Acta mayo 2007

OBRA: NOCILLA DREAM
AUTOR: Agustín Fernández Mallo

PONENTE: Emilio Hidalgo

PRESENTACIÓN

Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967) es licenciado en Ciencias Físicas y ejerce profesionalmente en el ámbito de las radiaciones nucleares con fines médicos. Es colaborador habitual de las revistas culturales Lateral, Contrastes, La Bolsa de Pipas, La fábrica y Anónima, tanto en el ámbito de la creación como en el del ensayo. Ha publicado Los poemarios: Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus (2001), Creta lateral Travelling (I premio Café Mon, 2004), Joan Fontaine Odisea (Mi deconstrucción) (2005), Carne de Píxel y el experimento narrativo El hacedor (de Borges) y Remake, estos últimos aún inéditos.
Fernández Mallo es el adalid de la tendencia literaria que se ha dado en llamar “Postmodernismo” o “Pospoética”. Su obra es un fiel exponente de ello. Él afirma que “Aunque toda novela es una construcción, un artificio, es también un reflejo del autor. Es que mi mundo, lo que me estimula, es una resultante tanto del Equipo-A como de Cioran, pasando por la física o por Valente, o los chicles de fresa ácida y Sr. Chinarro.” (1) Se considera un ecléctico: “En ese sentido yo no diría tanto pop como sí ecléctico, un postmodernismo lioso y tardío. Y todo eso, tanto a mi obra poética como ahora a mi narrativa, le a proporcionado frescura.” (2) Explica así el postmodernismo: “Sólo puedo decir que si la Modernidad, que arranca con la muerte de Dios en E Siglo de Las Luces, y corre pareja a la ciencia moderna (Newton, Maxwell, Einstein), y que se basaba en la fundación y creencia de las grandes utopías, de que el hombre podría llegar a un idílico futuro gracias a un continuo progreso (Voltaire, marxismo, liberalismo, etc), llega un punto a partir de los años 60 del siglo XX en el que se viene abajo: El hombre asume que todas esas utopías eran unos “grandes relatos”, un cuento chino, y que ese tiempo progresivo no existe, que vivimos en un “presente perpetuo”, y que la Historia ni es lineal ni se encamina hacia un fin utópico. Digamos que, el modelo de las ciencias sociales, que había sido tomado del determinismo newtoniano, se abandona por algo más probabilístico, menos dogmático, más flotante. En definitiva, que la realidad no es algo que está esperándonos para manejarla, como sugerían las grandes utopías.” (3) Y define de este modo la realidad: “Yo creo que, tal como la entendemos hoy, en esta época, digamos, de “postmodernidad tardía”, la realidad es información, y la información hay que entenderla como una serie de códigos que no sólo dependen del emisor, de lo que antiguamente llamábamos “realidad”, sino también del receptor, es decir, de la cultura que interpreta esos códigos; en ese momento los convierte en información. Así, la realidad no es algo que esté ahí afuera, esperando a ser vista; la realidad es esa información, esa construcción que realiza el receptor, o, si se prefiere, esa “representación” del mundo, y como tal representación, es ficción. Lo contrario sería caer en lo que la teoría del conocimiento denomina “realismo ingenuo”. (4)
Su narrativa, incipiente aúny con un sugerente efecto lisérgico, es una tentativa reivindicativa y reinventiva de la posmodernidad, que se explicita en parámetros tales como la fragmentación del discurso narrativo, intertextualidad, metalenguaje, ironía, lirismo contenido, exposición de las interpretaciones de los hechos frente al relato minucioso de los mismos, despersonalización de los personajes, que más que individuos humanos aparecen como modelos de roles sociales, ambientación artificial, etc…
Nocilla Dream es la primera novela de este autor. Fue considerada como una de las mejores novelas del 2006 por los críticos de El Cultural, y la mejor según la revista literaria Quimera. Es la primera entrega de su Proyecto “Nocilla”, que consta de dos libros más todavía inéditos: Nocilla Experience y Nocilla Lab. Comenzó a bosquejar lo que luego acabaría siendo esta obra en julio de2004, y la concluyó meses más tarde en la habitación de un hotel de Bangkok (Tailandia), lugar en el que hubo de permanecer recluido más de tres semanas para recuperarse de las lesiones sufridas tras ser atropellado por una motocicleta el primer día de sus vacaciones. Con estos antecedentes, la obra parece desde su origen una locura febril y contagiosa. Ya el título nos pone sobreaviso de lo que el libro nos depara. Fernández Mallo lo tomó de una canción con ese nombre del grupo musical “Siniestro total”. ¿Curiosas circunstancias, no? Ante esto, cabe preguntarse si en la concepción del libro todo es fruto de la casualidad, o más bién se trata del resultado de una clarividencia extraordinaria. Él reconoce que escribió la obra de forma intuitiva: “…me he guiado por el instinto, un instinto que bebe de Borges, de Thomas Bernhardt y de Wittgenstein, pero también muchísimo del cine, y de las ciencias, y del arte conceptual. Muchas de las cosas que les pasan a mis personajes son como performances que entroncan con el arte conceptual, que me apasiona, y que bebe sobre todo de Duchamp”. (5)
