Cenizas en Arrigunaga

 

 

Y una voz, como a Macbeth me dijo :
"Tú serás rey".
Y cambié mi tesoro,
sin saber
que una estrella es más libre que un hombre
y una lágrima vence a todos los argumentos,
y una flor puede más que mil reyes,
y la fe es el príncipe rubio de los cielos.
 
 
Erase una vez un poeta bilbaíno amante de la música y de la literatura con mucho de místico como solía serlo todo gran poeta en el pasado. Su nombre, Jaime Delclaux y desde muy jovencito tuvo clara su misión en la vida como así lo cuenta en un poema temprano :
 
Y yo siento algo en mí que llora y canta,
algo que es poesía sutil y cadenciosa
como bruma de plata,
algo...
que me lleva hacia Dios
muriendo de nostalgias.
 
Su primer poemario tuvo un final romántico y quizá esplendoroso : Jaime viajó en tren de Bilbao a Algorta con aquellos primeros poemas de los que no estaba muy convencido. Subió el repecho de la colina que es el pueblo de Algorta y después bajo la larga pendiente que va a parar al mar concretamente hasta la playa de Arrigunaga – centro del universo literario y vital de Ramiro Pinilla, por cierto – y allí quemó sus poemas para después entregar sus cenizas al fluir y refluir de las olas del Cantábrico. Antonio Elías, amigo de Jaime y también poeta, juzga así sus primeros versos :
 
En Ratos de ocio había rasgos de ingenio y algunos despuntes de la sensibilidad poética que más tarde se habían de manifestar. Jaime mostraba ya soltura para versificar, sin el esfuerzo, a veces penoso, de otros poetas vizcaínos; una capacidad de la que después no hizo mucho caso, pues encontró en el verso libre el medio de expresión más adecuado a su inspiración, que se inclinaba a las impresiones fluctuantes e imprecisas de niebla matinal con preferencia a las claridades lineales del mediodía.”
 
Carmen Aguirre, en el prólogo de su obra poética completa, nos cuenta datos sobre su nacimiento y abolengo que nos ayudan a situar el entorno familiar y social en el Bilbao de la época :
 
Su partida de bautismo dice que nació en Bilbao el 17 de febrero de 1912; quiénes fueron sus padrinos y su primera casa en la calle de La Salve, 3, principal, de Bilbao. Era el tercero, de cinco hermanos, pero “el hijo mayor”. Durante su infancia sus padres aún mantenían el status de clase acomodada. La madre había heredado tierras de su familia aristocrática, ya decadente. El padre tenía la carrera de Derecho y ejerció de juez en Bilbao. Parecía que él iba a seguir el mismo camino. Después de hacer el Bachillerato en el Colegio Santiago Apóstol, cursó estudios de Derecho en la Universidad de Deusto. Sin embargo, Jaime tenía pasión literaria. No hacía poesía. Era poeta.”
 
Sin duda, una puntualización certera... Además nos cuenta otra serie de cosas que definen a Jaime y que nos lo presentan como un joven de talento que no podía hacer otra cosa que escribir versos pues su gran sensibilidad así se lo ordenaba :
 
Su amor eran los libros; escribía artículos; daba conferencias; se metía en emisoras de radio; leía obras de teatro a sus hermanos. Era un estudioso. Investigaba sobre los autores que leía, hasta saberlo todo de ellos. Le gustaba la opera, la música clásica, en la que se sumía , melancólico, disfrutando un goce superior que que afloraba en su poesía, como si libase en ella las esencias que tan fácilmente fluían en sus composiciones. Su espíritu no encajaba en la rigidez de las leyes. El nos lo confiesa :
 
Alma desdibujada, imprecisa,
hecha por mí.
Iba hacia la conquista de su sueño.
 
Esa era la misión de Jaime : explicarse a sí mismo y al mundo a través de la poesía ayudado por su delicada sensibilidad. Sentía su alma como preparada para esa misión. Sentía el amor... De esa experiencia mística nacería uno de sus primeros poemas que habla de las cosas primigenias que sienten los poetas : el alma, la luz, el amor...
 
Sin saber lo que era, yo sentía en mi alma
un rayo transparente con claridad de luna,
como el místico premio de una dorada alma,
que ahíta de desprecios me diera la fortuna.
Y en el oscuro arcano de mi alma misteriosa
era la lucecita como una mano buena
que sembrara de flores la ruta tortuosa,
cambiando en alegría lo que antes era pena.
 
Y yo, que nunca supe de odios ni de amores,
amé profundamente los rayos de mi luz,
y emprendí mi carrera sin cobardes temores,
empuñando mi espada abrazado a mi cruz.
 
Y pródigo de amores, llegué hasta mis hermanos,
ansioso en mi alegría de calmar su dolor,
mas ellos entibiaron entre sus torpes manos
la claridad divina de aquel rayo de amor.
 
