Acta julio 2007

OBRA: TREN NOCTURNO
AUTOR: Martin Amis

PONENTE: Roberto Sánchez

PRESENTACIÓN

Martin Amis nació en 1949 en Oxford, Inglaterra. Su infancia transcurrió en diversos lugares, pues su padre, el escritor Kingsley Amis, enseñó en universidades de Gran Bretaña y Estados Unidos, motivo por el cual la familia se vio obligada a trasladarse de residencia en varias ocasiones. Sus padres se divorciaron cuando él tenía doce años. Fue precisamente su madrastra, la novelista Elizabeth Jane Howard, quien le inició en la obra de Jane Austen, hecho que propició que Amis se decidiera a prepararse para ingresar en la universidad. Se licenció en Oxford en 1971. Después realizó diversos trabajos en el mundo editorial antes de dedicarse por completo a la escritura. Trabajó como crítico de libros en el London Observer en 1971 y desde 1972 hasta 1974 como encargado editorial y director de la sección de narrativa y poesía en el Times Literary Supplement. Posteriormente pasó al New Statesman, donde llegó a director de la sección literaria. En 1980 regresó al Observer como colaborador. Inició su carrera literaria con la novela El libro de Rachel (1973), con la que ganó el Premio Somerset Maugham en 1974, al igual que hiciera su padre, que lo ganó también con su primera novela, Lucky Jim, 20 años antes. A ésta obra le han sucedido: Niños muertos (1976), Éxito (1978), Otra gente (1981), Dinero (1984), Los monstruos de Einstein (1987), Campos de Londres (1989), La flecha del tiempo (1991), La información (1995), Tren nocturno (1997), Experiencia (2000), Koba, el temible (2002) y Perro callejero (2003).