“Nocilla Dream”, tal y como la considera el mismo autor, no es propiamente una novela, sino una docuficción en tono poético: “En realidad, siempre he escrito poesía, pero cuando comencé Nocilla Dream en 2004 me di cuenta de que no tenía nada que ver con lo que había hecho hasta entonces, porque había una unidad narrativa y de personajes. En mi cabeza era como un gran poema, pero había que ponerle un nombre y encajaba mejor el de novela que otra cosa. Eran fragmentos, pero íntimamente relacionados; había personajes, unidos a veces a pesar de sí mismos, y traté de verlos sin afectación ni adjetivos, con frialdad, como en un documental, aunque luego sepamos que también los documentales son mentira, porque hay un montaje y una manipulación. He tratado de sacar a la luz historias de la vida real que tenían interés por sí mismas, y que al relacionarlas cobraban nuevo interés. ¿Poema en prosa, novela, un blog? Si tuviera que definirlo sería como “docuficción”, cine y narrativa, un documento o una ficción con tintes de documental, pero muy poético.” (6) Sí, una docuficción en la que convive poesía, internet y un árbol en mitad de un páramo con las ramas plagadas de zapatos de todas clases; desiertos y micronaciones; ancianos surferos chinos, Falconetti o el Che.
Pero es además mucho más que eso. Es un ejercicio de funambulismo en la divisoria entre el abismo del vacío y la plenitud existencial. Fernández Mallo asegura que ”El desierto es un lugar de frontera, un límite entre lo orgánico y lo inorgánico, es decir, entre la vida y la muerte. Los personajes también están de alguna manera en un límite, en el de lo asocial, lo extraño. Es quizá una novela de fronteras (un poco a lo David Lynch), tanto físicas como simbólicas. Y esas fronteras se pueden articular tanto con referencias clásicas, como científicas o pop. Pero lo que más destacaría del libro es el tono poético y simultáneamente plano, casi periodístico, que tiene. Si yo no fuera poeta no podría haberlo escrito.” (7) Es por esta razón que puede resultar extraño y desconcertante para el lector. Así, por ejemplo: la estructura (el librón o está organizado en capítulos hilados), la infinidad de historias que aparecen sin cerrar, como si no tuvieran nada que ver entre ellas y simplemente estuvieran ensambladas por un artificio conductor, o las numerosas páginas de reseñas tecnológicas y científicas, que pueden parecer un pegote sin sentido.
Tomas Graves presenta de esta manera la obra: “Mi padre, Robert, uno de los decanos de la poesía británica, sostenía que los matemáticos puros trabajan en la misma dimensión que los poetas; puede que los físicos nucleares manejen la misma materia o antimateria que los grandes autores. Sólo sé que esta primera entrega del Proyecto Nocilla me resultó deliciosa, nutritiva y nada empalagosa. Me quedé con las ganas de saber si las ratas realmente sirven para desactivar minas antipersona pero dudo que las sucesivas entregas de la saga me lo aclaren. No importa. Las ratas seguirán con su trabajo en un universo paralelo bajo mi responsabilidad como lector y Fernández Mallo seguirá con su mirada cristalina señalando los lazos invisibles que unen todo clase de dimensiones: al chicle con el arte conceptual, la música industrial con el 11 de septiembre, un árbol de navidad clavado en pleno desierto con las Catástrofes de Segunda Especie. Y al relamer con los dedos el fondo de este tarro de Nocilla he encontrado tantos guiones de película -cortos, videoclips, largometrajes, road-movies, documentales-como capítulos hay en el libro, 113 para ser exactos. Y es que con Agustín Fernández Mallo conviene ser exacto. Lo que hizo para el rock Mark Knopfler al rescatar el sonido limpio de la guitarra Stratocaster y dotarlo de una riqueza lírica, lo está haciendo para la novela española este batería con gafas gallego desde un departamento de Radiofísica un hospital público balear.” (8)

