha llegado” susurrábale una voz maternalmente comprensiva en el interior de su alma, alma que a pesar de las penurias constantes de los últimos sextones era digna continuadora de la búsqueda espiritual del hombre apesadumbrado estirpe de filósofos, anarcas, poetas, artistas de la emboscadura y, cómo no, canes metafísicos de diverso pelaje. Su trabajo de liderazgo en la gestión científica y política de la comunidad le dejaba escaso tiempo mientras sus congéneres descansaban – no había período diurno tal como en la lejana Tierra se conocía, en aquella noche perpetua, salvo los reflejos cálidos de las dos lunas de Marte vivificantes y adormecedores a un tiempo- para el fluir incesante de todo nadador metafísico metido de hoz y coz en el perpetuo deambular por los arrabales del ser. La larga historia del pasado humano que le precedía parecía una bagatela al lado de lo innominado que estaba por venir mas continuaba abierto el juego de la vida y seguía el martilleo contumaz de aquellos párrafos en su cabeza febril :

“Por eso se encuentra en el fragmento citado la pregunta: «¿No erramos a través de una nada infinita?». La fórmula «Dios ha muerto» comprende la constatación de que esa nada se extiende. Nada significa aquí ausencia de mundo suprasensible y vinculante. El nihilismo, «el más inquietante de todos los huéspedes», se encuentra ante la puerta.”

Resuena en el alma de Vadik otra vez y más hondo : “Dios ha muerto” ... en un confín inalcanzable, un tronar de algo pesado que se cierra al fondo y abajo. Más adelante, en el texto legado por Martín, otro fogonazo, otro bisbiseo de la pregunta intemporal que trata de esclarecer la profunda sima del sentido:

“Pero los valores supremos ya se desvalorizan por el hecho de que va penetrando la idea de que el mundo ideal no puede llegar a realizarse nunca dentro del mundo real. El carácter vinculante de los valores supremos empieza a vacilar. Surge la pregunta: ¿para qué esos valores supremos si no son capaces de garantizar los caminos y medios para una realización efectiva de las metas planteadas en ellos?”

Una sola convicción se salvó de aquella noche insomne trufada de sueños inexplicables previa a la expedición: debía cambiar la oscuridad interior por algo valioso y duradero.

Habían pasado tres horas desde el meridiano solar y como todas las jornadas con la indefectibilidad debida y en esta latitud del espacio estelar, Fobos y Deimos podían observarse allá en la inmensidad transformados en dos gigantescas esferas de un vivo color naranja. La visión de ese naranja puro no era a través de ningún ventanal estanco a cielo abierto ni objeto translúcido de parecidas características sino que se trataba de la imagen tridimensional tomada por un telescopio isobárico que una pantalla de grandes dimensiones mostraba para regocijo de aquellos humanos que vivían enterrados en vida. Sí enterrados en vida por causa del virus invasor que angustiaba a los supervivientes los cuales denodadamente se protegían en la última y extensa ciudadela subterránea de Barnaul.

La presente jornada era decisiva para el futuro de la Colonia. Tolstar y sus acompañantes abusando de los últimos recursos de Barnaul habían viajado hacia el cuadrante donde debía encontrarse la Madre Tierra. Ninguna comunicación se había establecido con la nave nodriza de Nemos pero se tenía la esperanza que con sus aventajados conocimientos en genética y el material electrónico que había ingresado en la nave poco antes de partir, algún remedio buscara a aquel peligro inminente que quizá sentenciara la vida humana en el Universo. Tal vez la respuesta a la mortandad actual estuviera en el origen espacio-temporal, en el pretérito inmediato – esto es hace seiscientos años - de la raza humana que hollaba el azulado planeta tierra.

No obstante, el comandante Magadan, que a tal grado había llegado tras enteros siglos dedicados a los viajes científico-militares por el ancho Universo, esperaba circunspecto, algo intranquilo, ojeroso y afiebrado en la antecámara de mando en una de las dos naves investidas con el raro orgullo de poder enmendar el curso de la historia de la raza humana sobre Marte. El rumbo era indefinido y el objetivo no menos indefinido, había una voluntad de salvación para con los millares de seres que quedaban allí abajo adocenados por el miedo. Sí, era la esperanza de unos seres entristecidos ante futuro incierto.

Las pantallas de combustión, en medio de un fragor estruendoso, poníanse al rojo vivo mientras la tripulación nerviosa ante lo desconocido de la expedición tomaba sus puestos para el despegue. Magadan jugueteaba en su mano derecha con una pequeña bola de cristal azul, recuerdo donado generación tras generación por sus antepasados. Era de buen augurio y siempre lo tranquilizaba en momentos de tensión. El galimatías técnico propio del despegue pasó sin incidentes, como un fulgor atronador digno de esperanza. Las aeronaves remontaron la Sima Norte, cuya intrigante oscuridad parecía más negra ahora y sólo las naves, en una fracción de segundo dentro del devenir infinito, iluminaban la cavidad vertical mostrando retazos de esplendores pasados. El sellado de las compuertas y la estricta comprobación final mediante sónares de partículas garantizaba que el coronavirus no se había infiltrado en las dos naves interestelares.