VALORACIÓN

Tren nocturno es un libro que puede leerse como una novela policíaca, en la que Amis desarrolla la siguiente trama: El descubrimiento del cadáver de Jennifer Rockwell en la habitación de su domicilio, desnuda y con tres orificios de bala en la cabeza, da lugar a la investigación de las circunstancias de la muerte de la mujer. Una policía un tanto “sui géneris”, Mike Hoolihan, intentará descubrir si la muerte de Jennifer Rockwell, la hija de su jefe – a la que conocía personalmente-, es consecuencia de un asesinato o de un suicidio. Las pistas son múltiples, varios los sospechosos y diferentes las líneas de investigación. Finalmente, algunos indicios se convierten en pruebas concluyentes, y Mike Hoolihan demuestra que la muerte de Jennifer Rockwell es por causa de suicidio.
Leída así, la novela no pasaría de ser un trabajo correcto y discreto, una novela sin más entre otras tantas del género. Pero el lector rápidamente comprende que Tren nocturno es una falsa novela policíaca y que lo que Amis escribe es un tratado novelado sobre el suicidio, en el que despliega toda una batería de interrogantes e hipótesis acerca de las razones que pueden conducir a una persona a quitarse la vida. El relato de los progresos en la investigación de los potenciales móviles que explicarían la muerte de Jennifer Rockwell es un compendio de causas teóricas y supuestas motivaciones que podrían elucidar una tendencia suicida. La propia historia que se cuenta, narrada en primera persona por Mike Hoolihan, constituye la carta o el escrito de despedida de quien ha decidido suicidarse consumiendo compulsivamente alcohol hasta que le reviente el hígado, que es el final irremisible que le espera a la agente, teniendo en cuenta la cirrosis mórbida que le aqueja debido a su alcoholismo. Amis nos presenta a estas dos mujeres absolutamente contrapuestas entre sí, para hacer patente la dificultad que entraña el recorrido por el laberinto de la psicología del suicida. Por un lado está Jennifer Rockwell, una joven bella, inteligente, de buena familia, adinerada y triunfadora en el campo profesional y sentimental; y por otro lado está Mike Hoolihan, una policía poco agraciada físicamente, hombruna, con una infancia que consistió básicamente en ser violada por su padre desde los siete a los diez años, desafortunada en sus relaciones sentimentales y, en lo general, una fracasada sin remedio. Jennifer Rockwell lo tiene todo, es el eje en torno al que parecen girar los acontecimientos de la parte lujosa de una pequeña ciudad norteamericana, un mundo feliz y acomodado en el que la detective Hoolihan, una superviviente más en el inframundo de la marginalidad y de los ambientes sórdidos de esa misma ciudad, no tiene encaje alguno. Presentadas de esta suerte, cualquiera diría que Mike Hoolihan es en potencia la candidata con más probabilidades para quitarse la vida; sin embargo, no ocurre de este modo, y sorpresivamente la que se suicida es Jennifer Rockwell, la mujer que fulguraba como el paradigma de la perfección. Su muerte convulsiona las conciencias de los bienpensantes, quienes se resisten a considerar siquiera la hipótesis del suicidio. ¿Cómo es posible que una persona como Jennifer Rockwell decida acabar con su vida? La lógica del imperativo ético que rige las conciencias de los individuos humanos no comprende razón alguna que argumente un hecho de tal naturaleza. Y es entonces cuando se plantea la cuestión trascendental que aborda la novela, que es la que se refiere a las causas intrínsecas y extrínsecas del suicidio. En el caso de Mike Hoolihan, muchas y muchos hallarán una justificación a su decisión de suicidarse arguyendo que es una respuesta a su inexorable zozobra existencial. Si el caso fuera que quien se quita la vida era víctima de algún tipo de trastorno psicológico, éstas y éstos seguramente explicarían el suicidio aduciendo que es una consecuencia de su enfermedad. Pero, por el contrario, ¿qué razones se pueden esgrimir para entender el suicidio de Jennifer Rockwell? En el desarrollo de la historia, Amis nos ofrece varias alternativas como respuesta a esta pregunta: La primera es que Jennifer Rockwell no era tan perfecta como aparentaba ser, y que tenía un lado oscuro en su vida íntima plagado de actos inconfesables y de vivencias tortuosas, tal y como descubre la agente Hoolihan en el curso de sus investigaciones. De hecho, le era infiel a su novio y buscaba relaciones sexuales de modo indiscriminado y compulsivo en lugares poco recomendables, cometió errores laborales de bulto (al parecer motivados por cierta inestabilidad emocional), e incluso muestra un desequilibrio mental, del cual pretende restablecerse con la ingesta de pastillas de litio adquiridas en el mercado negro. Este cúmulo de circunstancias que configuran una realidad personal desagradable y denotan una personalidad inconsistente, junto al hecho de tener que disimularlo todo y fingir una plenitud vital, podría justificar por sí solo la acción suicida de la joven. La segunda alternativa sería que Jennifer Rockwell ciertamente es una enferma psíquica, paranoide y obsesiva, a quien el anhelo de perfección le impide seguir viviendo. El empeño por tenerlo todo bajo control, desde las relaciones de amistad, familiares y sentimentales hasta los asuntos profesionales y las pulsiones naturales, se convierte en ella en obstinación traumática, que degenera en pánico ante el riesgo de sufrir cualquier contratiempo o el más mínimo estado de imperfección, todo lo cual propicia una situación anímica en la que la vida le resulta insoportable, y a la que no ve otra salida que el suicidio. Y por último, la tercera alternativa es que Jennifer Rockwell se suicida porque sí, sin otra razón que la de que no quiere vivir. Así, sin más, sin ninguna causa objetiva. Ella vive, simplemente vive – porque la vida esencialmente es vivir; lo demás se resume en especulaciones y elucubraciones-, y en un momento dado decide dejar de vivir.
Eso es todo. Si analizamos estas posibles interpretaciones del desarrollo de la trama de la novela, encontramos que ésta cobra significación en la última alternativa, aun cuando alguien pudiera inclinarse a pensar que este corolario pone en entredicho el propio remate de la novela, o incluso acreditar que se trata de una novela fallida, tanto en cuanto parece que el autor pulula en la indefinición y que no ha acertado a cerrar satisfactoriamente su trabajo. Obviamente nada de esto es cierto, puesto que la novela es perfecta precisamente porque Amis no concreta ninguna razón que explique el suicidio de Jennifer Rockwell. Y lo hace, porque quiere presentar al lector esta conclusión: que el suicidio, como la vida misma, no tiene sentido, es decir, que ni uno ni otra precisan de justificación, ni mucho menos aún de fundamentación ética, religiosa o metafísica. Por consiguiente, conforme a esta tesis, las situaciones que expresan la coyuntura personal de Jennifer Rocwell, y que sirven de base argumentativa justificatoria en la primera propuesta interpretativa de los móviles que le conducen al suicidio, sólo son una cortina de humo, pistas falsas que va dejando en el camino de su aventura vital, con el exclusivo propósito de hacer tolerable a sus seres queridos la evidencia del suicidio. Se trata por tanto de una maniobra de maquillaje que busca paliar el efecto demoledor que a buen seguro provocará en su padre, novio y amigos su muerte por suicidio sin causa objetiva alguna, en la presunción de que si les brinda a éstos algunas razones que puedan excusar su acción asumirán antes y llevarán mejor su pérdida. Por su parte, la segunda especificación de los hechos narrados corresponde a una lectura psicologista de la acción humana que explicita el origen del modo de proceder de Jennifer Rockwell en su propia naturaleza psicótica, de forma que su suicidio se entienda como un acto inconsciente y fatal llevado a cabo por una perturbada. Aunque este posicionamiento responde más a la necesidad que siente el lector de revestir de lógica una contingencia de esta laia que a otra cosa. Y todo… por no querer admitir que el suicidio se “dice” a sí mismo, sucede y ya está, como la vida, y no requiere ningún basamento teórico, sea éste de la índole que sea.