VALORACIÓN

El libro aporta originalidad y frescura; es además sugerente y atrevido. Sin embargo, y a pesar de que algunos críticos vean en la diversidad y multiplicidad de historias, situaciones y personajes que en él se presentan un intento del autor de romper con las convenciones, manierismo y conservadurismo de la narrativa actual española y un inequívoco ejercicio de renovación formal de la misma, lo cierto es que, como mínimo, resulta fallido. En primer lugar, fallido porque el cúmulo de historias que alberga no conforman una historia mayor, esto es, se traduce a un mero contar que no pasa por ser más que un mero divertimento carente de significado, una nómina de microrrelatos nunca acabados, inconexos entre sí, repetitivos y absolutamente previsibles. Y en segundo lugar, fallido porque trae a escena un nutrido elenco de personajes variopintos de toda laia que, en la mayoría de los casos, transitan por la obra como simples fantasmas sin más caracterización que un insuficiente y ramplón bosquejo de anécdotas.

INTERVENCIONES

Carlos Fernández :

Al terminar la lectura de la obra el lector tiene la sensación de que le han tomado el pelo. Quizá el final del libro, con un bromista escapando entre carcajadas de un pueblo de cuyos habitantes se ha burlado impune e impúdicamente, sea un trasunto del propio autor y sus lectores. Y aunque esta hipótesis pueda parecer tendenciosa, no lo es tanto si consideramos estas declaraciones de Fernández Mallo hechas a la escritora Inés Matute (Revista Luke, nº 63, Abril 2005):”No sé si le interesará o no (se refiere al lector). Tampoco me preocupa con tal de que yo esté convencido de que mi obra intenta abrir nuevos campos de acción. Yo me debo en primer lugar a mis pulsiones artísticas, no a lo que es entendible o no por alguien en particular”. El caso es que una vez leído el libro, la pregunta que se formula el lector es “¿Y qué?”. Y lo peor de todo es que se antoja imposible una respuesta satisfactoria. El motivo se debe a que la obra no concluye en nada, no tiene objeto, y el autor podría estar así eternamente añadiendo al texto micro relatos, reflexiones pedestres, citas ajenas o capítulos trasuntos fuera de lugar y contexto (como el capítulo 53, donde detalla las constantes físicas de interés). No se trata de que no haya hilo argumental, sino simple y llanamente de que no hay argumento. Como se afirma en el capítulo 98 del libro en referencia a la estructura arquitectónica y composición material del os edificios modernos, lo mismo podría decirse del a estructura de esta obra: que “está formada por materiales modernos unidos por silicona y convertida en un símbolo de la chapuza constructiva”. Afirmación que se puede redondear si recogemos lo que Fernández Mallo irónicamente pone de manifiesto en el capítulo 107: “cualquier material es válido para añadir a la mezcla”. Este libro podía tomar prestado de Julio Camba el título de “sobre casi todo”, puesto que durante la lectura del mismo se percibe un propósito en el autor, no tanto de trasmitir algo como de dejar al lector boquiabierto con un torrente de conocimiento heterogéneo, todo ello revestido de un aura críptica y casi mística, que ejemplifica bien este pasaje del surfista chino del capítulo 85: “En el campeonato internacional de Tapia, el ganador, Chi-Uk, de 87 años cuando le dieron el trofeo recitó en inglés:

Wave is a tree,
Light particles hanging
X infinity = matter

Y acto seguido traduce al español:

La ola, hay un
punto, ahí el cuerpo
x0 = nada

Nota: la correcta interpretación no se obtiene con la lectura del poema o de su traducción, sino con la media aritmética del a lectura de ambos.” (9))
En general es de agradecer cualquier intento de renovación de las reglas formales en el arte. Pero con demasiada frecuencia comprobamos que lo que se presupone una iniciativa artística novedosa no pasa de ser más que una propuesta aparente y efectista, cuando no un espectáculo extravagante y estentóreo. Este es uno de estos casos. Y realmente es lamentable, por cuanto parece que el autor posee una notable habilidad en el uso del lenguaje, que podría permitirle escribir algo aceptable si olvidara ese exclusivo propósito de lucimiento personal que contamina toda la obra.