CAPÍTULO IV

Vadik Magadan miraba con suma atención la pantalla del monitor que transmitía las imágenes obtenidas por el visor panorámico de rasante de la nave. En ella observó la inquietante abertura de la boca del abismo de la sima, insinuada por la luz radiante que proyectaban en la superficie las estelas luminiscentes provenientes de los motores de propulsión. No pudo evitar la sensación de náusea que le producían las situaciones de incertidumbre no calculada. Conocía muy bien este estado de estremecimiento enfermizo, inherente a la sicología de las personas con marcada tendencia al razonamiento lógico de los fenómenos, ante la eventualidad de un hecho fortuito o la presunción de un misterio inescrutable. No en vano, él había comandado cientos de misiones espaciales. Sabía que toda actividad del ser humano está proyectada desde un presupuesto temporal, que era el que determinaba la concreción factual de la misma. Y esta contextura antero-posterior de la praxis humana es la que posibilita la previsión incluso de la variable “incertidumbre”.

“Somos seres en el mundo” solía decir con frecuencia, “seres arrojados a la existencia” “Lo único cierto y seguro que cabe esperar es la muerte”concluía en tono lapidario.

La muerte es el último eslabón de la cadena de la vida de cada individuo, la expresión definitiva de todos y cada uno de los proyectos de humanidad individual. Cada vez que muere una persona, la definición misma de “humanidad” adquiere un nuevo matiz. Pero, ¿qué ocurriría si desapareciese hasta el último ser humano?

El solo hecho de pensar en esta posibilidad le revolvía el estómago. Y era esto, precisamente, lo que estaba en juego: la extinción de la especie humana en Marte. Más aún, cuando pensaba en la improbabilidad, casi segura, de vida humana en el planeta madre o en cualquier otra colonia interplanetaria.

Él era un luchador incansable, y se crecía ante las adversidades. Pero el reto que debía afrontar sobrepasaba los límites de la esperanza.
Era consciente de la doble responsabilidad que había asumido. Por un lado, debía comandar con acierto la expedición que ya se dirigía a la Tierra y, por otro, y la primordial, llegar a tiempo para salvar a los desvalidos congéneres que deberían permanecer a la espera en las catacumbas de Barnaul y que dependían única y exclusivamente del éxito de la misma.

La nave se alejó de la superficie marciana, y el haz de luz que proyectaba se diluyó en una lluvia de minúsculas lumbreras espaciales. Al mismo tiempo, la tenebrosa boca abismal desapareció de la pantalla del monitor, y con ella su desasosiego.

La pequeña bola azul de cristal brillaba esplendente en una cavidad de la mesa de mando. En ella se reflejaban las lentejas luminosas de la botonadura del panel de amartizaje. Vadik Magadan la miraba con una fijación inconsciente. Cuando volaba, La solía dejar allí, para tener siempre presente su origen, y quizá ahora también su destino final.

La contemplación de su talismán de la suerte le produjo una sensación de seguridad, probablemente supersticiosa, que le sumió en un estado de lasitud ataráxica. “La suerte está echada” pensó, dejándose llevar por el fulgor premonitorio del brillo del talismán.

Y, como si de una bola de cristal de arte adivinatoria se tratara, se sumergió en la entraña del misterio de un sueño oracular.

Comenzó a ver en el cristal azul las imágenes del sueño que le había contado su hija tres días antes de la partida de la expedición.

Ingrida Safo -que así se llamaba la niña, fruto de su emparejamiento con Destra- tenía fama de visionaria y, a pesar de su corta edad, se había ganado el respeto de los habitantes de la comunidad de Barnaul, por sus revelaciones oníricas.

En una ocasión soñó que a su padre se le caía al suelo la bola azul de cristal, que por aquel entonces guardaba en el olvido de un cajón de su mesa de trabajo. Un día la fue a coger y se le resbaló de las manos. Y la bola de cristal se rompió en mil pedazos.

A la mañana siguiente, Ingrida Safo le dijo a su padre que la Tierra podía estallar en una explosión atómica y desintegrarse en el espacio. Y todo por la desidia de quienes tenían en su mano la posibilidad de cuidarla, y no lo hicieron. Después de contarle su sueño, aseveró: “Tú, papá, has de creer que la bola azul de cristal es la Tierra misma, que has de quererla y cuidarla, que es nuestro irrepetible latido primigenio. Mientras esto sea así, aún quedará esperanza”. Vadik Magadan la tomó muy en serio, y desde entonces lleva consigo a todas partes la preciada bola azul.

Las imágenes de la última revelación reflejaban la llegada de un nombre solitario al planeta Tierra.

La nave espacial había aterrizado en la cima de un monte, a unos cincuenta metros de la descomunal cruz que la coronaba. De ella bajó un hombre. En su rostro se apreciaba un gesto de incredulidad, incluso de estupefacción.

El paisaje era desolador, un desierto de tierra, piedras y rocas, recubiertas por un polvo amarillento, el mismo que flotaba en el aire y que le dificultaba sobremanera la respiración.

El hombre caminaba con pasos cortos y lentos, como si fuera un robot con el autogenerador de energía estropeado, y tardó mucho tiempo en acercarse a la cruz. Cuando lo hizo, se sintió verdaderamente pequeño, ante la gigantesca mole de hierro y hormigón. Una vez allí, comprobó que de sus brazos abiertos colgaban unas enormes agujas de hielo, que mostraban una extraña tonalidad purpúrea. ¿Quizá fuera sangre derramada en un antiguo holocausto?