Al ver mi desengaño, fui perdiendo la calma,
y aunque no lo sentía, el odio conocí.
Guardé la lucecita en el fondo del alma
con una pena aguda del rayo que perdí.
 
Hasta que en una noche eterna, sin aurora,
una ráfaga helada la luz mía cegó,
y desde entonces, triste, muy tristemente, llora
mi alma, que está oscura, la muerte de su amor.
 
En 1928 conoce al que sería su íntimo amigo Antonio Elías Martinena. Junto con él, los hermanos Antonio y Pablo Bilbao Arístegui y el mismísimo Blas de Otero, componen un círculo de amistad que es además un grupo literario y musical. “Leen a Tagore, Alberti, Lope de Vega, Oscar Wilde, Benavente y, con devoción especial a Juan Ramón Jimenez. Asisten juntos a los estrenos, en Bilbao, de Casona y de García Lorca, interpretados por Margarita Xirgu, en 1934 y 1936”. Entre sus lecturas más asiduas se hallaban los escritores místicos como San Juan de la Cruz, Fray Luis de León y Santa Teresa.
Esta pequeña hermandad (del espíritu) era para ellos una huida de la vulgaridad de la vida y es evidente que para Blas de Otero, marcado por la muertes tempranas de su hermano (1929) y su padre (1932), fue un reducto que salvaría su alma de la vida común y daría alas a su creación poética. Nos cuenta Carmen Aguirre curiosos pormenores de este círculo inquieto; desde la mirada del Bilbao actual y desde un tiempo de cultura patrocinada y teledirigida también actual, este pasaje puede despertar la envidia, el pasmo y la sorpresa de mucha gente:
 
Les interesan temas muy variados. En sus reuniones se diserta sobre la crisis de la novela, sobre Glasunov y la música rusa o los primitivos autores dramáticos españoles; don Eugenio Beitia da una conferencia sobre San Isidoro de Sevilla; se leen obras de teatro escritas por ellos mismos, como A la luz de la Luz, de Luis María de Villalonga, o Lamento del amor herido, de José Ramón Amézola, con ilustraciones musicales de J. M. Echevarrieta; Jaime se encarga de hacer el arreglo de Los ojos verdes, de Bécquer, para su escenificación, y Pablo Bilbao, de mecanografiarlo.
 
Nuestro poeta va a Madrid en el infausto año de 1936 con el objetivo de conseguir un trabajo (“Había ido a la capital a buscar trabajo. Su primo, el marqués de Chiloeches, le había recomendado a Luca de Tena como posible colaborador de Blanco y Negro”). Allí ambos obtienen un premio maravilloso que no es otra cosa que una entrevista con Juan Ramón Jiménez. Todo había empezado cuando Jaime escribió un poema dedicado a J.R.J que traemos a continuación :
 
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
(J. R. J. - P. S. y Cñía. )
(Jaime pregunta a Juan Ramón el camino a seguir en la poesía)
Te vi cuando el camino se partía,
y me dijiste en versos
la segura vaguedad
de mis deseos.
¿Por cuál? - te pregunté - ,
y tú te sonreías de mi duda.
Por éste - me dijiste - . Y tus ojos
tenían la nostalgia de dos rayos de luna.
Y por allí me fui, gustando alegre
la divina novedad de los colores,
pero andando, he llegado
a las puras entrañas de la noche.
Y desde aquí te llamo, inquieto,
¿En dónde? - todo es bruma -
y tú, arquitecto de vientos,
te ríes otra vez, y me respondes:
¡En tu propia pregunta!
 
