Acta junio 2007

OBRA: EL HOMBRE DELGADO
AUTOR: Dashiell Hammett

PONENTE: Miguel San José

PRESENTACIÓN

Dashiell Hammett nació el 27 de mayo de 1894 en el condado de St. Mary's (Maryland, Estados Unidos) y murió en Nueva York el 10 de enero de 1961. Creció en las calles de Filadelfia y Baltimore. Dejó los estudios a los 13 años. Trabajó en diversos oficios y en diferentes lugares del país, hasta que en 1915, entró en la "Pinkerton's National Detective Agency” de Baltimore, que abandonó en 1918 para alistarse en la Armada (de la que fue licenciado en menos de un año después de contraer la tuberculosis) y a la que regresó en 1920 (esta vez destinado a la agencia de Sbokane en Washington), para dimitir definitivamente como agente secreto en 1922. Se apuntó a los cursos de periodismo del Munson's Business Collage, estudios que terminó en mayo de 1923. Su vida fue accidentada y tumultuosa, por motivo de su tuberculosis crónica, el alcoholismo, su ideología política (Estuvo afiliado al Partido Comunista de los EEUU, y en varias ocasiones tuvo que declarar ante el senador José McCarthi´s) y por su relación con Lillian Hellman (lectora de guiones y dramaturga a la que conoció en 1929, y con la que vivió durante más de tres décadas). Desde la publicación de “El hombre delgado” en 1934 hasta su muerte se dedicó al activismo político.

La carrera literaria de Hammett tuvo lugar prácticamente entre los años 1923 y 1934, esto es, a partir de la publicación del primer relato de los 28 que protagoniza el Agente de la Continental y la publicación de “El hombre delgado” en 1934. Escribió bajo los seudónimos de Peter Collinson, Daghull Hammett, Samuel Dashiell y Mary Jane Hammett. Éstas son sus obras:
Cosecha Roja (Red Harvest): publicada el 1 de febrero de 1929
La maldición de los Dain (The Dain Curse): 19 de julio de 1929
El halcón maltés (The Maltese Falcon): 14 de febrero de 1930
La llave de cristal (The Glass Key): 24 de abril de 1931
El hombre delgado (The Thin Man): 8 de enero de 1934 The Big Knockover (una colección de cuentos cortos), escritos a partir de 1934.

Hasta el año 1929 no fue reconocido su mérito narrativo. El prestigio literario le llegó con sus dos primeras novelas, Cosecha roja y La maldición de los Dain. Adquirió fama con la novela El halcón maltés, en la que dio vida a su personaje más conocido, Sam Spade, aunque gran parte de su éxito se debe a la adaptación para el cine de 1941 dirigida por John Houston y protagonizada por Humphrey Bogart. En “El hombre delgado” presentó al matrimonio de detectives Nick y Nora Charles, también personajes que inspiraron no pocas películas famosas.
Hammett es considerado el pionero del género narrativo de la novela negra policíaca. Fue el creador de la figura del detective cínico y desencantado de todo. Su narrativa se distingue por el enfoque realista y testimonial de los hechos delictivos, la caracterización minimalista de los personajes, la riqueza connotativa y denotativa de los diálogos, la fortaleza argumental, la descripción gráfica de actos de extrema violencia, el humor cáustico y la denuncia de las actitudes hipócritas de uso corriente en la sociedad que le tocó en suerte. “El hombre delgado” fue impreso primeramente y de modo provisional en diciembre de 1933. Hammett había terminado el manuscrito en Mayo de 1933, y publicó la versión definitiva en enero del año siguiente. La novela combinaba el estilo "hard-boiled" con la comedia ligera, y resultó un éxito absoluto. Tanto que la Metro Goldwin Mayer compró los derechos para la película y se vendieron 20.000 copias en las primeras tres semanas. El relato de la novela se ajusta a los patrones del género policíaco y reúne todos los ingredientes del mismo: crimen, dinero, sexo, alcohol, intriga… Está construido exclusivamente por medio de personajes y diálogos. En cuanto a los primeros, destaca Nick Charles, de vuelta de casi todo, borrachín y noctámbulo, retirado de su actividad investigadora y consagrado a la administración del patrimonio conyugal pero aún así de inteligencia rápida y brillante. Es el personaje principal y el narrador de los hechos. Él se ve obligado a colaborar en la investigación policial de la desaparición de su amigo Clyde Wynant, la víctima de asesinato de la novela. A su alrededor, eficientemente caracterizados y formalizando cada uno un determinado estereotipo, orbitan el resto, desde Mimi, la típica rubia tonta y ambiciosa hasta Flint, el agente de policía brutal y corto de entendederas, pasando por el “gigoló” Jorgensen y por supuesto la privilegiada mente criminal de Macaulay. Tal vez el menos habitual y tópico sea el de Nora, que cumple el papel del lector al que se van explicando los avances de la investigación. Esto se hace más explícito en el último capítulo, en el que Nick termina de desvelar los entresijos de sus conclusiones, informando además al lector, mediante citas entre paréntesis, los resultados de algunas indagaciones posteriores al propio diálogo. El ambiente general es sórdido. La pareja Nick-Nora aparecen como una envidiable isla de estabilidad y honestidad en medio de un mundo que se derrumba, tanto en lo que se refiere a las relaciones humanas (así p. e.: las tormentosas, traumáticas e inhumanas relaciones Mimi-Jorgensen, Harrison Quinn-Dorothy-Alice Quinn, Clyde Wynant-Julia Wolf-Face Peppler), como en lo que tiene que ver con la vigencia de los principios éticos ( así p. e.: la nebulosa de dudas que crea Gilbert en torno a la moralidad de las relaciones incestuosas y las insinuaciones al respecto que Dorothy vierte sobre su padrastro). A pesar de esto, el tono del relato es ligero, a veces incluso cómico. El desenlace es sorpresivo y, desde una perspectiva actual, un tributo a la inteligencia y a la intuición, sobre todo si tenemos en cuenta que el género policíaco en nuestros días se vale principalmente de los avances tecnológicos para llevar a cabo la investigación y resolución de los delitos. En fin, “El hombre delgado” es un brillante botón de muestra que nos transporta a ese espacio-tiempo casi mítico que fue la New York de los años treinta.