Advirtió también que, al pie de la cruz, había una losa que sobresalía de la superficie. Avanzó hacia ella, hasta que pudo tocarla. Quitó el polvo amarillento que la cubría y descubrió la inscripción que éste escondía: “Monte Esperanza”

Permaneció unos minutos sobrecogido, en un estado de perplejidad que le impedía reaccionar. Al cabo de un rato, no sin dificultad, volvió sobre sus pasos. Y de nuevo ante la cruz, quiso palpar su tronco, sentir la frialdad de la piedra; pero, cuál no sería su sorpresa cuando, al hacerlo, apreció en él unas marcas, que parecían letras grabadas. Las observó con mucha atención, y logró descifrar su mensaje. Rezaba así: “Alejaos de Luzbel”

Ingrida Safo no supo interpretar el sueño; pero, cuando se lo estaba contando a su padre, recordó que al hombre protagonista del mismo se le cayó una bola azul de cristal sobre la losa de piedra.
El agudo pitido del chivato de recepción de ondas ultrasónicas le sustrajo del vientre imaginario de la bola mágica de cristal. Procedía de un lugar desconocido. Quizá fuera la esperada comunicación de Nemos Tolstar...

 

CAPÍTULO V

—A ver Vadik. ¿Estás operativo? ¿O te has vuelto a quedar dormido utilizando tus cuadernos?

—Para ser un traidor y estar expuesto a las más duras sanciones del Comité Central, conservas toda tu petulancia, Nemos.

—No empecemos con las discusiones bizantinas de siempre, creo que el Comité no tendrá tiempo para deleitarse con la visión de mi cabeza en una bandeja. A propósito, ¿te interesa conocer en qué situación se encuentra este planeta?

—Por supuesto, ¿me permites que convoque a los responsables de la expedición e informe al Comité de que hemos establecido contacto contigo.

—Vadik. Entérate primero de cuál es la situación y después reflexiona sobre lo que contarás al Comité. Tienes dos días de aceleración y deceleración para preparar los informes que quieras, pasa a función imagen y permite que no veamos las caras.

¿Dónde estará el jodido portátil?

—¿Tienes problemas Vadik?¿No encuentras el fonostrón? Usa el de sobremesa, calamidad. Desde luego no me extraña que Marte haya llegado a la situación en la que nos encontramos, en manos de semejante conjunto de carcamales.

—Aquí está. ¡Qué buen aspecto tienes Nemos! ¡Cuanto más gratificante es elegir el envejecimiento y la muerte que esta vida artificial de la que gozamos estos carcamales de los que hablas!

—¡Vadik! ¿Qué te pasa ahora? ¿Te ha sentado mal la sesión anual de rejuvenecimiento? Necesitas una ración extra de cobaltoporfirina.

—Perdona, no es nada. Todavía me sorprenden las comunicaciones holográficas.

—Resumiendo. Llegamos a la órbita de la Tierra en sVI 8D – 17 12:21:23, tras un viaje sin incidentes.

Enviamos sondas a las mayores ciudades del planeta y a algunos puntos representativos de los diferentes ecosistemas que conocíamos al abandonar la Tierra.

Como ves, el panorama es desolador y corresponde a lo que podríamos llamar una primavera nuclear: no hay rastro de vida, se han depositado la mayor parte de las partículas sólidas de la atmósfera y los niveles de radiación han bajado a límites razonables, salvo en las zonas próximas a las explosiones nucleares, que pueden evaluarse en 11.300 con un valor de unos 70.000 Megatones.

En sVI 8D 21, se preparan varios equipos robotizados para realizar investigaciones de campo. Aterrizan sin problemas y su informe inicial corrobora los datos recogidos por las sondas, aunque es prematuro emitir juicio alguno, sobre todo porque hemos recogido la siguiente información adicional.

Esto que estás viendo, es un resumen de los informativos de los días anteriores al comienzo del conflicto, existente en un satélite de comunicaciones chino. Sí, ha sido el único que ha conservado energía en las baterías de control remoto de los ordenadores, el resto de los que se ha mantenido en órbita no responde a señales exteriores.

La letra que hemos conseguido poner a estas imágenes es la siguiente: Los responsables del comienzo de este desastre son estos tipos tan feos, cuyo nombre es Mioritas o Moilitas. Son una especie terrestre antediluviana…

—¡Oye Nemos! Me estás tomando el pelo. Lo que has encontrado en ese satélite chino es una película de Godzila.

—Pues ve a por palomitas, Vadik, por que solo es el principio. Como te decía, los Mioritas debieron poblar la tierra durante la era Terciaria, con los dinosaurios, con la diferencia de que su desarrollo tecnológico era enorme.

—¿Y por qué no fueron encontrados restos fósiles de ellos?

—¿Quién dice que no fueron encontrados? Ahí empezó todo. En el 2050 terrestre (sI 18), el gobierno egipcio autorizó las excavaciones bajo la pirámide de Keops, siguiendo las teorías de los arqueólogos de la Universidad de Atapuerca, que pensaban que la cámara mortuoria del faraón, la auténtica, estaría alojada entre las fundaciones de la pirámide.

Lo que descubrieron fue que la pirámide no tenía fundaciones, sino que era la cúspide de un rascacielos de 600 m de altura, alrededor del cual se encontraba una megalópolis.

 

CAPÍTULO VI

—Eso es bastante complicado, y tú mejor que nadie deberías saberlo. – respondió Vadik mientras consultaba su cuaderno de notas- Los dinosaurios se extinguieron en la era Mesozoica tras la caída del meteorito que colisionó con la tierra a finales del cretácico y por tanto no pudieron coexistir con los Mioritas durante el Terciario.

—Discúlpame viejo carcamal, permíteme que matice la información que te dí antes.

