Acta enero 2008

OBRA: LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH
AUTOR: H. P. Lovecraft

PONENTE: Miguel San José

PRESENTACIÓN

La producción literaria de Lovecraft no es muy extensa; se reduce a varias docenas de relatos y algunas novelas cortas, entre las que destacan “En las montañas de la locura” y “La sombra sobre Innsmouth”. Excepto esta última obra, que fue publicada como novela en 1936, el resto de los textos lovecraftianos fueron publicados por entregas en distintas revistas de la época. Así el corpus de su producción narrativa constituye el núcleo de lo que se conoce como la saga literaria denominada "Los Mitos de Cthulhu", un trabajo colectivo que acoge también las aportaciones de escritores como Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Robert Bloch, August Derleth, Frank Belknap Long, Henry Kuttner, E. Hoffman Price y de otros autores anteriores a Lovecraft, tales como Ambrose Bierce, Algernon Blackwood, Arthur Machen o Robert W. Chambers, además de algunos mitos árabes, polinesios y sumerios. En esta saga destacan las obras “El caso de Charles Dester Ward”, El Horror de Dunwich”, “Las ratas en las paredes”, “La ciudad sin nombre” y la mencionada “En las montañas de la locura”.
Lovecraft habló de cultos esotéricos, rituales diabólicos, lugares mágicos y entes suprahumanos dispersos en las páginas de sus textos, pero jamás tuvo el propósito de conformar un hiperrelato mitológico. Fue August Derleth quien sistematizó la obra lovecraftiana con la intención de conferirle una naturaleza cosmogónica. Al hacerlo, desvirtuó el auténtico sentido de sus relatos; y más aun, si consideramos que estructuró el caos de la propuesta lovecraftiana ordenándolo en un universo regulado por fuerzas de índole maniquea que se manifiestan en una eterna confrontación entre el Bien y el Mal, algo que Lovecraft nunca concibió y que, probablemente, tampoco hubiera admitido, tanto en cuanto que él propone un escenario universal espacialmente infinito y temporalmente eterno en el que las fuerzas cósmicas interactúan ajenas a cualquier principio regulador moral, se muestran por lo general como realidades hostiles a la acción humana y despliegan sus potencialidades desde la eventualidad azarosa de quien está libre de cualquier forma de determinismo. Lovecraft presenta un mundo caótico, en el que nada de lo que conocemos tiene sentido, un mundo que funciona desgobernado por una constelación de potencias cósmicas abominables y terribles. Básicamente son las siguientes: Los seres primigenios, los seres arquetípicos, las razas de seres no humanos (como los profundos, híbridos de ser humano y anfibio que son inmortales) y los seres humanos.
Los primigenios son potencias cósmicas poderosísimas que habitan por doquier el universo. Entre ellos destacan los que podrían considerarse los seres primordiales que ostentan cierta supremacía sobre el resto, tales como Azathoth, Niarlathoteb o Shub-Niggurath. Azathoth es el primer motor del caos y la antítesis de la creación. Es la potencia eminente que habita el vacío final. Niarlathoteb es el sirviente directo de Azathoth, el caos infinito, y el mensajero de las demás fuerzas cósmicas; es una masa poliposa plagada de excrecencias rojas, capaz de adquirir formas diversas, según sus conveniencias y objetivos – curiosamente en algunos relatos lovecraftianos toma aspecto antropomórfica, en concreto de faraón egipcio-; es el caos reptante que pulula por el universo provocando destrucción y, en el caso de los seres humanos - con los que ordinariamente mantiene relaciones-, produciéndoles locura y sufrimiento. Shub-Niggurath representa la pura potencialidad de la realidad material; es el nervio cósmico que trasciende el tiempo y el espacio.
Aparte de los primordiales, las potencias exteriores, en la actualidad, los demás primigenios permanecen presos, unos en el fondo de los océanos, otros bajo tierra y otros en recónditos lugares del universo. En opinión de algunos estudiosos de la mitología cthulhuniana, el cautiverio de los primigenios se debe a una sanción impuesta por las fuerzas arquetípicas, como castigo por sus desmanes; otros, en cambio, creen que su situación obedece a un fenómeno natural: arguyen que la inercia cósmica es de naturaleza cíclica y, en consecuencia, que en el ciclo actual a los primigenios les corresponde permanecer en una suerte de hibernación, que acabará con el advenimiento de un nuevo periodo universal. En este estado se halla Cthulhu, el monstruo formado con una masa gelatinosa que puede adoptar muchas fachadas, aunque por lo general aparece figurado con cabeza de calamar, numerosos tentáculos y cuerpo de dragón alado. Es indestructible. Reposa reducido en un sello en una ciudad sumergida en algún lugar del océano Pacífico, en donde aguarda en estado onírico a que llegue el momento cósmico de la interrupción de su sueño y con él la nueva era de su gobierno en la tierra.
Los arquetípicos, entre los que destacan Nodens, Hibnos y Bast, son fuerzas naturales que en ocasiones se enfrentan a los primigenios. Pudiera pensarse por ello que se trata de potencias cósmicas benefactoras y protectoras de los seres humanos, pero nada más lejos de la realidad, porque para los arquetípicos éstos poseen el mismo valor que el más ínfimo de los bichos terrestres.