Miguel San José :

Este libro es sobre todo una representación escrita de lo que es el autor, que según parece transita por un mundo interior conformado por historias reales, imaginarias, propias unas y apócrifas otras, y en la mayoría de los casos estrambóticas y rocambolescas. Fernández Mallo vuelca estas historias en un sinfín de microrrelatos que distribuye aleatoriamente a lo largo del libro. Las situaciones, los objetos y los personajes que constituyen las historias se confunden en un maremágnum de caóticas y exorbitantes ideas que el autor pretende vertebrar sin éxito en torno a un árbol perdido en una planicie desierta y a una solitaria carretera de Nevada.

Jon Rosáenz :

El libro es pintoresco; ni tan siquiera llega a ser original, porque lo que Fernández Mallo presenta como un producto postmoderno de ultimísima generación ya ha sido realizado muchas veces en las vanguardias de la narrativa española del siglo XX; y por cierto, ninguna de las intentonas consiguió cuajar en la creación literaria. En cualquier caso, es evidente que no es una novela al uso; es más, ni tan siquiera puede calificarse como tal, sino más bien como cuaderno de bitácora, o lo que ahora los “modernos” denominan “blog”. En él Fernández Mallo no cuenta nada, sólo dice cosas, expone textos sin otro objetivo que la propia exposición de los mismos.

Roberto Sánchez :

El libro es un auténtico bodrio literario escrito consciente y premeditadamente de la forma en que lo está con el objetivo de mofarse en parte de los lectores, pero especialmente de los críticos. Y a fe que lo ha conseguido, si tenemos en cuenta la unanimidad de elogios que ha suscitado. Claro está, se trata de la caterva de críticos sumidos en su propia perplejidad, que ante un producto desconcertante, que no original ni meritorio, toman la precaución de deshacerse en encomios a la obra (a efectos mediáticos, maestra) y en parabienes al autor. Éste es el mismo caso que aquel que tuvo lugar en una sala de exposiciones de pintura moderna en una famosa capital europea. En la muestra se presentaban diversos cuadros de diferentes artistas de cierto renombre. Pero entre todos ellos había algunos, singulares y extraños, que figuraban firmados por un autor desconocido. Las obras sorprendieron a los críticos, que no dudaron en verter ríos de tinta en sus escritos para loar aquel “prodigio” del arte pictórico. En realidad lo que hicieron fue curarse en salud y justificar su sueldo con sesudas fundamentaciones teóricas y disquisiciones técnicas sobre aquellos peculiares cuadros, que principalmente servían al objeto de preservar el propio prestigio y disimular el azoramiento que les produjo la visión de los lienzos y la incapacidad que sentían, cuando no imposibilidad, para interpretar de modo razonable la obra que se les ofrecía. Por supuesto, hicieron el más espantoso de los ridículos. Tampoco cabía esperar otra cosa. Y es que el cuadro en cuestión lo había pintado una elefante brocha en trompa. Y con esto está todo dicho.

Nicolás Zimarro :