—Querrás decir corregir- interrumpió Vadik

—Los que usamos fonostrón no nos equivocamos, más bien sufrimos los errores de percepción de los que usáis libreta. Y Ahora deja que te siga detallando:

Según parece un grupo de geólogos de la Universidad de El Cairo realizó una datación radiométrica sobre unas rocas metamórficas del yacimiento. Los resultados situaron el estrato sobre el que se apoyaba la megalópolis en el Maastrichtiense (cretácico superior), es decir en un intervalo de tiempo entre 71 y 66 millones de años.

—Interesante. ¿Se sabe algo sobre el linaje del cual podrían haber evolucionado? ¿Tal vez algún tipo de reptil o dinosaurio? – preguntó intrigado Vadik

—Mucho me temo que los estudios de anatomía comparada que se realizaron entre los restos fósiles encontrados de los Mioritas y los de las especies contemporáneas, reflejaron tantas diferencias que fue imposible establecer un antecesor común.

—¿Y que hay del parentesco con los mamíferos? – volvió a insistir

—Mi querido Vadik, los mamíferos del mesozoico no pasaban por ser más que unas cuantas especies similares a los ratas. Es imposible que tengan algo que ver los Mioritas

—Esto nos deja un vacío en el registro fósil y en consecuencia en la historia evolutiva de los Mioritas – susurro la mente de Vadik mientras buscaba respuestas en los recovecos de su conocimiento.

—No dispongo de amplificador, o subes el tono o sigues la conversación en morse - Bromeo Nemos para llamar su atención

—Si, si, perdona – y continuo divagando sin repetir la afirmación- Si cogemos como ejemplo el comienzo de la era terciaria cuando los mamíferos comenzaron su diversificación para ir ocupando los nichos ecológicos de los dinosaurios tras su extinción, no encontramos periodos de especiación a las nuevas presiones ambientales inferiores a 200.000 años.

Es más, aún así presentan una similitud del 98% con sus antecesores, por lo que para tener especies tan derivadas que no se las pueda emparentar con ninguna otra se debería necesitar varios millones de años.

—¡Oye! dile a tu holograma que se explique mejor – se desesperó Nemos

—Muy sencillo, no se tarda lo mismo en “evolucionar” de Mamut a Elefante, que en hacerlo de anfibio a reptil.

—Ya, y no tenemos ni un solo resto en el registro fósil del cretácico que nos de una pista de alguno de los antecesores de nuestros Godzilas.

—Efectivamente Nemos ¿a menos que…? – su voz dudo a la vez que sus cejas se arquearon en señal de satisfacción

—Si, afortunadamente hay una respuesta posible:Durante un espacio de tiempo en forma y lugares que tendremos que determinar hubo vida inteligente no terrestre en nuestro olvidado planeta azul.

—Ya, y dices que afortunadamente

—Sí Nemos, tengo una pequeña intuición. Si recuerdas los virus de la familia coronavirus tienen un origen sintético, sin embargo ningún gobierno reconoció haber sido el autor de semejante aberración. Si los Mioritas fueran los portadores tal vez podríamos descifrar la secuencia de ADN, o encontrar anticuerpos que paliaran las consecuencias de su infección.

—¿Quieres decir que podría existir alguna relación entre el desastre terrestre y la epidemia que asola Marte?

—Tal vez. En cualquier caso es demasiado pronto para aventurarse a realizar cualquier tipo de aseveración. Creo que hasta nuestra llegada deberías centrar tus esfuerzos en reunir mas información sobre los siguientes puntos:

Genética de los mioritas y ver hasta que punto es similar a los coronavirus.

Averiguar si se manifiesta en todos los infectados, o por el contrario puede haber portadores sanos.

Si el holocausto fue consecuencia de una guerra contra los Mioritas, ¿qué los devolvió a la vida o a la Tierra?

Y sobre todo de dónde proceden las señales de radio.

  

CAPÍTULO VII

La vida es un asunto complicado de sobrellevar y en sí misma sin demasiado sentido; es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, y que no significa nada. Cuando has acariciado con tus manos más de seiscientos años, esto resulta evidente. Pero nunca estará tan repleta de caos y aleatoriedad como una conversación con Nemos. Nunca sé por qué primero lanza una aseveración contundente para, a continuación, matizarla hasta tal punto que finaliza diciendo exactamente lo contrario de lo que en un inicio planteó. Como acaba de hacer. El problema que siempre ha aquejado al mundo es que los necios y los fanáticos siempre están seguros de sí mismos, mientras que los sabios están llenos de dudas: en presencia de un necio sin fisuras estamos perdidos. Y no sé si Tolstar se ha convertido en un sabio o en un necio. Afortunadamente las bases de datos de nuestras naves replican perfectamente la suma de conocimientos que poseemos en Marte sobre la historia y prehistoria de la Tierra. Supongo que esa ansia de contradicción enfrentada a una paradójica seguridad y la pedantería perpetua de Nemos son un efecto secundario de la ingesta prolongada de la cobaltoporfirina. Combinada con la omnicilina se transforma en la fórmula mágica que nos convierte en seres de una longevidad excepcional.

Y pagamos un peaje por ello, al menos yo lo pago, porque en ocasiones sólo incrementando la dosis de la primera droga soy capaz de sobrellevar los ya innumerables días de mi existencia. Me consta que algo similar les ocurre a todos los miembros del Gabinete de Crisis; algún curioso mecanismo psicológico que nunca hemos sido capaces de determinar hace que la sobredosis de cobaltoporfirina actúe de modo diferente sobre cada uno de nosotros. En mi caso siempre sufro unos vahídos mentales entre místicos y nihilistas, de los cuales ni yo mismo soy capaz de desentrañar su significado. Por fortuna después me sumerjo en una lasitud ataráxica que me hace olvidar tales desasosiegos y que al poco se torna en una leve, pero continuada sensación orgásmica de duración temporal subjetiva infinita.

