Acta febrero 2008


OBRA:  UBIK
AUTOR: Phillip K. Dick

PONENTE: Emilio Hidalgo

PRESENTACIÓN

Philip. K. Dick nació, junto a su hermana gemela Jane, el 2 de marzo de 1928, en Chicago. Cuando contaba dos años su familia se mudó a Berkeley. Dos años más tarde sus padres se divorciaron y Dick se quedó con su madre. Se trasladaron a Washington, para regresar seis años después a Berkeley. Fue entonces cuando el adolescente Dick comenzó a interesarse por la ciencia ficción. Publicó regularmente historias cortas en el Club de Autores Jóvenes, una columna el Berkeley Gazette. Ávido lector del género, recibió influencias de Heinlein y Van Vogt. Su salud nunca fue buena y, en esta época, sufrió frecuentes ataques de asma y periodos de agorafobia. A los 18 años abandonó el hogar familiar, aunque siguió en contacto con la comunidad intelectual de Berkeley. Trabajó en todo lo que le salía; pero su afición a la literatura se vio recompensada con la publicación de varios de sus relatos en las más importantes revistas pulp de ciencia-ficción de la época. Así que en 1951 determinó dedicarse al oficio de escritor a tiempo completo. Su primer éxito fue la novela LOTERÍA SOLAR, en 1954. Consiguió el premio Hugo por la novela EL HOMBRE EN EL CASTILLO, en 1962. De este periodo son también TIEMPO DE MARTE y LOS TRES ESTIGMAS DE PALMER ELDRITCH. Entre 1963 y 1964 escribió once novelas. Este último año se trasladó a San Francisco. Allí inició su desgraciada carrera con las drogas, en concreto el LSD. Su adicción a las anfetaminas le acarreó infinidad de problemas de salud y familiares, que en la década de los 70 se vieron incrementados por su afección paranoide crónica. Tras un intento de suicidio fallido y una estancia en un centro de rehabilitación su vida cambió enteramente. Tuvo varias experiencias religiosas que le marcaron profundamente y que condicionaron su trabajo hasta la fecha de su muerte en 1982. He aquí la lista de algunas de sus obras:

Lotería Solar (1955)
A handful of darkness (1955)
Doble destino (1956)
Planetas Morales (1956, The man who japed)
Un Ojo en el Cielo (1957)
Muñecos Cósmicos (1957, The Cosmic puppets)
Un Mundo de Talento (1957)
Tiempo Desarticulado (1959)
Dr. Futurity (1959)
Vulcan’s hammer (1960)
El Hombre en el Castillo (1962)
Los Jugadores de Titán (1963)
La penúltima verdad (1964)
Tiempo de Marte (1964)
Los simulacros (1964)
Los Clanes de la Luna Alfana (1964)
Los Tres Estigmas de Palmer Eldritch (1964)
El Doctor Bloodmoney (1965)
Ojo en el cielo (1966)
Esperando el Año Pasado (1966)
The unteleported man (1966)
El Mundo Contra Reloj (1967)
The Ganymede takeover (1967)
La pistola de rayos (1967)
Blade Runner (¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?) (1968)
Gestarescala (1969)
Ubik (1969)
La Máquina Preservadora (1969)
Laberinto de Muerte (1970)
Nuestros Amigos de Frolik 8 (1970)
Podemos construirle (1972)
Fluyan mis lágrimas, dijo el policía (1974)
Confesiones de un artista de mierda (1975)
Deus Irae (1976), con Roger Zelazny
Una Mirada a la Oscuridad (1977)
En tierra sombría (1978)
Golden man (1980)
Valis (1981)
La invasión divina (1981)
La Transmigración de Timothy Archer (1982)

VALORACIÓN

La obra de Dick se caracteriza por:

