Acta septiembre 2007

OBRA: NO SOY STILLER
AUTOR: Max Frisch

PONENTE: Carlos Fernández

PRESENTACIÓN

Max Frisch nació el 15 de mayo de 1911 en Zurich, donde su padre estaba establecido como arquitecto. Estudió germanística entre los años 1931 y 1933 y arquitectura entre 1936 y 1941. A los veintidós años empezó a trabajar como periodista, lo que le permitió viajar por varios países. Durante los años de la segunda guerra mundial realizó el servicio militar y en 1942 abrió un estudio de arquitecto en Zurich, simultaneando este trabajo con la escritura. En la década de los cincuenta ya era un autor conocido, recibiendo en 1958 el Premio Literario de la ciudad de Zurich y el premio literario alemán más prestigioso: el Georg Büchner Preis. A estos se añadirían otros muchos. Murió en esta misma ciudad el 4 de abril de 1991.

Bibliografía :

Jürg Reinhart (1934)
Respuesta del silencio (1937)
Las hojas del macuto (1940)
J’adore ce qui me brûle o Los difíciles (1943)
Santa Cruz. Un romance (1944)
Bin o el viaje a Pekín (1945)
Ya vuelven a cantar. Ensayo de réquiem (1945)
La muralla china. Una farsa (1946)
Diario de Marion (1947)
Cuando terminó la guerra (1949)
Diario 1946-1949 (1950)
El conde Öderland (1951)
Don Juan o el amor a la geometría (1953)
No soy Stiller (1954)
Cuidado: Suiza (1955)
Homo Faber (1957)
Biedermann y los incendiarios (1958)
La gran furia de Philipp Holtz (1958)
Glosas a Don Juan (1959)
Andorra (1961)
Digamos que me llamo Gantenbein 1964
Biografía: un juego (1967)
Guillermo Tell para el colegio. (1971)
Diario 1966-1971 (1972)
Montauk (1975)
El hombre aparece en el holoceno (1979)
Barba Azul (1982)

VALORACIÓN

Max Frisch publicó en 1954 la que probablemente sea su obra más famosa, No soy Stiller. En ella cuenta la detención de un hombre que dice llamarse White y a quien la justicia suiza acusa de ser realmente Anatol Stiller, desaparecido seis años atrás y sospechoso de algo que apenas se explica de forma difusa. Sus encuentros con la que dicen es su esposa, así como con el fiscal y la esposa de éste permiten conocer los meses anteriores a la desaparición de Stiller, en los que mantuvo una relación afectiva con las dos mujeres.
Pero por debajo de esta historia amena y bien construida, late otra. En 1988 Mario Vargas Llosa escribió una interesante crítica de este libro, recogido en el volumen La verdad de las mentiras, en el que expresa ideas tales como:
“...todo estadio del progreso humano trae consigo nuevas formas de frustración e infelicidad para la especie, distintas de aquellas que ha dejado atrás, y, por lo tanto, nuevas razones para la inconformidad y el deseo de una vida distinta y mejor.”
“Nunca queda muy claro qué reprocha Stiller a la delicada y paciente Julika. ¿Su delicadeza y paciencia, tal vez? ¿Su resignación a lo que es y a lo que tiene? ¿No “amar lo imposible”, según la fórmula de Goethe que él quisiera convertir en norma de conducta? O tal vez sea el temor de verse arrastrado por ella a la vida convencional...”
“Ocurre que en el escultor hay un sustrato romántico –amar lo imposible- que lo condena a la desdicha. Lamartine, comentando Los miserables de Víctor Hugo, escribió que lo peor que le podía ocurrir a un pueblo era contraer la “pasión de lo imposible”. También para los individuos es ésta una enfermedad muy arriesgada.”
“Amar lo imposible forma parte de la naturaleza del hombre, ser trágico a quien han sido dados el deseo y la imaginación, que lo inducirán siempre a querer romper los límites y alcanzar aquello que no es y que no tiene.”