Estos son los pormenores que le cuenta Pablo Bilbao, que también está en Madrid, en un epístola del 29 de mayo de 1936 a su amigo Blas de Otero, que seguía atado a Bilbao luchando por la supervivencia familiar. La carta es magnífica y cuenta detalladamente como acceden al poeta y su esfuerzo se ve recompensado con una entrevista personal :
Querido Blas: Como tengo tiempo, no resisto a la tentación de escribirte, pues hay cosas interesantísimas que contar.
Sabrás por noticias mías, y por las de Jaime, nuestra entrevista con Zenobia. Esto fue el sábado, 23. El lunes le mandamos a su casa un magnífico ramo de flores con nuestras tarjetas; en las tarjetas y de nuestro puño y letra, iban unos versos de Juan Ramón. . .
Elisa Córdova, al escribirle a Zenobia, le había anticipado que Jaime escribía versos. . . Jaime a pesar de mis requerimientos se negaba a enviar nada a Zenobia, y exponía sus razones, tan "suyas", para hacerlo así. . . . . hasta que llegó el martes, y ese día me advirtió Jaime que se "encontraba" eufórico y había decidido entregar unos versos a Zenobia. A mí me pareció la idea de perlas y le acompañé a dejarlos en "Arte Popular Español", que, como sabrás, es la tienda que tienen Zenobia y sus amigas. No encontramos a Zenobia, pero Jaime con una tarjeta suya dejó un sobre que contenía cuatro versos: "Ceniza de mariposas", "Una impresión de Debussy", "J. R. J. " (que antes se titulaba "J. R. J. , P. S. y Cº") y otro que comienza "No finjas resistencias. . . " En total cuatro versos, bien escogidos. Esto sucedía el martes, a la una de la tarde. Hasta que hoy viernes. . . .
Serían la una menos cuarto, cuando Jaime ha llegado a mi cuarto para enseñarme unas "sibaritadas" que ha comprado en la feria del libro: un tomo elegantísimo (50 pts. ) titulado "canción", primero de las obras completas de Juan Ramón, que acaba de salir ahora; dos obras de Tagor y otra , "De mar a mar", poema de Feliciano Rolán. Hemos estado un rato charlando y por fin se ha ido. A los pocos minutos ha vuelto a entrar en el cuarto y en un grito me ha dicho: ¿Pablo! ACABO DE HABLAR CON JUAN RAMÓN!!!¿Cómo? le he preguntado, y él con la voz entrecortada me ha relatado cómo una criada le ha avisado: "Le llaman por teléfono", y al preguntar: ¿quién es? una voz al otro extremo del hilo ha contestado: "ESTA VD. HABLANDO CON JUAN RAMÓN JIMÉNEZ. . . " "ZENOBIA ME HA DEJADO UN SOBRE CON UNOS VERSOS DE V. D. . . . ( momento de angustia indecible para Jaime) . . .
"ME HAN GUSTADO EXTRAORDINARIAMENTE Y TENDRÉ MUCHISIMO GUSTO EN ESTAR CON V. D. UN DÍA DE LA PRÓXIMA SEMANA PARA HABLAR SOBRE TODAS ESTAS COSAS. YO LES AVISARE PARA QUE VENGAN V. D. Y ESE OTRO AMIGO QUE ESTA CON V. D. , DON PABLO BILBAO"
(todo esto lo sabe Juan Ramón por ese ángel de bondad que se llama Zenobia) después, Jaime, con la emoción consiguiente le ha dicho que ha comprado su última obra. Juan Ramón le ha contestado diciendo que encontrará en ella bastantes versos conocidos, pero también muchos inéditos. . . . Pero lo principal de la conferencia ha sido lo siguiente: "ME HAN GUSTADO EXTRAORDINARIAMENTE" y la promesa de reunión para la próxima semana. . . .

