Acta marzo 2007

OBRA: LA NAVE
AUTOR: Tomás Salvador

PONENTE: Jon Rosáenz

PRESENTACIÓN

Tomás Salvador Espeso nació en Villada, Palencia en 1921. A los ocho años se trasladó a Madrid con su familia. Aquí le sorprendió la Guerra Civil del 36. Salvador contaba entonces contaba con quince años. La contienda separó circunstancialmente a su padre y hermano mayor del resto de la familia, y se vio obligado a trabajar para sacar adelante a su madre y sus dos hermanos menores. Cuando trabajaba se recluía en las bibliotecas públicas de la capital española, donde adquirió una sólida cultura que posteriormente fortalecería gracias a su indestructible afán devorador de libros. En 1941 se alistó en la División Azul, la unidad de voluntarios españoles que sirvió entre 1941 y 1943 en el bando alemán durante la Segunda Guerra Mundial, principalmente en el frente oriental de la Unión Soviética, y regresó a España en 1943. A su vuelta ingresó en el Cuerpo General de Seguridad, y fue destinado a Barcelona en calidad de inspector de la policía política, ciudad en la que permaneció hasta su muerte el año 1984. En 1956 fundó, junto con Julio Manegat, el Premio de la Crítica. Fue colaborador de muchas publicaciones de la época, fundamentalmente del periódico barcelonés “La Vanguardia”. A partir de 1970 dirigió la editorial Marte. Comenzó a publicar libros el año 1950. Su producción es muy extensa y abarca todos los géneros. Escribió novelas de aventuras, policíacas, de ciencia ficción y de denuncia, novela histórica y novela infantil, además de siete obras de narrativa corta y varios ensayos. Por muchas de ellas recibió importantes premios literarios. He aquí la relación de obras y premios de Tomás Salvador:

NOVELA
Historias de Valcanillo, Barcelona: Ediciones Destino, 1952, Esta noche estaré solo (1953, con José Vergés (Premio Ciudad de Barcelona), Cuerda de presos (1953, (Premio Nacional de Literatura), Los atracadores (1955), Diálogos en la oscuridad (Barcelona: Caralt, 1956), La nave, Barcelona: Destino, 1959, El atentado (1960, (Premio Planeta), El agitador (Barcelona: Ediciones Destino, 1960), Dentro de mucho tiempo (Barcelona: Editorial Lumen, 1961), La Virada, (Barcelona: Edebé, 1964, con José Vergés), Cabo de vara, Barcelona: Destino, 1965, Dick Mileto (Barcelona: Doncel, 1967), Hotel Tánger, Barcelona: Ediciones Marte, 1968, El charco, (Barcelona: Bruguera, 1969), El haragán, Barcelona: Círculo de Lectores, 1969, División 250, Barcelona: Ediciones Destino, 1970, Marsuf, el vagabundo del espacio (Barcelona: Doncel, 1970), Nuevas aventuras de Marsuf. Barcelona: Doncel, 1971, Y... (Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1972), Salvador: Obras selectas Barcelona: AHR, 1973, K (Killer) Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1974, Camaradas 74 (1975), Los garimpeiros, Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1975, Cachorro (Ediciones Marte, 1976), Yo, Barcelona (Barcelona: Ediciones Marte, 1976), Nuevas historias de Marsuf, Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1977, Cebo para unas manos (Madrid: Ediciones Sedmay, 1979), Un lugar llamado lejos (1979), San Pedro, portero del Cielo (Barcelona: Ediciones 29, 1979), Monki (Monkey) Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1980, Las siete preguntas (Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1981), El arzobispo pirata, (Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1982), La escuela de don Gato, Barcelona: Plaza & Janés Editores, 1984, Camello para un viaje (1984), Opera para un crimen. Rehenes para un atraco, Barcelona: Círculo de Lectores, 1984, Las compañías blancas Barcelona: Plaza y Janés, 1984.

NARRATIVA CORTA
Dentro de mucho tiempo (Barcelona: Ed. Lumen, 1959), Una pared al sol (1967), Les presento a Manolo (Barcelona: Plaza y Janés, 1972), Vuelve Manolo (Barcelona: Plaza y Janés, 1973), Ave, Manolo, (Barcelona: Plaza y Janés, 1975), Manolo el humorista (Barcelona: Plaza y Janés, 1976), Manolo el filósofo, (Barcelona: Plaza y Janés, 1976).