1.- La imaginación. Es lo más destacado de su obra. Es difícil encontrar libros en donde aparezcan tantas ideas, tan variadas y tan geniales. Evidencia de ello es la cantidad de películas basadas en sus relatos y novelas que se han llevado al cine, así: “Blade Runner”, “Desafío total”, “Asesinos cibernéticos”, “Abre los ojos”, “El show de Truman”, “Infiltrado”, “Olvídate de mí”, “Una mirada en la oscuridad”, “Matrix”, “Nivel 13”, etc.
2.- La profusión de giros argumentales. “UBIK” es un claro ejemplo. Los cambios en la trama por lo general son muy bruscos y provocan cierto despiste al lector, si bien el texto nunca pierde coherencia argumental.
3.- El efectismo. Los ambientes que recrea son absolutamente llamativos. Los personajes siempre aparecen rodeados de infinidad de artilugios increíbles, inventados por el autor. Aunque el efectismo a veces se reproduce también en el plano formal, como en el caso de “UBIK”, que busca causar sorpresa y estupefacción en los lectores introduciendo al inicio de cada capítulo un párrafo referente al UBIK que nada tiene que ver con el argumento.
4.- La preocupación existencial. Sus novelas, a pesar de pertenecer al género de la ciencia ficción, van mucho más allá de la intriga o el mero entretenimiento y en todas ellas subyace la cuestión de la esencia de la realidad, el enfrentamiento a la cuestión de la muerte y otros temas de índole teológica, el problema de los niveles de humanidad en los individuos humanos, la crítica a los sistemas políticos y estructuras sociales, etc.
5.- Superficialidad y tono infantil. La caracterización de los personajes es mínima. Éstos son planos, no aprenden de la evolución de los acontecimientos. Permanecen estáticos, estancados en su personalidad, a pesar de las múltiples vivencias que protagonizan.
6.- Estilo descuidado. “UBIK” NO ES UNA OBRA MAESTRA. Dick no escribió ninguna. Le faltó oscurecer las historias y profundizar en la esencia de los personajes. Sus textos producen la impresión de que se está leyendo un cómic. Esto es evidente en “UBIK”. La historia es la siguiente:
En un futuro no muy lejano el mundo de las empresas y de las relaciones comerciales experimenta un profundo cambio. En el mercado laboral irrumpen nuevos actores, como los telépatas, los precogs y los inerciales, todos ellos personas con extraordinarios poderes psíquicos: unos, los primeros, utilizados para el espionaje empresarial; y los inerciales o antipsíquicos, para neutralizar el campo psíquico de telépatas y precogs. Glenn Runciter dirige una empresa de inerciales y sus servicios son requeridos por un cliente que sospecha tener algunos telépatas infiltrados en la plantilla. El trabajo ha de realizarse en la luna, lugar hacia el que Runciter parte con un equipo de inerciales comandados por Joe Chip. En su destino les recibe un personaje singular que, en realidad, es una bomba con forma humana. Cuando los expedicionarios quieren darse cuenta de la trampa, el artefacto humanoide explota y mata a Runciter, mientras que sus acompañantes consiguen escapar, llevándose el cuerpo de su jefe, con la esperanza de que en el Moratorio, donde se encuentra ya su esposa Ellen, puedan acceder a su estado de semivida y comunicarse con él, lo cual no es factible, puesto que Runciter está definitivamente muerto. Al menos eso parecía, hasta que comienza a manifestarse en anuncios de televisión, llamadas telefónicas, notas dejadas en cartones de tabaco, etc. Al mismo tiempo, el mundo involuciona en una continua regresión que se retrotrae a finales de los años 30 y los inerciales supervivientes van muriendo, uno a uno, en extrañas circunstancias. Entonces, Joe Chip se plantea que quizá el muerto no sea Runciter; incluso elucubra acerca de que todo sea obra de una agente enemiga con poderes desconocidos o, simplemente, el resultado de un engaño descomunal, una alucinación inducida por una suerte de diablo veleidoso – que estaría representada en la figura de Jory Muller, el semivivo que juega a ser Dios-. La única salida posible del caos es un extraño producto: el UBIK.

INTERVENCIONES

Jon Rosáenz :

El acierto del libro es la trama cambiante, descarnada y sin forma, en donde el contenido lo es todo. Es una historia sin personajes, frívola y superficial, en la que van surgiendo los protagonistas que dan vida a la propia historia. . En fin, una obra de divagación con una trama interesante. Y poco más. Por mucho que algunos entendidos quieran ver en ella una crítica a la sociedad americana y una alegoría del fracaso del capitalismo (1).

Carlos Fernández :

Se trata de una novela de intriga con ciertos elementos futuristas que sigue los patrones clásicos del género. Si algo la hace singular es que el texto por momentos adquiere una dimensión filosófica y psicológica en la que la realidad misma y la conciencia del yo quedan en entredicho, como lo demuestra el hecho de que en la evolución de los acontecimientos los propios personajes viven en la incertidumbre de si existen en la realidad material o si, meramente, pululan en un universo de fantasmas. Todo apunta a que Dick adorna el relato con una ambientación futurista con el único propósito de hablar acerca de sus obsesiones, principalmente sobre la trascendencia del ser humano, que en la obra se plasma en la propuesta de un estado de semivida posterior a la muerte física y en la de la creencia en la reencarnación, sobre los estados de la materia, sobre la naturaleza del alma y sobre los límites de la realidad. Según se desprende de algunos pasajes del libro, Dick entiende que el individuo humano es propiamente espíritu, intelecto o conciencia de sí mismo, mientras que el cuerpo, el componente material de dicho individuo, es simplemente una reserva de energía que sustenta al alma y que, cuando se consume – eso que llamamos muerte- posibilita su liberación. Así, p. e., se expresa en éstos: “La degeneración, algo interior inasequible a la descomposición, el viejo dualismo del cuerpo separado del alma, el cuerpo acabando… y el alma lejos, como el pájaro que abandona el nido” (p. 186), “Pero el cuerpo, como reserva de energía, me bastará para llegar arriba” (p. 245).