VALORACIÓN

“El hombre delgado” es una novela que nos muestra, a través de la presentación de situaciones inverosímiles y diálogos ágiles, creíbles e inteligentes, que dibujan a los personajes de forma más eficaz que cualquier descripción minuciosa, la decadencia y la depravación propias de la clase media alta y la miseria que envuelve los bajos fondos de la sociedad americana de la época. Una sociedad en la que los pudientes se dedican la mayor parte del tiempo a una vida ociosa de viajes, banquetes, alcohol y drogas, mientras que el populacho está salpicado de mafiosos italianos, hampones, expresidiarios, clubs de alterne de mala muerte, chivatos de la policía, lugares infectos, mujeres y hombres de mala vida, etc. Y éste es el auténtico valor de la novela: el paisaje que dibuja de la sociedad americana de los años treinta. El asunto policíaco no tiene demasiada importancia, y así lo demuestra el hecho de que la solución del caso se antoja de teatro de guiñol, comparada con la complejidad de los desenlaces que cierran las novelas actuales del género. En realidad, lo que interesa al lector es la exposición que Hammett realiza del cuadro sociológico de una sociedad en franco proceso de decrepitud. El resto simplemente es un divertimento literario.

INTERVENCIONES

Emilio Hidalgo :

En esta novela se pueden distinguir dos aspectos fundamentales: la historia y los personajes. La historia es la parte policíaca de la novela y los personajes lo “negro” de la misma. La historia no llega a enganchar, quizá porque navega en una continua mentira (los personajes mienten compulsivamente), con lo cual el lector se halla completamente desarmado a expensas de lo que ocurra, o quizá porque no permite participar al lector, y no lo hace dado que, si bien los personajes fluyen como un torrente en la secuencia de los hechos, Hammett les da una coartada o los hace desaparecer de la escena inmediatamente. Además, algunas situaciones parecen cogidas por hilván, y el mismo final de la historia se precipita muy aceleradamente, sin dar al lector tiempo de asimilar los sucesos. Con todo, propiamente, la historia en sí no es más que el marco necesario para situar y exaltar a los personajes que la protagonizan, que resultan lo verdaderamente importante de la obra. Estos personajes parecen en cierta forma irreales, por cuanto son bastante estereotipados y se corresponden con los personajes que retratan los filmes ambientados en esa época. Eso sí, todos ellos son singulares y tienen una personalidad muy marcada y definida y están tratados con gran cariño por el autor.