En consecuencia, el individuo humano ha de desenvolverse en este contexto, en un mundo material desprovisto de todo referente ideal absoluto del que se deriven los valores paradigmáticos de verdad y bien. De este modo, parece que Lovecraft escribe una literatura que vehicula el pensamiento nihilista, en la medida en que liquida sin miramientos el fundamento de la pasión y la esperanza de los individuos humanos representado en un ser absoluto y hegemónico creador de un universo regido por leyes naturales emanadas de su razón superior, en la medida en que socava los cimientos del castillo de humo que contiene la esencia de los valores vigentes de occidente, dejando al descubierto la contingencia, arbitrariedad y el carácter infundado de los mismos; y en la medida en que preconiza la radical inconsistencia del ser humano, por causa de la ausencia de un ámbito objetivo trascendente que avale su existencia, privación que revela la insostenibilidad de la existencia humana, o sea, la carencia absoluta de sentido existencial. Con todo, Lovecraft no pretende ejercer de profeta de una nueva religión ni ser adalid de la regeneración de la ética y, por ende, no ambiciona la imposición de un panteón divino inaudito ni promueve la transmutación de los valores predominantes en nuestra cultura en otros de nueva laia. No… él simplemente prefigura en sus relatos la soledad y pequeñez que caracterizan al individuo humano, soledad terrible y pequeñez angustiosa que lo asolan y lo sumen fatalmente en el ámbito nefasto de su propia ciénaga existencial, en cuyo légamo se hunde indefectiblemente. La constatación de tal circunstancia le origina un miedo atroz, un pavor íntimo que nace en su misma psique y eclosiona en un terremoto de frustraciones, inseguridad y paranoia, sacudiendo su corazón doliente y abriendo en él cráteres de náusea, por los que manan el pánico y la desesperanza en amagos de vértigo y bocanadas de espanto existencial. El terror lovecraftiano, por tanto, se explica no como la afección en el ánimo de determinadas situaciones fantásticas relacionadas con la aprensión que nos produce el fenómeno de la muerte, tales como las rebeliones de cadáveres vivientes, los juegos de fantasmas, las plagas de espectros, los ataques de zombies y las diabólicas conspiraciones de todo tipo de seres de ultratumba propias de la escenografía y temática de la novela gótica, sino como el impacto psíquico que acontece en la consciencia de los individuos humanos con la irrupción de emociones y temores primitivos aletargados en sus inconscientes, como un sentimiento trágico de la vida sustanciado en el designio de que sólo queda un camino posible, el de la angustia existencial.
Y todo esto se hace patente en “La sombra sobre Innsmouth”. Innsmouth es el nombre de una población imaginaria, supuestamente ubicada en Massachussets, en donde tienen lugar los hechos que se narran a lo largo de los cinco capítulos que componen la obra. Todo empieza cuando el protagonista, un joven intrépido y curioso que viaja por la comarca movido por intereses culturales, descubre la existencia de Innsmouth mientras esperaba la llegada de un autobús en el vecino pueblo de Arkham. La información que recaba acerca del mismo es poco alentadora, pero él decide visitar el misterioso enclave. Innsmouth es una localidad de calles desiertas, con la mayoría de las casas en estado ruinoso, cuyos habitantes muestran un aspecto extravagante e insólito. Con la única persona que entabla conversación es un muchacho foráneo que atiende en el supermercado del pueblo. Éste le facilita un plano del mismo, así como el nombre de quien le puede poner al corriente de la historia de Innsmouth. Se trata de Zadok Allen un borracho empedernido que deambula por las calles del municipio. Éste le relata una historia inverosímil en la que se entremezclan los habitantes de Innsmouth y unos seres monstruosos, mitad humanos y mitad batracios. Estos híbridos son conocidos con el apelativo de “los profundos”. Al parecer, fueron descubiertos por un grupo de polinesios, habitantes de una isla del Pacífico que comerciaban con Obed Marsh, marino mercante natural de Innsmouth, quien tuvo conocimiento de sus tratos con los profundos. Éstos les proporcionaban cantidades ingentes de pesca y de oro a cambio de su adoración. Obed Marsh trajo este culto diabólico a Innsmouth, que vivió una prosperidad y bonanza económica desconocida hasta entonces. Pero los profundos se hicieron fuertes, sometieron a los vecinos de Innsmouth, procrearon con ellos y acabaron imponiéndose. El resultado fue la metamorfosis de los moradores de la población, que fueron degenerando en una especie de híbrido de ser humano y pez que vivía eternamente. El protagonista de la novela cree que la narración de Allen es una mera fabulación, pero pronto comprueba que está equivocado, cuando se ve perseguido por hordas de profundos que quieren eliminarlo para que no pueda contar a nadie la verdadera historia de Innsmouth. Por suerte, consigue huir del lugar. Años más tarde, investigando en los vericuetos de su árbol genealógico descubre que es descendiente de Obed Marsh. Ya para entonces sufría graves pesadillas y vivía extraños y alucinantes sueños. Al mismo tiempo, comenzaban a operar en él ciertos cambios fisiológicos que no dejaban lugar a dudas: él era uno de ellos, un profundo. Por ello, finalmente, decide regresar a Innsmouth y refugiarse para siempre en su sombra.

