El milagro Proust

 

"La taza de manzanilla de la página 62". Esa fue la razón que llevó a André Gide a rechazar la publicación de aquel manuscrito de monsieur Proust en la colección de la "Nouvelle Revue Française". Es uno de los rechazos editoriales más famosos que se han dado nunca. Quizás también el más miope. Porque lo que Gide apartó de su mesa no era solo una gran novela. Puede que fuese, sencillamente, la mejor novela de la historia.
Pero Gide sólo leyó algunos fragmentos de aquellos cuadernos. "Demasiadas duquesas", dice la leyenda que le dijo al editor Gallimard. Gide no tardaría en arrepentirse y reconocerle a Proust que se había dejado llevar por la imagen que años atrás se había hecho de él :"Un esnob, un mundano diletante, lo más molesto que pudiera haber para nuestra revista".
Proust no tenía problemas de dinero y terminó financiándose la edición de "Por el camino de Swann", la primera parte de "En busca del tiempo perdido", que apareció hace cien años, en noviembre de 1913, en la editorial Grasset. El libro obtuvo buenas críticas, incluso de la "Nouvelle Revue Française". Su continuación, "A la sombra de de las muchachas en flor', ganaría seis años, tras la Guerra Mundial, el Goncourt y sería editada, esta vez sí, por Gallimard. El legendario editor solventó el error inicial de Gide haciéndose con los derechos de la totalidad de aquel ciclo novelístico que comenzaba de un modo inocente y obsesivo : con un niño que espera el beso de buenas noches de su madre en una casa de verano en Combray.
Era sin embargo demasiado tarde para que el éxito impresionase a Marcel Proust. En 1913 tenía 42 años y estaba enfermo. También estaba decidido a completar un proyecto narrativo asombroso. Encerrado en su casa del Boulevard Haussman, aislado en una habitación de paredes recubiertas de corcho, Proust siguió ecribiendo y corrigiendo obsesivamente, siempre de noche, alimentándose de un modo extraño, a base de frutas y hectólitros de café. Parecía saber que trabaja contrarreloj. Quizás también que sobre su mesa crecía y se perfeccionaba una obra distinta inusual, irrepetible, capaz de revolucionar sin rupturas el arte de la novela, de amplificar decisivamente su alcance y su valor.

"Mucho tiempo he estado acostándome temprano. A veces apenas había apagado la bujía, cerrábanse mis ojos tan presto, que ni tiempo tenía para decirme : Ya me duermo". Es el comienzo de "Por el camino de Swann" en la versión de Pedro Salinas que varias generaciones de lectores españoles han manejado desde 1917, cuando la gente debía de saber qué diablos era una bujía y la obra de Proust fue editada por primera vez en nuestro país.
Es largo el debate sobre la efectividad y pervivencia de esa traducción primera de Salinas , pero en cualquier caso ha servido durante décadas para trasladar un encantamiento que no tardó en rebasar las fronteras de Francia. Y de hacerlo al máximo nivel."Bien, ¿qué queda por escrito después de esto? Es solo el primer volumen y supongo que habrá por delante errores por descubrir, pero estoy en un estado de estupefacción. Es como si alguien hubiese realizado un milagro frente a mis ojos". Son palabras de Virginia Woolf tras leer "Por el camino de Swann".

Combray

Lo curioso es que las premisas del milagro no son demasiado extraordinarias. En esencia, "Por el camino de Swann" es un texto memorialístico anclado en la infancia. Sin más. El narrador recuerda sus días de verano, el paisaje, las rutinas familiares, los gestos de las tías, el temperamento de la abuela, también los diversos tipos humanos que habitaban aquel ecosistema tierno, confortable y un tanto malicioso. Entre ellos, destaca un vecino Charles Swann. Se trata de un caballero enigmático y sofisticado, que frecuenta princesas y sin embargo está casado con una "mujer de mala sociedad. Swann es un hombre de mundo elegante y derrotado. Quiso ser escritor, colecciona antigüedades. Y es suavemente maltratado en el círculo familiar del protagonista.
Swann también es alguien que ha sufrido enormemente por amor. Buena parte del primer volumen de "En busca del tiempo perdido" está dedicado a recordar su historia con Odette de Crécy, una mujer vulgar, libertina y calculadora que llegaría a transformarse en una obsesión. Es la aparición del amor como una pasión demoledora : un extraño juego de proyecciones psicológicas y celos tan intensos como patéticos. Será uno de los grandes temas del ciclo de Proust, que abordará el asunto con enormes dosis de ironía soterrada. En la tercera parte de "Por el camino de Swann", será el protagonista quien se enamore perdidamente y por primera vez de la hija de Odette y Swann.

El anfitrión

Como vemos, no hay en el argumento de "Por el camino de Swann" nada aparentemente nuevo. Se trata del recuerdo de unos veranos burgueses. La fascinación por el mundo adulto y una cierta e irremisible sensación de pérdida. Sin embargo, la clave es la siguiente : nunca antes se había aplicado sobre esa realidad reconocible un alente comparable. La mirada de Proust aspira a percibirlo todo, a reconstruir la experiencia con todos sus matices y todas sus implicaciones. La mirada de Proust es absoluta, moral y detallista. Lo es hasta la ferocidad. Edmun Wilson habló de un escritor con "los ojos polifacéticos de una mosca" que recorre un escenario devastado, alguien capaz de "hacer de anfitrión en la casa de la que no será por más tiempo el dueño".
"En busca del tiempo perdido" es la máxima consecución de un artista que supo vivir y dejar después que toda esa experiencia vital fuese asentándose en su interior. Es esa clase de lenta sedimentación que tiene que ver con la sabiduría. Antes de "Por el camino de Swann", Proust solo hizo probaturas. Fue tras la muerte de su madre, cuando se sintió capaz de acometer la obra que iba a dar sentido a su vida. Tenía el tono y tenía el material. Al fin y al cabo, "el pequeño Marcel" lo había registrado todo y había perfeccionado un punto de vista absolutamente individual, afilándolo contra les esquinas del gran mundo. y las de los callejones, poniéndolo a prueba con grandes cargas de conocimiento y desengaño. El resultado es un tirada narrativa impresionante, más de tres mil páginas, que comienza con un niño que se acuesta temprano en Combray. Suele repetirse que en "En busca del tiempo perdido" es una gran novela de la memoria, pero antes que eso es quizá una increíble enciclopedia llena de de información sobre la naturaleza humana. Quizás no haya otro novelista capaz como Proust de mantener durante tanto tiempo la premisa de encerrar la máxima inteligencia en cada frase- El milagro se completa cuando toda esa inteligencia cae sobre la que en opinión de Harold Bloom es "la constelación de personajes más amplia, vital y diversa que pueda encotrarse fuera de Shakespeare.

Pablo Martínez Zarracina

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