Nicolás Zimarro :

La novela de Hammett es lo más parecido a una obra de teatro. La mayoría de los acontecimientos tienen lugar en escenarios de interior: habitaciones de hotel, alcobas, antros, la casa de Mimí o la comisaría. La historia es lo de menos. Y tanto es así, que Hammett adelanta al lector intuitivo, ya en el título, la razón de ser de toda la trama que desarrolla después en las páginas del libro. “El hombre delgado”, ese que para dejar sombra necesita pasar dos veces por el mismo sitio, no puede significar otra cosa que sombra, aire, desaparición y muerte. De esta forma, la historia tiene la función de mero revestimiento narrativo de un final anunciado, con técnica de novela policíaca y de intriga. Lo verdaderamente reseñable es la compleja relación entre los personajes que urde el autor y la riqueza, frescura y calidad de los diálogos, auténtico soporte de la historia. Se trata de una relación íntima de individuos humanos en su absoluta desnudez, de una reunión de “soledades” (individuos en su más radical soledad existencial), de monstruos de las pasiones, de animales descarnados por sus instintos primarios y de esclavos del dinero, el ego y las apariencias. Por todo ello, se puede decir que “El hombre delgado” es una disección de la esencia de los individuos humanos, así como un compendio de las miserias que les son propias.

Joseba Molinero :

Esta novela es una magnífica representación de una época crucial en la historia de la sociedad americana. En ella Hammett refleja la crisis económica, la decadencia de los valores morales, el ambiente de vicio y perversión, el aburrimiento mortal que asola a las personas, el egoísmo enfermizo que las deshumaniza, la ausencia total de sentido existencial o de sentido transcendental de la existencia que caracterizó a la sociedad americana de los años treinta del siglo pasado.
Pero además es una excelente novela policíaca, no sólo por el magistral tratamiento de los personajes (genuinos paradigmas de los individuos humanos que simbolizan) y la extraordinaria fuerza de los diálogos (clarificadores, ajustados a las diferentes situaciones y nivel social de los personajes, objetivos y carentes de intencionalidad valorativa), sino también por el intachable desarrollo y conclusión de la historia. La novela esta estructurada al modo del género policíaco clásico, y presenta los recursos narrativos propios del mismo: profusión de personajes, ramillete de situaciones variopintas y sorprendentes, pistas falsas, indicios equívocos, varios sospechosos, actividad investigadora y resolución final del enigma. Curiosamente, en la investigación del caso de la desaparición de Clyde Wynant participan tres investigadores: un oficial de la policía y el matrimonio Charles, cada uno de los cuales cumple una labor: el primero, representa el trabajo rutinario, casi formulario, de toda investigación; Nick Charles, la intuición, la sagacidad y la inteligencia precisas en la tarea detectivesca; y Nora Charles, el orden y la lógica necesarias para la solución de un caso. El resultado es una novela perfecta.

Roberto Sánchez :

“El hombre delgado” nos presenta a un detective, Nick Charles, duro, cínico y al que la violencia no le resulta algo ajeno. La obra sigue una estructura clásica de novela negra. El estilo es directo, sin florituras, sin “tetragramas de plata”. La tensión es continua y la acción fluye como un torrente, casi sin dar un respiro al lector. El gran valor de la novela no es tanto la trama argumental, la cual hasta cierto punto carece de interés, quizá porque estamos demasiado influidos y embuidos en imágenes cinematográficas de historias similares contadas una y mil veces en términos tales que hasta el asesinato de una pobre mujer aparece como una menudencia casi despreciable. El gran valor de la novela es que no hay un narrador omnisciente que nos describe con sesudos discursos lo que ocurre y cómo son y piensan los personajes. Lo interesante, lo fascinante, es la descripción de la psicología de los personajes que perfila Hammett. Con apenas unos trazos descriptivos, un par de gestos y diálogos, muchos diálogos, nos muestra como perfectamente verosímiles a la galería de personajes que hace desfilar a lo largo de las páginas del libro: honrados, chispeantes, biliosos, depravados, adolescentes fatales, etc.

Jon Rosáenz :

“El hombre delgado” es una versión corregida de otra primigenia novela que lleva por título “El primer hombre delgado”, novela que presenta un contexto, circunstancias y revestimiento argumental de mayor degeneración, brutalidad y violencia que la que nos ocupa.
En ésta, ciertamente sorprende la maestría que demuestra Hammett en el uso del lenguaje coloquial, tanto el relativo al discurso popular como al de las clases altas. Como sorprende también que el protagonista principal, un detective retirado, resuelva el caso de que se trata sin ningún interés en investigarlo, y ni tan siquiera visitar el lugar de los hechos. Lo curioso es que su actitud resulta convincente y el lector queda plenamente satisfecho de cómo se cierra el expediente. Sin duda, todo un mérito del autor…