Este es pues el auténtico argumento de No soy Stiller: la lucha que sostiene un hombre inadaptado contra una sociedad acomodada y contra sí mismo en tanto que miembro de la misma.
La estructura de la obra es compleja. Aunque lo que se cuenta es algo ya sucedido, la novela está articulada en tres tiempos bien diferenciados. Cada uno de ellos se encuentra ubicado en un lugar distinto del libro, a pesar de lo cual forman un todo sólido y coherente. El presente se trata en los cuadernos impares, en los que Frisch cuenta la detención de White/Stiller y lo que ocurre durante la misma. El pasado en los cuadernos pares, en los que de una forma originalísima narra (en apariencia como mero transmisor) la misma historia desde los tres puntos de vista de los otros protagonistas del cuadrángulo amoroso que cierra White/Stiller: Julika en el segundo, Rolf en el cuarto y Sibylle en el sexto. Entre todos tejen una historia densa, poniendo de manifiesto distintas versiones del mismo suceso, (por ejemplo el encuentro entre Rolf y su esposa en el despacho del fiscal cuando Sibylle vuelve de la clínica y se marcha a Pontresina). Y por fin el futuro en el epílogo del fiscal, donde cuenta como acaba todo.
Los tres tiempos de la obra, pese a tener tonos muy distintos, se leen con idéntico interés. Las peripecias en la prisión, los interrogatorios de su abogado o sus careos con distintos personajes de su vida anterior, así como las historias que cuenta al carcelero en un intento de dotarse de un pasado, son muy divertidas. Los tres relatos de su historia amorosa tienen un tono más grave y el epílogo del fiscal se tiñe de melancolía para concluir en un final triste y desesperanzador.
Es en los cuadernos pares en donde se encierran las incógnitas que nos permiten entender qué ocurre. A lo largo de toda la obra aparece repetidamente un suceso de Stiller en la guerra civil española, que parece dar origen a todo lo que viene después. Stiller -tal vez en oposición a la histórica neutralidad suiza- acude a España a defender al gobierno de la República, pero cuando debe disparar contra unos hombres del bando enemigo no tiene valor para hacerlo y se deja capturar. Este episodio le avergüenza y tal vez pone en crisis ante sí mismo no solo la firmeza de sus principios sino su propia hombría. De vuelta a Suiza se casa con Julika, a la que pretende “curar” de su frigidez y de paso volver a “rehabilitarse” como hombre ante sus propios ojos: “Cometí la sencilla locura de pensar que mi misión era lograr que florecieras, cosa que nadie hasta entonces había intentado. Conseguir tu pleno desarrollo. Yo me impuse esta misión...” (pág. 169) (1). No lo consigue y se consuela con otra mujer, Sibylle, que también huye de la “frigidez” emocional de su marido. Cuando después de varias peripecias siente el desdén de ésta, decide huir: “-Si- dijo luego como si aquello tuviera alguna relación con la figura del cielo, ¿dónde estaré dentro de un año? La verdad es que no lo sé. Quizá allí lejos, en California... Es extraño – añadió-, pero de ti lo sé perfectamente. Tú no cambiarás nunca, creo, ni siquiera en tu forma exterior de vida.” (pág. 352). Es también significativo el relato que hace Julika de su primer encuentro en el apartamento de Stiller: “En medio de aquella sociedad tan bulliciosa, Stiller permanecía tan callado, que Julika creyó de momento que su nombre era solo un mote.” Sin duda hace referencia al significado de la raíz de su nombre: still (quieto, tranquilo, sosegado), atributos estos de los que el protagonista parece querer huir.