Pero es momento de regresar a las anotaciones pertinentes para la misión. Misión de vital importancia para la supervivencia de la raza humana; por tanto debo analizar las inconsistencias que he detectado en las informaciones transmitidas por Nemos Tolstar:

Nemos escapó de Marte como un traidor o como un cobarde, no sabría por cual opción inclinarme. Sin embargo ahora se presenta como una avanzadilla de esta expedición, como si su partida extemporánea de nuestro planeta hubiera sido una acción perfectamente lógica. ¿Por qué actuó de esta forma? ¿Cuáles fueron sus motivos?

Sólo un hecho es objetivamente indiscutible: las comunicaciones con la Tierra se extinguieron hace más de seis siglos (las explosiones nucleares masivas están recogidas en nuestros anales de aquella época) y sólo ahora, después de este tiempo, se han reiniciado. Una señal que delata que aún queda vida en el planeta, que solicita, con angustia y de forma reiterada, saber si hay algún otro grupo humano tecnológicamente avanzado en el Universo. Después de la conversación con Nemos, ¿podemos estar seguros de que son seres humanos?

Lo que nunca se reflejó en los anales del Gabinete fueron las causas de aquel holocausto. Y no lo fue porque no lo supimos. Ni lo sabemos aún. Sin embargo ahora Nemos nos habla de una extraña raza del mesozoico y declara haber obtenido toda la información que nos ha transmitido en un satélite chino. Tengo la sospecha de que miente en algo, porque no resulta creíble que unas noticias de tal repercusión no llegaran a Marte en aquellos tiempos. Es posible que lo del satélite no sea más que una cortina de humo de Tolstar. Cuantas más vueltas le doy en mi cabeza al asunto más convencido estoy de que ya ha descubierto las coordenadas de origen de la señal y de que es en ese lugar donde ha obtenido las imágenes que nos ha remitido. De hecho su nave aún invisible para los equipos de rastreo, no podemos triangular todavía su señal, lo cual quiere decir que ya ha situado los satélites estacionarios en órbita en la Tierra y que se aprovecha de ellos para escamotear su situación. Debemos aproximarnos más al planeta para poder localizarle. Pero, siguiendo con la duda razonable que antes planteaba, ¿y si Nemos ha caído en una trampa?

Vuelvo a consultar la base de datos y compruebo que hay una información que sí concuerda de manera tangencial con lo que ha informado Nemos. Es lo siguiente: en 2050 se cerró la ciudad de Gizeh en Egipto al turismo alegando razones de protección de las áreas de interés cultural. Este dato concuerda con el supuesto descubrimiento de la megalópolis a la que hace referencia Tolstar, aunque este dato jamás se llegó a filtrar a la opinión pública. Hubo rumores que hasta Marte llegaron, pero nada tan categórico como lo que, al parecer y de forma tan precisa, presenta el supuesto satélite chino. Las noticias subsiguientes son extrañas, confusas y, en ocasiones contradictorias. La guerra entre Israel y Egipto y la ocupación militar del delta del Nilo por tropas combinadas de la OTAN e Israel podría tener algo que ver con el asunto, aunque no resulta evidente. Los noticiarios sí que reflejan como extraordinario el inmenso despliegue de tropas que se produjo en la zona: casi dos millones de efectivos. Desalojos masivos de ciudadanos egipcios, cierre del Canal de Suez. Bloqueo del Mediterráneo Oriental al tráfico mercante. Todo ello alegando la inestabilidad del régimen islamista de El Cairo y el incremento de actos terroristas por parte de los Hermanos Musulmanes Renacidos. Esto último totalmente incongruente con la realidad de los años anteriores e incluso posteriores a la guerra, en los que la ausencia de noticias en este sentido en la mayoría de las bases de datos es notable.

Un último punto relacionado con todo este misterio. A comienzos de 2060 se produce la aparición de un extraño brote vírico de sintomatología muy parecida a la del que invade Marte. Esta información fue recogida en apenas tres sueltos en diversos periódicos unas semanas antes del holocausto, el 12 de enero de 2060. La noticia me hubiese pasado desapercibida si no hubiera sido porque uno de los brotes se produjo en El Cairo. Una nueva y extraña (o quizá no tanto) coincidencia.

FIN DE LAS ANOTACIONES

Podríamos estar soñando siempre, pero no percibimos estos sueños mientras estamos despiertos, porque la conciencia (como el Sol que oculta las estrellas durante el día) es demasiado brillante para permitir que el inconsciente conserve tamaña definición. Quizá la vida sólo es sueño, sueño ininteligible para la propia mente que lo pare. Así meditaba Vadik cuando su reflexión fue interrumpida por la presencia de uno de los miembros de la tripulación de la nave.

—Comandante Magadan, los púlsares positrónicos de estribor están orientados según sus órdenes, señor.

—Gracias, oficial al-Yakhint.