VALORACIÓN

Si bien esta obra no es la más representativa de la esencia del corpus de “Los mitos de Cthulhu”, como pudieran ser los relatos titulados “La llamada de Cthulhu” o “El que acecha en el umbral” o “El color perdido en el espacio”, por ejemplo, si que es un exponente claro de la patética batalla que el autor libró con sus propios monstruos, con los señores de la vesania. La familia Lovecraft en su conjunto fue sometida a su imperio y víctima de sus desmanes: su padre padeció una enfermedad neurológica que, tras no pocas complicaciones, le produjo la muerte; su madre y su esposa sufrieron trastornos mentales y acabaron sus días internadas en un centro psiquiátrico; y él mismo tuvo algunas afecciones psíquicas, que se manifestaron en forma de perturbaciones esporádicas de la personalidad en su infancia y, más tarde, en forma de alteraciones del sueño, con frecuentes episodios de insomnio y de noches lastradas por las pesadillas. Este caudal de locura e irracionalidad vierte en “La sombra sobre Innsmouth” un aluvión de alucinaciones que se concreta en un mundo ficticio de ciudades submarinas, endriagos anfibios y un pueblo fantasma; mundo que, por otra parte, es descrito con un realismo extraordinario, una minuciosidad excepcional y una gran naturalidad que le confieren al texto sazón y verosimilitud.

INTERVENCIONES

Jon Rosáenz :

Robert Bloch, en un relato que dedica expresamente a H. P. Lovecraft titulado “El vampiro estelar”, nos da la clave para comprender mejor las inquietudes, intereses e intenciones de los escritores de la saga de “Los mitos de Cthulhu”, cuando al comienzo dice: “… Desde mi más temprana infancia, me he sentido subyugado por la secreta fascinación de lo desconocido y lo insólito. Los temores innominables, los sueños grotescos, las fantasías más extrañas que obsesionan nuestra mente han tenido siempre un poderoso e inexplicable sentido para mí. (…) Mi escaso talento para el dibujo me obligó a intentar el escribir con torpes palabras los seres fantásticos que moran en mis sueños tenebrosos. (…) Mi vida interior se convirtió muy pronto en un perpetuo festín de horrores fantásticos refinadamente crueles”. Éste es el espíritu que mueve a los escritores que participan en la creación de “Los mitos de Cthulhu”. Así, todas las historias que componen la obra abundan en el mismo esquema argumental: una persona que se ve impelida a averiguar un hecho o fenómeno misterioso y que vive un sinfín de peripecias terroríficas en el proceso de la investigación, para terminar sucumbiendo a los dictados de alguna fuerza oscura. Además, si exceptuamos el relato titulado “La rata del cementerio”, escrita por Henri Kuttner, todas tienen en común que tratan el tema del miedo a lo sobrehumano, en cuanto que aparece como lo absolutamente ignoto y se sustancia, eso sí, en algo real, en algo que late en las entrañas de los individuos humanos y que irrumpe inopinadamente en sus vidas. En el caso de “La sombra sobre Innsmouth”, este miedo a lo desconocido se concreta en el recelo y la aprensión de los moradores de los pueblos cercanos a Innsmouth respecto de los habitantes de este pueblo y en los prejuicios sobre sus costumbres y modus vivendi. El protagonista, tras conocer varios testimonios de los vecinos de Arkham, un pueblo limítrofe con Innsmouth, siente curiosidad por conocer la verdad y se embarca en la aventura de viajar a la enigmática localidad. Allí es perseguido por unos seres horribles, de los que se libra en un principio, pero que no logra esquivar, puesto que al término de la historia descubre que él es uno de tales seres abominables.