Joseba Molinero :

Dios de aerosol, de colores chillones, UBIK, que se define como: “un ionizador negativo portátil con una unidad contenida de alto voltaje y baja intensidad, alimentada por una pila de helio de 25 KW de ganancia máxima. Los iones negativos reciben un un giro de sentido contrario a las agujas del reloj que le imprime una cámara de aceleración de nuevo diseño creadora de una fuerza centrípeta tal que las partículas ganan cohesión, en vez de dispersarse”. Con esto todo está dicho. Es “UBIK”, un engendro literario que narra una historia ramplona de un demonio adolescente, caprichoso, ególatra y devorador insaciable de vidas, que campea en un mundo ilusorio habitado por una cohorte de ángeles semivivos.

Roberto Sánchez :

El signo más evidente de la calidad de Dick, por lo menos en cuanto generador de ideas, es que creó un universo propio en su literatura, que plasma en todas las novelas. En ellas siempre escribe acerca de la difusa nebulosa de lo que es o no es la realidad, desde diferentes enfoques y variadas circunstancias, tal y como sucede en “UBIK”, donde los protagonistas tienen la certeza de estar vivos y, sin embargo, tras un vuelco argumental, resulta que no ocurre de esta manera y que, en verdad, están muertos o en estado de semivida; y en consecuencia, todo lo que les acontece es una invención, una creación de Jory, un semivivo con mayor carga energética que ellos que domina la situación.

Miguel San José :

En la obra todo es embrollado y apresurado. Y lo es por gracia del autor, quien busca sumergir al lector en su maremágnum personal, haciéndole partícipe de su universo íntimo. Dick lleva a cabo un ejercicio comparativo de retrospectiva y proyectiva social en el que analiza la sociedad americana de los años 30 y la de los años 60, para avanzar la deriva de esta sociedad en los años 90. Se muestra muy optimista, por cuanto presenta una futura realidad social hiperdesarrollada tecnológicamente (habla de cohetes que pueden volar a la luna en una hora y de artefactos que pueden alcanzar la velocidad de la luz) e incluso de la posibilidad de vencer a la muerte. Lástima que sus previsiones quedaran en nada y que esa sociedad anhelada se haya convertido en el mundo gris e incierto en el que vivimos.

Nicolás Zimarro :

El universo dickiano en el que se despliega una realidad tridimensional entreverada en el espíritu recuerda un tanto al mundo mágico rulfiano en la obra “Pedro Páramo” y hace buenos los versos de este poema: “No hay una realidad, / ni dos, / sino tres: / la que tienes delante, / la que quieres ver/ y la que simplemente ves” (2). Dicho en otros términos: hay una realidad “estricto senso”, la realidad objetiva perceptible sensorialmente; una segunda realidad, la intrarrealidad, que no es sino la vivencia íntima de la percepción sensible de la realidad objetiva; y una tercera realidad, la ultrarrealidad, que se explica como la realidad que está más allá de la realidad objetiva y se explicita en la trascendencia. Dick encarna estas nociones de realidad en sus personajes literarios, que más se asemejan a esbozos de figuras estrambóticas perfiladas para significar estados de realidad que a auténticas representaciones de genuinos individuos humanos.
A decir verdad, la propuesta dickiana no es nada original, por cuanto se revela como una praspolación del mito de la caverna de Platón a un escenario máscara futurista de ciencia ficción que, por cierto, se antoja artificioso e inverosímil, dado que los contenidos científicos expuestos en la obra se reducen a un sinfín de tecnicismos construidos arbitrariamente ( añadiendo a sustantivos conocidos determinados prefijos que los doten de un cariz científico) y a unos experimentos tecnológicos y aventuras espaciales sencillamente imposibles de factualizarse a finales del siglo XX, que es la época en que se sitúa la historia, como son el desarrollo de sistemas de transporte interplanetario a la velocidad de la luz o el viaje de la Tierra a la Luna en sesenta minutos. La obra consiste, por tanto, en una especie de proclama metafísica platónica adecuada a los nuevos tiempos, en la que vida y muerte, ser y apariencia, alma y cuerpo, luz y sombras confluyen en el azogue de una realidad polimorfa. Claro que… su propuesta ideológica contiene un mensaje de confusión, puesto que Dick no resuelve categóricamente los problemas relativos a la entidad de la realidad, a la esencia del ser humano y a la sustantividad de la trascendencia. Simplemente se limita a anunciar la existencia de lo que podríamos considerar el principio dinámico de la realidad, el UBIK, que se manifiesta en toda suerte de objetos (bien sea un desodorante, una pantalla de televisión o un producto de limpieza, por ejemplo) y se distingue como el fundamento regulador de la realidad. Cuando se materializa en un objeto cualquiera, su uso correcto y adecuado posibilita la superación de todo efecto nocivo de dicho objeto para los individuos humanos y facilita, por la vía de la armonización de los contrarios, el acceso a la felicidad. En esta tesitura, incluso la vida y la muerte, las circunstancias existenciales antagónicas por antonomasia, se subliman en un juego de plurirrealidad en el que ambas se entreveran constituyendo una avenencia misteriosa. Todo ello está muy bien como argumento literario; sin embargo, resulta poco convincente como conjetura metafísica.