El penón de Gibraltar

 

Esta es la vera historia
de un ser con un don ofrenda
andaluz, de la Línea
y como gracia Maceda.

Apocado de natural
la fama le era ajena
sin embargo la imantaba
por razones sempiternas.

Qué tiene nuestro héroe
qué que pretende su merma
qué que le quita la vida
qué que por las calles pena.
Qué que a mujeres fascina
qué que a los hombres enerva
qué que Nature publica
qué que a Mariano desvela.
¿Qué tienes Maceda amigo?
“Preguntad a mi portera.”
Dínoslo tú en confianza.
“Preguntad a mi galena.”
Revela secreto mudo.
“Mirad, mirad mi ter pierna.”
Vaya si nos asomamos
y la vimos, era eterna.
Era un choto descomunal
una inabarcable vela
un poto casi inhumano
bergamota de cuarenta
perenne dedo sin uña
imperecedera verga.
Aquello no era terrenal
daba lo que una renta
no había cárcel bastante
ni en un meyba de bragueta
de aquellos de Palomares.
“Sentís ahora mi pena,
la que peno por mi pene,
mis vecinos me recelan:
en La Línea no se vio
nunca una verga pareja.
Y disponen mi destierro
“Lejos, lejos, a otra tierra.”
Pero la vida prosigue
y el hambre mucho aprieta
y Maceda que es buen chispas
en donde los monos, medra.
Empalme tras otro y otro,
llegó una tórrida fecha
con bermudas azul mahón
le pesca un corto a Maceda,
y en un descuido se asoma
y el glande grande se electra.
Mil voltios queman la cola.
Por Dios, ningún mal le encuentran
pero negro el tuerto será.
Suele que bien por mal venga
y la negrura del miembro
consigue paz en su tierra.
“Obvio, claro era mandinga:
así sí, sea, que vuelva.”
En La Línea fue un clamor
un africano si extrema.
Maceda volvió a su pueblo
con negra pródiga verga.

Y así termina el romance
de Maceda-picha negra.

Joseba Molinero