ENSAYO
La guerra de España en sus fotografías (1966), La novela española de la postguerra, Diccionario de la Real Calle Española (Barcelona: Ediciones 29, 1969), Mi familia y yo Barcelona: Ediciones Marte, 1977.

La nave es una novela que se encuadra dentro del género de ciencia ficción o de la “fantasía científica”, como gustaba decir al propio autor. Fundamentalmente es una historia que trata sobre el devenir de la humanidad, o lo que es lo mismo, sobre la condición de la naturaleza humana. En este caso se vuelve a plantear la vieja utopía del estado de la humanidad en un pretendido paraíso pretérito o en un hipotético futuro lejano. Anteriormente ya lo hicieron otros célebres escritores, tales como Tomás Moro en su obra Utopía, Aldous Huxley en Un mundo feliz o George Orwell en 1984. Tomás Salvador sitúa la acción sobre el año 3000 de nuestra era, en un entorno futurista. El argumento de la novela es el siguiente: Shim, el protagonista de la historia, es un filósofo y literato que descubre que él y todos los habitantes del mundo en el que viven se hallan perdidos desde hace 700 años, navegando a la deriva a bordo de una nave. Esa nave es un artilugio fabricado por los seres humanos y enviado desde el planeta Tierra al espacio. En ella viajan un gran número de personas con el objetivo de colonizar las estrellas. En el transcurso de esos 700 años extraviados por el cosmos a causa de un desgraciado accidente, las generaciones de seres humanos se han ido sucediendo y han olvidado por completo su origen y, por ende, los principios de la civilización en el planeta Tierra. Shim es el guardián o cuidador del cuaderno de bitácora de la nave, “El Libro”, que atesora los secretos relativos a los orígenes de la civilización y el conocimiento alcanzado por los seres humanos en el desarrollo de la misma. La lectura del “Libro” le conduce a la comprensión de la verdad de la naturaleza humana, en una especie de viaje al pasado que no es sino un proceso de interiorización en la realidad particular de los individuos humanos y en la realidad de su condición de sujetos sociales. Los moradores de la nave viven en condiciones precarias. Son meros supervivientes, ignorantes de su pasado y ajenos a su destino futuro. Integran una sociedad hermética polarizada en dos comunidades estancas: los “kros”, de raza blanca, y los “wit”, mutados o de raza negra. Los “wit” constituyen la comunidad o raza dominante. Shim, una vez que posee los secretos que guardaba el “Libro” se erige en el profeta cuya misión es revelar la verdad de la esencia humana. Predica esta verdad allá donde es necesario, principalmente en la comunidad de los “kros”, explicando a éstos su razón de ser, logrando unificar las siete tribus que la componían. Shim se convierte en abarca, líder de la nave. Finalmente es martirizado, como trágicamente ocurre con todos los profetas visionarios.
Formalmente la obra consta de un prólogo escrito por el propio Salvador, en el que expone sus consideraciones en torno al género de la ciencia ficción, y la novela en sí, que está dividida en tres partes claramente diferenciadas: La primera, escrita en primera persona, es una crónica (siempre referenciada a la Biblia) que detalla el proceso de aprendizaje del protagonista, así como los distintos estadios en la evolución de sus descubrimientos a través de la lectura del “Libro”; la segunda, escrita en tercera persona, desde la objetividad de un narrador omnisciente, presenta un análisis de la sociedad de los “kros”; y la tercera parte es un poema épico, en el que un poeta de la raza “wit” narra la epopeya del abarca.