Carlos Fernández :

La literatura de terror adolece de muchos tópicos, que se repiten en esta obra, tales como los seres monstruosos venidos del más allá, las noches de espanto, la impregnación del mal en los protagonistas y la inutilidad de la huida, debido al contagio del rol del pesimismo. Además, algunos elementos relativos a la trama argumental resultan endebles: así, la rapidez con que el protagonista descubre la verdad, la invulnerabilidad de Zadok Allen por razón de no se sabe bien que supuestos juramentos e, incluso, la falta de concordancia en el tono general del relato, en el que al principio de la obra el protagonista aparece como víctima de una situación que le supera, mientras que en el desenlace se manifiesta en pose de triunfo, como queda demostrado en estos párrafos: “El mero hecho de contarlo me ayudará a recobrar la confianza en mis facultades, a convencerme de que no fui simplemente la primera víctima de una pesadilla colectiva. Me servirá, además, para decidirme a mirar de frente cierto paso terrible que aún tengo que dar.” (p. 225) “Urdiré un plan para que pueda escapar mi primo del manicomio y huiremos juntos a… Innsmouth. Nadaremos hasta el arrecife y nos sumergiremos en los negros abismos… y allí, en compañía de los profundos, viviremos por siempre en un mundo de maravilla y de gloria.” (p. 300)

Joseba Molinero :

“La sombra sobre Innsmouth” es una novela escrita desde la más categórica racionalidad que, paradójicamente, presenta unos hechos irracionales o, al menos, científicamente inverificables. Lovecraft se hace eco de las corrientes evolucionistas incipientes en el panorama científico vigente en la época, así como de las teorías psicoanalíticas en boga, y desarrolla una propuesta narrativa acorde a los presupuestos teóricos de unas y otras, recreando un universo en donde el principio y el final de la vida se encuentra en las profundidades marinas y en donde el inconsciente colectivo sublimado en cada realidad psíquica individual es el lar de todos los monstruos habidos y por haber. Obviamente no pretende elaborar una teoría metafísica ni especular acerca de la trascendencia del ser humano; aunque, claro está, muestra cierta preocupación por la cuestión del más allá después de la muerte, circunstancia esta que se repite en todos los autores de literatura de terror. Él sólo desea ahondar en el agujero negro de la mente humana y mostrar su realidad auténtica.

Roberto Sánchez :

La impronta de la literatura lovecraftiana es su realismo. En sus relatos, los protagonistas son personas comunes y corrientes y los hechos acontecen en un mundo cotidiano. El fenómeno del terror tiene lugar porque, en un momento dado, irrumpe en escena una suerte de historias ocultas que revelan la existencia de poderes ignotos y subrepticios que pueblan el cosmos, poderes que ponen al descubierto la insignificancia del individuo humano y que un día cualquiera recuperarán su prevalencia sobre la realidad material. Esta penetración del horror, de lo irracional, de lo sobrenatural, en un mundo gobernado por la lógica, la racionalidad matemática y el positivismo científico, que deja en pañales a los individuos humanos, es lo absolutamente terrorífico. Lovecraft plasma este terror en sus textos con gran maestría, logrando un extraordinario nivel emocional y despertando en el lector un evidente desasosiego cercano al sentimiento de miedo; y lleva a cabo su objetivo de manera natural, desviándose de la trama clásica de las novelas del género y exhibiendo desde el primer momento de la narración la razón de ser de la historia que pretende relatar. Por ello, porque no deja lugar a las sorpresas artificiosas, algunos lo consideran un suicida literario.
absurda.

Emilio Hidalgo :

Hacer sentir terror a través de un texto escrito no es tarea fácil; pero, además, si concurren las circunstancias de que el narrador es el protagonista de la historia y de que ésta está narrada en primera persona – como en el caso que nos ocupa-, entonces todo se complica aun más, porque tal eventualidad condiciona su lectura y minimiza la incidencia del impacto del terror que en ella subyace, ya que el lector sabe que quien cuenta los acontecimientos, puesto que puede contarlos, a la postre resuelve satisfactoriamente la situación, por mucho que los sucesos sean espeluznantes, como en la persecución de que es objeto en el cuarto capítulo, por ejemplo. Es verdad que el misterio que rodea a todo lo relacionado con Innsmouth en los dos primeros capítulos produce cierta inquietud al lector, pero ésta se disipa cuando el beodo Zadok Allen, en un acceso de verborrea, desentraña los pormenores de la reciente historia oculta de Innsmouth y no deja ninguna puerta abierta a la intriga. Quizá, por esta razón, para paliar en alguna medida la baja intensidad del terror latente en la obra y para contentar a los lectores, Lovecraft recurre a un cierre efectista de la historia.