INTERVENCIONES

Miguel San José :

Tren nocturno es la típica novela policíaca en la cual concurren todos los elementos del género: la muerte de una persona por homicidio o asesinato, un detective, una investigación, historias que se cruzan, el desfile de sospechosos, posibles implicados, conocidos de la persona muerta, y la resolución final. Pero a diferencia de la mayoría de las novelas policíacas, en esta obra Amis propone el caso de una persona que encuentran muerta, aparentemente por causa de suicidio, y presenta a una detective que es la antítesis de las y los detectives habituales en la literatura (caótica, indisciplinada, desgraciada y desabrida), y a una asesina singular, que resulta ser el personaje más insospechado: la propia víctima. Mike Hoolihan, a pesar de su desastrosa imagen, es una excelente detective, y en el transcurso de la investigación de la muerte de su amiga Jennifer Rockwell se encuentra con que todos los indicios apuntan a que ha sido debida a un asesinato. Un asesinato cuyo único móvil, de haberlo, es la consumación en un crimen perfecto del instinto criminal de la asesina, una persona obtusa y malvada que quiere demostrar, sobretodo a su padre, que es capaz de matar a quien quiera y como quiera, y lo hace matándose a sí misma.

Joseba Molinero :

Tren nocturno es una novela policíaca con una trama perfectamente estructurada, que mantiene la tensión de principio a fin en cada una de las pistas o vías de investigación que transita la detective encargada de encontrar a la o el responsable de la muerte de Jennifer Rockwell. Hasta el punto de que el lector se ve embargado en un maremagno de posiblidades y sospechas que le obligan a continuar leyendo la narración para conocer la solución definitiva. Está escrita con un lenguaje seco, sin concesiones, duro en muchas expresiones y a veces incluso esquemático; hace muchas vistas narrativas y utiliza los diálogos como recurso narrativo para la descripción de situaciones y caracterización de personajes, con lo cual dota al texto de una agilidad extraordinaria. Si a esto añadimos la simplicidad y concisión con la que Amis refleja en las páginas del libro el ímprobo trabajo de documentación que traslucen las referencias que informan al lector de tantas y tantas cuestiones técnicas, científicas, legales y procedimentales inherentes a toda investigación de un crimen, pues no resta más que colegir que Tren nocturno es una novela impecable y redonda. En esta novela Amis reivindica la legitimidad y la libertad de las personas para elegir su destino, aun siendo éste el suicidio, sin que por ello sean objeto de crítica ni sean consideradas culpables de nada. Es por tanto un alegato del libre ejercicio de la voluntad de los individuos humanos, que en el asunto que nos ocupa se concreta en la práctica del suicidio como expresión de la potestad de obrar de acuerdo a su elección que asiste a toda persona. De esta manera, Amis parece defender que cualquiera puede tomar la determinación de bajarse del tren de la vida, con todo derecho, naturalmente, y abismarse en el túnel de la noche de los tiempos hasta donde le ha conducido su tren nocturno particular.

Emilio Hidalgo :

Esta novela policíaca es un tanto curiosa, por cuanto la intriga de la trama no recae propiamente en la búsqueda de un asesino o culpable de la muerte que se investiga, sino más bien en el dilucidamiento de las causas que han podido conducir a la muerta al suicidio. Y en esto reside el éxito de la novela: en la sorpresa y la frustración que genera en el lector el descubrimiento de que Jennifer Rockwell se suicida sin razones para hacerlo. Este hecho es lo verdaderamente significante del relato y el motivo por el cual Mike Hoolihan decide acabar con su vida. Si al final lo hace o no, no es lo importante; lo reseñable es que el desengaño y fiasco que para ella supone el desvelamiento de las circunstancias que concurrieron en la muerte de su amiga le impulsan a cometer un acto desesperado, como es el de irse de bares contraviniendo la prohibición de beber alcohol impuesta por su médico. Ella no halla respuestas al resultado del juego macabro al que le invitó a participar malintencionadamente su amiga suicida. Y es que ¿hay respuesta para la pregunta de si se puede alguien suicidar sin razones para hacerlo? Lo sensato es pensar que no.

Jon Rosáenz :

El núcleo metafísico de la novela es que Jennifer Rockwell se atreve a mirar de frente a la muerte, al vacío sideral, y llega a comprender el universo, a saberse nada dentro de él y, por ende, la vida pierde sentido para ella, se torna imposible de vivir, por lo que decide no seguir viviendo. Ésta es la trágica consecuencia que se deriva del modo de encarar la vida moderna actual, en la que ya no hay valores ni principios que ayuden a vivir a las personas, una vida que se rige por la máxima de encontrar metas rápidamente asequibles, una vida en la que no se aprecia el esfuerzo por alcanzar un objetivo, sino la consecución del mayor número de ellos; en fin, una vida de la que se acaba no esperando nada y que se disipa en el agujero negro de la frustración, situación anímica que en el caso de Jennifer Rockwell le aboca a una insatisfacción vital que culmina con su suicidio.

Nicolás Zimarro :