VALORACIÓN

Como dice Julio Manegat en la reseña que de La nave escribió en el periódico barcelonés “EL NOTICIERO UNIVERSAL” en marzo de 1959, La nave es mucho más que una novela de fantasía científica. Manegat afirma lo siguiente:
“Dicen que en nuestro país el escritor tiene que estar continuamente dando fe de vida y de presencia. Y si no es así, el público pronto se olvida de uno, y los “amigos” tienen también cierto placer en decir que parece que uno se ha acabado, se ha agotado. Tomás Salvador es uno de los pocos escritores españoles que está continuamente dando fe de vida, que traducido al lenguaje del público quiere decir que está ofreciéndonos una obra tras otra. El público poco sabe del esfuerzo que esto representa, poco sabe de las horas y horas dándole a la máquina de escribir, de las angustias y las dudas, de las inquietudes y de las sorpresas. Pero lo que más importa es esto: que haya escritores capaces de ofrecernos casi cada año una buena novela. Tras el éxito, la calidad y grandeza conseguida por Tomás Salvador con su última novela "Cabo de Vara", tuvimos un poco de miedo cuando el escritor nos dijo que estaba escribiendo una novela de fantasía científica. Tuvimos miedo porque, generalmente, en esta dirección de la novelística se pierden muchos valores humanos y se cae en lo que hemos dado en llamar “novelas de aventuras”. Cierto que, conociendo al autor de "Cuerda de presos", estábamos seguros de que él no iba a caer en ese extremo; pero cierto también que no sospechábamos que su novela “La nave” iba a alcanzar tanta grandeza, tanto equilibrio, tanta emoción como la que tiene. Porque además de ser Tomás Salvador uno de los primeros escritores españoles que aborda el género de la fantasía científica, su novela La nave es una de las pocas que hemos leído cuya pasión humana alcance tan seguras cimas. Y es que el escritor sabe perfectamente que si detrás de una obra, la que sea, no está el hombre con toda su verdad, con toda su grandeza y miseria, no hay nada. Ese es el hombre que engendra, llena y proyecta el interés de La nave. En breves palabras, para situar al lector, digamos que Tomás Salvador nos brinda un original punto de arranque de su libro; en el espacio infinito, perdida y sin orientación posible, pulula una máquina poderosa e inventada por el hombre siete siglos antes, y que se lanzó al espacio con una tripulación numerosa de hombres y mujeres. La nave se perdió, y discurre por los siglos, siendo el todo para las generaciones que continuamente la pueblan. Pero ha ocurrido un detalle pavoroso: los hombres han perdido la memoria de su pasado. Apenas se sabe nombres. Son seres primitivos, elementales, dentro de una máquina. Está perdida toda vinculación con el pasado. Desde aquí se inicia el prodigio del libro, que es el prodigio del reencuentro del hombre consigo mismo, la conciencia de lo que es, de lo que fue, de lo que puede volver a ser. Éste es el mérito de Tomás Salvador, porque con los elementos que jugaba podía haber escrito una magnífica novela de soñadas aventuras, que en sí misma ya fuera suficiente para distraer, para interesar, para divertir al lector. Era poco para este escritor, y así el libro, desde su aventura, se proyecta tareas más nobles e importantes: la fe en el hombre, en la continuidad del hombre, en el alma que Dios puso en él. En este caos de una población dividida, sin apenas una raíz humana, el autor llega al descubrimiento del hombre, su capacidad de amor, de ternura, de salvación. Y es admirable la forma con que Salvador llega a reencontrar el hombre en sí mismo, y cómo este hombre, encarnado por Shim, llega al descubrimiento de las máximas verdades de la existencia. Así, apurado el símbolo, La nave viene a ser como lo fuera al respecto aquella obra de Wailer La piel en nuestros dientes, como una síntesis de la historia del hombre. Por ello, el hombre, los hombres que sitúa en la nave el autor cometen los mismos errores de siempre, y son capaces también de las mismas grandezas de los humanos. Por todo esto La nave es algo más, bastante más que una sencilla novela de fantasía científica, es un libro importante en el que se expresa algo tan noble como es la fe en el hombre, a través de la ciencia, poca, y de la fantasía, mucha. Pudo Tomás Salvador narrar una historia amena, curiosa y aún divertida; pero La nave supera en cualquier ángulo que se la mire estas dimensiones. La nave es un apasionado canto al hombre, un canto patético y noble, épico y enaltecido en una línea segura, como novela y como espíritu. Y es aquí porque es un libro escrito que el amor siempre salva, siempre enardece, siempre justifica. El hombre, si ama, se salvará, aunque sea arrasado. Y nos referimos, claro está, al amor que todo lo ama, no al que uno olvida simplemente, al amor que es esperanza, fuerza y destino”.