El libro es un performance literario en el que se embrollan todo tipo de textos (científicos, filosóficos, descriptivos, dibujos narrativos de fotografías, anuncios, noticias, historias reales, relatos de ficción, informes técnicos, artículos de crítica social, etc.) que nos recuerda a la forma de expresión de las artes plásticas, en las que se entreveran texturas muy heterogéneas (aceites y óleos, pinturas, telas, metales, minerales, utensilios, elementos naturales, aparatos electrónicos, etc.) y se combinan formatos diferentes (montajes luminotécnicos, electrónicos, informáticos o sónicos, instalaciones multimedia, interactivas, conjuntos de híbridos de cuerpos naturales y sintéticos, etc.). Esta miscelánea literaria es una plasmación en narrativa del ejercicio creativo y la metodología propias de la actividad poética. Es, por decirlo así, un poemario formado con más de una centena de capítulos, que en realidad no son sino poemas reunidos bajo el nexo metafórico de una carretera y un árbol que florece zapatos. En este sentido, la diversidad formal y de contenido de cada capítulo-poema se explica como multiplicidad de tipos de estrofa poética y como variedad de mensajes poéticos. Es por ello que al lector acostumbrado al modo de hacer de la narrativa convencional le puede sorprender la perspectiva estética de la obra. Pero si supera las reticencias que pueda tener o el rechazo inicial que pueda sentir ante un libro de estas características y, además, lo considera como una suerte de poemario, entonces comprenderá que todos los capítulos-poema que lo componen, en apariencia y sentido tan divergentes, conducen a un único propósito: hablar del individuo humano actual. El poemario abunda en las impresiones, observaciones, informaciones e imaginaciones que Fernández Mallo siente, percibe, recoge y recrea en un viaje frenético por las galerías del espíritu del individuo humano moderno y por las autopistas del a sociedad contemporánea. Realiza el viaje en un vehículo que recorre su itinerario saltándose todos los límites de velocidad y en el que él viaja de acompañante y mero espectador. Además, por lo visto, este viajero tan peculiar aprovecha el tiempo de viaje para leer varias revistas de ciencia y cultura. “Nocilla Dream” no es más que la crónica poética de ese periplo. Imaginémonos que cualquiera de nosotros viaja en autobús. El recorrido es largo, y nos hemos aprovisionado con nuestras revistas favoritas. El autobús va a toda pastilla, pero desde el ventanal lateral podemos curiosear lo que sen os ofrece afuera. Campos, montañas, árboles, construcciones, el cielo, las nubes…, todo pasa por nuestras retinas en un santiamén. Lo que observamos es monótono y aburrido y decidimos leer una revista. Nos enfrascamos en la lectura de un artículo que trata un tema de sociología. Es denso. Al terminar de leerlo nos olvidamos del a revista y dirigimos la mirada al exterior. No apreciamos nada interesante. Volvemos a la revista. Ahora abordamos un artículo de medicina. No está mal. Pero antes de concluir la lectura nos percatamos de que la pantalla de vídeo proyecta anuncios de películas. Nos ponemos los auriculares para oír lo que dicen. Diez minutos más tarde comienza la emisión de un filme. Ya lo tenemos visto, así que decidimos desprendernos del os auriculares y dormitar. Cerramos los ojos. Fantaseamos un sinfín de cosas y al fin nos dormimos. Soñamos. De pronto un frenazo brusco del autobús nos despierta. Sobresaltados miramos con expresión bobalicona al señor que viaja en el asiento de al lado. Éste nos tranquiliza. Con el paso del os minutos coge confianza y nos larga varias historias increíbles. No le prestamos demasiada atención. De tanto en cuando fisgamos por la cristalera y, también de tanto en cuando, ojeamos alguna de las revistas. En fin, repetimos una y otra vez estas acciones, además de atender alguna llamada al móvil y apuntar alguna nota en la agenda, hasta que definitivamente llegamos a nuestro destino. Pues bien, Fernández Mallo lleva a efecto una aventura parecida en la forma, sólo que su viaje es figurado y tiene lugar en el territorio del a poesía. Así, lo único que hace es plasmar en un escrito las percepciones, las informaciones, las imágenes, los pensamientos, los sueños y las historias que ha vivenciado en su fantástico viaje, como un todo, como una experiencia unitaria y total.

Joseba Molinero :

La obra ha sido calificada como collage, docuficción, indi, poesía postpoética, narrativa de blog y cosas similares. Aunque bastará con definirla como artificio literario. En ella Fernández Mallo presenta de forma abstracta, con un lenguaje pulcro y ligero, carente de lirismo y en el que sobran algunos apuntes científicos, textos que pretenden transmitir algo por pura sensación, y no por su relación argumental o estructuración narrativa. No relata una historia, sólo traza pinceladas dispersas y caóticas, en una especie de perspectivismo que le impide enfocar o determinar objeto, personaje o asunto alguno (descripciones someras, personajes sin caracterización ni rol definido, historias sin discurso ni final, etc.), al igual que las obras de arte no figurativo moderno presentan líneas, volúmenes y manchas de color con la única intención de llegar al espectador a través de la impresión espontánea que transmiten. ¿Y qué es lo que transmite “Nocilla Dream”? Desierto existencial, vacío e incomunicación, mitomanía irreductible y obsesiva, sentido del humor plano y poco efectista y mucha vanidad intelectual.

(1)Iván Humanes Pespín. “Entrevista a Agustín Fernández Mallo”, en “literaturas.com”

(2)Ver (1)

(3)Inés Matute. “Entrevista a Agustín Fernández Mallo”. Revista LUKE, nº 63, abril, 2005.

(4)Ver (3)
(5)Nuria Azancod. “Entrevista a Agustín Fernández Mallo”. En “EL CULTURAL.es”

(6)Ver (5)

(7)Ver (1)

(8)Tomas Graves. Revista LUKE, nºº 80, diciembre, 2006.

(9) “Nocilla Dream”. Agustín Fdez Mallo. Ed. Candaya, Barcelona, 2ª edición, febrero, 2007.