En los cuadernos impares se repiten las manifestaciones de resistencia a reconocer que es Stiller: “Hoy vuelvo a verlo todo muy claro: el fracaso en la vida no se puede mantener secreto y por más que lo ha intentado, no logro escapar al fracaso, no hay escapatoria posible. Pero lo desconcertante en ellos es que los demás encuentren natural que yo no tenga otra vida por exhibir y creen que aquello que yo no tengo más remedio que aceptar representa mi auténtica vida. Pero eso no ha sido nunca mi vida.” (pág. 280-281) “Yo sé que no soy el desaparecido Stiller y que no lo fui jamás. Quizá no soy nadie. Y aunque me demuestren que entre todos los hombres inscritos en todos los registros civiles de todo el mundo falta uno solo en este momento y que este uno es Stiller, y que yo no formo parte de este mundo si me niego a ser Stiller, continuaré negándome a serlo. ¿Por qué no cesan en su empeño?” (pág. 393), hasta que en la página 393 y siguientes se derrumba y confiesa su auténtica identidad: “No es verdad: no puedo estar solo y a decir verdad no he podido estar solo más allá de una hora en toda mi vida...”. Cuando hacia el final del cuaderno séptimo el fiscal le invita a comer en la posada en la que probablemente Stiller se encontraba con Sibylle, el protagonista parece rendirse a la melancolía mientras ve caminar por el campo a una pareja que imitan paso a paso el paseo que él mismo dio con Julika y en el que le dio su primer beso: “las cenizas lo cubrirán todo; la melancolía también lo cubre todo como una bandada de pájaros negros sobre unas ciudades humeantes...” (pág 412) y empieza sincerarse con Rolf. Todo termina a partir de la página 443 explicando como se convirtió en White (blanco), una nueva persona: “Lo único que puedo decir es esto: hace aproximadamente dos años que traté de quitarme la vida.” Por fin es condenado a ser Stiller y a pagar varias multas acumuladas durante todo el tiempo que ha negado serlo, en lo que parece ser una victoria definitiva del estado sobre el individuo.

El epílogo del fiscal no empieza mejor para el protagonista, ya que como este explica en relación a la defensa de Stiller respecto al asunto Smyrnow, éste “...tuvo que renunciar a negar su identidad para poder aportar semejante prueba.” (pág 452). Las últimas páginas que parecen decir “abandona toda esperanza”, son una crónica del derrumbamiento final de la pareja Stiller-Julika, él hundido en el alcoholismo y ella encerrada en sí misma hasta su muerte.

INTERVENCIONES

Jon Rosáenz :

La obra trata la cuestión metafísica del anhelo de lo imposible en cuanto elemento distorsionador en la búsqueda de la identidad personal, que en este caso se traduce en un querer ser otro, en las ansias de una nueva vida que azora el espíritu de un individuo humano. Este anhelo se fundamenta en la necesidad que cada individuo tiene de escoger qué quiere ser, de poseer una identidad, para alcanzar la salvación de sí mismo, para culminar su proyecto de humanidad. Como dice Sören Kierkegaar en una cita que Frisch recoge en la presentación de la obra, “Si resulta tan difícil a cada uno escoger su propio yo, es precisamente porque en ese acto la soledad absoluta se hace idéntica a la más profunda continuidad, puesto que el acto de escoger ese yo propio excluye definitivamente toda posibilidad

De devenir otro, y aún más, de imaginarse otro. Mientras la pasión por la libertad despierta en él, y despierta en el acto de escoger porque está implicada en ese acto mismo, escoge su propio yo y lucha por poseerlo como lucharía por su salvación. Y es que su salvación está en ello.” Por desgracia, para Stiller/White ésta no llega, y el epílogo de su proyecto existencial es descorazonador porque transmite un mensaje de frustración y derrota. La constatación de la imposibilidad de devenir en otro yo óptimo le produce una honda angustia que lo conduce a renegar de sí mismo y a naufragar en una mar de alcohol y esquizofrenia. Stiller es y no es Stiller, al igual que White es y no es White, y tampoco uno es el otro, ni el otro uno. Y en tal situación, ¿cómo puede alguien amarse a sí mismo, gustarse, conocerse y saberse persona, si carece de identidad? Y más aún, ¿cómo va a llegar a amar a los demás, al prójimo? La respuesta es obvia: quien no se ama a sí mismo, o se ama de un modo desnaturalizado o enfermizo, tampoco amará a los demás o los amará de similar forma a la que se ama a sí mismo. Y con esto, todo queda dicho.