INTERVENCIONES

Carlos Fernández:

La nave representa un despliegue de fantasía, donde la verosimilitud no es el elemento más importante de la narración, aunque es cierto que los recursos a lo increíble están bastante contenidos en este libro. Probablemente este hecho se deba a que la intención de Salvador no es tanto inventar un mundo nuevo como recrear el comportamiento humano. Es el retrato de un mundo dividido en clases, de oprimidos y opresores, donde la extrema necesidad agudiza el ingenio, mientras el confort, relativo en este caso, conduce al abotagamiento. La novela es irregular, y esencialmente fallida. Es un alarde de facultades en una faena mal rematada. Sólo se salva la primera parte. El recurso a la narración en primera persona que utiliza en esta parte, dando la impresión de que el autor está escribiendo en el “Libro”, es eficaz, porque constituye el marco formal idóneo para desarrollar las reflexiones y dudas de Shim. La segunda parte de la novela no pasa de ser un relato de aventuras simple e inverosímil. Y así queda de manifiesto ,p. e., en el trazado de la personalidad de los “wit” que apenas está descrita como primaria e infantil (rasgo este que parece teñir todo el relato), en el comportamiento de los mismos “wit”, que a ratos actúan como niños y a ratos como personas adultas, en la contradicción existente entre la pretendida pérdida del don del lenguaje por parte de los tripulantes de la nave y el nivel culto de sus reflexiones y expresiones y la profusión de sus palabras, o en la rapidez con que Shim adquiere el liderazgo y se erige en abarca (hecho que de alguna manera parece justificar la supremacía moral de los “kros”). Y por fin, la novela desfallece en la tercera parte, con la presentación injustificada de un canto épico.

Emilio Hidalgo:

La novela contiene todos los elementos característicos de los textos del género de ciencia ficción: ubicación temporal de la acción en un futuro lejano, ubicación espacial de dicha acción en una nave intergaláctica, profusión de detalles tecnológicos (p. e., cuando se explica pormenorizadamente cómo subsiste la nave, sobre todo en lo referente a la provisión de alimentos, energía y aire) e incluso el hilo argumental, que afronta el tema de la ambición o necesidad de los seres humanos de buscar nuevos mundos, con la pretensión de colonizarlos y hallar una solución a las previsibles contingencias (hiperpoblación, desastres ecológicos, etc.) que les acechan en un futuro próximo. La estructura del libro es acertada y original. La primera parte resulta algo pesada y farragosa. La segunda, en cambio, es tremendamente divertida. Y la tercera, apoteósica, si bien incomodan muchísimo los tintes teológicos que se desprenden de sus líneas. La excelente ambientación del escenario de los hechos nos permite imaginar una nave tan perfectamente equipada y autónoma, en la que los tripulantes pueden prescindir absolutamente de cualquier conocimiento, y sobrevivir setecientos años a la deriva. Pero eso, sobrevivir, nada más. Shim descubre que sobrevivir no es suficiente, que el espíritu humano precisa de la comprensión del estado de las cosas, conocer el por qué de las mismas y la intencionalidad de su creador al producirlas, que necesita recorrer los laberintos y superar los vericuetos que conducen a la sabiduría. “Se persona, no un autómata” parece ser el mensaje que nos quiere enviar Tomás Salvador. Lástima que yerre a la hora de mostrarnos el camino que ha de llevar a los individuos humanos a su realización personal. Porque, sin duda, falla estrepitosamente cuando abandona a éstos a la suerte de la voluntad divina, sin contemplar la posibilidad de una humanidad plena restringida exclusivamente a la virtualidad del ser humano en cuanto tal.

Nicolás Zimarro:

Toda obra de ciencia ficción que se precie ha de tener una dimensión alegórica, o lo que es lo mismo, ha de ir más allá de la mera fabulación de batallas espaciales y de situaciones futuristas, para constituirse en el escenario donde se reflejan problemas de actualidad, que por ser presentados en un contexto extraño curiosamente se hacen más notorios y palpables. ¿”Posee La nave esta dimensión alegórica? Propiamente no. Porque todo su componente fabuloso se reduce a la recreación en clave futurista de los antiguos libros sagrados de la tradición cristiana. Hay quienes han querido atisbar en sus páginas la crítica sublimada de una hipotética España dejada de la mano de Dios, esto es, la epopeya de una sociedad sin raíces firmes, a la deriva, ignorante de su historia, retrasada tecnológicamente y carente de cualquier principio ético, que indefectiblemente está condenada al desastre colectivo. Pudiera ser… Aunque esta interpretación de La nave resulta exageradamente rebuscada. La hipótesis más generalizada es que en esta obra Tomás Salvador pretende mostrarnos una perspectiva de la esencia y la identidad de los individuos humanos y proponer una salida a su radical inconsistencia, que no es otra que el abrazo de la fe cristiana y el sometimiento a los dictados de Dios. Seguramente quienes opinan así tienen razón. Pero en tal caso, ¿qué aporta La nave? A este propósito, ¿no es mejor leer directamente los textos sagrados, o sea, La Biblia, y no una supuesta exégesis o versión futurista de ésta?

