La letra M

Una inicial temblorosa de color gris desvaído, escrita sobre una cuartilla arrugada y atrapada en el puño de un cadáver. Una letra M. Era lo único que hallaron en el cuerpo desnudo de la mujer. Ni una marca, rasguño o señal de violencia, solo aquella inicial apresurada. Las siguientes semanas aparecieron varios cadáveres más en similares circunstancias, siempre con la misma letra de trazo débil e inseguro. Una periodista avispada ubicó sobre un mapa los puntos donde fueron encontrados los cuerpos y descubrió con horror que si se unían los lugares con una línea aparecía la letra M. La noticia pronto saltó a los diarios nacionales: el asesino del Parkinson, lo bautizaron con un sentido del humor que no se merecían las dos docenas de asesinados que hasta entonces componían la cosecha.
Pronto se descubrió que el fenómeno no era único en aquella región. En la campiña inglesa, en el condado de Withby, cerca de Birmingham, habían aparecido en las mismas fechas idéntico número de cadáveres, en este caso con la letra D prisionera en sus puños muertos. No hizo falta demasiado tiempo para descubrir que también en este caso los fallecidos o asesinados (el debate fue intenso sobre este punto) dibujaban una letra temblorosa sobre el mapa inglés. En la región de Tarn, cerca de Albi, en Francia, la letra M fue la protagonista, como en la Emilia italiana. En la pequeña ciudad de alemana de Thale fue la letra T la que abarrotó las titulares de los periódicos. En Grecia, en la localidad de Vracha, la letra . Poco a poco en prácticamente todos los países del mundo sucedió lo mismo, cada uno con su letra o signo característico. Fueron miles de personas las que conformaron tan extraña caligrafía con sus propias vidas. Varios laboratorios de USA, Rusia y China analizaron las notas misteriosas. Lo que habían parecido simples trazos a lápiz resultaron estar realizados con alguna extraña sustancia cuya composición se resistía a ser revelada. Muchos pensaron que todo era una enorme campaña publicitaria a escala mundial, que no había tales muertos, y que el secreto estaba en buscar cuál era la marca que podía ser escrita combinando las letras que habían aparecido.
Una clínica en Suiza acabó por desentrañar parte del secreto de la sustancia empleada como tinta. Era parecida a la sangre, una sangre gris, sangre muerta dijeron. No la sangre de los muertos, sino sangre muerta. Fue entonces cuando un escalofrío congeló el planeta entero porque lo obvio se hizo patente. La inicial correspondía siempre a la misma palabra pero en los diferentes idiomas de la Tierra. Fue entonces cuando supimos cómo era la firma de la Muerte.

 Roberto Sánchez