Vadik permaneció con la mirada perdida durante unos segundos, mientras regresaba de un nuevo periplo por su mundo interior. Debía dejar de tomar droga con fines lúdicos. Cada vez le costaba más trabajo regresar a la realidad. Todavía unos segundos permaneció observando la marcial y apuesta figura del segundo oficial de navegación Warran al-Yakhint. Dos meses ya de navegación desde que abandonaron Barnaul. Dos meses sin Destra. Era una lástima que aquel viaje entrañara tantos peligros. La situación era tan crítica en el planeta perdido en la distancia que el Gabinete decidió que ninguna mujer embarcara en la nave Viking ni en su gemela la Mariner. La procreación y el mantenimiento de una esperanza para la continuidad de la especie aconsejaron tomar aquella decisión, tan contraria al auténtico espíritu de liberalidad que siempre había acompañado a la civilización marciana.

Volvió a mirar con ojos soñadores a Warran. Aquella noche ordenaría reducir la aceleración de la nave a 1/4 g y solicitaría al oficial que acudiera a su camarote con cualquier disculpa. Para ciertos asuntos la ingravidez era un aderezo que mejoraba en grado notable el guiso.

Aún con un hormigueo en los testículos, anuncio de lo que estaba por llegar, se obligó a atender a las palabras al-Yakhint.

—A esta distancia de la Tierra ya es posible comenzar el rastreo que ordenó, señor.

—¿Han detectado los satélites estacionarios?

—Sí, comandante Vadik. Tenía usted razón. El traidor Nemos los ha situado en órbita.

—No emita juicios apresurados, Warran. No sabemos las razones que impulsaron al comandante Tolstar a actuar cómo lo hizo.

—Lo siento, señor. Soy consciente de que ustedes han sido amigos durante cientos de años. Sin embargo, su huida precipitada…

—No lo sé, Warran. Estoy casi seguro de que me mintió varias veces durante la comunicación de ayer, sin embargo sigo pensando que no es un traidor. La falsedad del satélite chino era tan burda que no puedo creer que su intención real fuera engañarme. Además estoy seguro de que hubo alguna poderosa causa que lo impelió abandonar Marte con la Pathfinder.

Al-Yakhint entornó los ojos, pensativo. Vadik se incorporó y puso su mano sobre el hombro del oficial, animándole a explicarse.

—Verá, señor. Mi amigo Emil Salocín viaja como segundo artillero en la nave del comandante Tolstar.

—Un detalle interesante, Warran- comentó Vadik con un tono ambiguo.

—Sí, bueno – continuó el joven oficial turbado y con un sonrojo de intensidad creciente.- El caso es que la noche anterior a la partida de la Pathfinder me puso al corriente de ciertas ideas que bullían en la mente de su comandante. Al parecer Tolstar creía que la epidemia del virus Luzbel no era fruto de la aleatoriedad, de una mutación estocástica de una cepa preexistente en Marte.

—Siga, oficial. Eso que dice es muy interesante.

—En realidad ninguno de los dos hicimos mucho caso del asunto. Creíamos que eran los desvaríos propios del abuso de la cobaltoporfirina.

Warran se interrumpió temiendo haber hablado más de la cuenta. Al fin y al cabo, Magadan, al igual que Nemos, era miembro del Gabinete y a buen seguro la droga también le afectaba de alguna manera.

—Lo siento, señor. No quería decir que…

—No se disculpe, Warran. ¿Qué más le dijo su amigo Emil aquella noche?

—Me habló de las investigaciones que había realizado Tolstar. Insistía en que el nivel de impactos meteoríticos en la región de Tharsis durante las dos semanas previas al inicio de la enfermedad se había incrementado espectacularmente. Había realizado varios análisis de balística gravitacional y…

El fonostrón de comunicaciones con el puente de mando pulsaba con insistencia en demanda de respuesta. Vadik retiró la mano del hombro del oficial y la dirigió hacia el interfono.

—¿Y…?

—Según el comandante Tolstar, el origen de aquella inusual actividad meteorítica se encontraba en la Tierra – concluyó su explicación al-Yakhint.

La figura del primer oficial se materializó en forma de holograma traslúcido y tembloroso en el camarote de Magadan. Se apreciaba una agitación inusual en el puente de mando. Detrás del oficial Jenz Rosen, los timoneles y el oficial de derrota señalaban nerviosos hacia las pantallas de navegación.

—¿Qué sucede, oficial Rosen? – preguntó Vadik, inquieto.

—Señor, el barrido positrónico ha finalizado. Hemos establecido con precisión la distribución de impactos nucleares en el planeta. Y el resultado es extraño.

—No adelante interpretaciones, oficial. Exponga los hechos. Mejor, proyecte la imagen obtenida.

Vadik no pudo evitar un estremecimiento de terror al ver aquel mundo en colores pastel flotando delante de sus ojos. Los resultados de la exploración eran concluyentes y avalaban los datos de Nemos. Exactamente 11.789 explosiones nucleares habían compuesto la orquesta de muerte y destrucción que habían acabado con el planeta madre. Pero lo que le había helado la sangre era la intensidad cromática de algunas zonas del mapa holoproyectado.

—¿Es correcto lo que estoy viendo, Jenz?

—Sí, comandante. Aproximadamente un tercio de las explosiones se produjeron en la zona del delta del Nilo. Como verá hay dos zonas más de intensidad superior a la media: una Escandinavia y otra en la región de Shangai, cada una con un 15% de los impactos.

Era evidente: las casualidades no eran posibles en aquella ocasión. La información que había extraído sobre las regiones en las que se habían producido los brotes víricos en la Tierra coincidía con las zonas de color rojo intenso que flotaban ante sus ojos.

—¿Señor, se encuentra bien?

—No, Jenz, creo que no.

“Todo se acelera, Vadik”, pensó Magadan mientras una sirena comenzaba a atronar toda la nave. No había tenido tiempo de asimilar la noticia y ya los acontecimientos se precipitaban. Acompañado por al-Yakhint corrió hacia el puente.

