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ORACIÓN TRISTE

Dejarme navegar y navegarte,
altas las velas, el timón seguro,
amanecer tu luz, ya nunca oscuro
el rumbo de mi mar para arribarte

será tal vez soñar, tal vez soñarte,
tropezar y romperme contra un muro
sin rendijas su piedra, siempre duro,
escuchar tu silencio y no escucharte.

¿Dónde entonces se oculta la alegría?
¿Qué tristeza destruye la esperanza?
¡Tan solo al caminar sin caminarte!...

El tiempo se me muere y se diría
que busca sólo lo que no se alcanza:
dejarme navegar y navegarte.

27-28 mayo 2000

 

UN TODO CUALQUIERA
A Blas de Otero , in memoriam

Un domingo cualquiera,
un yo cualquiera,
también pido la paz
y la palabra pido,
y digo sin querer
lo que tan queriendo digo.
De nuevo con tus versos
has venido de pronto
con los brazos abiertos
de gritos y silencios.
Has venido de pronto, Blas,
en tanta compañía de ti,
de tu pueblo y tus poemas
caídos como el agua
que verdea tus campos,
tu eterno en paz descanse
en la plena liturgia del amor
a todo lo que late
o ni siquiera existe,
tan lejos de nosotros
con nosotros mismos.
¿Qué pueden ya importarte
los versos que te envío
un domingo cualquiera
que no me pertenece
ni en fecha ni en caminos?
Pero te los escribo ardiente
como fueron tus palabras
tan llenas de ti mismo
que pronto te vaciaron
y a la calle salieron
en busca de otras voces
convertidas en besos
de hambres y justicias.
¡Ay, Blas, cuánto desierto
anduviste tú solo
adivinando soles y azules
bajo las nubes grises!
Y hoy me reclama tu nombre,
un domingo cualquiera,
un yo cualquiera,
también pido la paz
y la palabra pido.

Febrero 2004

 

LA ESPERA

Me has salvado una vez del oleaje
¿o fueron excesivas tus manos extendidas
apartando las piedras del camino,
protectoras de muertes y de vidas?
¿Hasta dónde guiaste mis latidos,
aquellos pasos lejanos de inquietudes,
aquel "a punto de" que no llegaba
porque tú regalabas tu clemencia
sin nunca detenerte a pedir nada?
Y ahora ya sé en mis tardíos pasos
que todo lo pasado fue intención
de siembra meditada de antemano
para el día en que oscuro y luminoso
esperases de mí lo que aún ignoro
aunque sepa segura su existencia,
el temblor de la voz con que me obligues,
con que exijas de mí algo concreto.
¿Qué me pides, Señor, a estas alturas
que confunden mi vida con mi muerte?
Como a un ciego la noche me deslumbra
y el día me acorrala en la tiniebla.
En cada esquina busco y nunca encuentro
una señal, un signo, una esperanza
de que al fin te decidas a avisarme
y me digas: "Era esto, ¿comprendes?"
Y yo agradeceré la larga espera,
el último sentido del olvido.
Prolongaré mi mano hasta tu mano
y sabré que mi vida se ha cumplido.
 

Septiembre 2006
 

 

 

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