 
La carta sigue con unos pocos párrafos más poniendo al corriente a Blas de otros asuntos. El 4 de julio el grupo sin Jaime, que está en Madrid, se reúne a comer en el Hotel Ugarte de Algorta (de nuevo el pueblo costero) y no presienten que su amigo del alma no volverá a estar más con ellos... Estalla la guerra el 18 de julio de ese año y Jaime no llega a entrevistarse para conseguir el trabajo; todo se tuerce y se hace terrible. Visto desde el mundo de los vivos podemos decir que el destino que él previó en unos versos suyos se empezaba a materializar poco a poco :
Yo sé que he de morirme pronto
y no me importa nada.
Uno lo piensa para sí y le horroriza pero el efecto es todavía mayor cuando lo piensa para la suerte de un hombre de delicada sensibilidad como Jaime que se ve de repente en medio de un ambiente de guerra y con una salud quebradiza, y que queda recluido en la pensión que comparte con su amigo Fernando Haya. Entre los muchos avatares será detenido en dos ocasiones no sin haberse enfrentado verbalmente a la soldadesca:
El 29 de Noviembre el bombardeo del ministerio de la Guerra, cerca de la Plaza de Cibeles, causó destrozos en la pensión. Los dos amigos tuvieron que evacuarla con lo puesto y con una manta al hombro. Encontraron refugio en un sótano del Banco de Vizcaya. Les acomodaron con dos colchones y una cocinilla eléctrica. Allí estaban más resguardados de las patrullas, pero tenían que buscar comida. El vecino restaurante Molinero, aunque había sido requisado, les proporcionaba algún plato de lentejas o de garbanzos. Pasaban los días y comenzaron a llegar nuevos huéspedes al sótano. Sobre todo localizaron a Fernando que recibía llamadas anónimas. Los directores del Banco, viendo que allí no estaban seguros los trasladaron a Aranjuez. Alojaron a Fernando en la casa del director y a Jaime en una pensión cercana. Su salud ya muy resentida, mejoró notablemente ante la tranquilidad y los paseos de Aranjuez. Sin embargo, eran jóvenes de 25 años que debían de combatir en algún frente, por tanto, también los paseos resultaban peligrosos. Viéndolo tan mejorado, Fernando pensó en incorporarse al frente y dejar a Jaime en algún sanatorio. Les llegó información de que " la casa vasca" había organizado el batallón Vasco - Pirenaico cerca de Barcelona. Jaime estaba optimista, pero Fernando dudaba de que pudiese llegar vivo a Barcelona. Su propósito era hospitalizarlo cuanto antes.”
El destino se camina hacia su cumplimiento indefectible y tristemente también para su círculo de amigos, para su familia y para la poesía de un Bilbao que ha dado algunos grandes poetas. La muerte le va persiguiendo y no le pierde pista en un azaroso viaje que cuentan fue así :
Después de una parada en Tembleque llegaron a Albacete, estaba ya muy grave. En la estación ocurrió que a un soldado ruso le dio un ataque epiléptico, Fernando le pudo socorrer porque sabía lo que había que hacer en esos casos. El coronel del ejército que presenció la escena se acercó a agradecerle los servicios, momento que aprovechó para indicarle que venía del frente con un camarada francés, Delclaux, que necesitaba urgente hospitalización. Les proporcionó una ambulancia en la que fue trasladado al hospital provincial de la ciudad. Afortunadamente el hospital estaba en buenas condiciones, la guerra no lo había deteriorado. Fernando recuerda como "indescriptible" la cara de satisfacción y descanso de Jaime cuando se pudo acostar. El amigo partía para el frente, y al volver la cabeza como última despedida de quien sabe que será la definitiva, le vio meter el rosario bajo la almohada; también lo vio la enfermera que le ayudaba y sonrió en gesto de complicidad.
El poeta queda solo en compañía de desconocidos, definitivamente solo. A finales de agosto devuelven a Fernando una carta indicándole que el destinatario ya no está allí, ha expirado el dos de agosto de 1937 tras un larga escapada de la guerra y de la muerte a la que finalmente no ha podido burlar.
Nos quedan sus poemas y su corta biografía. Saber que nació aquí en esta ciudad y que fue tocado por los dioses para refulgir en unos pocos años de vida. Un dios (de aquí abajo) de la poesía como Juan Ramón Jiménez lo glosó así en unas breves líneas desde el otro lado del charco, en el exilio, cuando se enteró de su muerte :
Las cartas de Jaime me hicieron llorar por él y por mí. Las guardo como reliquias de aquel hombre exquisito. ¿Qué patria la que podría formarse con seres de esta naturaleza! ¿Y quién duda que se podría formar?. Las ideas, las convicciones, son todas sagradas para mí, si significan verdad, fervor y justicia. Esta es mi norma: ideales y personas leales a su ideal.
 
Dedicó unos pocos poemas a Jaime Delclaux, valgan estos dos como muestra y regalo que pueden servir como colofón de esta breve reseña sobre su talento y su breve vida:
 
CANCIÓN DE JAIME
Vienen alas por oriente
con las luces de los aires,
alas de gracia que vienen.
¿Son las de Jaime?
Alas que besan la yerba,
alas que cuelgan los árboles,
alas que abarcan los montes,
alas que tienden los mares.
Que, entre las mil de los pájaros,
más completas, más suaves,
hermanas de todo en todo,
lo tiemblan, lo unen, lo laten.
Llamas son que fueron ansias,
y, regadas con la sangre,
son flor del alma del cuerpo.
¡Son las de Jaime!
Me acompañan por la piedra,
me orientan el oleaje,
me serenan por el sol,
me dan cielo con los sauces.
Se vuelven conmigo a mí
cuando entro por la tarde,
y por la noche las oigo
volar cerradas librándome.
Alas que envuelven al mundo
a unir el hombre y el ánjel,
alas de iris que vuelven.
Son las de Jaime.
 

Tenía un gesto manso en su mirada
teñida de misterios,
y una onda de mar tranquila y quieta
en el borde de su pelo.
Tal le imagino yo siempre
cuando, en noches de invierno,
entre llantos de lluvia,
le recuerdo.
¡Jaime. . . !
Pasaba yo a su lado sin saberlo.
Que tú tuvieses lumbres en tus entrañas
y que, ciego,
veías sin brumas tu destino;
¡triste destino de muerto!
Luz henchida
lucía en tus miradas a los cielos,
del amor que, imposible,
veías en tus sueños.
Sentías el cantar de la alborada
cantando en tu silencio.
Y un pájaro temblaba en tu agonía
de morir lento.
Le veo
sentado en sus quimeras,
y riendo,
entre lágrimas que ahora azotan
su recuerdo. . .
 
Ambientación y fuentes :
Obra poética : Jaime Delclaux Colección GERIÓN de Poesía 1995 Ediciones Laga