—Es la nave de Nemos, ¿verdad?

—Sí, comandante – respondió Rosen. – Hemos hallado su posición. Y además hemos detectado el origen de las señales que captamos al partir de Marte.

—No me lo diga. Coinciden las dos.

—Sí y no, comandante. La nave de Tolstar se encuentra en órbita estacionaria sobre Europa. Varias lanzaderas de la Pathfinder han descendido sobre el planeta.

—¿Dónde demonios están?

—En la Península Ibérica, cerca de la antigua capital del estado llamado España… Un momento, señor. Según los registros cartográficos están en una zona denominada Valle de Los Caídos.

—¿Y las señales?

—Fueron enviadas desde un lugar próximo, quizá a unos 50 km. – respondió Rosen.- Los mapas señalan el nombre de Robledo de Chavela. Pero hemos podido discriminar un segundo foco de emisión. La señal está sincronizada con la de Europa, reforzándola, de ahí que no nos hubiéramos percatado hasta ahora de esta duplicidad.

—¡Joder! – masculló entre dientes Magadan. Luego, elevando la voz – Concluya, oficial.

—El segundo foco emisor se localiza en América, en el hemisferio sur, en la zona de Río de Janeiro.

—¡Warran! Pida la información gráfica disponible en las bases de datos sobre esas regiones – ordenó Vadik. Un pálpito premonitorio le susurraba que había una clave oculta en aquellas localizaciones.

—Proyectando, señor.

Allí estaba la confirmación del oráculo. Volvió a su mente el recuerdo del sueño de la pequeña Ingrida: la cruz del onírico Monte Esperanza. En Europa, una enorme cruz se elevaba en la cima de un promontorio en lo que debía ser el llamado Valle de los Caídos. En América, coronando una montaña, una gigantesca figura humana con los brazos abiertos presidía una bahía sobre la que se amontonaba una inmensa ciudad.

Vadik ordenó acelerar la Viking a 2 g. Exhaló un suspiro mezcla de resignación y excitación. El encuentro con Warran al-Yakhint debería posponerse. Pero Nemos estaba por fin a su alcance y, quizá, la posibilidad de desvelar aquel misterio.

Y la Tierra. Tan próxima después de tanto tiempo. Arrasada y transformada en un enigma. Le aterraba la idea de contemplar la desolación de la cuna de que les había acogido alguna vez. Recordó las palabras de un olvidado poeta, veréis llanuras bélicas y páramos de asceta tierra para el águila por donde cruza errante la sombra de Caín. La Historia es una pesadilla de la que el hombre nunca despierta.

CAPÍTULO VIII

En las pantallas de aproximación como un ángel errante se materializó la Pathfinder. Debo reconocer que el brillo azulado que emitía me produjo un escalofrío también azul sólo comparable al que aparece cuando tienes que amenazar a un viejo amigo.

—Compañero Warran prepare las balizas de detección. Lance tres secuenciadas, si tras ninguna de ellas la Pathfinder se posiciona en derrota, levante los muros energéticos y dispare los torpedos de popa a toda potencia.

—Señor, todo eso prácticamente desintegrará la nave- replico Warran, atusándose gentilmente su recia melena rubia.

—Eso, oficial, no es de su incumbencia. Limítese a obedecer.

Soy el mas imbécil de los repugnantes reptiles que se arrastran por las minas de Barnaul y acababa de malograr mi unica puerta al placer. Estaba esféricamente cabreado, no por mi frustración sexual sino por que presentía que no estaba controlando la situación.

—Comandante, acabamos de lanzar la ultima baliza y no hay respuesta de la Pathfinder. Podríamos…

—Ni podríamos, ni potorros. Dispare señor al-Yakhint. Obedezca, coño.

Cuatro torpedos como cuatro jinetes de la Apocalipsis partieron de la toberas de popa de nuestra nave. Sin embargo no hubo encuentro tampoco hubo error en los cálculos, la Pathfinder ya no estaba allí.

—Señor, ¿disparo los de proa? Están preparados.

—No Warran. Mantenga los muros y posicione la nave en espera y espere instrucciones. Me voy a mi cubículo a reflexionar. Se que hay algo que no encaja.

Las cosas siempre pueden ir peor, terminé el ultimo de mis cuadernos mágicos tras la comunicación con Nemos. Tengo que pensar pero me estalla la cabeza, va a explotar.

Una dosis cumplidita de cobaltoporfirina me ayudó a volver a mi estado normal, se había disipado la niebla, podía respirar, podía pensar. Recuperé mis ultimas anotaciones. Piensa Vadik. ¿dónde está Nemos y la Pathfinder?, si el mismo virus que nos está matando en Marte lo sufrieron aquí en la tierra ¿quién hace las señales?, si son humanos habrán encontrado un antídoto pero ¿por qué mandaron el virus a Marte? ¿Qué fuerza telúrica les condujo a destruirse?

Llevaba casi una hora desparramado en el sillón de mi cubículo y no encontraba respuestas. No sé porque me acordé de lo que siempre me decía mi padre: “la clave de todo esta en esencia de la condición humana: la duda, si no hay duda no hay vida”. Por fin algo claro en esta maraña de oscuridad: la duda, el principio de Incertidumbre, la razón de ser de las naves. “Es imposible conocer con certeza y al mismo tiempo la posición y la velocidad de un objeto”.