Joseba Molinero :

El libro contiene eso que se denomina literatura interior, o sea, narrativa de contenido ético-filosófico (denuncia la doble moral que rige los actos de la mayoría de las personas en las sociedades modernas, la razón de ser del matrimonio, las miserias de las clases burguesas, de algunas cuestiones relativas a la ideología comunista y de la sociedad de las “excusas” en la que vivimos); aunque tal y como está concebido, como un conjunto de historias, entrelazadas algunas y otras no, todas ellas contadas por un narrador, recuerda a “Las mil y una noches”. En esta obra, el narrador se prodiga en el relato de un sinfín de historias con el objetivo y la esperanza de huir de la muerte, mientras que el narrador y protagonista en No soy Stiller busca huir de sí mismo, en una fuga hacia una identidad ilusoria en pos de no se sabe bien qué personalidad singular. Así, Stiller se reconoce como un individuo incongruente, sin escrúpulos, egoísta, cobarde, mediocre, interesado, oportunista e infinitamente insatisfecho que, en vez de realizar un ejercicio de autocrítica y un esfuerzo de superación de tales deficiencias identitarias, decide enmascararse en el hombre noble, bondadoso, ordenado, sensible, generoso, osado y cabal que parece ser White.

Miguel San José :

Desde el punto de vista del interés que despierta el libro en el lector, éste se puede dividir en tres partes: Una, la cual abarca algo más que el primer tercio del texto, que resulta ciertamente interesante. Aquí se desarrolla el inquietante asunto de la doble personalidad del protagonista y tienen lugar las historias más entrañables y entretenidas del libro. El lector no puede sustraerse a la curiosidad que desata la situación kafkiana que padece el protagonista, ni al encanto de las aventuras que narra White, bien sean éstas reales, inventadas o alucinatorias. Otra segunda parte, que ocupa casi la mitad del libro, que Frisch dedica a la exposición de sus pensamientos, críticas ético-socio-políticas y discursos aclaratorios de las diversas situaciones y relaciones entre los distintos personajes. Aquí, los personajes comienzan a divagar y el autor nos ofrece pasajes tan patéticos como uno referido a una corrida de toros o a la introducción de personajes estrambóticos (como p. e. Alexander, el homosexual suicida, cuya única función en la narración es justificar la inexplicada tentativa suicida de Stiller). El lector se siente empantanado, trabado en la desorientación del texto. Y la tercera parte, el epílogo donde se cierran todas las historias, que resulta mortalmente tedioso e innecesario. El lector, definitivamente, acaba por defenestrar el libro, con la convicción de que hay no pocas formas mejores de finiquitar la historia, reduciendo ostensiblemente el número de páginas del libro.

Nicolás Zimarro :

La obra es una muestra literaria de la máxima filosófica de Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia”, que viene a subrayar la constatación de la inconsistencia de la identidad de los seres humanos, a nivel individual y social. Stiller/White es un ejemplo del conflicto que vivimos los sujetos humanos para conocernos y reconocernos a nosotros mismos, es el prototipo de individuo a la deriva errante en un lodazal, que se busca en el reflejo de su imagen en la superficie del agua encharcada y no ve sino máscaras y máscaras, incluso cuando se halla solo y la búsqueda ocurre en la más absoluta intimidad, situación que se agrava cuando al muestrario de máscaras se añaden las caretas de la colección de disfraces que perfilan la burbuja enajenante del estado del bienestar y el prejuicio social, ese sometimiento identitario al qué dirán y a lo socialmente correcto, cuya repercusión en el desarrollo individual es sustancial. Y es que Stiller, como así también el resto de los personajes, es la escenificación de lo que representa la circunstancia social (los clichés y modelos de comportamiento, las ideologías, la legislación vigente, los prejuicios socio-culturales, los valores éticos, las creencias religiosas, la realidad económica, etc.), o sea, la incidencia de eso que constituye nuestra identidad social en la conformación de la identidad personal de los individuos. Esto es lo que vive Stiller, quien horrorizado de su imagen proyectada en tantas y tan desagradables y alienantes máscaras, solapa su angustiosa frustración inventándose una identidad a medida en la figura de White, que a fin de cuentas es él mismo nuevamente enmascarado. Porque White no es ni más ni menos que el enmascaramiento de un individuo humano que ni es Stiller ni es el propio White, sino la expresión coyuntural de una metamorfosis, el fulgor de una estrella en la noche, la personificación de una búsqueda, que fatalmente se desvanece en el humo de la derrota y los efluvios del alcohol.

(1) NO SOY STILLER. Max FRISCO. Ed. SEIX BARRAL (Biblioteca Formentor), Barcelona, 2005.