La siesta

 

El calor asfixia el tiempo
ahogándolo de tristeza,
y la tarde languidece
en un hastío fatal presa.
Hastío que el lugar asola,
tedio que laxo penetra
las cañas de los maizales,
caídas entre la hierba seca.

Y al cabo, en la aldea, la gente,
ahíta de vino y panceta,
ebria de sopor de pan,
duerme la española siesta.
En el pueblo, todo duerme:
duermen las calles y aceras,
duermen las casas, el parque
y el estanque de aguas muertas,
los avellanos, las flores,
los campos y sus cosechas.
Todo duerme en el silencio,
duerme profundo la tierra.