Tren nocturno es una alegoría que representa el conflicto interno e intransferible que vive el individuo humano en el proceso de adaptación de su realidad íntima y particular, de sus sentimientos, emociones, expectativas y deseos con las convenciones sociales, el status quo, los compromisos adquiridos, las directrices del orden establecido y con las pretensiones y expectativas ajenas. En este contexto, Jennifer Rockwell es una metáfora de la angustia, un ejemplo estremecedor de lo frágil que puede ser por dentro alguien que, visto desde fuera, parece tan fuerte, casi invencible. Alguien que se reconocía como un dechado de virtudes y que, tras su muerte, es descubierta como una persona más vulgar de lo que muchos habrían pensado: Según el testimonio de varios hombres que la conocieron en sus escapadas parranderas, la “señorita” era malhablada, grosera, burda, caprichosa y viciosa; según su novio, Trader Faulkner, en su declaración a la policía, la aparentemente recatada diva era esclava de un insaciable apetito sexual; según Box Denziger, su jefe en el instituto de estudios astronómicos, Jennifer Rockwell era lúgubre, casi mística. Confiesa que ella sentía una admiración enfermiza por Isaac Newton, por la forma en que el padre de la ley de la gravedad, conforme cuenta la leyenda, solía mirar el sol cada mañana, para intentar comprenderlo, hasta quedarse ciego, y que en cierta ocasión aseveró que lo que éste pretendía al observar fijamente el sol era mi­rarle a los ojos a la muerte. Ésta era la auténtica Jennifer Rockwell, una divinidad de barro; y el mérito de Amis en esta novela consiste en el modo en que nos hace ver cómo la verdad a veces es justo lo contrario de lo que aparenta. Así parece comprender la vida Martin Amis, como un tren que se oye en la noche y del que no sabemos mucho, ni de dónde viene ni si va a alguna parte. La solución es que todo es un misterio.

Carlos Fernández :

Martin Amis podía ser sin ningún problema un exponente de la corriente literaria denominada “Realismo Sucio” surgida en los Estados Unidos sobre 1970, porque en su novelística contempla los mismos principios narrativos que los integrantes de este movimiento literario: reducción de la narración a sus elementos fundamentales, tendencia a la sobriedad, a la precisión y a la parquedad descriptiva, concisión y superficialidad en la caracterización de los objetos, las situaciones y los personajes, y la presentación de protagonistas vulgares y corrientes que llevan una vida convencional. Todo ello se cumple a pies juntillas en Tren Nocturno, novela en la que Amis crea un impresionante ambiente sórdido y opresivo que sobrecoge al lector. La obra se lee con gusto, si bien resulta confusa, a nivel formal y de contenido. Por ejemplo: el Texto empieza situando al lector el 1 de abril con esta explicación: “Esta tarde voy a ver a P..., y voy a hacerle dos preguntas, y él me dará dos respuestas”. A continuación le traslada al 4 de marzo, para volver a regresar al 1 de abril en la página 178, cuando dice: “Son las cinco de la tarde del 1 de abril. Dentro de una hora me reuniré con P…, y voy a hacerle dos preguntas, y él me dará dos respuestas”; a veces inicia los diálogos con guiones, y en cambio otras muchas no; en la primera parte del libro Mike Hoolihan comienza a escribir un diario el día 4 de marzo, diario que se interrumpe el día 18 de ese mes con la inserción en el texto de la segunda parte de la novela, en la que relata el método científico que ha seguido en el proceso de investigación; con la historia principal, el suicidio de Jennifer, se entrelaza el relato de la vida de Mike Olían, a través de distintos pasajes de su vida (su niñez, su relación adulta con los hombres, su relación con la familia Rockwell, etc.); el uso abusivo de los sobreentendidos, tanto en las reflexiones de Mike Hoolihan, como en los diálogos con otros policías; y finalmente, el desenlace, que deja al lector perplejo, sin saber exactamente qué es lo que ha pasado con Jennifer Rockwell y con la sensación de que Amis le propone el juego de averiguar la solución del caso con los mimbres que le facilita, sin preocuparse de si está interesado o no en jugar a eso. Con todo, uno se plantea la cuestión de por qué se suicida Jennifer Rockwell y, ante la falta de otros argumentos, se queda con la duda de si realmente esa enfermedad psíquica que se conoce con el nombre de “Síndrome del paraíso”, que afecta a aquellas personas que lo tienen todo y que necesitan hallar algún motivo para sufrir, es la causa o no de su suicidio. Una pena…