Joseba Molinero:

La nave es una novela desconcertante, infrecuente, desordenada y pretenciosa. Desconcertante, porque a fin de cuentas el lector no termina de comprender cuál es el auténtico objetivo del autor al escribirla. Infrecuente, porque la narrativa española no es pródiga en novelas del género de ciencia ficción, y mucho menos aún en producir híbridos de ciencia ficción y textos apologéticos. Desordenada, porque la pretendida originalidad de su estructura en tres partes formalmente distintas se traduce en un caos que en nada facilita la lectura del texto ni la comprensión de su sentido. Y pretenciosa, porque busca mucho más que lo que ofrece, precisamente porque se presenta como novela de ciencia ficción cuando en realidad la meta del autor no es otra que reflexionar acerca del ser humano y el futuro de la especie. Éste es el esquema que desarrolla: Con el objetivo de descubrir e investigar nuevos mundos los habitantes de la Tierra deciden enviar una nave al espacio, una especie de arca de Noé moderna en la que almacenan todo tipo de materiales y enseres terrestres. Sus tripulantes buscan el denominado campo catódico o pasillo de apertura al hiperespacio. Pero no lo encuentran, y se frustran. La pérdida de su objetivo les conducirá a la destrucción y a la muerte. Ante este triste destino caben dos soluciones: Una, la de la desesperanza, la de dejarse arrastrar por las circunstancias; y otra, la de regresar al principio para proyectarse en un glorioso renacimiento. El valedor del resurgimiento de los nuevos seres humanos dechados de dignidad y nobleza es el guardián del “Libro” de la verdad y la ciencia, ese insólito Jesucristo que tras conocer la historia de su humanidad, en un rapto de iluminación sobrenatural, se arroga la capacidad de regir el destino de la humanidad, ese destino encaminado al reencuentro de los individuos humanos con Dios.

Roberto Sánchez:

La nave es un escrito de propaganda del nacional catolicismo, que se traduce en una burda recreación de La Biblia, insufrible en su primera parte, ingenuo e infantil en la segunda y abominable en la tercera. De esta suerte, el extravío de la nave simboliza la expulsión de los seres humanos del paraíso celestial (su caída en la barbarie, o sea, la impronta de su humanidad), el cuaderno de bitácora viene a ser la manzana del árbol de la verdad y la ciencia, Shim lee el “Libro”, y es castigado (le cortan las manos) y expulsado de su comunidad, al igual que adán comió la manzana del árbol prohibido de la ciencia y la sabiduría, cayó en desgracia por ello y fue expulsado del paraíso terrenal (en ambos casos se escenifica la concreción del pecado original), Shim se erige en portador de la buena nueva que ha de servir a los seres humanos para su glorificación (en el Jesucristo predicador), unifica las siete tribus del nuevo mundo (como ocurrió con las tribus de Israel), es reconocido como abarca (el Mesías) y, del mismo modo que Jesucristo es sacrificado en la cruz, él es también vilmente asesinado. Eso es todo. La novela no da para más.

Miguel San José:

La nave no es una novela de ciencia ficción. Es simplemente un libro futurista o de adelantamiento. La condición básica que determina si un libro puede ser considerado del género de la ciencia ficción , o no, se limita al nivel de conocimientos científicos que en él se despliega, así como a la adecuación de la acción al grado superior imaginable de desarrollo tecnológico. En La Nave se echa en falta esto último; aunque, como libro de adelantamiento que es, la llegada al futuro está adornada de ciertos medios tecnológicos, al igual que ocurre, p. e., en las novelas 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, El planeta de los simios de Pierre Boulle, Crónicas marcianas de Ray Bradbury, La máquina del tiempo y La guerra de los mundos, ambas de H. G. Wells. En todas ellas el propósito del autor es realizar una crítica de la sociedad que les tocó en suerte, anticipando las drásticas consecuencias derivadas de la circunstancia o situación que se quiere denunciar. Si tenemos en cuenta el periodo de la historia en el que fue escrita La nave, la época de la guerra fría, es fácil colegir que Tomás Salvador quiere prevenirnos del terrible resultado de una catástrofe de la humanidad.