HISTORIAS DE LOS OTROS (1967)

 

 

Este libro de narraciones ha nacido de mi doble dedicación periodística y literaria. Frecuentemente se ha dicho que el periodista mata al escritor. Yo pienso que no es así y que, en todo caso, el periodista enferma al escritor por la dedicación que le exige, y que le priva de tiempo para emplearlo en sus tareas literarias. El periodista, en otro sentido, ayuda y vitaliza al escritor proque aguza más y más su capacidad de obseración, de síntesis, de expresión incluso, para aproximar al lector a la realidad.
La cosa es que hace tiempo deseaba escribir un libro en el que, por así decirlo, se unieran el periodista y el escritor, la verdas y la ficción. No se trata evidentemente, de una obra inédita; aunque puede que lo sea en su aplicación a un libro completo de narraciones : mezclar la noticia con la literatura, juntar lo plausible a los sorprendente, sin tener en cuenta que aquello que más puede sorprender, corresponde muchas veces a la más exacta realidad. Acaso la idea primera de este libro brotase de unas palabras de Dostoievski insertas en su carta, fechada eb 1869, a Nikolai Strchov. Estas palabras dicen : "En un periódico cualquiera que se lea, tropieza uno con relatos de hecho totalmente auténticos que, a pesar de todo, nos impresionan como algo extraordinario. Nuestros escritores los estiman fantásticos y no los toman en consideración y, no obstante, son verdad, porque son hechos reales. Pero ¿quién se toma la molestia de observarlos, registrarlos, describirlos? Ocurren cada día y  a cada momento;  por lo tanto no son excepcionales..."
Deseaba, en definitiva, escribir una serie de narraciones literarias cuya anécdota fuera absolutamente real. Y aun más : que su certeza estuviese certificada por la noticia periodística aparecida en los diarios. Es decir, crear una verdad imaginada partiendo de un hecho histórico, convertir la noticia en una ficción, pero no pretendiendo únicamente dotarla de una apariencia de ficción y de unas características de ficción, sino que al mismos tiempo esa ficción fuera, en los posible, fiel a su originaria autenticidad. Entonces ocurre, por ese fenómeno de la creación literaria, que nos encontramos ante la posibilidad de que la ficción de estas apariencias penetre en una realidad factible, que pudo ser así, y que es interpretada, descubierta y proyectada. En cierto modo, debemos admitir que buena parte de la narrativa contemporánea se ha ido aproximando más y más al mundo real; aunque, como dijo Flaubert, "la realidad no debe ser más que un trampolín".
El trampolín de este libro da narraciones ha sido la presencia de unas noticias publicadas en nuestros periódicos o, en algunos casos, en periódicos extranjeros. Será, asñi, un intento más, entre los muchos que se han producido, de llegar a la literatura a través de un hecho real. Aunque este acontecer tenga, en sí mismo, apariencias de irrealidad. Y hasta el punto que difícilmente hoy un escritor podría, sin cierto rubor, escribir un relato que bajo tales líneas argumentales el lector rechazaría por imposible. De nuevo nos encontraremos con aquella verdad incuestionable que nos afirma que la existencia cotidiana es capaz de desbordar a la más pura imaginación. Algunas de las narraciones aquí agrupadas son totalmente inverosímiles, y, sin embargo, parten de un  hecho verdadero. Aldous Huxley, en el capítulo XIV de Contrapunto, pone en boca de unos de sus personajes : "Por muy extraña que sea la pintura, nunca puede ser ni la mitad de extravagante de lo que es la relidad original". Por muy sorprendentes e inverosímiles que puedan parecer al lector algunas de las narraciones de este libro, jamás podrán ser, ni remotamente, tan extrañas como la misms causa que las ha originado.
Esta obra, si se quiere, es el cumplimiento de un deseo hace tiempo en mí albergado. Quiero decir que he sido absolutamente honesto, y que la totalidad de las narraciones que reú no se han basado en noticias publicadas en las columnas de un diario. A veces se trataba de una noticia de esas que ocuban cuatro o cinco líneas. En general, las noticias no se explican : se dan los hechos y se acabó. Aquí termina el periodista y, a partir de aquí, empieza el escritor. Y el escritor, por el misterio de serlo, penetrará en esa noticia y acaso la descubra, la intuya o la adivine en todo su sentido, en toda su dimensión trágica o cómica, o dramática o irónica. Quiero recordar también las bellas palabras de Guy de Manpassant: "El realista, si es artista, no tratará de mostrarnos la fotografía banal de la vida, sino de darnos una visión más completa, más atrayente, más probada que la realidad misma". No sé, desde luego, hasta qué punto he conseguido algo parecido, pero sí es cierto que mi intención no era otra.
Hubiera podido, y tal vez el libro resultaría más experimental para el propio lector, incluir al fin de las narraciones la noticia-madre de cada una de ellas. No lo he hecho por una razón de respeto a los personajes, protagonistas directos o indirectos,  de cada uno de los sucesos recogidos. Casi todas son noticias recientes y en ellas se daban circunstancias persoanales, nombres y apellidos. Lo que fue ético en las columnas informativas de un periódico, no lo hubiera sido aquí, en el terreno de la literatura. Por ello también he cambiado nombres, localidades geográficas y otras circunstancias. Lo único que he hecho ha sido tomar el punto de partida, el trampolín de Flaubert,  y novelar una noticia procurando acercarme lo más posible, sobre todo en las narraciones de carácter dramático, a lo que pudo ser y en la forma en que pudo acontecer. La unión, como antes decía, del periodismo y de la literatura.
He empleado diversas técnicas narrativas, incluso la teatral, para dar vida literaria a esas noticias publicadas un día en un periódico. La técnica ha estado condicionada al carácter del hecho, a su clima, a su proyección dramática o humorística. El procedimiento ha sido, pues, aquel que se armonizaba más con  mi intención : disfrazar la verdad de literatura. Y , claro está, nos acerca más a la verdad. El escritor, y tanto más en nuestra época, parte de la invención para acabar llegando a la realidad y a su interpretación. Es ésta, sin duda, una de las misiones esenciales del arte, y también de nuestro tiempo. El periodista se atiene más exclusivamente a la información descriptiva. Este libro, y termino, es la fusión de ambos extremos : de la noticia de partida se alcanza la ficción y acaso, desde el misterio en que transcurre la vida, la literatura emprenda un camino de retorno para conocer más claramente la realidad.
Deseo, por último, testimoniar mi agradecimiento a la Fundación Juan March por la Pensión de Literatura que me concedió a fin de  que escribiese estas narraciones.

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