Mecanografiados en la luz

Al alma de Javier de Bengoechea,
a su vida extremadamente seria.

Cansado está el corazón del Poeta
con versos nonatos y antiquísimos,
en afanes puros llenos de ritmos,
versos en tierra bendita e inquieta.

A las alturas suplica en alerta :
izadme, izadme, ángeles vivísimos.
Perdido en los siglos le descubrimos,
procurad no dañar su alma despierta.

El callado orbe sin sosiego duerme
antes de que el brío pueble la ciudad
de sierpes y velos en trato inerme.

Con el solo pensamiento en la Deidad
nacen voces de la Musas que duermen:
¡No temáis, ya está en la Eternidad!

 

¿Acaso hay alguien que de ello sepa?
Si entonces morimos en armonía,
mutamos al arribar la alegría
del paso dulce y la nada que trepa.

Viste, Blas, en el despuntar del día,
alborear la luz segando tu cepa
de poemas trufada - que se sepa -,
lluvia interior que te sobrevenía.

Y ya se siente, nuestro Blas querido,
el gran poema que en vida perseguías,
lo pasa a limpio tu amigo perdido.

Javier, esos versos que recibías
del crucifijo de Blas aterido,
los sellas ahora entre lejanías.

El maestresala