—Warran, escuche con atención. Como sabe no podemos conocer con precisión la velocidad y la posición de la Pathfinder, por tanto si ahora está parada sobre la Península Ibérica conocemos perfectamente su velocidad relativa, nula, por tanto es imposible conocer su posición y por eso hemos fallado y no la localizamos. El principio de Heisenberg.

 

CAPÍTULO IX

Tras la conexión fonostrónica se sintió bastante débil, y advirtió que las fuerzas le flaqueaban sin razón aparente. Aquella mañana había desayunado su tazón de extracto de cobaltoporfirina como en otras tantas alboradas durante sextones y sextones de aquella vida cuasieterna. No obstante, el alimento no se había asentado en el cuerpo. Mientras mojaba las rebanadas de soja enriquecida en el jugo de extracto del principio eternizante, algo se torció ahí dentro. Ahora en el puente de mando de la nave, en el cubículo del artillero jefe, vacío en este momento por no haberse dado ninguna señal de alarma, echó una cabezada reparadora, y al desperezarse, un quinto de cuarzo-esfera laser más tarde, mientras observaba la inmensa negrura estrellada del universo, volvió aquella imagen que le asaltaba desde hacía meses. Imagen formada durante su búsqueda de largas jornadas en el hipernavegador de la Colonia, intentando explicar esa sensación fiel, lejana y cercana a un tiempo, como por debajo de la piel, subterránea y fiel. La Providencia. Tal era el resultado ignoto del magma mental en progresión al borde de esa sensación de estallido mental más allá de cualquier entendimiento, sí la pobrecita testa casi a punto de estallar. La concreción puntual de ese convencimiento no podría perjudicarlo en este crucial momento de su singladura. Me sigo llamando Nemos y el significado de semejante arrastrarse sideral muta el significado, todo parece haberse transvalorado.

Hace tres sextones que decidí dar respuesta cumplida a mi sentido errante de la existencia, pensaba yo ¿pero como va a morir toda aquella gente aquí arriba ahora que poseemos un medio de vida eterna? Nadie pareció hacerse cargo del problema de forma contundente. En mi interior se iluminaba el problema con clara luz del mediodía. La Madre Tierra atesoraba la clave del asunto vírico y quizá aflorasen respuestas a otras innominados interrogantes que surgieran en el mismo culmen de la misión. No sería capaz de exponer razones fundadas porque quizá al fin y la postre estuviese persiguiendo una oscura intuición.

—Mi comandante, perdone la interrupción, hemos detectado torpedos positrónicos dirigidos a nuestra última localización en el cuadrante omega-veinte latitud cuarenta y tres terráquea – declaró el afable y caribermejo Mayor Mur-Alkami, mano derecha de Tolstar desde tiempo inmemorial. ¿Ha reflexionado sobre los siguientes pasos a dar?

—No demasiado … - contestó de forma automática como un resorte Nemos Tolstar al tiempo que salía de sus ensoñaciones. Algo sí tengo claro, digámoslo así : vienen a por nosotros y debemos continuar con nuestro cometido. Prepare la lanzadera Ramses con todo el material científico y abandonemos la nave de una vez. Volvemos a la Tierra. Si detectan el cuadrante exacto de nuestra nave nodriza deberemos soportar su pérdida, no nos queda más remedio que huir de nuestro tenaz perseguidor.

—Muy bien, mi comandante. Una observación, si se me permite : le noto grisáceo, ¿no habrá vuelto a tener problemas con su desayuno, verdad?

—Algo de ello hay, pero no se preocupe, mi querido Mur-Alkami. Debemos continuar pese a este cuerpo derrengado y …inasequible a los sextones y tal vez … a la soja de Marte.

—¿Doy entonces la orden a toda la tripulación de preparar los equipajes con el equipo de supervivencia molecular?

—Sí, por favor, mi apreciado Mur-Alkami. Nadie debe quedar en la nave… la abandonaremos en órbita fantasma esperando … - y mientras pensaba “que la Providencia la proteja” simplemente su boca exhalaba – que alguien la proteja. Nosotros ya no podemos hacer más. Todo se vuelve incierto ahora que estamos a las puertas del centro del enigma.

El Mayor de la nave con paso lento y como embrujado por la orden recibida, acudió al fonostrón de la cubierta de mando para informar a la tripulación del próximo despegue de Ramses. Su abrigo largo de plexiglás aterciopelado, color azul índigo, le daba cierto aire cómico sólo rebajado por la contundencia de sus palabras ante los tripulantes y sus ademanes pausados. La dependencia del Comandante Tolstar se mezclaba por una predilección infantil y un fervor en la defensa de sus decisiones. Hizo su trabajo y en persona, como tenía por costumbre, acudió al hemiciclo del laboratorio para revisar y comprobar fehacientemente el empaquetado del instrumental.

Llegada la hora, todos se mostraban nerviosos; pero, al mismo tiempo, contentos ante la perspectiva de volver a surcar el cielo azul de la Tierra. La excitación de los miembros de la tripulación se manifestaba en el brillo especial de sus ojos y en las indisimuladas sonrisas que se dibujaban en sus rostros; aunque éstas se tornaron en seriedad casi fúnebre al aparecer el Comandante para pasar revista, ataviado con ropa extraña, aquella que desde hacía seis siglos ningún habitante de Olimpo había podido observar, pues era de otra época y hacía recordar el precedente eón terrestre. Era de tejidos resistentes a la radiación nuclear, color caldera, con correajes de cuero auténtico y yelmo solar metálico con lentes apropiadas para la visión diurna y nocturna en la atmósfera natal.

—Mayor, ¿todo en